39 SEMANA II - VIERNES - Hora Intermedia
V IERNES DE LA S EMANA II Hora intermedia
T ERCIA, S EXTA, N ONA
V. Dios mío, ven en mi auxilio. R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya. H IMNO I El trabajo, Señor, de cada día nos sea por tu amor santificado, convierte su dolor en alegría de amor, que para dar tú nos has dado. Paciente y larga es nuestra tarea en la noche oscura del amor que espera; dulce huésped del alma, al que flaquea dale tu luz, tu fuerza que aligera. En el alto gozoso del camino, demos gracias a Dios, que nos concede la esperanza sin fin del don divino; todo lo puede en él quien nada puede. Amén. II Sólo para Nona: Se cubrieron de luto los montes a la hora de nona. El Señor rasgó el velo del templo a la hora de nona. Dieron gritos las piedras en duelo a la hora de nona. Y Jesús inclinó la cabeza a la hora de nona. Hora de gracia, en que Dios da su paz a la tierra por la sangre de Cristo. Levantaron sus ojos los pueblos a la hora de nona. Contemplaron al que traspasaron a la hora de nona. Del costado manó sangre y agua a la hora de nona. Quien lo vio es el que da testimonio a la hora de nona. Hora de gracia, en que Dios da su paz a la tierra por la sangre de Cristo. Amén.
S ALMODIA Ant. 1. Que tu bondad me consuele según tu promesa. Salmo 118, 73-80 X (Iod) Tus manos me hicieron y me formaron: instrúyeme para que aprenda tus mandatos; tus fieles verán con alegría que he esperado en tu palabra; reconozco, Señor, que tus mandamientos son justos, que con razón me hiciste sufrir. Que tu bondad me consuele, según la promesa hecha a tu siervo; cuando me alcance tu compasión, viviré, y mis delicias serán tu voluntad; que se avergüencen los insolentes del daño que me hacen; yo meditaré tus decretos. Vuelvan a mí tus fieles que hacen caso de tus preceptos; sea mi corazón perfecto en tus leyes, así no quedaré avergonzado. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Ant. Que tu bondad me consuele según tu promesa. Ant. 2. Protégeme de mis agresores, Dios mío. Psa 58:2-5 . Psa 58:10-11 . 17-18 Oración pidiendo la protección de Dios contra los enemigos Estas súplicas expresan la confianza del Salvador en su Padre (Eusebio de Cesarea) Líbrame de mi enemigo, Dios mío; protégeme de mis agresores, líbrame de los malhechores, sálvame de los hombres sanguinarios. Mira que me están acechando, y me acosan los poderosos: sin que yo haya pecado ni faltado, Señor, sin culpa mía, avanzan para acometerme. Despierta, ven a mi encuentro, mira: tú, el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel. Estoy velando contigo, fuerza mía, porque tú, oh Dios, eres mi alcázar; que tu favor se adelante, oh Dios, y me haga ver la derrota del enemigo. Pero yo cantaré tu fuerza, por la mañana aclamaré tu misericordia; porque has sido mi alcázar y mi refugio en el peligro. Y tocaré en tu honor, fuerza mía, porque tú, oh Dios, eres mi alcázar. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Ant. Protégeme de mis agresores, Dios mío. Ant. 3. Dichoso el hombre a quien corrige Dios; él hiere y venda la herida. Psa 59 Oración después de una calamidad En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: Yo he vencido al mundo (Joh 16:33 ) Oh Dios, nos rechazaste y rompiste nuestras filas; estabas airado, pero restáuranos. Has sacudido y agrietado el país: repara sus grietas, que se desmorona. Hiciste sufrir un desastre a tu pueblo, dándole a beber un vino de vértigo; diste a tus fieles la señal de desbandada, haciéndolos huir de los arcos. Para que se salven tus predilectos, que tu mano salvadora nos responda. Dios habló en su santuario: «Triunfante ocuparé Siquén, parcelaré el valle de Sucot; mío es Galaad, mío Manasés, Efraín es yelmo de mi cabeza, Judá es mi cetro; Moab, una jofaina para lavarme; sobre Edom echo mi sandalia, sobre Filistea canto victoria.» Pero ¿quién me guiará a la plaza fuerte, quién me conducirá a Edom, si tú, oh Dios, nos has rechazado y no sales ya con nuestras tropas? Auxílianos contra el enemigo, que la ayuda del hombre es inútil. Con Dios haremos proezas, él pisoteará a nuestros enemigos. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Ant. Dichoso el hombre a quien corrige Dios; él hiere y venda la herida.
T ERCIA L ECTURA BREVE Deu 1:31 b El Señor, tu Dios, te ha llevado como a un hijo por todo el camino. V. Sostenme, Señor, con tu promesa, y viviré. R. Que no quede frustrada mi esperanza. O RACIÓN Señor Jesucristo, que a la hora de tercia fuiste llevado al suplicio de la cruz por la salvación del mundo, ayúdanos a llorar los pecados de la vida pasada y a evitar las faltas en lo porvenir. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
S EXTA L ECTURA BREVE Ba 4, 28-29 Si un día os empeñasteis en alejaros de Dios, volveos a buscarlo con redoblado empeño. El que os mandó las desgracias os mandará el gozo eterno de vuestra salvación. V. Del Señor viene la misericordia. R. Y la redención copiosa. O RACIÓN Señor Jesucristo, que a la hora de sexta subiste a la cruz por nuestra salvación, mientras las tinieblas envolvían al mundo, concédenos que tu luz nos ilumine siempre, para que, guiados por ella, podamos alcanzar la vida eterna. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
N ONA L ECTURA BREVE Sb 1, 13-15 Dios no hizo la muerte ni goza destruyendo a los vivientes. Todo lo creó para que subsistiera; las criaturas del mundo son saludables: no hay en ellas veneno de muerte, ni el abismo impera en la tierra. Porque la justicia es inmortal. V. Arrancó el Señor mi alma de la muerte. R. Caminaré en su presencia en el país de la vida. O RACIÓN Señor Jesucristo, que, colgado en la cruz, diste al ladrón arrepentido el reino eterno, míranos a nosotros, que, como él, confesamos nuestras culpas, y concédenos poder entrar también, como él, después de la muerte, en el paraíso. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
C ONCLUSIÓN V. Bendigamos al Señor. R. Demos gracias a Dios.
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