33 SEMANA II - MIÉRCOLES - Hora Intermedia
M IÉRCOLES DE LA S EMANA II Hora intermedia
T ERCIA, S EXTA, N ONA
V. Dios mío, ven en mi auxilio. R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya. H IMNO Te está cantando el martillo, y rueda en tu honor la rueda. Puede que la luz no pueda librar del humo su brillo. ¡Qué sudoroso y sencillo te pones a mediodía, Dios en la dura porfía de estar sin pausa creando, y verte necesitando del hombre más cada día! Quien diga que Dios ha muerto que salga a la luz y vea si el mundo es o no tarea de un Dios que sigue despierto. Ya no es su sitio el desierto ni en la montaña se esconde; decid, si preguntan dónde, que Dios está sin mortaja en donde un hombre trabaja y un corazón le responde. Amén.
S ALMODIA Ant. 1. He examinado mi camino, para enderezar mis pies a tus preceptos. Salmo 118, 57-64 VIII (Heth) Mi porción es el Señor; he resuelto guardar tus palabras; de todo corazón busco tu favor: ten piedad de mí, según tu promesa; he examinado mi camino, para enderezar mis pies a tus preceptos. Con diligencia, sin tardanza, observo tus mandatos; los lazos de los malvados me envuelven, pero no olvido tu voluntad; a media noche me levanto para darte gracias por tus justos mandamientos. Me junto con tus fieles, que guardan tus decretos; Señor, de tu bondad está llena la tierra; enséñame tus leyes. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Ant. He examinado mi camino, para enderezar mis pies a tus preceptos. Ant. 2. Me asaltan el temor y el terror; hazme caso y respóndeme, Señor. Salmo 54, 2-15. 17-24 Oración ante la traición de un amigo. Jesús empezó a sentir terror y angustia (Mc 14, 33) I Dios mío, escucha mi oración, no te cierres a mi súplica; hazme caso y respóndeme, me agitan mis ansiedades. Me turba la voz del enemigo, los gritos del malvado: descargan sobre mí calamidades y me atacan con furia. Se me retuercen dentro las entrañas, me sobrecoge un pavor mortal, me asalta el temor y el terror, me cubre el espanto, y pienso: «¡Quién me diera alas de paloma para volar y posarme! Emigraría lejos, habitaría en el desierto, me pondría en seguida a salvo de la tormenta, del huracán que devora, Señor; del torrente de sus lenguas.» Violencia y discordia veo en la ciudad: día y noche hacen la ronda sobre sus murallas; en su recinto, crimen e injusticia; dentro de ella, calamidades; no se apartan de su plaza la crueldad y el engaño. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Ant. Me asalta el temor y el terror; hazme caso y respóndeme, Señor. Ant. 3. Yo invoco a Dios, y el Señor me salva. II Si mi enemigo me injuriase, lo aguantaría; si mi adversario se alzase contra mí, me escondería de él; pero eres tú, mi compañero, mi amigo y confidente, a quien me unía una dulce intimidad: juntos íbamos entre el bullicio por la casa de Dios. Pero yo invoco a Dios, y el Señor me salva: por la tarde, en la mañana, al mediodía, me quejo gimiendo. Dios escucha mi voz: su paz rescata mi alma de la guerra que me hacen, porque son muchos contra mí. Dios me escucha, los humilla el que reina desde siempre, porque no quieren enmendarse ni temen a Dios. Levantan la mano contra su aliado, violando los pactos; su boca es más blanda que la manteca, pero desean la guerra; sus palabras son más suaves que el aceite, pero son puñales. Encomienda a Dios tus afanes, que él te sustentará; no permitirá jamás que el justo caiga. Tú, Dios mío, los harás bajar a ellos a la fosa profunda, Los traidores y sanguinarios no cumplirán ni la mitad de sus años. Pero yo confío en ti. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Ant. Yo invoco a Dios, y el Señor me salva.
T ERCIA L ECTURA BREVE Dt 1, 16-47a Di a vuestros jueces las siguientes normas: «Escuchad y resolved según justicia los pleitos de vuestros hermanos, entre sí o con emigrantes. No seáis parciales en la sentencia, oíd por igual a pequeños y grandes; no os dejéis intimidar por nadie, que la sentencia es de Dios.» V. El Señor es justo y ama la justicia. R. Los buenos verán su rostro. O RACIÓN Señor, Padre santo, Dios fiel, que enviaste el Espíritu Santo prometido, para que congregara a los hombres que el pecado había disgregado, ayúdanos a ser, en medio del mundo, fermento de unidad y de paz. Por Jesucristo, nuestro Señor.
S EXTA L ECTURA BREVE Isa 55:8-9 Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos oráculo del Señor . Como el cielo es más alto que la tierra, mis caminos son más altos que los vuestros, mis planes, que vuestros planes. V. Señor de los ejércitos, ¿quién como tú? R. El poder y la fidelidad te rodean. O RACIÓN Dios todopoderoso y lleno de amor, que, a la mitad de nuestra jornada, concedes un descanso a nuestra fatiga, contempla complacido el trabajo que hoy hemos empezado, remedia nuestras deficiencias y haz que nuestras obras te sean agradables. Por Jesucristo, nuestro Señor.
N ONA L ECTURA BREVE 1S 16, 7b Dios no ve como los hombres, que ven la apariencia; el Señor ve el corazón. V. Señor, sondéame y conoce mi corazón. R. Guíame por el camino eterno. O RACIÓN Señor Jesucristo, que, por la salvación de los hombres, extendiste tus brazos en la cruz, haz que todas nuestras acciones te sean agradables y sirvan para manifestar al mundo tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
C ONCLUSIÓN V. Bendigamos al Señor. R. Demos gracias a Dios.
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