Capítulo VI LA CASA DEL REY 1. El harén
Capítulo VI
LA CASA DEL REY
1. El harén
En una sociedad que admitía la poligamia, tener un harén numeroso era signo de riqueza y poder, pero era también un lujo costoso que pocos podían permitirse. Poco a poco se convirtió en un privilegio real. Saúl tenía, por lo menos, una concubina, 2Sam 3:7, y se habla en otras partes de «sus mujeres», 2Sam12:18. Cuando David reinaba en Hebrón tenía ya seis mujeres, 2Sam 3:2-5, y en Jerusalén tomó otras concubinas y mujeres, 2Sam5:13; cf. 2Sam19:6, entre ellas Betsabé, 2Sam11:27; en Jerusalén dejó diez concubinas cuando tuvo que huir de Absalón, 2Sam15:16; 2Sa16:21-22; 2Sa20:3. Roboam tuvo dieciocho mujeres y sesenta concubinas, según 2Cr 11:21; Abiyyá tuvo catorce mujeres según 2Cr13:21. Joás tenía, al menos, dos mujeres,2Cr24:3, lo mismo Josías, cf.2Re23:31.2Re23:34. 2Re23:36: Ben-Hadad pide a Acab que le entregue sus mujeres, 1Re 20:3-7, y Nabucodonosor deporta a Yoyaquim y a sus mujeres, 2Re 24:15. La misma suerte alcanza a las mujeres de Joram, 2Cr21:14-17, y a las de Sedecías, Jer38:23. Según sus propios anales, Senaquerib recibió en tributo las mujeres del harén de Ezequías. El «rey» del Cantar de los Cantares tenía sesenta reinas y ochenta concubinas, Cant 6:8 Pero todo queda eclipsado con el fabuloso harén de Salomón, que, según 1Re11:3, tenía setecientas esposas y trescientas concubinas. Independientemente de lo que se deba pensar de estas últimas cifras, era bien necesario que Dt 17:17 recomendase al rey no multiplicar sus mujeres.
Es muy probable que existiera una situación análoga en los Estados vecinos de Israel, pero tenemos muy pocas noticias sobre el particular. Un documento de la época de Amarna nos informa incidental mente que el rey de Biblos tenía, por lo menos, dos mujeres, y el rey de Alasia (Chipre) habla de «sus mujeres». Sin embargo, en los siglos vin-vii antes de nuestra era, los anales asirios atribuyen a los reyes de Ascalón, Sidón y Asdod una mujer solamente; bien puede ser que se trate de la reina titular, lo cual no excluiría otras esposas y concubinas. En lo relativo a los grandes imperios estamos mejor informados. Entre los hititas no había más que una reina titular, pero el rey tenía, además, un harén de mujeres libres y de concubinas esclavas. Lo mismo pasa en Asiría, donde, al lado de la reina, la «dama del palacio», había otras mujeres, principalmente princesas, procedentes de países vasallos. En Egipto, el faraón tenía sólo una «grande esposa real». Cinco personas han llevado, sin duda sucesivamente, este título durante el largo reinado de Ramsés II; pero sus ciento sesenta y dos hijos prueban claramente que no se restringía a las esposas oficiales. Según las cartas de Amarna, el harén del faraón es el que más se acerca al harén que la Biblia atribuye a Salomón. Así, la princesa de Mitanni, desposada con Amenofis III, llega con otras trescientas diecisiete jóvenes, y el mismo soberano envía al rey de Guézer cuarenta «hermosas mujeres» al precio de cuarenta siclos por cabeza. El faraón recibe treinta muchachas jóvenes como regalo del rey de Mitanni, veintiuna del rey de Jerusalén y veinte o treinta de un principe sirio.
De estos harenes formaban parte frecuentemente mujeres extranjeras, que servían a la vez a los placeres del rey y a su política: tales matrimonios sellaban alianzas, ayudaban a mantener las buenas relaciones, garantizaban la fidelidad de las naciones sometidas. Hemos visto cómo Amenofis III desposó una princesa de Mitanni; el mismo tomó también una hermana del rey de Babilonia. Ya antes que él, Tulmosis iv había desposado igualmente una hija del rey de Mitanni, y, después de él, Ramsés II se desposa con una hija del rey hitita. Otro rey hitita da su hija a Mativaza de Mitanni. Asaradón de Asiría da la suya a un rey escita. Una hija del rey de Amurru se convierte en reina de Ugarit. Los ejemplos se podrían multiplicar.
De la misma manera, David se había desposado con Maaká, hija del rey arameo de Guesur, 2Sam 3:3 Salomón se convirtió en yerno del faraón, 1Re3:1, y si tomó mujeres de entre los moabilas, ammonitas, edomitas, sidonios e hititas, 1Re11:1; cf. 1Re14:21 fue sin duda para conservar aliados o tributarios. El matrimonio de Acab con Jezabel, la hija del rey de Tiro, 1Re 16:31, fue concluido por su padre, Omrí, a fin de estrechar más la alianza con los fenicios.
Algunos textos indican que, al menos al principio de la monarquía, el harén del rey pasaba a su sucesor. En 2Sam 12:8, Natán dice que ha sido el mismo Yahveh el que, estableciendo a David como rey de Israel, ha puesto entre sus brazos las mujeres de su señor Saúl. Absalón se acerca públicamente a las concubinas que David había dejado en Jerusalén: con ello quería afirmar que era rey, 2Sam 16:21-22. La posesión del harén era un título para el trono. La cólera de lsbaal contra Abner, que se había apropiado una concubina de Saúl, 2Sam 3:7-8, se comprende si dicha concubina había pasado a lsbaal por herencia y si la acción de Abner significaba que le disputaba el poder. Adonías desea a Abisag, que había formado parte del harén de David, bien que éste, según 1Re1:4, no la había conocido, y había pasado al harén de Salomón, del que la quiere obtener Adonías. Pero Salomón responde a su madre que le presenta la súplica de Adonías: «¡Pide, pues, para él la realeza!», 1Re 2:13-22. Una costumbre semejante no se conoce por ahora entre los vecinos inmediatos de Israel. Debemos notar, sin embargo, que existía entre los persas. Heródoto 3:68, cuenta que el falso Esmerdis había usurpado juntamente el trono de Cambises y todas sus mujeres. Entre los antiguos árabes, las mujeres formaban parte de la herencia, y tal uso no se pudo suprimir prontamente a pesar de la prohibición del Corán. En Israel, la religión se opuso a esta práctica incestuosa. Rubén pierde la primogenitura por haber tomado la concubina de Jacob, Gén 35:22; Gn49:3-4, y las leyes de Lev18:8; Dt23:1; Dt27:20 se dirigían tanto al rey como al resto del pueblo; pero tampoco el pueblo las observaba siempre, cf. Ez 22:10.
Entre las mujeres del harén una tenía la preferencia del rey. Tal era el privilegio de Betsabé con David, de Jezabel con Acab, de Atalía con Joram, y explícitamente se dice de Maaká que Roboam «la amó más que a todas las otras mujeres y concubinas», 2Cr 11:21. Pero el favor del rey no era suficiente para dar a dicha esposa título y rango oficíales. Es digno de notar que el Antiguo Testamento no usa el femenino de melek, «rey», el nombre «reina», más que una sola vez a propósito de Israel, y esto en un texto poético y en plural para designar las «reinas» del «rey» del Cantar de los Cantares, como distintas de sus concubinas Cant6:8. En otras ocasiones, el singular se aplica a reinas extranjeras: la reina de Sabá, 1Re10, la reina de Persia, Est passim, especialmente Est 2:17: el rey prefirió a Ester a todas las otras mujeres (cf.2Cr 11:21) «y la escogió como reina» (nada semejante en 2Cr 11).
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.