Capítulo V LA PERSONA DEL REY
Capítulo V
LA PERSONA DEL REY
En todo caso, Israel vivió durante varios siglos bajo un régimen monárquico, y éste es el período en que gracias a los libros históricos y proféticos, su organización política es menos mal conocida. Por otra parte, las instituciones reales ejercieron sobre ciertas concepciones religiosas de Israel un influjo que no es posible negar, aun cuando lo haya exagerado una escuela reciente de exégesis. Vale, pues, la pena que nos detengamos algo sobre este particular. Nuestra información es desgraciadamente desigual: se refiere sobre todo al reino de Judá, del que provienen la mayoría de nuestros documentos, y ya hemos visto también que Israel había tenido otra concepción del poder real. Esta información es además incompleta, ya que los autores bíblicos no se preocupaban especialmente por problemas institucionales. Se puede, desde luego, suplir en cierto modo esta insuficiencia comparando la organización de Israel con la de los países vecinos, que a veces nos es mejor conocida, lo cual es ciertamente muy útil, pero a la vez se corre el riesgo de atribuir a Israel ideas o costumbres que le fueron siempre extrañas.
1. El advenimiento al trono
Ya hemos visto que el principio dinástico no se había verdaderamente aclimatado nunca en el reino del norte, mientras que en Judá fue observado constantemente. Sin embargo, incluso en Judá, el advenimiento al trono presupone una elección divina: se es rey «por la gracia de Dios», no sólo porque Dios hizo alianza con la dinastía davídica, sino porque en cada advenimiento tiene lugar su elección. Si el trono tocó a Salomón y no a su hermano mayor Adonías, es «porque le vino de parte de Yahveh», 1Re 2:15; cf. 1Cr28:5, y cada entronización implica una renovación de la alianza davídica y una adopción del nuevo soberano por Yahveh. De ello volveremos a hablar. Esta idea de la elección divina es común a todo el antiguo Oriente. Se expresa en Mesopotamia, aun en el caso en que un hijo sucede a su padre, que era la ley ordinaria, y en todas las épocas, desde Gudea, que es el «pastor notado por Ninguirsu en su corazón», hasta Nabonido, al que «Sin y Nergal determinaron para que reinase, cuando todavía estaba en el seno de su madre», y hasta Ciro, del que una composición babilónica dice que «Marduk designó su nombre para la realeza sobre el universo»; naturalmente se puede comparar con esto a Is 44:28: «Soy yo [Yahveh] quien digo a Ciro: Mi pastor», y a Is 45:1: «Así habla Yahveh a su ungido, Ciro.» La idea se lleva al extremo en Egipto, donde a cada faraón se le considera hijo de Ra, el dios solar. En los reinos árameos de Siria, Zakir, rey de Hamat y de La'as, dice: «Baal Samain me ha llamado y ha estado conmigo, y Baal Samain me ha hecho reinar.» Este Zakir era un usurpador, pero Bar-Rekub, rey de Senyirli, es sucesor legítimo y dice: «Mi señor Rekub-el me ha hecho sentar en el trono de mi padre.»
El principio dinástico no incluye necesariamente el de la primogenitura. Es verosímil que ésta fuera la regla entre los hititas, pero no parece haberse observado en los reinos árameos de Siria. En Egipto y en Asiría, el hijo mayor sucede normalmente a su padre, si bien no es esto una regla absoluta. El rey designa al príncipe heredero, al que en vida asocia ya a su gobierno. Igualmente en Ugarit el rey designa entre sus hijos al príncipe heredero. También en Israel era la primogenitura un título a la sucesión, pero no dispensaba de la designación por parte del rey, 2Cr 21:3, que podía hacer otra elección. Adonías, el mayor de los hijos supervivientes de David, podía esperar el trono, 1Re2:15.1Re2:22, y estaba además sostenido por todo un partido, 1Re1:5-9; 1Re2:22, pero otro partido apoyaba a Salomón, 1Re1:10. A David correspondía designar su heredero, 1Re1:20., y escogió al menor, Salomón, 1Re1:17; 1Re1:30. Yoacaz sucede a Josías, si bien tiene un hermano mayor, que luego será elevado al trono por el faraón con el nombre de Yoyaquim, 2Re23:31.2Re23:36. Es posible que la elección entre los hijos no se ejerciera sino en el caso en que el primogénito, heredero normal,hubiese muerto: Amnón en el caso de Salomón y, en el caso de Yoacaz, un Yohanán al que menciona 1Cr 3:15 y del que no se oye hablar a la hora de la sucesión. Ésta parece haber sido también la costumbre en Asiria. Pero la situación se coinplica con la presencia de varias esposas del monarca: Roboam prefería a Maaká aunque no había sido su primera esposa (compárese a David y Betsabé) y dio a Abiyyá, primogénito de Maaká, la preferencia sobre sus hermanos, queriendo que fuese rey, 2Cr 11:21-22
Salomón es consagrado rey en vida de su padre, 1Re1:32-40, que no murió sino algún tiempo después, 1Re2:1-10. Asimismo Yotam tomó las riendas del gobierno cuando su padre Ozías se puso leproso, 2Re15:5, pero no se dice que fuese consagrado en seguida. Son las dos únicas corregencias indicadas explícitamente en la Biblia. Es posible que hubiese otras que no se mencionan y algunos historiadores modernos las multiplican: Josafat, Ozías, Manasés en Judá, y Jeroboam II en Israel reinafon, según ellos, al mismo tiempo que su padre. Pero se trata de hipótesis que sirven sobre todo paca a.ravomzax los. datos discordantes de la cronología, bíblica. En los dos casos ciertos, Salomón y Yotam reciben el poder que su padre, demasiado anciano o enfermo, no puede ya ejercer, y en estos casos es bastante impropio el término de corregencia. Es pues, una situación diferente de la que tenía el heredero designado en Egipto o en Asiria.
Las mujeres están excluidas de la sucesión- En el reino de Israel, Joram sucede a su hermano Ocozías, porque éste muere sin descendencia masculina, 2Re1:17; cf. 2Re3:1. En Judá, Atalía toma el poder a la muerte de su hijo, pero su reinado es considerado ilegítimo y una revolución le pone término, 2Re11.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.