Capítulo III EL TEMPLO DE JERUSALÉN
Capítulo III
EL TEMPLO DE JERUSALÉN
Con la traslación del arca a su nueva capital, David había querido hacer de Jerusalén el centro religioso de Israel, pero el arca continuaba bajo una tienda y no había santuario construido para ella. Según 2Sam7:1-7, David pensó en construir una «casa» para Yahveh, pero fue disuadido de ello por una orden de Dios que le fue transmitida por el profeta Natán. Según una adición al texto antiguo de esta profecía, 2Sam7:13, Yahveh reservaba esta realización al hijo y sucesor de David.. En la redacción deuteronomista de los libros de los Reyes, Saloiñón recuerda esta promesa y se presenta como el ejecutor del plan que había formado su padre, pero que no había podido realizar por estar demasiado ocupado con las guerras, 1Re5:17-19; 1Re8:15-21. El cronista atribuye a David un papel mucho más importante: éste no construyó el templo porque era hombre de guerra que había derramado sangre, mientras que Salomón estaba predestinado para esta obra por su nombre de rey «pacífico»,1Cr22:8-10;1Cr28:3; sin embargo, todo quedó preparado por David: había trazado los planos del templo y formado el inventario de su ajuar, había reunido los materiales para la construcción y los lingotes de oro para los objetos sagrados, había formado los equipos de obreros, reglamentado las clases y las funciones del clero, 1Cr22-1Cr28. Al final del capítulo volveremos a tratar de las ideas teológicas que se expresan en estas diferentes tradiciones; por ahora nos fijaremos sólo en lo que tienen de común: David tuvo la idea del templo, pero fue Salomón quien lo construyó.
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