4. ¿Una fiesta de año nuevo?
4. ¿Una fiesta de año nuevo?
El año nuevo, el rôš haššânah, es una de las grandes fiestas anuales. Lo era ya al principio de nuestra era, en que la Mišná le consagró un tratado especial. La fiesta se celebra el primero de tišrí (que es el nombre babilónico del séptimo mes del año de primavera);¹⁶ comporta el toque del cuerno (el sofar) y el canto de himnos de alabanza.
Con este nombre y estos ritos no existió nunca la fiesta durante todo el tiempo del Antiguo Testamento. Ni los textos litúrgicos ni los textos históricos anteriores a la cautividad hablan nunca de ella. Ezequiel data su visión del templo futuro «en el rôš haššânah, el 10 del mes», Ez 40:1; es la única vez en que la Biblia emplea la expresión que designará luego el año nuevo, pero no puede tener sentido en Ezequiel y sorprende que muchos autores hayan aceptado sin el menor reparo que el «día de año nuevo» se celebrara el «día décimo» de un mes. Aquí rôš haššânah significa el «comienzo del año» y, según el uso constante de Ezequiel, el comienzo del año de primavera, es decir, el mes de nisán de la nomenclatura babilónica y no el mes de tišri, en que más tarde se celebró el rôš haššânah. También este comienzo del año se pone de relieve en Éx 21:2, en relación con un cambio de calendario: «Este mes irá a la cabeza de los otros: haréis de él el primer mes del año»; en este texto de redacción sacerdotal no se trata tampoco de una fiesta de año nuevo: únicamente el 10 de este mes se escoge la víctima para la pascua, Éx12:3. Sólo se logra embrollar sin provecho la cuestión poniendo en relación con el texto de Ezequiel el de Lev 25:9-10 (tardío) que solemniza el 10 del séptimo mes como día de las expiaciones, cf. Lev 2:27, y como término del período del jubileo.
Lo mismo que Ezequiel y el código sacerdotal, tampoco Esdras conoce una fiesta de año nuevo: el primero del séptimo mes, Esdras lee la ley hasta mediodía, los oyentes lloran al oír esta lectura y él les dice que más bien deben alegrarse, y así lo hacen, Neh7:72-Neh8:12; Esdras hubiese mencionado la fiesta de año nuevo si se hubiese celebrado precisamente aquel día.
Sólo quedan dos textos, que pertenecen a la redacción más reciente del Pentateuco, después de Esdras. El Lv23:24-25, ordena, para el día primero del séptimo mes, un día de descanso con sacrificios, asamblea cultual y aclamación, la terû'ah.¹⁷ La prescripción está desarrollada en Núm 29:1-6, que da a la fiesta el nombre de «día de la aclamación» y prescribe qué sacrificios se deben ofrecer en ella. El carácter de fiesta de año nuevo no aparece en modo alguno y el calendario de Lev23, como su comentario de Nm28-Nm29, comienza el año religioso por pascua. Esta fiesta del primero del séptimo mes no es más que una neomenia más solemne,¹⁸ que abre un mes que estaba entonces sobrecargado de fiestas (el 10, día de las expiaciones, del 15 al 22, los tabernáculos) y perpetúa quizá el recuerdo del antiguo año civil y religioso que comenzaba en otoño alrededor de la fiesta de la recolección.
Los libros apócrifos del Antiguo Testamento anteriores a nuestra era no hablan nunca de una fiesta de año nuevo; Josefo no la incluye en su lista de las fiestas judías; Filón, De special. legibus, II, 188, conoce diez fiestas judías, entre las cuales la del primero de tišrí, pero se atiene a lo que dicen Lv23:24-25 y Núm 29:1-6: es una «fiesta de las trompetas» que inaugura el mes de las grandes fiestas, al que llama el mes sagrado, ίερομηνία, utilizando un término de la lengua cultual de los griegos. La fiesta judía de rôš haššânah ha reanudado el grito de aclamación de la neomenia del séptimo mes en el calendario sacerdotal, pero no se puede decir en qué fecha ni bajo qué influjo fue instituida esta fiesta de año nuevo. Es dudoso que fuese, como se ha propuesto, por influencia del calendario siro-macedonio, en que el año comenzaba en otoño, pues los judíos, para sus asuntos interiores permanecieron fieles al cómputo babilónico que habían adoptado poco antes de la cautividad.¹⁹
Sea de ello lo que sea, un hecho queda bien establecido: el Antiguo Testamento ignora totalmente hasta el final una fiesta de año nuevo que se habría celebrado, como es natural, el primer día del año.
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