3. Los distritos de Judá
3. Los distritos de Judá
Acabamos de decir que nos es desconocida la organización de Judá bajo Salomón. Estamos quizá mejor informados sobre la situación que prevaleció después del cisma. En Jos15:21-62 (excluyendo los v. 45-47, que son secundarios) hay una lista de las ciudades de Judá, que forman once grupos introducidos por títulos geográficos. Un duodécimo grupo se saca de la lista de las ciudades de Benjamín, Jos18:21-28, que se separó de la enumeración precedente para llenar el territorio de esta tribu, delimitado como los otros según un documento anterior a la monarquía. Más dudoso es que haya que insertar en esta lista a los grupos de ciudades de Simeón, Jos19:2-8, y de Dan, Jos19:41-46, que la recortan accidentalmente y son de origen compuesto. Así se obtiene un cuadro de doce distritos que cubren todo el reino de Judá. Las capitales no están indicadas; entre las ciudades citadas escogemos en cada grupo la que nos parece haber sido la más importante o que expresa mejor la posición geográfica del distrito:
En el Negueb:
I. Bersabé, Jos 15:21-32
En el país bajo:
II. Azeqá, Jos 15:33-36.
III. Lakís, Jos 15:37-41.
IV. Maresá, Jos 15:42-44.
En la montaña:
V. Debir, Jos 15:48-51.
VI. Hebrón, Jos 15:52-54.
VII. Maón, Jos 15:55-57.
VIII. Bet-Sur, Jos 15:58-59a.
IX. Belén, Jos 15:596 (griego, falta en el hebreo).
X. Quiryat-Yearim, Jos 15:60
XI. Gabaón, en Jos 18:25-28
En el desierto:
XII. Engadí, Jos 15:61-62.
Este cuadro revela una organización análoga a la de las doce prefecturas de Salomón, destinadas sin duda, como ésta, a proveer a la recaudación de los impuestos. A este propósito se pueden recordar los gobernadores y los depósitos establecidos'por Josafat, 2Cr17:2-12. Es posible que una organización de este género existiera ya en tiempos de David o de Salomón, pero no sabemos nada de ello y, según 1Re4:196, «el país», es decir, Judá, estaba sometido a un solo gobernador (la palabra es distinta de la que designa a los prefectos salomónicos e idéntica a la que usa 2Cr 17:2). En todo caso, es cierto que la organización, tal como se reconstituye partiendo de las listas de Josué, es posterior al cisma, puesto que incluye una parte de las dos prefecturas más meridionales de Israel bajo Salomón. Pero no sabemos hasta qué fecha haya que descender. Según una opinión, cuya autoridad se impone, el documento que sirvió de base a estas listas representaría el estado del reino bajo Josías, pero re'cientemente se han presentado argumentos en favor de una fecha más alta, precisamente el reinado de Josafat, en el siglo IX. La decisión es difícil, dado que el documento fue retocado antes o en el momento de ser insertado en el libro de Josué. Aquí nos basta con haber hallado en él el esquema de una división administrativa del reino de Judá.
4. Los distritos del reino de Israel
No disponemos de nada equivalente acerca del reino de Israel. Se ha intentado aplicar la misma norma a las listas de ciudades de las tribus del norte, que presenta el libro de Josué, pero estas listas son un revoltijo de puntos que determinan vagamente las fronteras de las tribus, y de nombres de ciudades tomados de otras enumeraciones bíblicas. Lo único que se puede suponer es que el reino del norte conservaría el sistema de prefecturas salomónicas en la medida en que siguió controlando su territorio. En 1Re20:14-20 se mencionan accidentalmente los jefes de los distritos, a los que se llama medinót, término que en el libro de Ester designa las satrapías del imperio persa.
Los ôstraka de Samaría, que hemos utilizado ya a propósito de las posesiones reales,³ revelan algunos detalles sobre la región central del reino. Algunos nombres geográficos aparecen en ellas, como cantones, cada uno de los cuales comprende varias aldeas: Abiezer, Heleq, Sekem, Semida, Noa, Hogla, Soreq. Estos cantones, excepto el último, son presentados como clanes de Manasés en Jos17:2-3 juntamente con otros varios nombres que probablemente corresponden también a divisiones administrativas. Esto consta a propósito de Tirsá, antigua capital, que las excavaciones de Tell el-Fáracah han demostrado que seguía siendo importante en el siglo VIII a. de J.C. No tiene nada de extraño que esos óstraka conservados accidentalmente y relativos, a lo que parece, únicamente a la administración real, no ofrezcan sino un cuadro incompleto. Todos esos cantones dependían de Samaría, donde se han hallado los ôstraka, y que era a la vez capital y cabeza de partido de una provincia. Se ha hecho la hipótesis menos verosímil de que estos óstraka cubran todo el territorio dejado a Yoacaz de Israel por los ataques de los arameos y de los judíos.
5. La administración local
Los documentos de Mesopotamia, especialmente de la época de Hamurabi, nos informan abundantemente sobre la administración interior de las provincias, las múltiples tareas de sus gobernantes y el personal que los asistía. A propósito de Israel disponemos de muy pocos informes análogos.
Incidentalmente nos enteramos de que las dos capitales, Jerusalén y Samaría, tenían cada una su gobernador. Éste lleva el título de šar ha'ir, «jefe de la ciudad», o una vez el de 'âšer'al ha'Ir, «el que está sobre la ciudad». La «ciudad» basta para designar la capital, como en 2Re11:20; Is66:6; Ez7:23. Amón, gobernador de Samaría recibe de Acaz el encargo de encarcelar al profeta Miqueas ben Yimla, 1Re2:26. Un gobernador anónimo de Samaría aparece junto al mayordomo de palacio y a los ancianos en la época de Jehú, 2Re10:5. Bajo Josías, había en Jerusalén una «puerta de Josué, gobernador de la ciudad», 2Re23:8, pero uno de sus sucesores estaba entonces en funciones y se llamaba Maaseyahú, según 2Cr34:8, donde se le menciona juntamente con el secretario real y el heraldo. Evidentemente, era un personaje importante, nombrado por el rey. Ya durante el ensayo de reinado en Siquem se habla de un gobernador de la ciudad, Jue9:30, que había sido instituido por Abimélek, Jue9:28. No tenemos ninguna prueba de que semejante función existiese en las otras ciudades fuera de las capitales. Incluso tenemos quizá un indicio de lo contrario: en 2Re10:5, el gobernador de Samaría responde, junto con el mayordomo de palacio y los ancianos, a un mensaje que les había enviado Jehú, pero cuando Jezabel prepara la muerte de Nabot, escribe únicamente a los notables de Yizreel, y ningún gobernador de la ciudad aparece en esta historia en la que, como funcionario nombrado por el rey, hubiese desempeñado el principal papel, 1Re21:8-11. En Asiría y en Babilonia se conoce el jefe de la ciudad, rab áli, y burgomaestres, hazánu, en el caso de las pequeñas ciudades. Estos mismos están atestados también en el reino de Mari en el Eufrates. En Ugarit, sin embargo, el burgomaestre, hazánu o hazan áli, parece ser el gobernador de la capital donde ejercía su autoridad sobre los habitantes, a excepción de los que el rey había ennoblecido. Es seguramente el mejor paralelo del sâr ha'lr de la Biblia.
Fuera de estas dos capitales, parece ser que los asuntos locales se dejan en manos de los ancianos, los zêqenîm ⁴ Éstos constituyen una especie de consejo municipal. Son los que aparecen en las leyes de(Dt19,Dt 21:1-9,Dt 21:18-21;Dt 22:13-21;2Dt 25:5-10) Al final del reinado de Saúl, David envía mensajes y presentes a los ancianos de las diferentes ciudades de Judá, 1Sa 30:26-31. Jehú se dirige a los ancianos de Samaría al mismo tiempo que los funcionarios reales, 2Re10:1.2Re10:5. Los ancianos de Judá y de Jerusalén son convocados por Josías para que escuchen la lectura de la ley, 2Re 23:1. En Mesopotamia, desde los archivos de Mari, en el siglo XVIII, hasta la correspondencia real de los sargónidas, en el siglo VIII a.J.C., los ancianos aparecen como los representantes de la población y los defensores de sus intereses, pero sin ninguna atribución administrativa. Por el contrario, en el imperio hitita, los asuntos municipales parecen estar encomendados al consejo de los ancianos, que arreglaba también las disputas locales en colaboración con el comandante de la guarnición. También las ciudades fenicias tenían sus asambleas de ancianos, atestadas en Biblos y en Tiro por documentos extrabíblicos; cf. también Ez 27:9. En Israel, los ancianos tenían una función análoga: aun con la monarquía continuaron rigiendo la vida de los clanes, que entonces ya se identificaban con las ciudades y las aldeas,⁵ y sobrevivieron a la ruina de las instituciones reales; volvemos a encontrarlos durante la cautividad, Ez8:1; Ez14:1; Ez20:1-3, y en la comunidad del retorno, Esd 10:8.Esd 10:14
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