3. El ejército de servicio obligatorio
3. El ejército de servicio obligatorio
Hemos visto que, después de los acontecimientos del año 701 a.C., probablemente ya no se reorganizaron las tropas mercenarias y las tropas de carros del reino de Judá: costaban demasiado caras. La liberación y luego la defensa del territorio estuvieron encomendadas a un ejército de servicio obligatorio. Tal ejército es el único que aparece en los relatos de la toma de Jerusalén por Nabucodonosor. No se habla de mercenarios ni de carros, sino únicamente de «hombres de guerra», 'ansé (ham)milhâmah, 2Re25:4.2Re25:19; Jer 38:4, o de 'ose milhâmah, 2Re 24:16. Se habla de los oficiales y de sus hombres, en 2Re 25:23s; Jer 40:7s, y también en los óstraka de Lakís, pero estos soldados, estos hombres de guerra, son judíos que han sido llamados a las armas y que una vez acabada la guerra deben volver a sus casas y a sus campos, Jer 40:10.
Según 2Re 25:19, Nabucodonosor hizo prisionero a un alto funcionario, a un sârîs,⁸ que estaba «a la cabeza de los hombres de guerra», que era quizás el comandante en jefe, quizás un administrador civil del ejército, un ministro de la defensa nacional, puesto que el mando supremo era ejercido por el rey en persona. Entre los cautivos, se hallaba también un escriba, sôper, «encargado de alistar al pueblo del país». Hay que relacionar con esto 2Cr 26:11, en que el censo del ejército de Ozías corre a cargo del secretario Yeyel y de un sóter o comisario ⁹ llamado Maaseyahú. Según Dt 20:5-19, había varios šóterîm que se encargaban del reclutamiento, probablemente en diferentes distritos. El mismo texto prevé cierto número de casos de exención: propietarios de una casa nueva que todavía no se ha estrenado, o de una viña que no ha dado todavía los primeros frutos, prometidos que no han contraído todavía matrimonio; según Dt 24:5, los recién casados tenían una prórroga de un año. La despedida de los cobardes, Dt 20:8, es quizás un aditamento inspirado en Jue 7:3. Estas reglas fueron aplicadas por Judas Macabeo cuando hizo la leva del ejército de liberación,1Mac 3:56. La movilización afectaba a los hombres de 20 años en adelante, 2Cr 25:5; cf. Núm 1:3; Nm28:2. La incorporación se hacía por grupos de familias, por tanto, por localidades, 2Cr17:14; 2Cr25:5, y se hacía distinción entre los contingentes de Judá y los de Benjamín, 2Cr17:14-17; 2Cr 25:5. Los reclutas no aportaban las armas, como en tiempos pasados, sino que éstas les eran suministradas por el rey, 2Cr 26:14.
Una vez incorporados, los hombres eran puestos a las órdenes de sus oficiales, šárim. Dt 20:9. Éstos eran normalmente los jefes de familia o de clan, los rosé há'ábót, 2Cr 26:12. Sin embargo, el encuadramiento del ejército y su eficacia en el combate requerían un cuerpo de oficiales de carrera al servicio permanente del rey; formaba parte de sus 'ábádim o de sus šárim 2Re 24:12-14; Jer 52:10; cf. 2Cr 26:11. Como en tiempos de Saúl y de David, el rey era el jefe supremo del ejército y tomaba efectivamente parte en la guerra, 1Re 22:29; 2Re 3:9; 2Re14:11; 2Re23:29; 2Re25:4-5, aun cuando hubiera, como en tiempos de David, un general que mandaba las tropas, 2Cr 26:11; quizá 2Cr 25:19.
Las unidades eran de 1000, 100, 50 y 10 hombres. Esta jerarquía es referida a la época del desierto por Éx 18:21 y Dt 1:15. Un jefe de decena se menciona quizás a raíz de la caída de Jerusalén, aquel Ismael que se presentó con su diez hombres para asesinar a Godolías, Jer 41:1-2; cf. Jer41:15. En la historia de Elias figuran jefes de cincuentena, 2Re 1:9.Jer1:11.Jer1:13. Los jefes de centena y de millar aparecen en la estadística de 2Cr 25:5 y la misma organización del ejército regular es referida a la época de David por 2Cr 27:1, lo cual no es completamente arbitrario, puesto que las unidades de cien y de mil hombres existían ya en la época del pueblo en armas, 1Sam 22:7; 1Sa17:18, y en las tropas mercenarias, 2Re 11:4.
Fuera de estas indicaciones numéricas, son inciertos los nombres de las unidades. Según 2Cr 26:11, el ejército estaba distribuido en gedüd. La palabra designa en otros lugares un grupo de hombres armados, con frecuencia bandidos, 1Sam 30:8s; 2Re13:20..., y a veces —y el sentido es parecido— soldados enviados para llevar a cabo una incursión en país enemigo, 2Re5:2; 2Re6:23; 2Re24:2; finalmente —y aquí tampoco es muy distinto el sentido — un grupo de mercenarios, 2Sam 4:2; 2Cr 25:9, cf. 2Cr 25:13. El empleo de la palabra en 2Cr 26:11, aplicada a las formaciones del ejército regular, es excepcional. Si este empleo es legítimo, se puede observar que, atendida la proporción entre el número de los jefes y el de los soldados en 2Cr 26:12-13, cada oficial mandaba alrededor de 120 hombres. El gedúd, la «compañía», será, pues, equivalente a la centuria. Una unidad superior parece haber sido el degel. Pese a los diccionarios y a las traducciones modernas, este término no significa estandarte o enseña, sino una división del ejército. Éste es el sentido que cuadra a Núm1:52; Nm2:2-34; Nm10:14-25, que es también el sentido que dan las versiones antiguas y que vuelve a encontrarse en los papiros de Elefantina y en la Regla de la guerra en Qumrán. Únicamente se puede dudar acerca de la importancia de esta unidad. En el texto de Qumrán el degel tiene un millar de hombres, pero en los documentos de Elefantina debe ser todavía más bajo el número, puesto que hay varios d'gállm en la colonia.
Pero, según Nm2 y Nm10, los hombres de las doce tribus no forman más que cuatro dêgâlîm, de modo que, aun desechando las cifras colosales que se han indicado a este propósito, cada degel debe contar varios miles de hombres. Esto se confirma por la equivalencia propuesta anteriormente ¹⁰ entre el «millar» y la mišpáhah.
Si degel tiene el sentido de «división», entonces quedan ya pocas pruebas de la existencia de estandartes o de enseñas en el ejército de Israel. Una sola vez, Núm2:2, la palabra 'ót, «signo, señal, signo milagroso», puede significar el emblema o la enseña en torno a la cual acampaban los hombres del mismo clan; esta costumbre tiene plausibles paralelos entre los beduinos, pero la palabra en sentido de enseña militar no aparece con certeza sino en los manuscritos del mar Muerto, donde quizá sea traducción del latín signum. El nes, traducido a menudo por «bandera», no es propiamente una enseña, sino una pértiga o palo que se eleva sobre una colina en señal de movilización o de adhesión, Is5:26; Is11:10-12; Is13:2; Is18:3; Jer4:6; Jer50:2; Jer51:12.Jer50:27; cf. Éx 17:15; fuera de estos empleos en los profetas, la palabra no aparece nunca en los textos concernientes al ejército ni en los relatos de batallas. El mismo empleo está atestiguado entre los árabes, y se ha dado el caso de que el ingeniero Schumacher, que estaba haciendo unos trazados topográficos en Galilea, provocó, poco ha, la movilización de una tribu vecina por haber plantado en una colina un jalón de mira. El principal argumento en favor de las enseñas en el ejército de Israel, es, sobre todo, la analogía de los ejércitos orientales, todos los cuales tenían sus enseñas. Sin embargo, éstas llevaban por lo regular emblemas religiosos, que es lo que quizá retrajese a los israelitas de imitarlos. Se puede, no obstante, observar que el arca desempeñó un papel parecido en los comienzos de la monarquía. Pero de esto volveremos a hablar.¹¹
Este ejército nacional no se movilizaba sino en casos de guerra. Sin embargo, cuando quedaron muy reducidas, o desaparecieron, las tropas mercenarias, es probable que aun en tiempo de paz se conservase bajo las armas cierto contingente para proveer a la seguridad del territorio y al servicio de las plazas fuertes. Mas sobre esto carecemos de datos y no es fácil utilizar en este sentido el texto de 1Cr 27:1-15, según el cual David repartió el pueblo en doce clases de 24,000 hombres, cada una de las cuales estaba al servicio del rey durante un mes del año: las cifras son exageradas y los nombres de los jefes de estas clases son los de los paladines de David, que tenían un oficio muy distinto. Seguramente este informe no se refiere a la época de David; puede aplicarse, dejando aparte cifras y nombres, a una época posterior, pero puede también ser una construcción libre del cronista, inspirada en las doce prefecturas de Salomón, cada una de cuales se cuidaba durante un mes del mantenimiento del rey, de sus gentes y de sus tropas, 1Re 5:7-8.
Según una tesis reciente, el ejército de servicio obligatorio debió de ser una innovación de Josías, y las noticias desparramadas por los Paralipómenos, que han sido utilizadas en las páginas precedentes, habrá que referirlas todas a su época. Esta conclusión es arbitraria. Es exacto que las tropas mercenarias perdieron su importancia y que quizá cesaron de existir a fines de la monarquía y que por entonces parece ser que el ejército de servicio obligatorio proveía por sí solo a la defensa del país. Pero este ejército existía ya antes, paralelamente a las tropas profesionales. Durante las guerras arameas se hace el censo de todo el «pueblo» al mismo tiempo que el de los «cadetes», 1Re 20:15, cf. 1Re20:19. El pueblo de Israel y el de Judá se comprometen en la alianza entre Josafat y Acab, 1Re 22:4, como en la alianza entre Joram y el rey de Judá, 2Re 3:7. Así seguía manteniéndose la tradición del pueblo en armas, pero la leva en masa a la llamada de un jefe inspirado por Dios, había cedido el puesto a la movilización organizada por la administración real. El primer indicio de esta evolución aparece ya en tiempos de David: el censo ordenado por éste, 2Sam 24:1-9, tenía fines militares y equivalía a instituir quintas, iniciativa que fue condenada como abandono de las reglas de la guerra santa, como una profanación, cf. los v. 3 y 10. La inscripción de los nombres en una lista aparecía como una usurpación de una prerrogativa divina: sólo Dios lleva el registro de los que deben vivir o morir, Éx 32:32-33; un censo es un asunto sembrado de peligros, contra los cuales se deben tomar precauciones religiosas. Los nuevos textos de Mari explican este pasaje de la Biblia: «Cuando hagas el recuento, mediante el censo, de los hijos de Israel, cada uno de ellos pagará a Yahveh el precio del rescate de su vida, a fin de que con ocasión del censo no estalle sobre ellos ninguna plaga», Éx 30:12. David no había tenido en cuenta este derecho de Dios, por lo cual atrajo la peste sobre su pueblo, 2Sam 24:10-15. No obstante, la guerra se iba convirtiendo en un quehacer profano y así acabó por imponerse el régimen de las quintas.
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