2. Las guerras santas de los principios de Israel
2. Las guerras santas de los principios de Israel
Lo que acabamos de decir acerca del herem tiene aplicación más en general en el cuadro de la guerra santa bosquejado en el párrafo precedente. Los rasgos que lo componen están tomados de diversos libros y todos ellos no se hallan reunidos en ningún relato de las primeras guerras de Israel. Pero la agrupación de algunos de ellos, la recurrencia de las mismas fórmulas y el espíritu común que anima a estos textos, caracterizan a estas guerras como verdaderas guerras santas. Veamos algunos ejemplos.
Este carácter aparece claramente en la guerra de Débora y Baraq contra Siserá, a la vez en el relato en prosa, Jue4, y en el cántico de Débora, Jue5. Yahveh da a Baraq la orden de marcha y promete entregar en sus manos a Siserá, Jue4:6-7; antes de que se trabe el combate Yahveh ha entregado ya a Siserá: marcha delante de Baraq, infunde pánico en el campo enemigo y ni un solo hombre se escapa, Jue4:14-16. El poema celebra a los que respondieron libremente al llamamiento, que, por consiguiente, tuvieron fe en la victoria, Jue5:2.Jue 5:9; los combatientes son los paladines de Dios, Jue5:8, el pueblo de Yahveh, Jue5:13, que había acudido en ayuda de Yahveh, Jue5:23. Yahveh en persona había avanzado en el temblor de la tierra y en el estremecimiento de los cielos, Jue5:4; las estrellas habían combatido por su parte, Jue5:20; los enemigos de Yahveh perecieron, Jue5:31. El relato en prosa y sobre todo el cántico son suficientemente cercanos a los acontecimientos para podernos transmitir el sentido que los participantes habían dado a esta guerra: para ellos era una acción sagrada.
Antes hemos estudiado fe estrategia de Gedeón contra los madianitas pero al examinarla no se tuvo en cuenta el elemento religioso, que es esencial al relato de Jue6, Jue8. Gedeón recibió el espíritu de Yahveh, Jue6:34, que, con dos intervenciones, le promete el éxito, Jue6:36-40; Jue7:9s. Fue Yahveh quien entregó a Madián en manos de Israel, Jue7:2.Jue7:7.Jue7:14-15; Jue8:3.Jue8:7. No fue Israel, sino Yahveh, quien reportó la victoria, Jue7:2; los miedosos, los que no estaban sostenidos por su fe, fueron despedidos, Jue7:3; el ejército quedó todavía reducido a un pequeño grupo para que resplandeciese más la intervención divina, Jue7:7. El grito de guerra, teru'ah, era: «¡La espada por Yahveh y por Gedeón!», Jue7:20. Yahveh siembra la confusión en el campo enemigo, Jue7:21. Una vez más se trata de una guerra de Yahveh.
Las guerras contra los filisteos van a suministrarnos un último ejemplo. Jonatán y su escudero, solos, atacan la posición filistea de Mikmas, puesto que es Yahveh quien da la victoria, sean o no numerosos los combatientes, 1Sam14:6s; un signo asegura a Jonatán que Dios ha entregado en sus manos a los enemigos, 1Sa14:10-12; la tierra tiembla, un pánico de Dios cae sobre el campo, 1Sa14:15. Saúl consulta el oráculo, 1Sa14:18; el pánico crece entre los filisteos, que emprenden la fuga: «aquel día, Yahveh dio la victoria a Israel», 1Sa14:18-23. A los combatientes se había impuesto un ayuno, 1Sa14:24.
Durante el período de los jueces y en el reinado de Saúl, los israelitas sólo combatieron en guerras defensivas, y recientemente se ha sostenido que las guerras santas de Israel habían tenido siempre este carácter. No obstante, la conquista de la tierra prometida se presenta también, y por excelencia, como guerra santa en el libro de Josué; ahora bien, sea cual fuere la fecha de su redacción y la parte que se debe atribuir a sus redactores, no se puede decir que éstos inventaran esta tradición. Está representada también por el relato independiente de Jue1: la conquista del territorio israelita por Judá y Simeón se emprendió tras haber consultado a Yahveh, que entrega el país en sus manos, Jue 1:1-2, Jue1:4. Por lo demás, hay que admitir que la instalación en Canaán se llevó a cabo por lo menos parcialmente con las armas y que esta conquista creaba un clima especialmente favorable a la idea de la guerra santa: así pues, fue entonces cuando Yahveh, el guerrero, Éx 15:3, el señor de la guerra, ISam 17:47, debió de combatir por su pueblo.
En efecto, Yahveh es quien combate por Israel, y no el pueblo quien combate por su Dios. La guerra santa no es en Israel una guerra de religión. Según los textos antiguos, las guerras del tiempo de Josué y de los jueces no se emprendían para propagar la fe de Yahveh, como el ýihâd tiene por objeto imponer la fe musulmana, ni para defender una fe contra una religión extranjera. Sorprende que en el libro de Josué los relatos de la conquista no hagan la mínima alusión a los dioses ni al culto de los cananeos. Lo mismo se diga del libro de los Jueces: Israel lucha por su existencia como pueblo, pero nunca directamente por su libertad religiosa. El cántico de Débora opone a Yahveh y a sus paladines contra los carros de Siserá, pero no contra sus dioses. Es cierto que Gedeón destruyó un altar de Baal, pero este episodio no tiene la menor relación con la guerra santa contra los madianitas. Las preocupaciones religiosas no aparecen sino en los textos de redacción más tardía, en las prescripciones del Deuteronomio sobre el herem, Dt7:2-5.Dt7:25; Dt20:17-18, en el marco deuteronomista del libro de los Jueces, Jue2:2-3, en la redacción todavía más tardía de la guerra de Moisés contra Madián, Núm25:17-18; Nm31:15-16. Pero todo lo que se ha dicho anteriormente muestra bien que si las guerras santas no son guerras de religión, son, sin embargo, esencialmente religiosas: son una acción de Yahveh por la vida de su pueblo, a la cual se asocia el pueblo con un acto de fe y conformándose a un ritual.
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