07 De lo verdader y lo semejante. El Nombre de "so
DE LO VERDADERO Y LO SEMEJANTE. EL NOMBRE DE «SOLILOQUIOS»
13. R.– Sígueme con atención, porque voy a volver a las mismas afirmaciones, para aclarar más lo que pretendemos.
A.– A tus órdenes; dime lo que te plazca. Estoy resuelto a seguirte por estos ambages sin sentir fatiga, con la esperanza tan grande de llegar a la meta adonde veo que vamos.
R.– Haces bien; pero dime: ¿No te parece que cuando vemos huevos semejantes, ninguno de ellos en verdad puede llamarse falso?
A.– Cierto, porque todos son verdaderos, si son huevos.
R.– Y la semejanza que resulta en el espejo, ¿por qué señales decimos que es falsa?
A.– Porque no se puede palpar, no suena, no se mueve por sí, no vive, y por otras cosas que sería largo enumerar.
R.– Veo que no te quieres detener, y hay que acceder a tus deseos. Así, pues, para abreviar, si aquellas figuras de hombres que vemos en los sueños viviesen, hablasen, tuviesen corpulencia real para los que están despiertos, sin diferencia entre ellos y los que vemos y tratamos, estando sanos y en vela, ¿los tomaríamos por falsos?
A.– ¿Cómo podría decirse eso con verdad?
R.– Luego si habían de ser tanto más verdaderos cuanto mas semejantes a los hombres reales, sin haber diferencia entre los unos y los otros, y si, al contrario, habían de ser falsos por la diferencia o disimilitud que hemos apuntado, resulta que la semejanza es la madre de la verdad, y la desemejanza, fuente de ilusiones.
A.– No sé qué replicarte, y me ruborizo de las afirmaciones tan temerarias hechas anteriormente.
14. R.– No me parece justificable tu rubor, como si estas conversaciones tuviesen otro fin. Se llaman «Soliloquios», y con este nombre quiero designarlas, porque hablamos a solas. Nombre tal vez nuevo y duro, pero muy propio para significar lo que estamos haciendo. Pues siendo el mejor método de investigación de la verdad el de las preguntas y respuestas, apenas se halla uno que no se ruborice al ser vencido en una discusión, y casi siempre sucede que conclusiones ya llevadas casi al término, se desechan por el apasionado griterío de la terquedad, y quedan heridos los ánimos, disimulada o abiertamente; por eso, con plena calma y tranquilidad, me plugo investigar la verdad con la ayuda de Dios, preguntándome y respondiéndome a mí mismo; no hay lugar, pues, a rubores, si en alguna parte, por concesiones temerarias, te has visto forzado a volver atrás, en busca de mejores soluciones, pues no hay otro medio de salir de aquí.
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