04 ¿Se puede deducir de la perpetuidad de lo falso
¿SE PUEDE DEDUCIR DE LA PERPETUIDAD DE LO FALSO O VERDADERO LA INMORTALIDAD DEL ALMA?
5. A.– ¡Vaya un puñal de plomo! Podrías concluir que es inmortal el hombre si te hubiera concedido que el mundo no puede existir sin el hombre y que el mundo es sempiterno.
R.– Despierto te veo. Con todo, no es poco lo alcanzado, a saber: que el alma no puede menos que coexistir con la naturaleza de las cosas, si no puede faltar de ella alguna vez la falsedad.
A.– En ésa sí veo una legítima consecuencia. Pero me parece que hay que volver más atrás para asegurar nuestras posiciones, sin negar que hemos dado algunos pasos para la inmortalidad del alma.
R.– ¿Lo has mirado bien, por si has hecho alguna concesión a la ligera?
A.– Creo que sí, y no hallo afirmación que pueda tildarse de temeraria.
R.– Está, pues, demostrado que la naturaleza no puede subsistir sin almas vivas.
A.– Conforme, pero con tal que puedan nacer unas y morir otras.
R.– Y si suprimimos de la naturaleza toda falsedad, ¿no serán todas las cosas verdaderas?
A.– También eres consecuente en esa ilación.
R.– Respóndeme, pues: ¿por qué esa pared te parece verdadera?
A.– Porque no me engaña su aspecto.
R.– Luego porque es tal como te parece.
A.– Así es.
R.– Luego si una cosa es falsa porque es diversa de lo que parece, la verdad de una cosa consistirá en ser lo que parece; pero suprimido el sujeto que la percibe, no hay verdad ni falsedad. Mas si no hay falsedad en la naturaleza de las cosas, todas serán verdaderas. Sin embargo, no puede aparecer algo más que a los ojos del alma viva. Luego el alma permanece en la naturaleza de las cosas, si no puede quitarse la falsedad; y permanece si puede quitarse.
A.– Veo que has robustecido más la conclusión, pero nada hemos adelantado con lo añadido, porque, a pesar de ello, me inquieta una objeción, y es que las almas nacen y mueren, de suerte que su supervivencia en el mundo no proviene de su inmortalidad, sino de la sucesión de unas a otras.
6. R.– ¿Te parece que las cosas corporales, es decir las sensibles, las puede comprender el entendimiento?
A.– No me lo parece.
R.– ¿Y crees que Dios usa sentidos para conocer las cosas?
A.– No quiero afirmar nada temerariamente acerca de este punto; pero, según conjeturo, de ningún modo necesita sentidos para lo que dices.
R.– Luego concluimos que sólo las almas pueden sentir.
A.– Admite esa proposición como probable.
R.– Pues bien, ¿concedes que esta pared, si no es verdadera pared, no es pared?
A.– Nada más fácil de conceder.
R.– ¿Me concedes igualmente que nada es cuerpo si no es verdadero cuerpo?
A.– También te lo concedo.
R.– Siendo, pues, lo verdadero lo que es realmente tal como parece, y lo corpóreo sólo puede manifestarse a los sentidos, y los sentidos son propios del alma, y si el cuerpo no es verdadero si no es cuerpo, resulta que no puede haber cuerpo si no hay alma.
A.– Mucho me apremias y no puedo resistir a tus razonamientos.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.