234º ” Ya no te necesito. Arréglate ahora por tu cuenta”.
Mi nueva compañera de cuarto en la universidad había sido la mejor alumna de su generación en la escuela de enseñanza superior. Yo formaba parte del equipo de animadoras en los encuentros deportivos por lo que tenía más virtudes sociales que académicas. Me preocupaba, pues, que pudiéramos tener un choque de personalidades. Sin embargo, no tardamos en llegar a un acuerdo equitativo: ella me asistiría en mis tareas escolares, y yo la ayudaría a hacer amigos.
Las cosas marcharon sobre ruedas. Con frecuencia regresaba yo al dormitorio por la noche y me encontraba con que ella ya me había escrito a máquina algún trabajo. A cambio, yo la llevaba conmigo a las fiestas y le presentaba a muchas personas.
Pero una noche hallé mi máquina de escribir en el pasillo, con una nota: "Ya tengo suficientes amigos, así que mecanógrafa tu tus propios trabajos. Tu amiga Manuela.
No sé que pensar de esta amistad que dura hasta que sigue siendo útil. Cuando ya no se necesita del amigo ya la amistad no tiene sentido. Pero esto e puro egoísmo no amistad.
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