227º ¿Un crucifijo que sonríe?
Escribe C. Vallés.
En la capilla donde nació y creció san Francisco Javier, hay un Cristo crucificado y su bello rostro coronado de espinas y cercanos a la muerte... está sonriendo. Una sonrisa plácida, sobria, genuina, alegre, que ilumina la escultura con la luz inefable de su dulzura. Ante ella me pasé toda la noche de mi última jornada en España antes de salir por primera vez hacia Madrid, y de allí, a la India. Bendito Cristo que sonríe desde la Cruz.
Si no somos alegres, no somos cristianos; y ésa es la lección definitiva del evangelio.
Bertrand Russel me hace pensar cuando escribe: "En mi experiencia y en mi observación no he notado que los cristianos sean más felices o mejores personas que los no cristianos" Esta frase me impresiona porque en mi entorno, que me lleva a vivir entre cristianos, hindúes, musulmanes, parsis y jainistas, compruebo a diario que nosotros los cristianos no nos distinguimos por ser más alegres, más felices, que los demás.
¿Por qué será?
La predicación del evangelio, como se dio en la Iglesia durante la Edad Media hasta casi nuestros días, se concentró casi únicamente en Jesucristo crucificado. Nos hemos olvidado que el fundamento de nuestra fe es el acontecimiento de la resurrección de Jesús. Si Cristo no ha resucitado, decía Pablo, somos los más infelices de todos los hombres" (1Co 15:19).
El viejo catecismo también caía en este olvido cuando, sintetizaba de la siguiente manera los misterios principales de nuestra fe: "Unidad y trinidad de Dios; encarnación pasión y muerte de Nuestro Señor Jesúcristo". ¿ la resurrección? No era un misterio de fe sino un milagro necesario para demostrar la divinidad de Jesucristo. Sabemos en cambio que este es el misterio fundamental de nuestra fe: la muerte-resurrección de Jesús.
¿Y el Via Crucis? Terminaba con la deposición del cuerpo de Jesucristo de la cruz. Como si se hubiera acabado todo con su muerte.
Sobre todo en América Latina, quizás por ser un continente explotado y empobrecido por la injusticia de los conquistadores y de las grandes potencias, el pueblo se identificó con Jesús que sufre y muere en la cruz.
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