191º ¿Derechos de los animales?
En Nueva York, los cuatro pisos de un inmenso hotel están amueblados exclusivamente para perros. Un crecido número de empleados se dedican a ellos. Se han instalado dos cocinas para preparar, según las prescripciones de los veterinarios, el menú de los perros. Cada cuarto se halla decorado según la raza del inquilino. Los perros japoneses se alojan, desde luego, en aposentos revestidos de la mejor seda del Japón.
También en París existen instituto de belleza para perros y gatos en lo que trabajan numerosos veterinarios, masajistas, peluqueros y cosmetólogos.
En París mismo se ha erigido un magnífico cementerio de perros con avenidas, criptas de mármol y fotografías del 'difunto'. Diariamente las señoras, muy probablemente sin hijos, detienen su coche de lujo delante del cementerio y bajan para depositar ramos de flores en la tumba de su inolvidables perrita.
Lo más asombroso del cementerio son los epitafios que pueden leerse sobre las tumbas: "Kiki, ¡eras demasiado bueno para este mundo!".
"El destino que nos unió en la tierra, nos unirá en la nada".
"Ella, la perrita, era toda mi vida".
"Oh mi pequeña, tú fuiste la sonrisa de mi vida".
Este epitafio sí que es increíble: "Si tu alma, oh Safo, no acompañase a la mía en las moradas eternas, yo no querría entrar en el cielo".
¿Qué pensar de todo esto? Si la diferencia fundamental, entre el hombre y los animales, está en que el hombre es un ser hecho a imagen y semejanza de Dios, mientras que los animales son cosas, medios, instrumentos para el hombre y el tratar a los animales como personas demuestra que se ha perdido el principio fundamental de la moralidad. El gran filósofo Kant (de acuerdo con la revelación cristiana) expresó este principio ético de la siguiente manera: "Trata a la persona humana en ti y en los demás siempre como fin y no como medio". Prácticamente, no utilice a las persona, no la trates como medio. Y, por el contrario, no trate a los animales como personas, porque son cosas, son medios son criaturas que no tienen en sí su dignidad de fin, sino que Dios los creó como instrumentos y medios para el hombre.
La actitud con los animales, por lo tanto, es la de servirse de ellos respetando su naturaleza. Tenemos el deber de no maltratarlos, no hacerlos sufrir sin motivo. Pero podemos sin ninguna duda servirnos de ellos por fines buenos. No es ningún pecado alimentarse de los animales, eliminarlos cuando se multiplican excesivamente etc. Ellos no son personas y no tienen ningún derecho a vivir porque sólo las personas son sujeto de derechos.
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