168º La reencarnación o el principio del karma
Estoy, escribe C. Vallés, con una familia hindú que acaba de sufrir una desgracia: el hijo menor, ha tenido un ataque de parálisis infantil y quedará tullido para toda la vida. Su madre me dice, en presencia del hijo: ¡Pobre hijo mío! ¡Tan bueno y obediente como es! Ya no podrá andar normal nunca. Y el sufrimiento es tanto para él como para mí, que soy su madre. Algo habremos hecho él y yo, en nuestra vida pasada, que merezca ahora. este castigo. En fin, más vale pagar pronto las deudas, sobre todo las del alma. Tenemos que soportar todo esto con resignación y a consolarnos pensando que así quedamos libres y limpios para la vida siguiente. Yo lo amaré ahora más que nunca y lo cuidaré con toda el alma, ¡pobre hijo mío! Y lo abraza con cariño de madre.
En sánscrito, 'karma' quiere decir 'acción' y la ley del karma significa sencillamente que lo que uno sufre o disfruta en cada momento está determinado por sus acciones anteriores realizadas en esta vida o en las anteriores. Es la creencia en la reencarnación.
El principio fundamental de la reencarnación es éste: “el que la hace, la paga”. El universo entero es como un inmenso mecanismo de relojería en el que se inscriben las acciones todas de todos los seres y, a su tiempo, el mecanismo inexorable va colocando a cada uno en la circunstancia de placer o dolor que su conducta previa determina. Todo esto sin la intervención de un Dios justiciero o misericordioso que juzgue y perdone, premie o castigue. Es el mecanismo del karma que todo lo hace. ¿Cuál es la razón en que se funda la creencia de la reencarnación? Propongo un ejemplo.
En una familia sana y piadosa ha nacido un niño ciego y otro sin defecto alguno. ¿Cómo explicar esa desigualdad? ¿Qué dice la piedad cristiana al mirar a ese recién nacido que podrá vivir, sí, una vida larga, pero nunca verá la luz del sol ni el rostro de su madre? El cristiano acepta la voluntad de Dios y sus juicios inescrutables en repartir libremente sus dones. Los padre cristianos se someten a los designios de Dios con la esperanza de que tanto el niño nacido con la vista como el que ha nacido sin ella pueden ser felices y pueden un día llegar a ver a Dios que es la suprema felicidad. Pero, nadie en el mundo acepta esa actitud fuera de los cristianos, judíos y mahometanos.
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