157º Otra cruz Señor pero no la mía
Había un hombre pobre y sencillo. Todas las tardes, después de un día de duro trabajo, volvía a su casa cansado y lleno de mal humor. Miraba con envidia a la gente que pasaba en coche o a los que estaban sentados en las mesas de los restaurantes. "Ellos sí que saben vivir bien - se decía -. no saben lo que significa sufrir. Todo le va bien, no llevan una cruz como la que llevo yo"
Dios, que había escuchado sus quejas con mucha paciencia, lo esperó una tarde en la puerta de su casa, le sonrió amablemente y le dijo: "Ven conmigo, Te daré otra cruz o, mejor, tú mismo la vas a elegir.
Aquel hombre se encontró de improviso dentro de una enorme caverna. Estaba llena de cruces pequeñas, grandes, esmaltadas de diamantes, lisas, torcidas, etc. "Son las cruces de los hombres - le dijo Dios - Elige una". Aquel hombre descargó con alegría la cruz que llevaba encima y la tiró a un rincón y frotándose las manos contento comenzó a seleccionar su nueva cruz.
Probó una cruz liviana, pero era larga y difícil a llevar. Se puso al hombro la cruz de un obispo, pero era increíblemente pesada, llena de responsabilidades Otra era muy graciosa y aparentemente liviana, pero, cuando se la puso al hombro comenzó a pincharlo como si fuera llena de clavos. Agarró entonces una cruz de plata que era muy brillante; pero, de pronto, se sintió invadir por una desgarrante sensación de soledad y de abandono. Probó y volvió a probar todas las cruces, pero cada una tenía su defecto insoportable.
Finalmente, en un rincón, encontró una cruz pequeña, ya gastada pero no tan pesada. Se la puso al hombro contento. "Elijo esta" dijo a Dios. Y salió feliz de la caverna. Dios le dirigió entonces su mirada amable y le sonrió y le dijo: "¿No te das cuenta que es la misma que tiraste al suelo al entrar? Aquel hombre había elegido exactamente la vieja cruz que había siempre llevado.
El sufrimiento es una cruz, una tentación con la cual Dios quiere poner a prueba nuestra fe. Dios nos conoce muy bien, pero permite la tentación para que podamos fortalecernos en la fe. No podemos pensar que Dios ponga, sobre nuestros hombros, una cruz superior a nuestras fuerzas, o, mejor dicho, superior a las fuerzas que con la ayuda de Dios podemos soportar. Dios no nos tienta nunca sobre nuestras fuerzas.
"No nos han tocado pruebas superiores a las fuerzas humanas, El no permitirá que seamos tentados sobre sus fuerzas; más bien, nos dará al mismo tiempo que la tentación los medios para resistir"(1Co 10:13)
Si tuviéramos fe en Dios no dudaríamos un instante en creer que lo que Dios elige es siempre lo mejor. Si Dios nos ama, ¿no hará todo lo posible para que podamos superar las dificultades de la vida? No sabrá medir las pruebas según nuestra posibilidad?
Estupenda es la oración de S. Agustín: "dame Señor lo que me pides y pídeme lo que quieras. "
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