124º En un sillón de ruedas encantaba a los televidentes.
Los jueves por la tarde, en las pequeñas pantallas de la televisión alemana, aparece un joven rostro de mujer cargado de simpatía, un bonito pelo rubio, unos ojos verdes, una sonrisa tímida, una voz perfectamente adaptada para el programa juvenil que presenta. Cada mañana el cartero deja docenas de cartas en el buzón de Petra Krause(éste es el nombre de la presentadora). Son misivas de admiradores que le escriben enamorados de su sonrisa, porque su rostro es uno de los más conocidos en Alemania Occidental.
Lo que hasta hace poco no sabían los televidentes alemanes es que Petra Krause presenta su programa desde una silla de ruedas, ya que es paralítica en la mitad inferior de su cuerpo. Y sólo hace muy poco han conocido la verdadera historia de esa sonrisa que a tantos cautiva.
Es la historia de una de tantas muchachas vacías que fueron rebotando por la vida de fracaso en fracaso hasta convertir su existencia en un largo hastío que terminaría en el más amargo de los desenlaces: el intento de suicidio arrojándose desde la ventana de su cuarto, en un quinto piso.
Pero, al parecer, Alguien no permitió que Petra muriese; tal vez para explicar al mundo que una muchacha que no encontraba el sentido de su vida mientras todo le sonreía y mientras la salud habitaba su cuerpo, iba a encontrar ahora ese sentido cuando, paralítica y rota la espina dorsal en su caída, todo parecía verdaderamente terminar de cerrarse para ella.
Y sucedió que un joven actor, Peter Vogel, casualmente la conoció en el hospital. Este joven cristiano se empeñó en explicar a Petra que la vida no era negra y que basta con empeñarse en encontrarle un sentido, un ideal, una misión para sentirse contentos. Pero, ¿de qué iba a servir ahora Petra, cuando ya sólo sería una carga para cuantos la quisieran?
Peter se atrevió a proponerle algo que parecía completamente inverosímil. Lo mejor de Petra era su sonrisa. No podía usar sus piernas paralizadas, pero siempre podía sonreír. Y precisamente las presentadoras de televisión son las profesionales de la sonrisa.
Y el 2 de febrero de 1892 la televisión de Hamburgo, presentó a sus telespectadores un nuevo rostro, sin explicar para nada a su público que la presentadora vivía en una silla de ruedas. Y nadie lo notó, gracias a un hábil manejo de las cámaras. Y pronto los buzones de Petra comenzaron a llenarse de cartas de admiradores.
Ahora la televisión alemana reveló la historia de Petra Krause que es ahora la esposa de Peter Vogel; una mujer que no sonríe ya por oficio, sino porque es feliz, porque es amada, porque pinta y porque hace un oficio que le gusta, porque ha descubierto que la felicidad no es algo que alguien nos mete un día por la ventana de nuestra casa, sino algo que construimos cada mañana y cada tarde con la sonrisa y el esfuerzo diarios.
El hombre es capaz de adaptarse a cualquier situación, por cuanto desagradable sea, con tal que encuentre un sentido a la vida y al dolor. Lo que más hace sufrir al hombre es ignorar el sentido de la vida, no saber por qué vive, por qué sufre y por qué tiene que trabajar esperando que un día la muerte lo reduzca a ceniza. Esta señorita tentó de suicidarse porque se sentía vacía dentro, no le encontraba un sentido, un valor a su vida.
Pero llegó la palabra de Dios que a través de un amigo le hizo ver que la vida es una misión, que la verdadera alegría es dar y darse. Nunca tenemos que olvidar el dicho de Jesús, que Lucas probablemente se había olvidado de colocar en su Evangelio y lo insertó en su segundo libro, los Hechos de los Apóstoles "Hay mayor felicidad en dar que en recibir" (Hch 20:35)
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