Terrorismo de Estado
Juan Carlos Tealdi (Argentina), Universidad de Buenos Aires
Justicia y derechos humanos › Sistema de Derechos Humanos
El terrorismo de Estado debe ser considerado la negación radical de todo sistema de derechos humanos y, por tanto, de los supuestos morales básicos que se presumen compartidos en las sociedades actuales. De allí su importancia para toda bioética. Se trata de la utilización de diversos métodos ilegales por parte de un Gobierno, dirigidos a causar miedo en la población para lograr sus objetivos políticos, económicos, sociales o militares. El miedo utilizado como coerción se convierte así en la negación de toda libertad y, por tanto, de toda condición de sujeto moral y de derechos. Su presencia pasada o actual en América Latina ha tenido y tiene tanto impacto social sobre sus objetivos, que la consideración del respeto de la autonomía como principio ético sin tener en debida consideración este contexto, resulta vacía de un sentido pleno.
Definiciones. El terrorismo de Estado, aunque en cierto modo puede considerarse que ha estado presente a lo largo de toda la historia de la humanidad, en un sentido más estricto se lo considera característico del siglo XX. En su sentido más general, y como dice Chomsky, es el uso de la violencia con fines políticos y en contra de civiles no combatientes. En su sentido más reciente, sin embargo, alude al fascismo (alemán, español, italiano, etc.) y al comunismo (estalinista, camboyano, etc.), así como a las dictaduras militares en países de alguna tradición democrática (por ejemplo, América Latina), que han generado diversas variantes del mismo. Para Bonasso, al hablar de terrorismo de Estado, “se usa esta denominación
para demarcar un modelo estatal contemporáneo que se ve obligado a transgredir los marcos ideológicos y políticos de la represión ‘legal’ (la consentida por el marco jurídico tradicional), y debe apelar a ‘métodos no convencionales’, a la vez extensivos e intensivos, para aniquilar a la oposición política y la protesta social, sea esta armada o desarmada”. En ese sentido, aun cuando sea utilizado mayoritariamente por dictaduras militares, el terrorismo de Estado sería el último recurso del ‘sistema democrático’ y del ‘mundo libre’.
Características. Las formas que caracterizan el terrorismo de Estado son varias, aunque no exista una definición tan clara como la que podemos dar al genocidio (v.) o a los crímenes de lesa humanidad (v.), que se relacionan muy frecuentemente con aquel. Esas características son: 1. El diseño de un plan sistemático de implantación del terror en la población civil con diversas estrategias coordinadas por una red de agentes responsables –militares, de seguridad o civiles–, aun en los casos de operaciones descentralizadas. 2. El uso ilegal y difuso del secuestro, la tortura y el asesinato sobre individuos acusados o inocentes, como medios coactivos e intimidatorios de grandes grupos de población. 3. La instrucción, especialmente a militares y agentes de inteligencia, para que actúen en modo planificado con el objetivo de causar terror en la población civil. 4. La creación o apoyo de organizaciones terroristas paramilitares. 5. La comisión de crímenes sin dejar rastro (los desaparecidos), o con visible brutalidad (operaciones militares, exposición de cadáveres mutilados, etc.), pero con el mismo fin de atemorizar a la población.
El terrorismo de Estado en América Latina. El terrorismo de Estado es una realidad reciente en los países de América Latina. Argentina lo padeció entre 1976 y 1983 con decenas de miles de personas torturadas, asesinadas y desaparecidas, que fueron investigadas por la Comisión Nacional por la Desaparición de Personas (Conadep) cuyo Informe Nunca Más demostró de modo indiscutible el plan terrorista y permitió el juicio y condena de las juntas militares de la dictadura. En Chile, durante la dictadura de Augusto Pinochet, y según la Comisión Valech, se violaron gravemente los derechos humanos de treinta mil personas, de las cuales al menos tres mil fueron asesinadas. En Paraguay, la dictadura de Alfredo Stroessner entre 1954 y 1989 asesinó al menos a cuatro mil personas y persiguió políticamente y violó sistemáticamente los derechos humanos. En Guatemala, especialmente en el periodo 1960-1998, se ejecutó un genocidio de la población maya, se exterminaron poblaciones rurales y se cometieron violaciones sistemáticas contra obreros, estudiantes, mujeres embarazadas, religiosos y otros grupos
comunitarios. En Colombia, la comprobación en 2006 de vínculos de muchos políticos con los grupos paramilitares y sus masacres y acciones terroristas, así como las acciones del grupo creciente de militares estadounidenses que operan en el país, han hecho hablar asimismo de terrorismo de Estado. La Escuela de las Américas, establecida en Panamá por Estados Unidos, cumplió durante años la misión de entrenar un gran número de militares latinoamericanos que luego conducirían esas estrategias en sus países y en la región. También dio apoyo a escuadrones de la muerte en Nicaragua y El Salvador, y apoyó y financió a dictadores que instauraron el terrorismo de Estado, como Pinochet en Chile y Efraín Ríos Montt en Guatemala; asimismo apoyó el funcionamiento integrado de diversos Estados terroristas. Un modo planificado y sistematizado subregional del terrorismo de Estado se alcanzó con el Plan Cóndor, que integró las operaciones terroristas de los gobiernos de Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay, Bolivia y Brasil, con el apoyo de Estados Unidos y la promoción particular de su Secretario de Estado, Henry Kissinger. El militar chileno Manuel Contreras, creador y jefe de la Dirección Nacional de Inteligencia en Chile, también creó el Plan luego de ser convocado en 1975 a los cuarteles de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), según se ha sabido por fuentes desclasificadas en 2000 por la propia CIA. El 6 de marzo de 2001, The New York Times dio a conocer un documento desclasificado de 1978 en el cual el embajador de Estados Unidos en Paraguay decía que los servicios secretos del Plan Cóndor estaban en contacto entre sí a través de una instalación de comunicación de Estados Unidos en la Zona del Canal de Panamá. Pero los agentes del Plan actuaron también en Europa y en Estados Unidos con sus actos de persecución y asesinatos. Los archivos de la dictadura de Stroessner, encontrados en la ciudad de Lambaré en 1992 (Archivos del Terror), señalan que el Plan Cóndor dejó 50.000 muertos, 30.000 desaparecidos y 400.000 presos. Esos archivos muestran de modo acabado la planificación, el desarrollo, la coordinación y la evaluación de todas y cada una de las estrategias que forman parte del terrorismo de Estado y que se instrumentaron en América Latina.
Los argumentos del terrorismo. Para Garzón Valdés, el terrorismo de Estado requiere una ideología que sustente un dogma, como el de la Doctrina de la Seguridad Nacional, con un aparato de propaganda que justifique los actos propios y estigmatice a la oposición, que imponga medidas clandestinas y prohibidas por la ley (tortura, asesinatos, etc.), que delimite en modo impreciso los hechos punibles y que aplique en modo difuso medidas violentas de privación de la libertad, la propiedad o la vida.
Los argumentos con los que se pretende justificar el terrorismo de Estado son, para Garzón: 1. La primacía de valores que tienen una validez absoluta e incondicional y cuya realización es la condición necesaria para el bienestar de la población. 2. La distinción entre ética pública y ética privada bajo el supuesto de que en la ética pública lo que interesa son los resultados alcanzados. 3. La ‘elección trágica’, dado que la acción de la oposición y la protesta, al utilizar métodos violentos y poner en peligro la existencia misma del Estado, exige respuestas eficaces al margen de la legalidad. 4. El terror estatal como el medio más eficaz de respuesta. 5. La inevitabilidad de consecuencias secundarias negativas (excesos, daños colaterales, etc.). 6. La imposibilidad de identificación del opositor. 7. La simetría en los medios utilizados (‘guerra sucia’). Pese a la falacia de estos argumentos, el terrorismo de Estado resulta siempre una reacción y una negación del supuesto más
frecuente que moviliza a los opositores que terminan siendo víctimas. Ese supuesto son las graves y repetidas violaciones de los derechos más elementales, la pobreza, la indigencia y las enormes desigualdades sociales que existen en el mundo. Y simultáneamente expresa la ambición desmedida de grupos sociales y países que recurren a dictaduras e imperialismos para sostener esas injusticias.
Referencias Eduardo Luis Duhalde [1983]. El estado terrorista argentino. Quince años después, una mirada crítica, Buenos Aires, Eudeba, 1999. - Noam Chomsky, N. Schulz, Miguel Bonasso. Terrorismo de Estado, Navarra, Editorial Txalaparta, 1990. - Cezar Mariano Nilson. Operación Cóndor. Terrorismo de Estado en el Cono Sur, Buenos Aires, LohléLumen, 1998. - John Dinges. The Condor Years. How Pinochet and his Allies Brought Terrorism to Three Continents, The New Press, 2004. - Ernesto Garzón Valdés. “El Terrorismo de Estado”, Madrid, Revista de Estudios Políticos, Nº 65, julio-septiembre 1989.
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