Responsabilidad en contextos de pobreza
Jutta Wester (Argentina), Universidad Nacional de Río Cuarto
Pobreza y necesidad
Ética aplicada, responsabilidad y pobreza. La ética aplicada –y con ella, la ética aplicada al ámbito biomédico, a la investigación, a los problemas ambientales o a la aplicación de tecnologías– indaga los fundamentos y las características de la aplicación responsable de principios éticos universales a los contextos históricos. Desde una perspectiva éticofilosófica, el carácter relacional y multidimensional del concepto de responsabilidad reside en el hecho de que articula las acciones individuales con las relaciones sociales y los contextos de acción, sus condicionamientos, limitaciones y oportunidades, sus desafíos y encrucijadas. El concepto de responsabilidad refiere a personas responsables de otras ante instancias y bajo normas de enjuiciamiento –es decir, incluye tanto al sujeto como al objeto de las acciones y una perspectiva normativo-evaluativa–. La definición de la responsabilidad depende, asimismo, de la comprensión y determinación de las características de las acciones, de sus contextos y condicionamientos históricos e institucionales, de la identificación de las relaciones causales entre la acción y sus consecuencias, de la determinación del alcance espacio-temporal de las consecuencias y de los sujetos afectados por ellas y, además, de la valoración de su calidad. Asimismo, el concepto de responsabilidad comprende una dimensión psicosociológica, en cuanto tiene en cuenta el sentimiento de responsabilidad como resorte emocional individual del sentirse afectado por el otro y como capacidad culturalmente construida de evaluar consecuencias de las propias acciones y de atribuirse la obligación de hacerse cargo. Independientemente de cuáles fueran las realidades sociales, económicas, políticas y culturales que condicionan la toma de decisión y el obrar en el ámbito bioético, en muchos casos puede hablarse de una cuasisuspensión de la ética a causa de los contextos de pobreza. Entre los numerosos enfoques de descripción, definición y medición de la pobreza se destaca el proyecto “Dimensiones de la pobreza relativas a la ética y los Derechos Humanos: hacia un nuevo paradigma de la lucha contra la pobreza”, que la Unesco inició en 2001. El proyecto comprende la pobreza como una lesión de los derechos humanos, en general, y parte del supuesto de que es posible identificar a individuos, agentes
sino ser una de las finalidades de la bioética latinoamericana (v. Responsabilidad en contextos de pobreza). [J. C. T.]
colectivos o gobiernos responsables para las situaciones de pobreza y las consiguientes lesiones de los derechos fundamentales del hombre. El enfoque filosófico de la problemática se propone reexaminar las nociones de responsabilidad, imputabilidad, dignidad humana, justicia, libertad y otros.
Enfoques teóricos. A fines del siglo XX se destacan al menos tres teorías éticas que permiten reflexionar sobre la responsabilidad en contextos de pobreza. 1. Ante el avance de la ciencia y la tecnología y las posibilidades de la humanidad de autodestruirse, Hans Jonas (1995, 1997) ha puesto en primer plano de la discusión ética la ciencia y la tecnología modernas como un poder humano extraordinario con efectos ambivalentes. La ética debe reflexionar sobre la ciencia y la técnica, sobre su alcance temporal y espacial inusitado y sobre una ampliación del antropocentrismo y sus implicancias metafísicas. Jonas (1997) define como imperativo de una ética de la responsabilidad la supervivencia de la especie humana y de la biosfera, y promueve la idea de una autocensura voluntaria por parte de los científicos. Jonas deduce de su teoría de la responsabilidad la necesidad de generalizar virtudes de mesura y prudencia en el trato de las tecnologías disponibles y en el desarrollo de nuevas tecnologías; exige, además, un pensamiento hipotético capaz de imaginar los escenarios más nefastos para las generaciones futuras. 2. En su fundamentación de la ética latinoamericana de la liberación, Enrique Dussel (1998) parte de la realidad de la pobreza y la exclusión. En la perspectiva de Dussel, la responsabilidad o el asumir las cargas del otro es el a priori de toda conciencia reflexiva. La responsabilidad es respuesta a quien sufre y necesita de nuestra ayuda. La libertad es responsabilidad, puesto que la autonomía del sujeto se constituye recién cuando se asume la responsabilidad por el otro necesitado. El fin primordial de la filosofía de la liberación es la praxis liberadora, la concientización del oprimido, en el sentido de Freire. 3. La ética del discurso pragmático-trascendentalmente fundamentada, con su reclamo de realizar las condiciones de aplicación de la comunidad ideal de comunicación en el mundo de la vida y en las diferentes formas de vida de la comunidad real de comunicación, se comprende como una ética de la responsabilidad. El principio fundamental de la
ética del discurso se basa no en la intención o convicción de un individuo ni en su buena voluntad sino en la interacción social-comunicativa, en los intereses y derechos, comunicativamente realizables, de todos los real o virtualmente afectados por la acción, y en las consecuencias reales y previsibles. Karl-Otto Apel (1988, 1995), como otros pensadores provenientes de la teoría crítica, aceptan el imperativo jonasiano de asegurar la supervivencia de la especie humana, pero lo articulan con un imperativo emancipatorio, en el sentido de que no solo hay que proveer el sustento biológico de la humanidad sino que es un deber igualmente primordial el de fomentar la autorrealización de cada uno de los individuos y de transformar las relaciones sociales de modo tal que todos y cada uno puedan desarrollarse dignamente. A diferencia de la ética de la liberación de Dussel, la ética del discurso parte de la idea de que el ámbito político no es esencialmente irracional y que el imperativo de liberación es complementario con el principio del discurso argumentativo. El concepto de corresponsabilidad solidaria articula el imperativo de construir una comunidad ideal de comunicación con el de asegurar la supervivencia en los condicionamientos históricos reales. Desde un punto de vista sistemático, los condicionamientos que los contextos de pobreza generan para las decisiones (bio)éticas pueden identificarse especialmente bajo los siguientes aspectos que, aunque sea posible distinguirlos analíticamente, aparecen estrechamente interrelacionados en los contextos empíricos de acción.
Contextos de acción y toma de decisión. El concepto de responsabilidad se refiere a contextos de acción y de toma de decisión, como también a la previsión o al cálculo de consecuencias probables de las respectivas acciones u omisiones. La persona, para tomar decisiones y obrar asumiendo la responsabilidad por las consecuencias, tiene que ser libre y disponer plenamente de su autonomía. La pobreza y la miseria, las necesidades y la escasez de medios representan, no obstante, limitaciones del principio de autonomía, que aminoran la libertad individual, lesionan la dignidad de la persona e imponen condicionamientos severos a las posibilidades de decidir y de obrar. En lo que se refiere a las investigaciones biomédicas con seres humanos, Jonas (1997) exige que, en lo posible, se excluya a los pobres, en razón de las limitaciones de sus conocimientos y de su libertad de decisión. Aunque fuera posible una decisión responsable y la asunción personal de la responsabilidad por las consecuencias de una acción, la falta de posibilidades de concreción coarta, en muchos casos, la responsabilidad del médico, del científico o incluso del político que, sabiendo cuáles serían las medidas adecuadas para proteger o beneficiar a
una persona, su comunidad y la humanidad en su conjunto, no podría realizarlas por la falta de medios o de infraestructura, por lo que su responsabilidad recae involuntariamente en el principio ético de la buena intención.
La información y los conocimientos. En la actualidad, la información y los conocimientos crecen estrepitosamente en cantidad y complejidad, y el acceso a ellos presupone destrezas específicas relacionadas con el manejo de las tecnologías de información y comunicación; además, es necesario poseer conocimientos especializados en muchas áreas del saber humano. Si bien es verdad que la dependencia de los expertos se da también en los contextos de acción más afortunados y para los decisores más informados, no es menos cierto que la dependencia del conocimiento de expertos es mucho mayor en aquellas personas que deben decidir y actuar en contextos de pobreza y subdesarrollo –y, aún más, en aquellas que ni siquiera disponen de conocimientos mínimos y de una educación básica–. Si el consentimiento libre e informado es uno de los principios de toda acción biomédica, la pobreza le impone límites muy estrechos a la información de los afectados.
Relación entre sujeto y objeto. Otro de los aspectos centrales del ejercicio de la responsabilidad, no privativo del ámbito bioético, es la relación entre sujeto y objeto. Uno de los principios fundamentales de la ética en cuanto teoría que fundamenta la corrección del comportamiento entre seres humanos es la reciprocidad. La responsabilidad de una persona con otra, sin embargo, carece, por principio, de la reciprocidad plena y es, al menos, parcialmente asimétrica: ser responsable de alguien significa, por principio, que la persona objeto de mi responsabilidad se encuentre en mi radio de influencia, bajo mi poder. En bioética, esta relación asimétrica, propia del paternalismo médico, ha sido criticada por medio del principio de autonomía y del imperativo de fomentar y garantizar la autonomía de las decisiones de los pacientes o de los afectados por la investigación biomédica. En contextos de acción signados por la pobreza, esta asimetría propia de las relaciones de responsabilidad se profundiza, y la brecha normal entre sujeto y objeto de la responsabilidad se ensancha considerablemente. Las situaciones extremas de dependencia, una autonomía disminuida por la falta de conocimientos, las estructuras sociales de desigualdad y las instituciones políticas no representativas no permiten construir la igualdad del vínculo entre médico y paciente.
Perspectiva evaluativo-normativa. En lo que respecta a la perspectiva evaluativo-normativa de la responsabilidad, en muchos contextos de pobreza y subdesarrollo, los marcos normativos que regulan
la actividad profesional de médicos y científicos, y que garantizan los derechos fundamentales de los ciudadanos, son insuficientes. La falta de leyes (o la debilidad de las mismas) para la protección del bienestar, de la libertad y de la dignidad de las personas puede observarse no solo en regímenes totalitarios o autoritarios, sino también en muchos Estados democráticos que carecen de una legislación acorde con el desarrollo cultural y el progreso científico-tecnológico. La falta de sistemas de orientación última y el pluralismo axiológico dificultan, también en los Estados democráticos, el reconocimiento de una autoridad moral y de normas de comportamiento con validez general. A esta dificultad se suma, en muchos países con sistemas democráticos débiles, la existencia de estructuras discriminatorias de género, etnia, raza, religión, etc. La consiguiente inseguridad normativa y jurídica obstaculiza la asunción de responsabilidades y el ejercicio de la autonomía. A estas deficiencias se suma el hecho de que los Derechos Humanos, como también los derechos económicos, sociales y culturales, se centran en la perspectiva del receptor, no en la del agente responsable de hacerlos cumplir. Falta aún recorrer un largo camino para deducir, a partir de los derechos fundamentales del hombre, responsabilidades legalmente imputables y obligaciones judicialmente recuperables y realizables no solo dentro de los Estados sino, sobre todo, en el ámbito internacional.
Responsabilidad social. La conciencia de responsabilidad social está estrechamente relacionada con el marco normativo existente y con el desarrollo de la conciencia moral ciudadana, tanto dentro de una comunidad como a nivel global. Los contextos de pobreza pueden manifestarse como ausencia generalizada de criterios posconvencionales y supracontextuales de la evaluación moral de argumentaciones, acciones u omisiones, y también como falta de respeto por las diferencias. Comunidades sin normas con pretensión de universalidad, cuyos miembros se orientan solo por normas de conformidad de grupo, de obediencia ciega a la ley o del mantenimiento del orden, coartan la asunción de la responsabilidad para las consecuencias de acciones, para las generaciones futuras y ante escenarios novedosos y cambiantes. Sociedades que no reconocen la riqueza de lo particular y cultural no son capaces de articular responsablemente las decisiones con la realidad.
Principio de justicia global. El punto de vista supracontextual cobra relevancia también para el concepto de responsabilidad en relación con un principio de justicia global. En la actualidad, el desarrollo científico-tecnológico, la globalización económica, los conflictos entre culturas y los
procesos de exclusión, no solo regional sino también planetaria, plantean la necesidad de elaborar criterios de justicia de envergadura global para el ejercicio pleno de la responsabilidad. En la actual constelación geopolítica y económica mundial, las coerciones económicas y políticas, pero también las culturales y científicas, son tan fuertes que los médicos, investigadores y tecnólogos, al igual que los políticos, tienen que obrar a menudo en contra de sus conocimientos y su mejor entendimiento. En estos casos hay que discernir entre la responsabilidad individualmente imputable y una corresponsabilidad metainstitucional (Apel, 1995) que libera al individuo de la responsabilidad por las consecuencias de acciones colectivas de envergadura global. Esto no niega la existencia de una responsabilidad imputable a aquellas personas que, en virtud de sus conocimientos y competencias especiales, de su influencia en determinados ámbitos de la vida social o de su poder real, llevan sobre sus hombros algún grado de responsabilidad, por ejemplo, en cuanto al futuro de la biosfera o a la distribución global de los ingresos. Ante la falta de instituciones que canalicen las demandas por las consecuencias de acciones u omisiones en el nivel global, hay que reconocer “responsabilidades por encima de los límites tradicionales, a saber, responsabilidades por la organización de instituciones en orden a impedir o remediar riesgos y efectos negativos del crecimiento a escala internacional” (Apel, 1995). Estas iniciativas de ejercicio de responsabilidad metainstitucional competen a toda la opinión pública razonante, pero muy especialmente a quienes poseen el saber y el poder.
Referencias K. O. Apel. Diskurs und Verantwortung. Das Problem des Übergangs zur postkonventionellen Moral, Frankfurt, Suhrkamp, 1988. - K. O. Apel. “La ética del discurso como ética de la corresponsabilidad por las actividades colectivas”, en Cuadernos de Ética 19/20, 1995, pp. 9-30. - E. Dussel. Ética de la liberación en la edad de la globalización y de la exclusión, Madrid, Trotta, 1998. - H. Jonas. El principio de responsabilidad. Ensayo de una ética para la civilización tecnológica, Barcelona, Herder, 1995. - H. Jonas. Técnica, medicina y ética. La práctica del principio de responsabilidad, Barcelona, Paidós, 1997.
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