Imperialismo moral
Volnei Garrafa (Brasil), Cátedra Unesco de Bioética de la Universidad de Brasilia
Poder
Definición conceptual. Imperialismo moral, en bioética, significa el intento de imposiciones, por medio de diferentes formas de coacción siempre violentas, de patrones morales específicos de determinadas culturas, regiones geográfico-políticas y países, en contra de otras culturas, regiones o países. Del mismo modo que con relación a otras cuestiones generales como educación, libertad y política, el tema del imperialismo es bastante amplio. A pesar de que la expresión es relativamente reciente (cerca del año 1870), para un estudio histórico retrospectivo se tendrían que discutir categorías como colonialismo, neocolonialismo y subdesarrollo (en las teorías marxistas con respecto al imperialismo); militarismo y surplus, nuevo concepto que sustituye a la plusvalía (en la teoría del capitalismo monopólico); mercado (teoría socialdemócrata); capitalismo (teoría liberal); anarquismo, hegemonía y Estado-potencia (teoría de la razón de Estado). De modo general, en teoría política, imperialismo significa la expansión violenta, por parte de los Estados, del área territorial de su influencia o poder directo, y formas de explotación económica en perjuicio de otros Estados o pueblos subyugados (Bobbio, Matteucci y Pasquino, 2004).
Cultura hegemónica e imperialismo moral. Con relación a los temas del neocolonialismo y el subdesarrollo, de interés directo en la presente
discusión y para los países de América Latina específicamente, es indispensable registrar que el capitalismo incontrolado tiende a mantener y profundizar los desequilibrios entre países ricos y países pobres, los cuales solamente podrán ser superados con la introducción de eficaces instrumentos de planeación y de políticas regionales de dimensiones mundiales. Aquí se va a tratar específicamente, y de modo coherente con la interpretación de la expresión “ética y política” propuesta en este diccionario, del imperialismo como instrumento de imposición de un patrón cultural de un pueblo a otro, de una nación fuerte a otra(s) más frágil(es). Dos principios fundamentados en el derecho internacional son la no interferencia de un país en las cuestiones internas de los otros y el respeto por las particularidades de cada nación de acuerdo con sus especificidades políticas y culturales, con excepciones puntuales a ser estudiadas. En esa línea de ideas y rescatando el sentido original de la palabra latina mores, a partir de la cual se inició el establecimiento del Derecho Romano, que significa “modo de ser” o “modo de proceder” de un pueblo o nación, es que se tiene que la pluralidad moral de las diferentes culturas debe ser respetada. Lo que está ocurriendo, principalmente desde la segunda mitad del siglo XX, es que algunas culturas hegemónicas, a partir del control masivo de la economía y con los medios de comunicación de masas como instrumento, manipulan e invaden las culturas ajenas, principalmente de los países en vías de desarrollo y pobres, y les imponen sus propias visiones del mundo. Tal imperialismo moral transforma los ciudadanos en súbditos; el súbdito es el vasallo, aquel que siempre está bajo órdenes de alguien más fuerte, sea del rey, sea de sus opositores.
Imperialismo activo y pasivo. En el campo de la bioética, se pueden clasificar dos tipos de imperialismo: activo y pasivo. Ejemplo de imperialismo activo es el creciente intento de algunos países desarrollados (centrales) de imponer sus visiones morales a los demás. Las acciones recientes de los Estados Unidos de América (EUA) en forzar el cambio del contenido original de la Declaración de Helsinki relacionada con las investigaciones con seres humanos es prueba de esto, al partir de la exigencia de que se pasase a aceptar como éticamente correcta la utilización de patrones metodológicos diferenciados para países también diferentes. La aceptación definitiva de que sería moral y éticamente aceptable que los diseños metodológicos de las investigaciones (por ejemplo, con nuevos medicamentos antirretrovirales) tuvieran un determinado patrón para países pobres y otro para países ricos, postulaba derrumbar, definitivamente, la gran tesis democrática vencedora del
siglo XX respecto de la igualdad entre todas las personas (Garrafa y Prado, 2001). A esta distorsión, defendida por muchos científicos como “ética” (Lie et ál., 2004), se la denomina doble estándar (double standard), o sea, doble patrón de actuación, propuesta inaceptable para los países periféricos. El imperialismo pasivo, a su vez, es similar al activo en el sentido de que perjudica a las naciones periféricas, pero funciona en el sentido inverso, o sea, a partir de la pasividad u omisión de los países ricos. Una vez más EUA sirve como ejemplo negativo: al mismo tiempo que ese país es responsable por aproximadamente 20% de la polución ambiental mundial, se niega terminantemente a firmar el Tratado de Kioto, que limita la emisión de gases nocivos a la atmósfera.
Referencias Norberto Bobbio, Nicola Matteucci, Gianfranco Pasquino. Dicionário de Política, Brasilia, Editora Universidade de Brasilia, 2004, pp. 611-621. - Volnei Garrafa, Mauro Machado Prado. “Tentativas de mudanças na Declaração de Helsinque: fundamentalismo econômico, imperialismo ético e controle social”, Cadernos de Saúde Pública, Vol. 17, Nº 6, 2001, pp. 1489-96. - R. K. Lie, E. Emanuel, C. Grady, D. Wendler. “The standard of care debate: the Declaration of Helsinki versus international consensus opinion”, Journal of Medical Ethics, Vol. 30, Nº 2, 2004, pp. 190-193.
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