Fenomenología
Julia V. Iribarne (Argentina), Academia Nacional de Ciencias
Bioética › Teoría tradicional
La fundación de la fenomenología por Husserl. La fenomenología es una filosofía que, a partir de la creación y aplicación de su método, fue configurándose a lo largo de la vida de su fundador, Edmund Husserl, como una filosofía primera, la fenomenología propiamente dicha y, a partir de ella, como filosofía segunda, ocupada de temas metafísico-teológicos y ético-antropológicos. Edmund Husserl (1859-1938) nació en Prossnitz (Mähren). Hijo de Julie Selinger y Abraham Adolf Husserl, miembros de familias judías que habitaban esa ciudad que, desde la Revolución de marzo de 1848, había otorgado a los judíos los mismos derechos de ciudadanía que al resto de la comunidad: irónico destino para Edmund Husserl, quien en la última década de su vida, la de la naciente Alemania nazi, había de ser discriminado e impedido de enseñar y publicar. El punto de partida de la vida intelectual de Husserl se halla en las ciencias exactas; poco a poco irán abriéndose para él las cuestiones filosóficas. En 1887 se imprime su obra Sobre el concepto de número, en 1891, Filosofía de la aritmética. Sus Investigaciones lógicas de 1900-1901 marcan, si no todavía el nacimiento de la fenomenología, su paso franco a la más amplia problemática filosófica. En los años 1887-1901 es Docente Privado en la Universidad de Halle; en los años 1901-1916 es Profesor Ordinario en Universidad de Gotinga y en los años 1916-1928 es Profesor Ordinario en Friburgo; en 1928 es nombrado Profesor Emérito; su meditación filosófica escrita continúa hasta un año antes de su muerte. So pena de malinterpretarla, un verdadero intento de aproximación a la fenomenología debe apuntar a una visión del conjunto de la obra de Husserl. Su férrea vocación filosófica lo llevó a pensar-escribir permanentemente. En los últimos años de su vida temió por el destino de su obra; era consciente de que lo más importante de su pensamiento –así lo afirmó– estaba en sus manuscritos: cuarenta mil páginas de escritura taquigráfica, además de diez mil páginas de escritura a mano o a máquina, transcriptos por sus asistentes: Edith Stein, Ludwig Landgrebe, Eugen Fink. Le preocupaba que a su muerte el nazismo, que hasta ese momento había respetado su vida, terminara con su obra. Pocos meses después de la muerte de Husserl el padre franciscano Herman Leo van Breda, quien intentaba escribir su tesis de doctorado sobre temas que se hallaban en los manuscritos, logró tras largas negociaciones diplomáticas rescatarlos: ese fue el origen de los Archivos Husserl, que comenzaron por instalarse en Lovaina y hoy se han extendido a Colonia, Friburgo, París, Nueva York,
entre otros. Con el paso del tiempo la mayor parte del contenido de los manuscritos ha sido editada en la serie Husserliana, lo que hace posible que en la actualidad, dentro de ciertos límites, podamos ver el pensamiento de Husserl como una totalidad no sistemática.
La publicación de las obras de Husserl y la interpretación de la fenomenología. Durante su vida, con la ayuda de sus asistentes, que eran quienes preparaban los materiales para su edición, se publicaron solo algunas obras: las ya citadas Investigaciones lógicas; en 1910, “La filosofía como ciencia estricta”, artículo que publicó la revista Logos; en 1913 se edita el primer volumen de Ideas para una fenomenología pura y una filosofía fenomenológica; en 1924 la revista japonesa Kaizo publica dos artículos bajo el rubro general “Renovación”; en 1927-1928 trabajó con Heidegger en el artículo para la Encyclopaedia Británica; en 1928 se editan, al cuidado de Heidegger, las Lecciones de fenomenología de la conciencia inmanente del tiempo; en 1929, al cuidado de L. Landgrebe, se publica Lógica formal y lógica trascendental. Recién en los años cincuenta comienzan a publicarse en la Husserliana los manuscritos que hasta ese momento habían permanecido inéditos. Esta indicación es necesaria para comprender por qué durante tanto tiempo, por no disponer de un panorama integral del pensamiento de Husserl, se ha malinterpretado la fenomenología. Las obras editadas durante su vida conciernen prioritariamente a una preocupación por las condiciones de posibilidad del conocimiento. Ante todo, se trata de tomar en consideración la cuestión del método. Con la aparición de Ideas I se pone de manifiesto el paso de la actitud natural a la actitud fenomenológica. La primera es propia de nuestra vida cotidiana en la que damos por descontada la existencia de las cosas en el mundo y emitimos opiniones (doxa) a su respecto. La segunda abre el ámbito de la conciencia a partir de la reducción fenomenológica.
Método fenomenológico, conciencia e intencionalidad. La fenomenología comienza con un enfoque estático; el primer momento metódico es el de la reducción eidética en busca de la esencia del objeto: es un procedimiento de variación imaginaria de notas: cuando al suprimir cierta característica perdemos el objeto, es que hemos alcanzado con esta última el rasgo esencial, el eidos, la esencia. El segundo momento del método es la reducción fenomenológica; el fenomenólogo abandona la actitud natural, pone “entre paréntesis”, “reduce”, entre otros temas, la afirmación de la existencia, y haciendo uso de su capacidad de re-flexión, esto es, de volverse sobre sí mismo, dirige la “mirada” a su conciencia (trascendental, no psicológica) y a las operaciones que (en la actitud natural) producen
la doxa. No se niega que haya un sentido en lo que opinamos, en lo que nombramos, pero se trata de un sentido “constituido” por la conciencia que es necesario justificar y que solo se hace manifiesto con la aplicación de la reducción fenomenológica. Husserl toma el objeto como hilo conductor y descubre en la actividad de la conciencia un elemento material, la impresión o hyle y un elemento formal configurador al que denomina nóesis y que abarca todas las operaciones que dan forma a la impresión; de esa articulación surge el nóema, cuyo sentido coincide con el objeto que se tomó como punto de partida. El rasgo característico de la conciencia es la intencionalidad, su estar siempre dirigida hacia afuera, su ser conciencia de. J. P. Sartre celebró esta nueva visión de la conciencia que dejaba de presentarla como un recipiente en el que hubiera cosas y sostuvo que no hay ninguna imagen adecuada para la intencionalidad; en todo caso la más acertada sería la de una sucesión de estallidos. Tal como se muestra en Lecciones de fenomenología de la conciencia inmanente del tiempo, la conciencia es un fluir de vivencias que no se detiene. Cada vivencia, como momento presente, pasa e inmediatamente se convierte en retención; con la misma inmediatez lo que hasta ese instante era protención, o sea, el momento por-venir, se hace presente y lo que era retención pasa a ser retención de retención, y así continúa la sucesión de vivencias, retención de retención de retención, debilitándose siempre más hasta caer en el olvido.
Fenomenología e intersubjetividad. Mientras el interés de Husserl se mantiene en este ámbito, hay derecho a comprender la fenomenología como una egología, una teoría del ego similar al cartesiano “pienso luego existo”. Tal posición suele ser acusada de solipsismo y la fenomenología no se libró de esa crítica. Sin embargo, Husserl mismo desde el año 1905 se da cuenta de que el ego solo puede ser metódicamente aislado, pero que el yo es desde sus orígenes intersubjetivo. En vida del filósofo no se conocieron en Alemania las cinco conferencias que había dictado en París en 1929. Durante su vida nunca quiso que se editaran en Alemania porque aunque reescribió el texto no quedó satisfecho, en particular por lo que concierne a la “Quinta Meditación”, en la que trata el tema de la intersubjetividad. Sabía que en ese texto solo ofrecía un resumen de lo que él había meditado y había de seguir meditando durante treinta años, y que como resumen era deficiente. Tuvo razón: en 1950 se editaron en alemán las Meditaciones cartesianas, que fueron criticadas por filósofos eminentes: el texto parecía no resolver la cuestión de la intersubjetividad. Todas esas críticas son anteriores al año 1973, cuando, a cargo de Iso Kern, se publican en la Husserliana tres volúmenes sobre el tema intersubjetividad y que aportan material
suficiente como para afirmar que hay en Husserl una teoría coherente de la intersubjetividad. Para exhibir los rasgos de la teoría husserliana de la intersubjetividad conviene recordar que en la década de los años veinte Husserl amplió el campo de su investigación con el enfoque genético. Eso trajo consigo el abandono del camino cartesiano que aseguraba la evidencia de lo que en el instante presente la conciencia tiene frente a sí. La pregunta por la génesis exhibía la temporalización y mostraba el carácter histórico del desarrollo de la conciencia. Husserl repite en su obra con expresiones idénticas o equivalentes: “Llevo a los Otros en mí”. Cada ego concreto es denominado por Husserl mónada, término predilecto de Leibniz cuando acuñó la frase “las mónadas no tienen ventanas”. La experiencia del otro revelada por Husserl prueba lo contrario, “las mónadas tienen ventanas” y estas se hacen manifiestas con diversos rasgos, según sea el nivel en que se enfoque la experiencia denominada por Husserl impatía. La justificación de la experiencia impática se hace, a partir del enfoque estático, en el ámbito de la experiencia del ego y el alter ego trascendental, y a partir del enfoque genético, en el ámbito del yo y el otro mundanos.
Fenomenología trascendental, cuerpo vivido y experiencia del otro. La pregunta retrospectiva conduce a Husserl a los primeros momentos de la vida intrauterina en los que es posible afirmar que el protoyó inicia su camino de experiencias aunque esas experiencias queden para siempre fuera del alcance del yo reflexivo. Este orden de desvelamientos aleja a Husserl de la evidencia del ego respecto de sí mismo, pues la temporalidad reconduce a momentos de experiencia propios pero irrecuperables. También se interesa por lo que denomina la primera impatía, esto es, la relación de la madre con el infante. Estas investigaciones no abandonan el ámbito fenomenológico, de modo que no son enfocadas desde el punto de vista de la biología, por ejemplo. Se trata siempre de experiencias de la conciencia en el ámbito trascendental. Trascendental es un concepto medular, pues la fenomenología de Husserl es siempre fenomenología trascendental; con esa denominación se alude al campo de operaciones constitutivas de la conciencia, las que se hacen manifiestas una vez aplicadas las reducciones pertinentes. Lo trascendental es otra denominación de la razón, si bien es necesario tener presente que la razón husserliana no es separable de la afectividad y de la voluntad. Conducido por el enfoque genético, Husserl hace referencia a mi nacimiento trascendental, vale decir, al momento del surgimiento en cada caso de la capacidad de otorgar sentido, de constituir objetos. Para Husserl el cuerpo vivido participa en estos procesos como condición trascendental de posibilidad. Con la investigación de
la experiencia del otro en el nivel de lo social, esa experiencia se hace manifiesta como acto de comunicación, acto social por excelencia, en el que comunicamos algo a alguien con intención de que reciba nuestra comunicación y dé una respuesta: soy con-el-otro, para-el-otro, en-el-otro, y lo que más sorprende a Husserl, según-el-otro, con lo que se alude a la capacidad de cada uno de renunciar al propio proyecto a favor del otro. Este ámbito abre una temática amplia que incluye el tema del amor, la comunidad, las instituciones y, en última instancia, temas de ética.
La concepción fenomenológica de la ética. La ética ha sido, desde los primeros años de ejercicio de la enseñanza por Husserl, un tema recurrente. En la actualidad ya se han publicado dos volúmenes de sus lecciones de ética, que abarcan desde 1908 hasta 1924. En manuscritos todavía inéditos, de años más tardíos, aparecen temas importantes para su concepción de la ética. Ninguno de ellos trae una presentación sistemática, sino que de la lectura de todo ese material se extraen temas importantes para esa concepción: en principio ella resulta de la confluencia de dos vertientes. Por una parte, se trata de una ética de la obligación de optar siempre por lo mejor posible. Por otra, se trata de la ética del amor. Husserl afirma la presencia de un alma germinal en cada ser humano y ella nos conmina a apoyar su desarrollo. Con esta temática hemos ingresado al ámbito de la Filosofía Segunda de Husserl, la de las cuestiones ético-teológicas. En el proceso de su meditación Husserl desvela un tema presente en todo el ámbito de su filosofía, sea Primera como Segunda. Se trata de la teleología. Su entrega a la pregunta retrospectiva lo conduce desde la percepción del objeto, signada por su carácter provisorio y su reiterada intención de confirmación y de completamiento de la experiencia, hasta el ámbito de lo instintivo en el que reconoce una intencionalidad dirigida a la satisfacción del impulso. Tanto en una como en otra experiencia, tanto en la busca de plenificación de lo percibido como en la de satisfacción del instinto, la intención está orientada hacia el telos, lo pleno que todavía no es. Ese telos tiene diversas formas, según los diversos niveles de experiencia, desde el del cumplimiento del impulso hasta la orientación de la acción por los ideales más altos en el ámbito de lo social y lo ético, pasando por el completamiento de la percepción. Para Husserl la idea suprema, rectora, es la del “todo de las mónadas”; se trata un ideal y como tal de imposible realización total; ese ideal orienta hacia una articulación de las comunidades humanas en una unidad que preserve las diferencias (el nosotros solo se configura con el que es diferente de mí). Hay dos conceptos que Husserl nombra aunque no desarrolla, como instrumentos de realización del ideal: la
educación y la ética de la política. Una concepción férreamente teleológica como la de Husserl no podía dejar de culminar en el tema de la divinidad. Sus textos han merecido por lo menos dos interpretaciones. Por una parte, James Hart sostiene que la divinidad es inmanente a la aspiración y el trabajo humano a favor de lo superior, de lo mejor; por otra, Stephan Strasser sostiene que es indudable que los textos teológicos de Husserl conducen al Dios de los cristianos. Desde nuestro punto de vista, la filosofía de Husserl en lugar de concluir con la cuestión de Dios queda abierta con la pregunta. Al final de su vida, cuando fue interrogado acerca de qué era lo que, en última instancia, podía afirmarse con seguridad de la vida, respondió que la clave estaba en la creencia (creencia en el sentido de la vida) y que si se dejaba de lado la creencia todo estaba perdido. Nos hemos restringido en esta presentación de la fenomenología a la de su fundador, Edmund Husserl, pues ella no es una escuela sino un movimiento. Sus notables continuadores: M. Heidegger, K. Jaspers, M. Merleau Ponty, J. P. Sartre, P. Ricoeur, J. Patocka, E. Lévinas, entre muchos otros, tomaron ciertos lineamientos originarios y desarrollaron su propia visión fenomenológica.
Referencias Julia Iribarne, La intersubjetividad en Husserl, Buenos Aires, Ed. Carlos Lohlé, 1988. - Julia Iribarne, Edmund Husserl. La fenomenología como monadología, Buenos Aires, Academia Nacional de Ciencias, 2002.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.