Éticas descriptivas y prescriptivas
Germán Calderón (Colombia), Pontificia Universidad Javeriana
Bioética › Teoría tradicional
La distinción entre éticas descriptivas y prescriptivas abarca un núcleo importante de problemas en la teoría ética contemporánea. Expresado en la forma más simple, podría decirse que todo juicio moral implica alguna norma de conducta o una exhortación a hacer algo y, por tanto, hay en principio dos posibilidades: desde el prescriptivismo las normas éticas trascienden el lenguaje de la descripción, de lo que es y se ocupan de lo que debería ser; es decir, que estos juicios difieren de las proposiciones de hecho en que no describen, sino que prescriben. Además, si aceptamos que los juicios morales son proposiciones susceptibles de verdad o falsedad, que nos dicen cómo son las cosas, de manera análoga a como una buena teoría científica describe un sector de la realidad, entonces estaremos en la vía del descriptivismo. No debe olvidarse que una tendencia fuerte particularmente en la filosofía anglosajona del siglo XX ha sido la de intentar resolver la pregunta por el significado de los juicios morales, o más exactamente, el significado del lenguaje utilizado para expresar juicios morales. Si no se tiene en cuenta este contexto intelectual, resulta muy difícil entender el debate entre éticas descriptivas y prescriptivas y sus variantes. En el caso del prescriptivismo universal de R. M. Hare, este concibe su proyecto como la respuesta a la necesidad de distinguir entre buenos y malos argumentos en cuestiones morales. Por tanto, para él, la expresión teoría ética que muchos filósofos pretenden obviar, es un estudio absolutamente necesario, que en sentido estricto se refiere a la “teoría acerca del significado y las propiedades lógicas de las palabras morales”. Buena parte de estas reflexiones y los autores aquí mencionados se ocupan del lenguaje de la moral o, si se prefiere, del lenguaje de la ética.
El descriptivismo ético. El descriptivismo pertenece al grupo de teorías éticas que pueden considerarse también cognitivistas, puesto que el presupuesto básico que se hace aquí es que los juicios éticos pueden ser verdaderos o falsos y podemos tener conocimiento de esto; en este sentido también es una ética naturalista en tanto que los juicios morales pretenden decir cómo son la cosas y con frecuencia (aunque no siempre), se considera que es una doctrina realista según la cual, al menos, algunos juicios morales son verdaderos. Siguiendo la clasificación que propone Hare en lo que él ha denominado una taxonomía de las teorías éticas, el descriptivismo tiene dos versiones: la primera es el naturalismo ético y la segunda es el intuicionismo ético; para claridad del lector es preferible
enunciar aquí también las dos versiones del no descriptivismo, que son el emotivismo y el no descriptivismo racionalista, cuyo principal desarrollo es el prescriptivismo universal. Nos ocuparemos en esta primera parte de las teorías descriptivistas y es importante anotar aquí que las dos versiones mencionadas del descriptivismo, el naturalismo y el intuicionismo, tienen entre sí tantas distancias como las que puede haber entre dos dialectos que se hablen dentro del mismo país, y cuyos hablantes escasamente puedan entenderse entre sí. Si la tesis descriptivista general es que el lenguaje de los juicios morales atribuye propiedades morales (o sus contrarios) a sujetos que actúan y que, por tanto, pueden ser buenos, justos, honrados, etc., intuicionistas y naturalistas tienen profundos desacuerdos sobre la naturaleza de dichas propiedades. Según la versión de los intuicionistas éticos, las propiedades que ahí se describen son no naturales y solo conocemos de su existencia a través de alguna forma de intuición moral, de la cual los seres humanos estamos dotados en circunstancias normales. El exponente más importante de este tipo de doctrina fue G. E. Moore, a comienzos del siglo XX. La tesis de Moore defiende una forma de propiedades no naturales que intuimos al expresar juicios morales, pero aquí ya puede entreverse que teorías como las intuicionistas se exponen a la objeción según la cual, quien crea en una facultad que permita intuir el bien moral, confunde tener una intuición con tener una creencia en algo. Asimismo, desde la versión naturalista del descriptivismo y frente a la posibilidad de decir que los juicios morales son verdaderos o falsos, podríamos señalar el siguiente ejemplo: si emitimos un juicio según el cual los actos de X son justos, entonces deberemos poder decir qué característica es la que hace que consideremos los actos de X como justos, es decir, debemos mostrar que el término justo puede definirse en términos naturales o a través de la descripción de cualidades naturales. Como ya se dijo, es dentro del mismo descriptivismo ético desde donde se realiza uno de los ataques importantes a esta solución. Moore rechaza el naturalismo descriptivo sobre la base de que este confunde las propiedades morales, por ejemplo, la bondad, con las cosas que poseen esta propiedad o con cualquier otra propiedad que poseen las cosas buenas, de tal manera que incurre en la famosa falacia naturalista al basar la moral en hechos naturales, pues esto demuestra según él que el debe no puede derivarse del es. Además, casi dos siglos antes el filósofo empirista escocés David Hume había planteado ya la imposibilidad de derivar premisas éticas de premisas no éticas. Al referirse a los moralistas de su tiempo, observaba cómo las proposiciones asociadas a un debe o un
no debe que estos utilizaban con frecuencia en sus discursos no podían derivarse de proposiciones que expresaban las cópulas habituales de es y no es. Hume preguntaba cómo esta nueva relación podía deducirse de otras totalmente diferentes de ella. Hume fue sin lugar a dudas uno de los filósofos que más destacó la distinción entre hechos y valores. Pero las interpretaciones que se hacen de esto y las consecuencias que se derivan de ahí difieren entre sí de manera considerable. Para algunos la distinción mencionada es un argumento en contra del descriptivismo y en particular, en contra del cognitivismo y el naturalismo en la ética, pues es y debe son dos órdenes ontológicamente diferentes; para otros, esto es una simple distinción lógica, que no constituye refutación de la posibilidad de que los juicios morales nos permitan conocer. Al contrario de Moore, que intentó sustentar la ética en alguna capacidad de intuición humana, el propio Hume nunca abandonó el naturalismo y su ética se sustenta, en últimas, en la capacidad de los sentimientos morales (naturales) de los seres humanos. Sin embargo, este tipo de naturalismo no satisfaría a los descriptivistas propiamente dichos, para quienes los significados de los enunciados morales están determinados por la sintaxis y las condiciones de verdad de estos juicios, es decir que tal como ocurre con los juicios de hechos cuya veracidad o falsedad puede verificarse en la experiencia, también se puede conocer de los juicios morales que son verdaderos o falsos y esta es también una posición fuertemente vinculada al cognitivismo en la ética.
El no descriptivismo ético. El filósofo inglés R. M. Hare intenta dar respuesta al reto planteado por el descriptivismo y sus variantes. Para Hare este tipo de teorías éticas conducían cuando menos al relativismo, al hacer depender en el caso del descriptivismo naturalista el significado de los términos morales, de las condiciones de verdad, que en el caso de los juicios morales serán las condiciones particulares de verdad aceptadas en una sociedad determinada y que serán las definitorias del significado de los términos morales y, en el caso del descriptivismo intuicionista, al hacer depender los juicios morales de la convicciones que tienen las personas con formación moral, pero estas convicciones varían de una sociedad a otra y son, por tanto, relativas a sociedades particulares. Además, la respuesta ofrecida por algunos filósofos no-descriptivistas, como Ch. Stevenson, para quien los juicios morales sirven solo para expresar sentimientos o actitudes, que en últimas se refieren a la aprobación o desaprobación sobre el objeto juzgado (posición que se denomina emotivismo), es para Hare muy poco satisfactoria, puesto que también conduce a formas de irracionalismo. Si el lenguaje de los juicios morales es solo la
expresión de actitudes, entonces no puede haber un fundamento racional para dichos juicios. La crítica de Hare al emotivismo de Stevenson se basa en que este confunde el efecto perlocucionario, es decir, lo que se produce al decir algo (per locutionem), con el significado mismo de los juicios morales. Hare da el ejemplo de un profesor sádico que dice a los alumnos: “estén callados”, pero como sabe que el grupo al que da esta orden es particularmente indisciplinado, espera que una vez abandone el salón estos harán lo contrario. El profesor se esconde en el salón contiguo y una vez escucha el alboroto, tiene el pretexto para castigar al grupo de muchachos. Lo que sucede aquí es que el efecto (perlocucionario) logrado al proferir la orden es el contrario, pero lo que sus palabras “estén callados” significan es justamente eso y la prueba de ello es que el profesor obtiene una justificación para castigar a sus alumnos.
El prescriptivismo universal. La propuesta de Hare es que el prescriptivismo universal puede ofrecerse como un intento de lograr una síntesis, desde otras teorías éticas que ejerza una crítica, pero que permita formular un no-descriptivismo racionalista que pudiera dar razón de los juicios morales. Para Hare las posiciones no descriptivistas, como el emotivismo, estaban en lo correcto al rechazar el descriptivismo en sus dos versiones. Sin embargo, en su afán de rechazarlo, los emotivistas saltan de manera precipitada a la conclusión de que no puede decirse nada (aparte de expresar aprobación o desaprobación) en cuestiones morales, que se base en la posibilidad de razonar sobre ellas. Al hacer esto se comete desde su perspectiva, un grave error, pues no es cierto que las únicas cuestiones sobre las que se pueda razonar sean las cuestiones fácticas. Hare apunta a Aristóteles y a Kant como ejemplos de filósofos que al referirse a la sabiduría práctica (phronesis), y a la razón práctica, respectivamente, demuestran que se razona también sobre estos asuntos. Los prescriptivistas afirman, por tanto, que los juicios morales son un tipo de prescripciones, de una lógica más compleja y no del todo asimilables a los imperativos simples, aunque comparten con estos la característica de intentar que se hagan algunas cosas. Este es uno de los rasgos centrales que constituirían la differentia de su propuesta: las oraciones de deber, valorativas o normativas, prescriben algo y es algo que debe hacerse, y esa prescripción debe poder universalizarse. El concepto de universalizabilidad, que es el más importante aquí, puede entenderse como aquel elemento en los enunciados de deber que contiene un principio implícito según el cual dicho enunciado es aplicable a todas las situaciones similares. Hay que precisar aquí que, como señala Hare, en primer lugar, situaciones similares significa que han
de tenerse en cuenta las características, deseos y motivaciones de las personas involucradas: por ejemplo, no todo el mundo desea asistir a un culto religioso (cualquiera que sea), aunque nos parece que lo deseable es que quienes quieran hacerlo tengan la posibilidad y la libertad de hacerlo. En segundo lugar, no se debe confundir la universalizabilidad con la generalidad: nuestros principios morales pueden ser más específicos; la conocida crítica a Kant según la cual este se mete en un callejón sin salida al convertir en precepto universal el nunca digas mentiras puede ser respondida con un “nunca digas mentiras, excepto cuando es necesario para salvar vidas inocentes o excepto cuando se trata de evitar que la información caiga en manos de la delincuencia, o excepto cuando … etc.”. Los principios generales son importantes, pero las situaciones de deber no son tan generales y simples. La complejidad de las excepciones es posible. En tercer lugar, debemos tener presente que existen relaciones tanto como cualidades universales: “debo cuidar a mi madre” es un enunciado universalizable con respecto a la madre de A, pero no es cierto que A tenga el mismo deber de cuidar a las madres de otros individuos. Esta es una diferencia importante que los prescriptivistas universales establecen con respecto a los imperativos simples (¡cierra la puerta!). Los juicios morales, al igual que aquellos, son prescriptivos, pero a diferencia de estos son universalizables, de tal manera que universalizabilidad en el sentido arriba mencionado, y prescriptividad son los rasgos que comparten los enunciados de debe en el prescriptivismo. “Un acto de habla es prescriptivo si atenerse a él es comprometerse, so pena de ser acusado de falta de sinceridad, a realizar la acción específicada en el acto de habla o bien, si exige que la haga un tercero, a querer que la haga” (Hare, 1995). Si como sostiene este filósofo los juicios morales son siempre: 1. prescriptivos: dirigen las acciones o guían nuestra conducta (rasgo que comparte con los imperativos), 2. universalizables: se puede esperar que las personas en situaciones similares hagan lo mismo (rasgo que definitivamente no comparten con los imperativos). Con la conjunción de estas dos características 1 y 2 se obtiene para Hare por lo menos un punto de contacto entre la concepción de los argumentos morales que él ha defendido y el utilitarismo: el carácter lógico del lenguaje moral es el fundamento de esta teoría, de tal manera que en nuestro intento de encontrar razones que guíen nuestra conducta y que podamos prescribir universalmente para una situación determinada, nos encontraremos abocados a dar igual consideración a los deseos y necesidades de los demás (justicia distributiva), y esto a su vez nos conducirá a intentar maximizar las satisfacciones. De ahí la cercanía con el utilitarismo. Hare llega incluso a
sostener que puede haber una síntesis entre puntos de vista tradicionalmente concebidos como opuestos, como son el utilitarismo y la filosofía y la ética kantiana. En tanto que para él no es posible distinguir entre el juicio moral realizado sobre la base de los efectos de una acción y el juicio hecho sobre la base de la naturaleza de esa acción como tal.
Referencias R. M. Hare, Ordenando la ética: una clasificación de las teorías éticas, Barcelona, Ariel, 1999. - R. M. Hare, Freedom and reason, New York, Oxford University Press, 1963. - R. M. Hare, El prescriptivismo universal, en PeterSinger, Compendio de ética, Madrid, Alianza Editorial, 1995. - W. D. Hudson, La filosofía moral contemporánea, Madrid, Alianza Universidad, 1974. - D. Hume, Tratado de la naturaleza humana, Madrid, Tecnos, 1988. - Charles R. Pigden, El naturalismo, en Peter Singer, Compendio de ética, Madrid, Alianza Editorial, 1995. - Ch. L. Stevenson, Ética y lenguaje, Buenos Aires, Paidós, 1984.
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