Dominación y hegemonía
José Portillo (Uruguay), Asociación Latinoamericana de Medicina Social
Poder
Concepto. Por “poder”, la Real Academia Española entiende “la facultad y jurisdicción que alguien tiene para mandar o ejecutar algo”. En realidad, el poder es un tipo particular de relaciones entre individuos, y el rasgo que lo caracteriza es que algunos hombres pueden, más o menos, determinar la conducta de otros hombres. El poder tiene que ver con las decisiones que toman los hombres sobre circunstancias y acontecimientos propios de su época, que en definitiva constituye la historia. Las decisiones tienen que ver con problemas concretos. Quienes participan en la definición de los problemas son quienes detentan el poder. Tienen autoridad quienes ejercen el poder justificado por las creencias de quienes obedecen voluntariamente. Cuando el poder es ejercido sin conocimiento de los que no tienen poder, se habla de manipulación. La coacción es el empleo del poder con éxito, sin la sanción de la conciencia ni de la razón de los que obedecen. En el mundo moderno el ejercicio del poder ha cambiado sustancialmente con respecto a las épocas que le precedieron y ya no es tan ostensible. Los grupos limitados de hombres que ejercen el poder se han
denominado elites (Wright Mills). La influencia del público y las grandes masas en las decisiones importantes de la vida se ha ido reduciendo y está fuertemente afectada por los medios de comunicación. Tradicionalmente el poder ha sido centralizado en el Estado, como poder político; es la razón de Estado y se ejerce a través del derecho que es su marco normativo. El fundamento de la armazón material del Estado y del poder hay que buscarlo en las relaciones de producción y en la división social del trabajo en cada formación social y económica con cierta historicidad. Para algunos autores (Poulantzas), el Estado concentra, condensa y materializa las relaciones político-ideológicas en las relaciones de producción y en su reproducción. El Estado tiene así un importante rol en la construcción de las relaciones de producción y en la construcción de los grupos o clases sociales. El poder de los grupos dominantes se difunde a través de las ideas de los dominantes, que se transforman en las ideas dominantes (Bauman). Esa ideología tiende a legitimar la violencia explícita o sutil. Pero el poder desborda en mucho al Estado y no se puede reducir exclusivamente al mismo.
Concepciones del poder. Para los autores marxistas el poder de clase es el basamento fundamental del poder. El poder político, asentado sobre el poder económico y las relaciones de explotación, es primordial y actúa sobre todos los otros campos de poder. En el modo de producción capitalista el poder ocupa un campo y un lugar específico, y ese poder está concentrado y materializado en el Estado. El dominio implica un poder no legitimado, autoritario, dictatorial. La hegemonía, en cambio, implica un acceso al poder por acuerdo político. En un sentido más restringido, es la dirección política del Estado. En un sentido más amplio (Gramsci) implica la dirección cultural, en la cual participan los partidos políticos pero también la sociedad civil a través de diversas instituciones, para contribuir a la formación de la voluntad política colectiva pero también a una reforma intelectual y moral de la sociedad. La hegemonía, con esta concepción, precede a la conquista del poder y tiende a la formación de una voluntad colectiva capaz de crear un nuevo aparato estatal y de transformar la sociedad, pero también de elaborar y difundir una nueva concepción del mundo. Para otras corrientes teóricas, existe una microfísica del poder (Foucault) en el marco de la sociedad, que es ejercido en forma difusa por un conjunto de instituciones disciplinarias (poder pastoral) y que pueden estar fuera del Estado (la medicina, la educación formal, el derecho). Estas estructuras de poder tienen relación con el sistema de saberes, cada día más complejo. El gobierno de los hombres por los hombres implica siempre una cierta
forma de racionalidad. Para esta concepción teórica, el poder disciplinario es individualizante, ajusta la función sujeto a la singularidad somática por medio de sistemas de vigilancia y escritura (panoptismo pangráfico). La normalización es la prescripción universal. “La democracia es, antes que nada y sobre todo, un ideal. Sin una tendencia idealista una democracia no nace, y si nace, se debilita rápidamente. Más que cualquier otro régimen político, la democracia va contra la corriente, contra las leyes inerciales que gobiernan los grupos humanos. Las monocracias, las autocracias, las dictaduras son fáciles, nos caen encima solas; las democracias son difíciles, tienen que ser promovidas y creídas” (Giovanni Sartori). “Debemos recordar que tras los prometedores comienzos la democratización no evolucionó siguiendo un camino ascendente hasta nuestros días. Hubo subidas y recaídas, movimientos de resistencia, rebeliones, guerras civiles, revoluciones. Durante algunos siglos [se] invirtió alguno de los avances anteriores. Volviendo la vista atrás sobre el ascenso y caída de la democracia, está claro que no podemos contar con que las fuerzas sociales aseguren que la democracia siga siempre avanzando. La democracia, tal parece, es un tanto incierta. Pero sus posibilidades dependen también de lo que nosotros hagamos. Incluso, aunque no podamos contar con impulsos benignos que la favorezcan, no somos meras víctimas de fuerzas ciegas sobre las que no tenemos ningún control. Con una adecuada comprensión de lo que exige la democracia y la voluntad de satisfacer sus requerimientos, podemos actuar para satisfacer las ideas y prácticas democráticas y, aun más, avanzar en ellas” (R. Dahl).
Sociedad, poder y democracia en América Latina. En América Latina la democracia se instala en sociedades con altos niveles de pobreza y desigualdad. Una primera mirada a la democracia desde la democracia revela que muchos derechos civiles básicos no están asegurados y que la pobreza y la desigualdad muestran a dichas sociedades entre las más deficitarias del mundo. Una definición del desarrollo de la democracia y sus carencias principales en la región contrasta con las reformas que han sido aplicadas y con las realidades políticas y económicas. A partir de esto surge un conjunto de interrogantes: ¿Cuánta pobreza y cuánta desigualdad toleran las democracias?, ¿cómo afectan estos contrastes a la cohesión social de las naciones?, ¿qué relevancia tiene la democracia para los latinoamericanos? Los resultados de una encuesta de opinión revelan que el 54,7% de los latinoamericanos estaría dispuesto a aceptar un gobierno autoritario si este resolviera la situación económica. Las razones que explican este dato preocupante quizás se encuentren en los contrastes señalados.
Los desafíos de la democracia en América Latina son históricamente singulares. Resolverlos demanda una comprensión novedosa y una discusión abierta. Ello requiere precisar los fundamentos teóricos: los conceptos de democracia, ciudadanía y sujetos en la democracia, Estado y régimen. Los cuatro argumentos centrales son: 1. La democracia implica una concepción del ser humano y de la construcción de la ciudadanía. 2. La democracia es una forma de organización del poder en la sociedad, que implica la existencia y el buen funcionamiento de un Estado. 3. El régimen electoral es un componente básico y fundamental de la democracia, pero la realización de elecciones no agota el significado y los alcances de aquella. 4. La democracia latinoamericana es una experiencia histórica distintiva y singular, que debe ser así reconocida y valorada, evaluada y desarrollada. La Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas afirma que entre los derechos a una gestión pública democrática figuran los siguientes: a) El derecho a la libertad de opinión y de expresión, de pensamiento, de conciencia y de religión, de asociación y de reunión pacíficas. b) El derecho a la libertad de investigar y de recibir y difundir informaciones e ideas por cualquier medio de expresión. c) El imperio de la ley, incluida la protección jurídica de los derechos, intereses y seguridad personal de los ciudadanos y la equidad en la administración de la justicia, así como la independencia del poder judicial. d) El derecho al sufragio universal e igual, así como a procedimientos libres de votación y a elecciones periódicas libres. e) El derecho a la participación política, incluida la igualdad de oportunidades de todos los ciudadanos para presentarse como candidatos. f) Instituciones de gobierno transparentes y responsables. g) El derecho de los ciudadanos a elegir su sistema de gobierno por medios constitucionales u otros medios democráticos. h) El derecho de acceso, en condiciones de igualdad, a la función pública en el propio país.
Referencias
Charles Wright Mills [1963]. Poder, política y pueblo, México, Fondo de Cultura Económica, 1981. - Nicos Poulantzas [1978]. Estado, poder y socialismo, México, Siglo XXI, 1984. - Alessandro Pizzorno y otros [1970]. Gramsci y las ciencias sociales, México, Ed. Pasado y Presente, 1987. - Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. La democracia en América Latina. Hacia una democracia de ciudadanas y ciudadanos, Buenos Aires, 2004. - Michel Foucault. El poder psiquiátrico, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2005.
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