PAZ
(eiréné)
En los Setenta y en el Nuevo Testamento se encuentra el saludo «paz a vosotros», versión literal al griego de la expresión hebrea shalóm lechem. Pablo le añade «gracia» (charis), sacada probablemente del saludo clásico chairein. La fórmula estereotipada típicamente cristiana, gracia y paz a vosotros de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo, abre la mayor parte de las grandes epístolas paulinas (Rom 1,7; 2 Cor 1,2; Gal 1,3; Flp 1,2; 1 Tes 1,1; Flm 3; y también Ef 1,2; Col 1,2; Tit 1,4). En las cartas a Timoteo se añadirá: gracia, misericordia y paz.
Pues bien, el libro de la Sabiduría describe así el destino final de los justos: Están en las manos de Dios;... están en la paz (Sab 3,13).
Para el Nuevo Testamento esta paz, como presencia y cercanía de Dios, se nos da en Jesucristo. La expresión «la paz de Dios» (Flp 4,7) se convierte la mayor parte de las veces en «el Dios de la paz» (Rom 15,33; 16,20; 2 Cor 13,11; Flp 4,9). Expresa lo esencial del don de Dios a los hombres que se manifiesta en la comunidad como fruto del Espíritu (Rom 8,6; Gal 5,22). Por eso va ligada a otras expresiones de la vida de la comunidad en el Espíritu, concretamente el amor (Gal 5,22) y el gozo (Rom 14,17; 2 Cor 13,11; Gal 5,22), que le son prácticamente equivalentes. La expresión más fuerte aparece en Flp 4,6-7: en la confianza y en la entrega más total de sí mismo a Dios, por la oración y la acción de gracias, el cristiano recibe de Dios una paz que supera toda comprensión; su corazón y sus pensamientos son guardados en Cristo Jesús, en la paz de Cristo, dirá la Carta a los Colosenses (3,15).
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La Carta a los Efesios insistirá en la paz como reconciliación; es la obra de Cristo que reconcilia a los enemigos -el judío y el griego- y establece la paz en su carne sobre la cruz (Ef 2,14-17): él mismo es nuestra paz. ¿Puede decirse con mayor fuerza que la paz es la vida misma de Cristo dada a los hombres?
R. D.
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