Toribio Romo González, Santo.
El santo protector de los "mojados", 25 de febrero
Toribio Romo González, Santo.
Presbítero y Mártir
Martirologio Romano: En la aldea de Tequila, en el territorio de Guadalajara, en México, santo Toribio Romo, presbítero y mártir, que a causa de su condición sacerdotal fue asesinado en tiempo de persecución religiosa (1928).
Etimología: Toribio = "Ruidoso" o "Movido", es de origen griego.
Fecha de canonización: 21 de mayo de 2000 por el Papa Juan Pablo II.
Nació en Santa Ana de Guadalupe, ranchería (actualmente, con 390 habitantes) que pertenece al municipio de Jalostotitlán, en la zona de Los Altos de Jalisco, el 16 de abril de 1900. Fue hijo de Patricio Romo Pérez y de Juana González Romo, quienes lo llevaron a bautizar al día siguiente de su nacimiento a la parroquia de la Virgen de la Asunción.
Como todos los niños, acudió a la escuela parroquial de su pueblo y a la edad de doce años, por consejo de su hermana y con el apoyo de sus padres, ingresó al Seminario auxiliar de San Juan de los Lagos. María, además de hermana, fue una celosa promotora de la educación de Toribio. Sus padres oponían resistencia a que estudiara, pues era un apoyo en las faenas propias del campo. "Quica", como era llamada familiarmente María por sus parientes más cercanos, incluso contribuyó a infundir en él su vocación y fue quien lo acompañó en todos sus destinos para auxiliarlo.
SACERDOCIO
Después de ocho años pasó al Seminario de Guadalajara. a los 21 años de edad debió solicitar dispensa de edad a la Santa Sede antes de proceder a la recepción del orden presbiteral. El señor arzobispo Francisco Orozco y Jiménez le confirió el diaconado el 22 de septiembre de 1922, y el 23 de diciembre del mismo año administró la ordenación sacerdotal. Prestó su servicios ministeriales en Sayula, Tuxpan, Yahualica y Cuquío. En la parroquia de este último destino se encontró con el señor cura Justino Orona, padre bondadoso que le brindó su amistad.
La persecución callista contra la Iglesia Católica enardeció los ánimos de los habitantes de Cuquío y el 9 de noviembre de 1926 se levantaron en armas más de trescientos hombres para repeler la opresión del Gobierno, que perseguía a muerte al párroco y a los sacerdotes, quienes anduvieron a salto de mata huyendo de un lugar a otro, esperando de un momento a otro la muerte. El padre Toribio escribió en su diario: ..."Pido a Dios verdadero mande que cambie este tiempo de persecución. Mira que ni la Misa podemos celebrar tus Cristos; sácanos de esta dura prueba, vivir los sacerdotes sin celebrar la Santa Misa... Sin embargo, qué dulce es ser perseguido por la justicia. Tormenta de duras persecuciones ha dejado Dios venir sobre mi alma pecadora. Bendito sea El. A la fecha, 24 de junio, diez veces he tenido que huir escondiéndome de los perseguidores, unas salidas han durado quince días otras ocho... unas me han tenido sepultado hasta cuatro largos días en estrecha y hedionda cueva; otras me han hecho pasar ocho días en la cumbre de los montes a toda la voluntad de la intemperie; a sol, agua y sereno. La tormenta que nos ha mojado, ha tenido el gusto de ver otra que viene a no dejarnos secar, y así hasta pasar mojados los diez días..."
Su gran amor a la Eucaristía le hacía repetir con frecuencia esta oración: Señor, perdóname si soy atrevido, pero te ruego me concedas este favor: no me dejes ni un día de mi vida sin decir la Misa, sin abrazarte en la Comunión... dame mucha hambre de Ti, una sed de recibirte que me atormente todo el día hasta que no haya bebido de esa agua que brota hasta la Vida Eterna, de la roca bendita de tu costado herido. ¡Mi Buen Jesús!, yo te ruego me concedas morir sin dejar de decir Misa ni un solo día.
En septiembre de 1927, el padre Toribio tuvo que retirarse y desde el cerro de Cristo Rey lloró afligido porque tenía que dejar el pueblo, decir adiós a su querido párroco; porque los superiores le ordenaban que se hiciera cargo de la parroquia de Tequila, Jalisco, lo cual no era una misión apetecible ya que el municipio era entonces uno de los lugares donde las autoridades civiles y militares más perseguían a los sacerdotes.
No se intimidó por ello y localizó una antigua fábrica de tequila que se encontraba abandonada cerca del rancho Agua Caliente, la utilizó como refugio y lugar para seguir celebrando misas.; presintió que allí sería su muerte inevitable, y lo dijo: "Tequila, tú me brindas una tumba, yo te doy mi corazón".
Por los graves peligros el padre Toribio no podía vivir en el curato de Tequila, y se hospedó en la barranca de Agua Caliete en la casa del señor León Aguirre. En diciembre de 1927, el hermano menor de Toribio fue ordenado sacerdote y enviado también a Tequila como vicario cooperador; a los pocos días llegó también su hermana María para atenderlos y ayudarlos.
MARTIRIO
El padre Toribio había ofrecido su sangre por la paz de la Iglesia y pronto el Señor aceptó el ofrecimiento. El Miércoles de Ceniza, 22 de febrero, el padre Toribio pidió al padre Román (su hermano) que le oyera en confesión sacramental y le diera una larga bendición; antes de irse le entregó una carta con el encargo de que no la abriera sin orden expresa. También pasó jueves y viernes arreglando los asuntos parroquiales para dejar todo al corriente. A las 4 de la mañana del sábado 25 acabó de escribir, se recostó en su pobre cama de otates y se quedó dormido.
De pronto una tropa compuesta por soldados federales y agraristas, avisados por un delator, sitió el lugar, brincaron las bardas y tomaron las habitaciones del señor León Aguirre, encargado de la finca y unagrarista grita: "¡Este es el cura, mátenlo!" Al grito despertaron el padre y su hermana y él contestó asustado: "Sí soy... pero no me maten"... No le dejaron decir más y dispararon contra él; con pasos vacilantes y chorreando sangre se dirigió hacia la puerta de la habitación, pero una nueva descarga lo derribó. Su hermana María lo tomó en sus brazos y le gritó al oído: "Valor, padre Toribio... ¡Jesús misericordioso, recíbelo! y ¡Viva Cristo Rey!" El padre Toribio le dirigió una mirada con sus ojos claros y murió.
Estando muerto ya su hermano, la amarraron espalda con espalda con el cadáver, en tanto armaban una camilla de ramajes para transportar el cuerpo del Padre Toribio.
Los verdugos lo despojaron de sus vestiduras y saquearon la casa para después llevarse presa a su hermana María a pie hasta el poblado de La Quemada?, sin permitirle que sepultara a su hermano, pero antes habían pasado frente a la presidencia municipal con el cadáver del Mártir Toribio sobre la camilla improvisada con palos que transportaban unos vecinos, pero ahí, los soldados que, además, iban silbando y cantando obscenidades al tiempo que los demás rezaban.
María, ya liberada de su breve aprisionamiento, descalza, así como estaba, viajó a pie hasta Guadalajara, a casa de sus padres, para aislarse del odio, cobijarse en el amor paterno y llorar con los suyos la pérdida de su "querido niño".
La familia Plascencia consiguió permiso de velarlo en su casa y al día siguiente, domingo 26 de febrero, con mucha gente que rezaba y lloraba, lo sepultaron en el panteón municipal.
Pasados algunos días su hermano el Padre Román, obediente, abrió la carta en Guadalajara, encontrándose con que era el testamento del Padre Toribio y leyó su contenido: "Padre Román, te encargo mucho a nuestros ancianitos padres, haz cuanto puedas por evitarles sufrimientos. También te encargo a nuestra hermana Quica que ha sido para nosotros una verdadera madre... a todos, a todos te los encargo. Aplica dos misas que debo por las Almas del Purgatorio, y pagas tres pesos cincuenta centavos que le quedé debiendo al señor cura de Yahualica..."
RELIQUIAS
El padre Toribio murió como mártir de la fe cristiana el 25 de febrero de 1928. Veinte años después de su sacrificio, los restos del mártir Toribio Romo regresaron a su lugar de origen, y fueron depositados en la capilla construida por él, en Jalostotitlán.. El 22 de noviembre de 1992 fue beatificado, y el 21 de mayo de 2000 fue canonizado junto con 24 compañeros.
RELATO DE MARGARITA ROMO
sobrina de Santo Toribio
Aún es posible rescatar la memoria histórica de nuestros Santos Mártires, pues sobreviven testigos, familiares y personas que tuvieron contacto personal con ellos o con algún familiar directo. Tal es el caso de Margarita Romo Enríquez, sobrina carnal de Santo Toribio. Hija de Francisco Romo, hermano del santo y vecina del tradicional barrio de Santa Teresita, -lugar entrañablemente relacionado con la vida de los Romo-, ella tiene mucho qué decir de Santo Toribio. A sus 73 años su figura es erguida; de tez blanca y ojos azules, como los de mucha gente bella de Los Altos, su rostro amable, sereno y la gran lucidez en el discurso de su charla, descubren en ella la envidiable madurez y la satisfacción que deja el deber cumplido.
De su padre, Francisco, y de su tía María, "Quica" para la gente más cercana a ella, conserva frescas en su memoria las palabras, expresiones y anécdotas que les oyó decir.
Relata Margarita que desde pequeño, Toribio empezó a evidenciar rasgos de su vocación:
"En una ocasión, allá en Santa Ana de Guadalupe, Jalisco, lugar donde nació el santo, `Quica´ y su hermana Hipólita, a quien cariñosamente decían `Pola´, se encontraban haciendo una alba debajo de un mezquite, para el Cantamisa del Padre Juan Pérez, quien iba a celebrar ahí.
El pequeño Toribio, de cuatro o cinco años de edad, rondaba el lugar; llegándose a ellas tocó el alba y preguntó a Quica: -¿Qué están haciendo?... -Una alba para el padre. -`¿Algún día me pondré una de éstas?... Pola se volteó y le dijo: `No se hizo la miel para el hocico de los burros´. Quica, como reprendiendo a su hermana, respondió a Toribio: `Sí, no se hizo la miel para el hocico de los burros pero tú te pondrás una de éstas´, ante la admiración del pequeño y la misma `Pola´"... Estas palabras resultaron proféticas.
Doña Margarita sonríe al recordar las travesuras de su tío, hoy santo: "Tanto Toribio como su hermano Román eran muy traviesos cuando pequeños. En una ocasión, Toribio pidió a su cuñado Luis prestarse a una travesura; este último se haría pasar por muerto y Toribio sería quien diera el anuncio. Por supuesto que la broma era pesada; causó alboroto, duelo y conmoción en los que ahí estaban. La farsa duró hasta que le pegaron un cigarro encendido en la boca al "difunto". Se comprende que ahí terminó todo, no sin graves reclamos para los dos bromistas.
"Era un niño particularmente devoto y trabajador -abunda-. Además de asistir a la escuela en Jalostotitlán, empleaba su tiempo en hacer mandados: repartía tortillas en las casas, entregaba la ropa que hilaban, pero también iba temprano a la parroquia a cumplir sus deberes de acólito. Se le veía con frecuencia hacer la visita al Santísimo y sorprendía verlo desde pequeño muy dedicado a la oración. Él mismo invitaba a otros jovencitos, chiquillos, al rezo del Rosario a la orilla del río". Muchos recuerdos se agolpan de pronto en la mente y corazón de Margarita, y sus ojos se rasan de emoción.
Su preparación al sacerdocio la completó en Guadalajara, en el Seminario de San José, a donde pasó el mes de octubre de 1920. Ahí se distinguió no sólo por ser buen estudiante, sino por otros méritos así como por ser muy juguetón y alegre. Por ello sus compañeros le pusieron el alias de El Chirlo?. Hay una anécdota muy especial en la vida del Padre Toribio:
Desde que era seminarista, se había empeñado en la construcción de una capillita en su rancho natal, siendo cosa notable que, el día 5 de enero de 1923, prácticamente unas horas antes de su Cantamisa, se cerró la última bóveda que faltaba en dicha edificación, lo cual le permitió decir su primera misa con gran devoción, en compañía de sus familiares y amigos.
Su inicial destino fue Sayula, Jal., pero ahí la gente, en general, no lo comprendió, ocasionándole ello muchas dificultades, al punto de que la jerarquía eclesiástica tuvo que mudarlo a la parroquia de Tuxpan, Jal., pueblo que está situado prácticamente al pie del Volcán de Colima y cuyos habitantes lo trataron con verdadero cariño.
A poco lo volvieron a cambiar, pero ahora a Yahualica, Jal., región totalmente distinta a la anterior, pero de aires alteños? y muy cercana a su lugar de nacimiento. Quizá eso le infundió muchos bríos para trabajar en su apostolado pero, como paradoja, ahí lo frenaron prohibiéndole hasta que rezara el rosario en público y celebrara misa, lo cual lo llevó rumbo al arzobispado para poner las cosas en claro.
El resultado fue un nuevo cambio, ahora a Cuquío, Jal., que tenía como párroco al señor cura Justino Orona Madrigal (ahora Santo Mártir). En el encontró a un padre bondadoso que supo comprenderlo y apoyarlo en su entusiasmo para llevar a cabo los trabajos pastorales. La persecución callista llegó a Cuquío enardeciendo los ánimos de los habitantes, de quienes se dice que "anochecían cristianos y amanecían cristeros".
En diciembre de 1927 fue ordenado sacerdote el diácono Román Romo González, hermano menor del Padre Toribio, siendo destinado también a Tequila, Jal., como vicario cooperador y entre los dos hermanos se repartieron el trabajo ministerial, a los pocos días también llegó su hermana María, para atenderlos en los trabajos de casa y ayudar en el catecismo.
Francisco y Toribio fueron siempre muy hermanables, -explica Margarita-; prácticamente estuvieron cercanos durante toda la vida.
"En las proximidades de Tequila, andaban mi tío Toribio y mi padre escondiéndose, a `salto de mata´. Los iban siguiendo los `guachos´, como les decían a los federales, y no hallaban dónde meterse, pues ahí el terreno era más o menos parejo. Entonces descubrieron una noria y se metieron al agua. Ahí, entre la maleza y carrizos que crecían con abundancia en los bordes interiores, lograron burlar la revisión; permanecieron escondidos ahí toda la noche y el día siguiente. Se cuidaban uno al otro, pues cabeceaban de sueño y debilidad por la fatiga excesiva".
TESTIMONIOS
El séptimo día de la semana es el más socorrido por los fieles para visitar el templo donde se veneran los restos de Santo Toribio. Vienen de diversos puntos de Jalisco, Zacatecas y Aguascalientes, aunque también han llegado algunos de Tabasco, Sinaloa y Michoacán.
1.-En el improvisado estacionamiento se observan carros con placas estadounidenses, pero de dueños mexicanos. En uno de ellos viaja Otilio, un joven moreno que viste botas vaqueras y sombrero tejano. Viene desde Nevada para ver al santo, quien hace poco más de un año lo ayudó a cruzar la frontera.
"Un amigo y yo nos fuimos de Jalos con la intención de trabajar en el otro lado, pero estando cerca de la frontera nos asaltaron y nos golpearon. Se llevaron todo nuestro dinero y estábamos desconsolados", cuenta Otilio mientras abre los ojos como si pudiera ver de nueva cuenta lo que sucedió aquella noche. "No teníamos para pagarle al pollero? ni para regresar a la casa. De repente, un carro se detuvo a nuestro lado y un sacerdote nos invitó a subir. Le platicamos nuestra situación y nos dijo que no nos preocupáramos, que él nos ayudaría a cruzar la frontera. Y eso hizo. No sabemos cómo, pero nos pasó por una vereda solitaria. Cuando nos dimos cuenta, ya estábamos en Estados Unidos. Al bajar nos dio dinero y nos dijo que buscáramos trabajo en una fábrica cercana, que ahí nos iban a contratar".
La voz de Otilio todavía se quiebra de emoción al narrar que, sumamente agradecidos, le preguntaron al cura su dirección para pagarle el préstamo con su primer sueldo.
"Nos dijo: `Ustedes son de Jalisco, ¿verdad? Cuando ganen lo suficiente, vayan a Santa Ana y pregunten por Toribio Romo. Ése es mi nombre´. Con el dinero pagamos el hospedaje y, efectivamente, conseguimos trabajo en el lugar que nos mencionó. Unos meses después venimos a Santa Ana. Cuando entramos a la iglesia y vimos el retrato del altar, luego luego lo identificamos como el padre que nos ayudó. Al preguntar por él nos dijeron que había muerto hacía 70 años. Nos pusimos a llorar y dimos nuestro testimonio". Desde entonces, visita por lo menos una vez al año el templo de quien se ha convertido en su protector.
2.- El zacatecano Jesús Buendía Gaytán, un campesino de 45 años de edad, cuenta que hace 2 décadas decidió irse de indocumentado a California para buscar empleo en alguna plantación. Se puso en contacto con un "pollero" en Mexicali pero, apenas cruzaron la frontera, fueron descubiertos por la patrulla fronteriza y para escapar Jesús se internó en el desierto.
Después de caminar varios días por veredas desoladas y más muerto que vivo de calor y sed, vio acercarse una camioneta. De ella bajó un individuo de apariencia juvenil, delgado, tez blanca y ojos azules, quien en perfecto español le ofreció agua y alimentos. Le dijo que no se preocupara porque le indicaría dónde solicitaban peones. También le prestó unos dólares para imprevistos. A manera de despedida el buen samaritano le dijo: "Cuando tengas dinero y trabajo búscame en Jalostotitlán, Jalisco, pregunta por Toribio Romo".
Luego de una temporada en California, Jesús regresó y quiso visitar a Toribio. En Jalostotitlán lo mandaron a la ranchería de Santa Ana, a unos 10 kilómetros del pueblo. Ahí pregunté por Toribio Romo y me dijeron que estaba en el templo. Casi me da un infarto cuando vi la fotografía de mi amigo en el altar mayor. Se trataba del sacerdote Toribio Romo, asesinado durante la guerra cristera. Desde entonces me encomiendo a él cada vez que voy a Estados Unidos a trabajar?.
PROCESO DE CANONIZACIÓN
Poco a poco, los fieles fueron llevando las reliquias que habían guardado con celo y aquellas que permanecían en el ataúd cuando lo exhumaron: la ropa que portaba Toribio cuando lo mataron, su escapulario, su Biblia y gotas de su sangre cuidadosamente guardadas en borlas de algodón.
A partir de ese momento comenzó a rendírsele culto en su iglesia y en la de Tequila. Casi de inmediato empezaron a endilgarle milagros. El hermano del Padre Toribio, Ramón Romo, también sacerdote, y otros familiares se encargaron de recopilar testimonios en unos cuadernitos que atesoraron por décadas con la esperanza de que sirvieran para canonizarlo.
A pesar de los numerosos milagros, el proceso de canonización duró años, debido a la complejidad del trámite.
Según el Concilio Vaticano II, "los discípulos de Cristo que pueden ser santificados han sido llamados no según sus obras, sino según el designio y la gracia de Dios". Por lo mismo, las indagaciones tienen que ser muy precisas. Cada proceso de averiguación o de recogida de pruebas debe estar a cargo del obispo, previo permiso de la Santa Sede. A ellos compete el derecho de investigar sobre la vida, virtudes, martirio, fama de santidad y milagros.
Para ello, primero se recaban documentos o escritos inéditos y se interroga a los testigos. Luego se elabora el examen de los milagros atribuidos y el de las virtudes y el martirio. Las investigaciones se envían por duplicado a la Comisión, junto con un ejemplar de los libros de cada Siervo de Dios, para que se lleve a cabo una relación del juicio y se envíe al Vaticano, donde proceden a la misma investigación de nueva cuenta.
Encuestas efectuadas en meses pasados por la Conferencia del Episcopado Mexicano revelaron que Toribio es uno de los santos más populares, de los 29 mexicanos canonizados hasta ahora, gracias a los favores que concede a quienes emigran legal o ilegalmente a Estados Unidos.
---------------------------------------------
Autor: Luis Alfonso Orozco
Fuente:Libro "Madera de Héroes"
Uno de los santos mexicanos actualmente más conocidos en el país y también en los Estados Unidos. Se le conoce popularmente como el Patrono de los Mojados.
El Padre Toribio Romo González es uno de los santos mexicanos actualmente más conocidos en el país y también en los Estados Unidos. Se le conoce popularmente como el Patrono de los Mojados, es decir, de los obreros mexicanos que pasan temporadas en los Estados Unidos en busca del sustento familiar. Muchos de ellos, en la actualidad, se encomiendan a su protección y no quedan defraudados.
Algunos fines de semana, la población de Santa Ana Guadalupe, que cuenta con 300 habitantes, en la región de Los Altos de Jalisco, contempla la llegada de más de 50 autobuses repletos de peregrinos de diversas partes del país, quienes van a rezar ante la tumba de santo Toribio Romo, a pedirle favores o también a agradecerle su protección durante algún momento difícil mientras se encontraban de jornaleros en el vecino país norteño. A la entrada de la población se levanta un arco monumental de cantera rosa, erigido en el 2000, el año de su canonización, por un grupo de agradecidos braceros de Zacatecas que le reconocen como su protector.
Se cuentan algunos casos singulares. Entre ellos el del señor Jesús Buendía, un campesino zacatecano de 45 años, quien en la década de los ochenta decidió pasarse como indocumentado a California en busca de empleo en alguna plantación agrícola. Un pollero? en Mexicali le hizo cru¬zar la frontera, pero fueron descubiertos por la patrulla de vigilancia y aquel hombre lo abandonó a su suerte. Buendía se internó en el desierto para escapar de la guardia.
Después de caminar varios días por veredas desoladas, y desfalleciendo de calor y sed, vio acercarse una camioneta. De ella bajó un joven delgado, de tez blanca y ojos azules, quien en perfecto español le ofreció agua y alimento. Le dijo que no se preocupara porque le indicaría dónde solicitaban peones. También le dejó unos dólares como ayuda.
A manera de despedida, aquel buen samaritano salido del desierto le dijo:
- Cuando tengas dinero y trabajo, si vuelves a México búscame en Jalostotitlán, Jalisco. Pregunta por Toribio Romo.
Pasados unos años en California, Jesús Buendía regresó a México y quiso agradecer a Toribio su ayuda tan importante en aquella ocasión dramática. Se dirigió a Jalostotitlán y de allí lo mandaron a Santa Ana Guadalupe, a unos 10 kilómetros del pueblo.
?Ahí pregunté por Toribio Romo y me dijeron que estaba en el templo. Casi me da un infarto cuando vi la fotografía de mi amigo y protector en el altar mayor. Supe que se trataba del sacerdote Toribio Romo, asesinado durante la Guerra Cristera. Desde entonces me encomiendo a él cada vez que me voy a los Estados Unidos a trabajar.?
Sacerdote a los 23 años
Despierta el interés conocer por qué este santo jalisciense, muerto a los 27 años, se ha constituido en el protector de los trabajadores que emigran al gran país del norte en busca de mejores medios de subsistencia. Dios lo sabe, seguramente. Hay algunos datos de su biografía que hacen entrever su preocupación, desde muy joven, por mejorar la situación de los obreros y su progreso social y moral. Tal vez por haber experimentado en su propia carne desde pequeño las duras condiciones de la pobreza y el trabajo, pues Toribio siendo niño ayudó como pastor para colaborar en el sustento familiar. Además, está el hecho de haber nacido en una tierra de emigrantes, que saben las penurias que se pasan lejos de los seres queridos.
Los datos principales de la vida y martirio de este santo sacerdote son bastante conocidos31. El P. Toribio no había cumplido aún 27 años cuando fue asesinado por un grupo de soldados del gobierno y campesinos agraristas, contrarios a los cristeros, en el lugar donde había una fábrica de tequila en Agua Caliente, Jalisco. Llevaba apenas cuatro como sacerdote, pues había sido ordenado muy joven, poco antes de cumplir los 23 años.
De los altos de Jalisco
Toribio era hijo de Patricio Romo y Juana González, dos sencillos campesinos del rancho de Santa Ana de Guadalupe, perteneciente a la parroquia de Jalostotitlán, donde nació el 16 de abril de 1900. Al día siguiente de su naci¬miento fue bautizado por el párroco D. Miguel Romo. A los siete años recibió la Primera Comunión. Toribio creció y se educó en una familia cristiana, en un pueblo sencillo y fervoroso que acostumbraba realizar la Adoración nocturna al Santísimo y vivía una filial devoción a la Santísima Virgen de Guadalupe; era costumbre arraigada en todos los hogares rezar el rosario en honor de la Santísima Virgen, todas las noches al volver de las jornadas del campo, generalmente después de cenar y antes de entregarse al sueño reparador.
Desde niño estuvo muy unido de modo especial a su hermana mayor María, Quica?, quien hizo las veces de segunda madre y le inculcó un gran amor por la Santísima Virgen. También estuvo muy unido a Román, su hermano menor, quien también llegó al sacerdocio y vivió como él las penurias de la persecución contra la Iglesia y sus ministros. Desde pequeño, el P. Toribio expresó su deseo de ir al cielo, y hablaba con frecuencia de él con alegría y esperanza. Una noche, contemplando el cielo tachonado de estrellas brillantes, le dijo a su hermana:
?Quica, yo creo que en la cumbre de la Mesita? está el cielo. ¡Cómo deseo ir allá! (En esa pequeña cumbre se construyó años más tarde una capilla).
sensible a las Necesidades de los pobres
Toribio pasó su niñez como pastor. Fue un muchacho sencillo, jovial, acostumbrado a la austeridad, y muy perceptivo de las necesidades de los demás. Desde pequeño también mostró su inclinación por el sacerdocio, ya que fungió como acólito o monaguillo de su parroquia y se distinguió por su piedad y atención en el momento de ayudar al sacerdote en la Santa Misa.
A los 13 años se hizo realidad su sueño de comenzar la carrera sacerdotal. Entró primero en el Seminario de San Juan de los Lagos, ciudad en donde también ingresó en la Acción Católica, y desde entonces mostró una sensibilidad especial por los problemas sociales y sindicales de los obreros y sus familias, cuya existencia transcurría entre la marginación y la pobreza.
Le interesaba mucho la educación de los niños. Como seminarista, el joven Toribio era muy dedicado a la oración, asistía a la santa misa, comulgaba diariamente y durante el día hacía frecuentes visitas al Santísimo Sacramento. Todos los días rezaba el rosario en honor de la Madre de Dios. Al cumplir los 20 años, pasó al seminario de Guadalajara para continuar y concluir sus estudios sacerdotales.
Finalmente, llegó el año de su ordenación, en que pudo culminar todos sus esfuerzos y privaciones que le parecieron muy poca cosa delante del magno don que Dios le otorgaba: ser sacerdote de Jesucristo. Tenía muy presentes aquellas palabras de Jesús: No me habéis elegido vosotros a Mí, sino que Yo os elegí a vosotros?. El P. Toribio recibió el diaconado el 3 de septiembre de 1922, y el 23 de diciembre del mismo año fue ordenado sacerdote. En su diario dejó escrito sus propósitos y resoluciones al recibir las órdenes sagradas. Allí se encuentra la consagración que hizo de su compromiso sacerdotal al Corazón de Jesús:
?A ti, Corazón divino de Jesús, a ti Azucena del Tepeyac, mi adorada Madre y mi única soberana, a ti castísimo San José, consagro de hoy y para siempre el voto de mi perpetua castidad. Ayudadme y llevadme de la mano por este camino.?
Cantó su Primera Misa de un modo solemne en Santa Ana, el 5 de enero de 1923, en el templo dedicado a la Virgen de Guadalupe, cuyos cimientos había iniciado él mismo, siendo todavía seminarista, y donde un día descansarían sus restos mortales. Sus cuatro años de sacerdote los pasó en varias parroquias rurales, donde destacó por el celo con que trabajó en su ministerio sacerdotal durante los años de persecución, atendiendo especialmente a los niños y a los obreros, quienes vivían en duras condiciones de pobreza y marginación.
El P. Toribio mostró un gran amor a la Eucaristía, consciente de que en Ella se contiene toda la gracia y toda la fortaleza del sacerdote para su ministerio y para afrontar las más duras pruebas como el martirio. Solía rezar delante de Jesucristo Sacramentado:
?Señor, perdóname si soy atrevido, pero te ruego me concedas este favor: no me dejes ni un día de mi vida sin decir la misa, sin abrazarte en la comunión... dame mucha hambre de ti, una sed de recibirte que me atormente todo el día hasta no haya bebido de esa agua que brota hasta la vida eterna, de la roca bendita de tu costado herido.?
Vocaciónal martirio
En septiembre de 1927, cuando la guerra cristera estaba en su apogeo, el Sr. Arzobispo de Guadalajara, Francisco Orozco y Jiménez, le dio la orden de encargarse de la parroquia de Tequila, que era entonces uno de los lugares donde las autoridades civiles y militares odiaban más a los sacerdotes. Otro sacerdote había rechazado ir a la población de Tequila por este motivo. El P. Toribio, obedeciendo dócilmente a su prelado y venciendo el miedo natural que la nueva misión le inspiraba, se dispuso a marchar allá después de recibir la bendición de su obispo para cumplir con un mandato que también le llevaría al martirio.
En los planes de Dios no hay casualidades. Se trata más bien de su santa Providencia, que permite las cosas y los acontecimientos para nuestro bien espiritual, aunque tardemos en darnos cuenta. Al P. Toribio Dios lo había elegido también para la vocación martirial. Quería que su sangre sacerdotal sirviera para la reconciliación y para el bien de la Iglesia perseguida en México, para derramar abundantes frutos de perdón y de conversión en muchas almas.
Durante sus años de seminarista, Toribio había sufrido muchas limitaciones materiales, como carecer de la ropa necesaria, de alimentos, de libros para completar sus estudios; su familia era tan pobre que no podía costearle apenas nada. Sin embargo, nunca se le oyó quejarse, sino que confió plenamente en la providencia divina. Practicó con sencillez la virtud de la fortaleza cristiana y la resignación en medio de las dificultades. Sufrió con paciencia las burlas y bromas pesadas de algunos compañeros en el seminario, pero eso nunca le hizo apartarse lo más mínimo de su camino, pues él tenía muy claro que Dios lo llamaba al sacerdocio.
Después, en Tequila, con el nombramiento de encargado de la parroquia, ejerció su ministerio especialmente en la administración de los sacramentos, pero sin abandonar la catequesis y la preparación de los niños a la Primera Comunión. Llevó adelante su ministerio en Tequila de un modo heroico, puesto que el P. Toribio sabía que lo podían asesinar, y sin embargo afrontaba el peligro con tal de asistir a los enfermos que lo solicitaban. En las poblaciones donde san Toribio Romo cumplió su ministerio sacerdotal, los fieles siempre vieron en él un sacerdote abnegado y apostólico; un pastor que amaba a las personas del lugar y trataba de conducirlas hacia Cristo.
Anteriormente, en los primeros años de su ministerio estuvo en diversas poblaciones de su estado natal: Sayula, después en Tuxpan y poco más adelante en Yahualica, donde se le ordenó recluirse en su casa y le prohibieron rezar públicamente el rosario y celebrar la misa. Fue una prueba dolorosa que Dios permitió y que el padre Toribio llevó con resignación y paciencia. Así se iba templando su ánimo para el sacrificio supremo que le esperaba.
Después lo destinaron a Cuquío, otra población de Jalisco, en donde encontró un párroco santo, el futuro mártir P. Justino Orona. En lo más duro de la persecución contra la Iglesia y sus ministros, los dos buenos sacerdotes pasaron meses por demás azarosos, siempre a salto de mata y espe¬rando de un momento a otro la muerte de mano de los perseguidores. La jovialidad del Padre Toribio le permitía estar siempre alegre y procurando cada día una mayor intensidad de espíritu y constante oración por la Iglesia y la patria.
A la carne de chivo
El P. Justino Orona, párroco de Cuquío, era sacerdote desde 1904 y fue sacrificado por sus enemigos el 1 de julio de 1928 en una ranchería cercana a Cuquío35. Era la madrugada de aquel inicio de julio cuando los soldados llegaron al rancho Las Cruces? y rompieron a culatazos la puerta del cua
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.