Maximiliano de Tébessa, Santo
Mártir, 12 Marzo
Maximiliano de Tébessa, Santo
de gozo, prorrumpió en gritos de admiración, no pudiendo creer lo que veían sus ojos.
-- Eres muy cándido -le dijo el Santo, cuya humildad se vio comprometida-; he pasado a tu lado y no me has visto.
El Señor le favoreció con el don de profecía. Así, predijo un día su destino a tres jóvenes que fueron a consultarle. Al primero le dijo: "Hijo mío, tu vocación no es la vida religiosa; tienes cara de tener que morir ahorcado". Al segundo le dio este consejo: Ten cuidado y está alerta, hijo, pues te amenaza un grave peligro. Al tercero le dijo: Ruega a la Virgen con fervor, cumple fielmente todas tus obligaciones y el Señor te protegerá". Estas predicciones se verificaron a la letra, pues el tercero se hizo religioso franciscano descalzo. Pasando cerca de Puzzuoli, supo que el segundo había sido asesinado y ferozmente acuchillado en un monte cercano. Poco después halló al primero armado como un bandido, el cual le contó cómo se había escapado de la cárcel para evitar la muerte a que le condenaron por asesinato, y que ahora le perseguían por un homicidio.
Llamado otra vez el Santo para asistir a una religiosa moribunda, acudió al instante y, mirando a una jovencita, sobrina de la monja que estaba junto a su cama, dijo: Me habéis llamado para asistir a la muerte de la tía que aún vivirá largos años; pero la sobrina sí que está al borde de la eternidad. Poco después sanó la religiosa, y la joven murió repentinamente de apoplejía.
Su muerte
Los señalados premios y favores otorgados por el Señor a nuestro Santo, sólo consiguieron desprenderle más y más de las cosas de este mundo y acrecentar el deseo que tenía de las eternas. Por eso se llenó de santa alegría con la noticia de su próxima muerte. Una semana antes, o sea, a finales del mes de febrero del año 1734, rogó a su hermano que le encomendase al Señor en sus oraciones del viernes siguiente, y cabalmente fue ese día el postrero de su vida.
Le administraron la Extremaunción hallándose presente la comunidad y algunas personas honorables de la ciudad. Pasó la noche entretenido en fervorosos afectos de contrición, amor, agradecimiento y resignación, y al amanecer dijo al Hermano que le asistía:
-- Ya sólo me quedan breves momentos de vida.
Corrió el Hermano a decírselo al superior y toda la Comunidad acudió cabe su lecho, y entre gemidos y lágrimas le leyeron la recomendación del alma. Cuando el padre Guate de Dios. Me rehúso a servir.
Dion:: Eres un hombre joven y la profesión de las armas va de acuerdo a tus años. Sé un soldado.
Maximiliano: Mi ejército es el de Dios y no puedo pelear por este mundo; como te digo, soy cristiano.
Dion:: Hay soldados cristianos al servicio de nuestros soberanos Diocleciano y Maximiano, Constantino y Galerio.
Maximiliano: Eso es cosa de ellos. Yo también soy cristiano y no puedo servir.
Dion:: Pero ¿ qué daño pueden hacer los soldados?
Maximiliano: Tú lo sabes bien.
Dion:: Si no haces tu servicio, te condeno a muerte por desacato al ejército.
Maximiliano: No moriré. Si me voy de este mundo, mi alma irá con Cristo mi Señor.
Dion:: Anoten su nombre. ..Tu rebeldía te hace rehusar el servicio militar y serás castigado por ello para escarmiento de los demás.
Procedió entonces a leer la sentencia:
Dion:: Maximiliano ha rehusado el juramento militar por rebeldía. Deberá ser decapitado.
Maximiliano: ¡Alabado sea Dios!
Maximiliano tenía veintiún años tres meses y dieciocho días de edad. De camino al sitio de la ejecución, habló a los cristianos: "Amados hermanos, apresúrense a alcanzar la visión de Dios y a merecer una corona como la mía, con todas sus fuerzas y el más profundo anhelo". Estaba radiante. Después se dirigió a su padre: "La túnica que me tenías preparada para cuando fuera soldado, dásela al lictor. El fruto de esta buena obra será multiplicado cientos de veces. ¡Déjame que te dé la bienvenida en el cielo y glorifique a Dios contigo! "
Al primer golpe lo decapitaron.
Una matrona llamada Pompeya obtuvo el cuerpo de Maximiliano y lo llevó en su litera a Cartago, donde lo sepultó cerca del de San Cipriano, no lejos del palacio.
Víctor se fue a su casa regocijado, agradeciendo al Señor por permitirle. enviar tal regalo al cielo. No tardó mucho en seguir a su hijo. Amén.
El texto de la "pasión" está en el Acta Sanctorum, marzo, vol. II y Acta Sincera, de Ruinart. Véase Histoire des Persécutions, de Allard, vol. IV; Les Passions des martyrs, de Delehaye, pp. 104-110. En el siglo III, el ejército romano estaba formado principalmente por voluntarios, pero los hijos de los veteranos tenían la obligación de servir. El rechazo de San Maximiliano a esta obligación ha ocasionado controversias entre ciertos escritores (por ejemplo Paul Allard); los puntos de vista de la Iglesia primitiva sobre el servicio militar se pueden examinar convenientemente (sin que sea necesario aceptar todas sus conclusiones) en la obra del escolástico protestante Dr. C. J. Cadoux, The Early Christian Attitude to War. Cf. San Victricius (agosto 7) y San Martín de Tours (noviembre 11). En el Martirologio Romano, San Maximiliano es llamado Maximilianus, y erróneamente se considera a Roma como el lugar de su martirio.
Se cree que el martirio pudo ser en algún lugar cerca de Cartago. para ello se usa como referencia el penúltimo párrafo. La mensión de Tebessa pudo ser un error de transcripción de un copista.
lictor:Entre los romanos, ministro de justicia que precedía con las fasces a los cónsules y a otros magistrados.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.