Fuego
Además de su realidad física, recibe con frecuencia un valor simbólico como manifestación de la presencia de Dios (Ex 3,2), de su justicia (Mat 3,10), del castigo del mal (Num 11,3; Mar 9,4), de purificación (Is 6,6-7), de la comunicación del Espíritu (Hech 2,3), de la renovación total de la creación (Ap 15,2)
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