Zamora HIST.
Categoria:
Historia
II. HISTORIA. El poblamiento más antiguo se data en torno al 2.500 a. C., a juzgar por las construcciones dolménicas (v. MEGALÍTICOS, MONUMENTOS). Los pueblos más antiguos, conocidos, que habitan la provincia son los vacceos (v.) por el centro y Este y, al Norte, los astures (v.). Poblaciones de los primeros son Arbocala (Toro) y Ocelodurum (Zamora). Durante la domináción romana, Z. es zona de paso. Los suevos se establecen, a principios del s. v, en la comarca de Sanabria y en Benavente, al N de la provincia. Un siglo después, los visigodos conquistan el resto de la provincia. Toda ella cae en poder de los visigodos, en el reinado de Leovigildo (v.; 568-586), quien somete también al pueblo astur de los sappos, los cuales se habían mantenido independientes hasta entonces (574), en su enclave sanabrés. Con la conquista musulmana en el s. viii pierde interés esta zona, escasamente poblada. Es tierra de nadie con dos poblaciones de interés, Z. y Toro, a orillas del Duero.La Reconquista (v.) concede a Z. una importancia de la que hasta entonces había carecido y que conserva en tanto que se mantiene la línea del Duero como frontera entre musulmanes y cristianos. Es Alfonso III de Asturias (v.; 866-910) quien lleva la frontera hasta el Duero después de vencer en Polvoraria (878) cerca de la actual Benavente, en la confluencia de los ríos Órbigo y Esla, a las tropas mandadas por al-Mundir y enviadas por el emir cordobés Muhammad I. En los primeros tiempos de la Reconquista, la cuenca del Duero era tierra difícil de habitar, por las incursiones de musulmanes y cristianos. La conquista de la plaza de Z. se atribuye a Alfonso I de Asturias (747) pero, destruida por Muhammad I (879), no se recupera hasta el 893, en que Alfonso III la reconstruye y repuebla con mozárabes toledanos. Pocos años después es repoblada Toro por García, hijo de Alfonso III. Así quedan incorporadas estas tierras al reino asturiano, que con García I (910-914) será reino de León (v.).Hasta que con la conquista de Toledo (1085) por Alfonso VI la avanzada cristiana no se establezca en el Tajo, Z. sufrirá los ataques de los musulmanes, que no cejan en su empeño de remontar el Duero. Uno de estos ataques lo dirige Almanzor en el 981, destruyendo la ciudad y el alfoz. El ataque se repite en el 984, y en el 986 saquea lo que queda de la ciudad destruida. Nuevamente es devastada en 1005 por `Abd al?Malik al-Muzaffar, hijo de Almanzor. Pero desde la muerte de al-Muzaffar (1008), el califato de Córdoba entra en crisis y no son de temer más ataques por el S. El peligro llega por el E, con Sancho III de Navarra, que se apodera de Z. (1034). A la muerte del rey navarro (1035), la ciudad revierte al monarca leonés Vermudo III, cuyo sucesor, Fernando I concede el señorío de Toro (1065), sometido al reino leonés, a su hija la infanta Elvira, y repuebla con montañeses (de Cantabria) Z. (1061), a la que otorga fueros.Urraca Fernández (hija de Fernando I) recibe de su hermano Alfonso VI de León el gobierno de Z. (1072) con el título de reina y no acepta a su otro hermano Sancho 11 como rey de León, después de haber desposeído éste a Alfonso VI del reino, por lo que es cercada en su ciudad por Sancho II, que muere en el asedio (7 oct. 1072). Alfonso IX de León (1188-1230) concede fueros a Toro, la cual es cedida en señorío (1283) por Alfonso X a su nuera María de Molina, quien otorga franquicias a los vasallos que la pueblen (1301). De Alfonso XI recibe el privilegio de la feria franca (1326), pero su desarrollo no alcanza al de Z., que con la industria pañera se ha convertido en una de las ciudades más importantes del reino de Castilla (desde 1230, el reino leonés había quedado definitivamente incorporado al reino castellano).La importancia de la ciudad de Z. en la Baja Edad Media radica en su calidad de centro industrial de la elaboración de lana, junto con Ávila, Segovia, Soria, etc. Por Z. pasaba la cañada real leonesa, que conducía a Salamanca y Béjar (v. MESTA, LA). Un episodio poco conocido de la historia de España y similar al protagonizado por Guzmán el Bueno en Tarifa (1294) es el que se atribuye a Alonso de Tejada, alcaide del castillo de Z., que consiente en que sean degollados sus tres hijos pequeños antes de entregar la fortaleza a los partidarios de Enrique de Trastámara. En las luchas de Pedro I de Castilla contra Enrique de Trastámara, Z. es una de las pocas ciudades que desde el principio defienden con firmeza la causa del soberano, en cuyo poder cae Toro (1356), que recibe el título de ciudad en el reinado de Juan II de Castilla (1406-54). Ya entonces Toro había desempeñado un importante papel como sede de las Cortes celebradas en 1371, reinando Enrique II (v. TRASTÁMARA, CASA DE). Pero tanto esta población como Z. y el resto del territorio de la actual provincia habían comenzado una etapa de despoblamiento a causa de la guerra que enfrentó a Pedro I con Enrique de Trastámara, y sobre todo por las epidemias de peste (1348 y 1399).La villa de Benavente, emplazada sobre un promontorio, entre las cuencas del órbigo y del Esla, es concedida en 1398 por Enrique III a Juan Alonso Pimentel, por sus servicios a la corona, con el título de condado, que Enrique IV eleva a ducado en 1473. Toro recibe de Enrique IV de Castilla el privilegio de feria en Cuaresma (1467), por el apoyo prestado al monarca en su lucha contra la nobleza. Las rivalidades entre zamoranos y toresanos son perjudiciales para ambas poblaciones, que terminan enfrentándose con las armas en Valdegallina (1472), donde los toresanos son derrotados. Z. sigue la causa de Juana la Beltraneja hasta que es ocupada por las tropas de Fernando el Católico (1476), con la colaboración de Fernando Valdés, alcaide de la ciudad, que franquea la entrada. Más decisiva para la causa de Isabel la Católica es la batalla librada en Campo Peláez, en las proximidades de Toro, y que se ha dado en llamar batalla de Toro (1 mar. 1476), en la que son derrotadas las tropas portuguesas de Alfonso V. Nuevamente en 1505 Toro es sede de las Cortes que reconocen a Juana I como reina de Castilla, en cumplimiento del testamento de Isabel la Católica, y en esas mismas Cortes se aprueban 83 leyes, que unifican el derecho de sucesión en Castilla.La decadencia de la provincia, iniciada en el s. xv, se acentúa en la Edad Moderna, en la que ya no volverán a conocerse épocas de auge como las vividas en la Baja Edad Media, sobre todo en la primera mitad del s. xiv. El movimiento de las Comunidades (v.) afecta a toda la provincia. El obispo de Z. Antonio Osorio de Acuña encabeza la sublevación de ’los comuneros de su diócesis y se apodera de la ciudad (1520). También en Toro se constituye una "comunidad", y se producen los mismos desórdenes que en otras poblaciones entre comuneros y realistas. En este bando sobresale la personalidad del alcalde de Z., Rodrigo Ronquillo, a quien en un principio los comuneros consiguen encerrar en el castillo zamorano de Fermoselle, en la comarca de Sayago, fronteriza con Portugal. Liberado Ronquillo y derrotados los comuneros (1521), es 61 quien se encarga de la ejecución del obispo Acuña (1526). A partir de entonces comienza la segunda etapa de decadencia de la provincia. Toro pasa de 11.580 hab. en 1594 a 4.000 en 1646. En esta ciudad pasa los últimos años de su vida (1643-45) el conde-duque de Olivares, que reside en el palacio que poseía su hermana Inés, marquesa de Alcañices.El progresivo despoblamiento de la ciudad de Z. se debe a la decadencia de la industria textil, sobre todo en el s. XVII. De 8.000 hab. a fines del s. xvi pasa a 6.000 hab. a fines del xvii, y a 2.000 hab. al finalizar el xvlll. Durante la guerra de la Independencia (v.), Z. se subleva contra los franceses (2 jun. 1808), que la ocupan, hasta que es liberada por las tropas de Wellington (1813). Parece que en el s. xix se recupera demográficamente la provincia, pero al terminar, esa centuria se acusa un nuevo y mayor descenso de la población. La actual provincia data de 1833, cuando recibe algunos pueblos pertenecientes a la antigua provincia de Toro. Desde los comienzos de la actual centuria, Z. es una provincia tradicionalmente emigratoria. Parte de la emigración se dirige a la capital, situada prácticamente en el centro de la provincia y bien comunicada con el resto de la misma, ya desde época romana. La capital ha seguido un proceso demográfico totalmente opuesto a la provincia desde 1900 a 1970 (v. i).CARLOS R. EGUÍA,
BIBL.: P. CÉSAR MORÁN, Excavaciones de dólmenes en Salamanca y Zamora, Madrid 1935; F. WATTENDERG, La región vaccea. Celtismo y romanización en la cuenca media del Duero, Madrid 1959; U. ALVAREZ MARTINEZ, Historia general civil y eclesiástica de la provincia de Zamora, Madrid 1965; C. DE Dios, Zamora de ayer y de hoy. (Biografía de la ciudad), Zamora 1959; G. CALvo, Historia de la muy noble, muy leal y antigua ciudad de Toro, Valladolid 1909; C. REIG, El cantar de Sancho II y el cerco de Zamora, Madrid 1948; 1. BERDUM DE ESPINOSA DE LOS MONTEROs, Derechos de los condes de Benavente a su grandeza de primera clase, Madrid 1753.
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