Zabaleta Fuentes, Rafael
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Biografía GER
Vida. Pintor español novecentista, n. en Quesada (Jaén) el 6 nov. 1907, m. en la misma localidad el 24 jul. 1960. Su padre, acomodado propietario de fincas rústicas, muere cuando Rafael sólo tenía siete años. A los diez, es internado en el Colegio de S. Tomás, de Jaén, donde cursa el bachillerato, no distinguiéndose ciertamente por la brillantez de sus estudios. A los 13, se ve privado también de su madre, víctima de cruel enfermedad, y queda encomendado a los cuidados de una tía suya. En 1924, olvidando el deseo materno de que siguiese la carrera de Farmacia, ingresa en la Escuela de Bellas Artes de S. Fernando, de Madrid, consecuente con su temprana ambición al dibujo ya la pintura. Pese a ello, no deja de conocer obstáculos en los ejercicios correspondientes. En 1932 participa en la exposición de fin de carrera de los diploma dos en la Escuela. En 1934 marcha a Par¡s por primera vez. Permanece allí cuatro meses, pero la ciudad ejerce sobre el artista considerable seducción.En 1936, durante la Guerra española, se establece en Jaén -adonde se ha dirigido desde Quesada provisto de una bolsa de monedas de oro- y no cesa de dibujar. También, durante el mismo periodo, colabora con los servicios de Recuperación Artística del gobierno de la República en Baza y Guadix. Acabada la guerra, en 1942 trata de concurrir a la Exposición Nacional de Bellas Artes, pero su cuadro, Asunción, es rechazado. En ese mismo año hace su primera exposición monográfica en la galería Biosca, de Madrid. A partir de entonces realiza viajes a Francia e Italia, participa en numerosas exposiciones colectivas y presenta otras monográficas cada vez más importantes. Afectado por un infarto de miocardio, m. en la fecha citada, a consecuencia de una hemorragia cerebral. No habiendo contraído matrimonio, a su muerte, por decreto de 4 jul. 1963, fue instfiuido el Museo Zabaleta, en Quesada, destinado a reunir y mostrar la producción del artista.
Obra. Más difícil que dar noticia de su vida es investigar su compleja personalidad. Hombre menudo, calvo, de ojos azules y aspecto tan ingenuo como receloso, era una rara mezcla de campesino e intelectual, aunque quizá privara en él la primera condición. Por descontado, era un campesino fino, buen conversador, agudísimo narrador de los más sorprendentes hechos acaecidos en su tierra. Sin ser un intelectual propiamente dicho, siempre había mantenido contactQ con intelectuales. Ya en su temprana etapa de estudiante de pintura concurre a la tertulia ramoniana del café de Pombo y trata a García Lorca. Posteriormente, le cobra gran afición Eugenio d’Ors, quien será su principal valedor y exegeta. Aún más, contrae gran amistad con escritores, sobre todo con poetas. Tras de lo cual, cabe preguntarse qué éra lo que unía a éstos con Z., a lo que procede contestar que no otra cosa sino el constantemente evidenciado campesinismo de su obra, su sentido popular, la verdad inmanente de las gentes y costumbres de la Andalucía Alta y un poco manchega, todo ello presentado con colores vívidos y Ilameantes.
Si separamos la gran serie primeriza de aguadas en sepia de Los sueños de Quesada, única producción zabaletiana de contenido fantástico, casi toda la obra del artista especula con su ciudad y sus paisanos. La plaza mayor de Quesada aparece repetidas veces. La sensación primera que el espectador cobra ante la pintura de z. es la de estar asistiendo a un festivo y general endomingamiento de los quesadeños. En este aspecto, nadie, en la pintura española novecentista, ha sido tan capaz de dar , como Z., con el sentido ingenuo y regocijado de sus calilpesinos, en ocasiones convertidos en personajes agrandados de exvoto y retablito ingenuo, lo cual no obsta para que también nos presente el aspecto del reverso, esto es, el de esos mismos campesinos trabajando, descansando, segando, volviendo a descansar y tornando a realizar las faenas agrícolas. Buenos ejemplos de esta temática son El cazador (1945), Ermita de Santa Lucía (1947), Segadores (1947), Romería de Tíscar (1949), Ro’meras de Tíscar (1949), El cabrero (1952), etc.
En una palabra, z. es el cronista apasionado de su pueblo en cualquier actividad. Aunque le interese más el elemento humano que el natural y paisajístico, también sus cuadros de este carácter conservan un propósito de advertir en ellos la huella humana y trabajadora. A este respecto, lo más lúcido de su labor reside en sus nocturnos, en sus noches de luna. Todo el que se haya preocupado por la labor de z. habrá antologizado sus lunas. La luna de Quesada, de Z., se ha hecho tan celebrada como la luna de Cadaqués, en las versiones de Dalí, Capdevila y otros pintores catalanes. Asimismo, conocemos, por haber sido reproducidos por su dueño, muchos pormenores de la casa burguesa y propietaria del artista. Tras todo ello, pero de modo imposible de creer si no se acompaña’ de buen puñado de reproducciones, sería posible definir a z. como un pintor primitivo y sabio, a la vez, de nuestro tiempo. Es evidente que gustó de parecer más primitivo de lo que en realidad era, acaso exagerando la nota más de una vez, de la misma suerte que, en otras ocasiones, acaso luego de rememorar el hechizo de París, procura acercarse a la manera más suave e internacionalizable de Picasso, cual en algún balcón abierto (no olvidemos que Z. conoció a Pablo y ganó su estimación, pese a las diferencias de todo orden que pudieran haberles separado). En fin, algo ha de decirse acerca de la caligrafía rítmica de Z., lo que compone uno de los factores más encantadores de su obra. No parece haber comenzado antes de 1950-52, y consiste en una articulación, generalmente de curvas envolventes y rotundas, muy bastante a componer, por su propia poderosa grafía; toda la construcción primera del lienzo. Se sigue un relleno de colores separados por esa caligrafía negra y rotunda, y la consecuencia general se deja relacionar con el llamado "estilo vidriera" de Picasso. No son ajenos a tales logros los admirabilísimos dibujos conservados en el Museo Monográfico de Quesada. Esta última etapa, que acaba con su muerte, nos persuade de que las posibilidades evolutivas de Z., tan considerables, hubieran podido y debido llegar muy lejos, mucho más de lo que la mala fortuna permitió al arrebatar a un gran pintor de sólo 52 años de edad. Con todo, su huella ha sido más que suficientemente profunda para que z. sea considerado antológico en la fisonomía de la mejor pintura española del siglo.
I. A. GAYA NUÑO.
BIBL. : R. D. FARALDO, Rafael Zabaleta, Madrid-Barcelona 1947; E. D’ORS, Rafael Zabaleta, Madrid 1955; E. D’ORS,. LAFUENTE FERRARI y C. RODRíGUEZ AGUILERA, Exposición antológica de Rafael Zabaleta, Madrid 1960; L. ROSALES, Catálogo del Museo Rafael Zabaleta, Madrid 1963.
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