Voto Religioso REL. NO CRIST.
Categoria:
Religión No Cristiana
I. RELIGIONES NO CRISTIANAS. Voto, del latín votum (del verbo voveo, prometer), etimológicamente significa deseo, ruego ardiente, promesa; de vota, plural de votum, se deriva el término "boda" por las promesas de los contrayentes en el rito matrimonial. La palabra siempre ha tenido valor genérico, también en nuestros días, en fórmulas, p. ej., como "hacer votos por". La vida de los hombres ha estado y está entretejida de voto en este sentido amplio. Ya el mismo saludo matinal o del primer encuentro con otro: en castellano ¡buenos días!, latín salve, ave (salud), griego khaire (alegría salud psíquico-espiritual), semitas salom (paz), etc. es un auténtico voto, si bien muy pronto no pasó de tener una significación convencional, fórmula de relación social con un deseo ritualizado y ordinariamente profana.1. Condición sagrada del voto y su obligatoriedad. Sin embargo, tanto en la palabra castellana cuanto en las correspondientes de los restantes idiomas modernos así como en latín, griego, lenguas semitas, etc. ha predominado el significado técnico de "promesa hecha a la divinidad". En este sentido, voto es una promesa formulada con peculiar solemnidad, a veces acompañada de juramento, por la cual un individuo o un grupo prometen a la divinidad hacer o dar algo personal o real y, de ordinario, a cambio espera obtener para el individuo, grupo étnico o nación un beneficio: victoria, salud, éxito, etc. Generalmente el voto, sobre todo en la mentalidad primitiva, implica cierto grado de pragmatismo religioso, que supone un concepto contractual expresado por las fórmulas jurídicas: do ut des, facio ut facias y, en su formulación condicional, faciam si feceris, dabo si dederis. El ritualismo de las religiones nacionales (v. RELIGIONES ÉTNICO-POLÍTICAS) y de distintas manifestaciones arcaicas de religiosidad está convencido de la validez absoluta del "doy, hago, para que (la divinidad) conceda o haga" o del "haré, daré, si antes haces o concedes" lo pedido. Por eso el voto encierra, de acuerdo con esta mentalidad, una fuerza contrictiva de la divinidad, con tal que el sujeto done o realice el objeto del mismo. A su vez, el que hace un voto se siente obligado en todas las religiones a cumplirlo, si no quiere exponerse a un castigo de graves consecuencias en proporción a la importancia del voto. Su incumplimiento no puede quedar sin castigo, que con frecuencia como por contagio afecta a todo el grupo (familia, clan, tribu, pueblo) al cual pertenece el incumplidor. En algunas religiones, p. ej., en el jainismo (v.), en el budismo (v.) y, en menos medida, en el hinduismo (v.) esta obligatoriedad es reforzada en cuanto el cumplimiento del voto libera del karma (v.) al hombre y contribuye con eficacia peculiar a que su espíritu no se vea sometido a una nueva transmigración.2. Diferentes tipos de votos. a) En las religiones no cristianas los votos suelen a ser temporales o para toda la vida. La consagración especial de las vestales romanas, que implicaba la práctica de la castidad, de suyo obligaba solamente durante 30 años. Las reglas monásticas del taoísmo chino, presentes también en el budismo y el mismo celibato de los monjes budistas, no alcanzan la condición de voto perpetuo ni propiamente la de temporal, pues pueden ser abandonados en cualquier momento. Perpetuo es, en cambio, el bodhisttva o voto de convertirse en buda, que hacen los mahayanistas (v. BUDA Y BUDISMO) al entrar a formar parte de esta religión. Se trata de un voto, acto heroico de amor a los demás hombres, por el cual se renuncia a la esperanza de un próximo nirvana (v.) y se compromete a aspirar al bodhi, o sea, a vivir en el mundo del sufrimiento a fin de llevar al prójimo a la salvación.b) El voto puede ser absoluto o condicionado, según se haga sin restricción alguna o dependiente de la realización de una condición por parte de la divinidad. Modelos de votos condicionado pueden ser el de los hermunduros (Tácito, Anales 13,57 ss.).c) El voto es público, si es formulado con cierta solemnidad, por personas constituidas en autoridad sagrada, p. ej., los sacerdotes, los magistrados en las distintas formas de religiones nacionales (v. RELIGIONES ÉTNICOPOLÍTICAS, SACERDOCIO I) o ante ellas: p. ej., la ofrenda de las armas al templo de Apolo hecha por Héctor antes de su lucha con Ayante (Romero, Iliada, 7,82 ss.); los griegos, que toman las armas contra Jerjes (guerras médicas) hacen una promesa con juramento, por la cualtodos los estados helénicos, que se hayan entregado a los persas sin oponer resistencia, una vez restablecida la paz, deberán pagar al dios de Delfos el diezmo de sus bienes (Heródoto 7,132). En Roma, como en otras religiones étnico-políticas, debido a la consustancialidad del Estado y de la religión oficial, el cumplimiento o la inobservancia de los votos públicos afectaban directamente a la salus reipublicae, a la conservación y prosperidad de la comunidad tribal, nacional o imperial. Por eso los regulaba el Estado y estaban ritualmente formulados (vota suscipere, nuncupare, concipere). El magistrado, que había hecho el voto en nombre del Estado, era el responsable del mismo (voti reus) hasta su realización (votum solvere). El objeto de los votos públicos suele estar relacionado con la celebración de juegos, construcción de algún templo, erección de la estatua de algún dios, realización de sacrificios solemnes, etc.; los juegos de Cástor y Pólux, los seculares, los apolinares, etc., tienen su origen en un voto público.
Los votos privados, a juzgar por los testimonios conservados, eran formulados sobre todo con ocasión de los viajes por mar, de alguna enfermedad, las mujeres antes del parto, etc. (Cicerón, De natura deorum, 3,89 ss.), es decir, en momentos de incertidumbre y peligro personal o también de algún riesgo para los animales domésticos o para las posesiones. Las inscripciones los recuerdan con la sigla V.S.L.M., abreviatura de la fórmula votum solvit libens merito. Entre los votos privados de la antigüedad clásica fue famoso el de Berenice (s. ni a. C.), por el cual ofreció a Afrodita su cabellera, si su esposo, Ptolomeo Evergetes de Egipto, retornaba victorioso de su campaña en Siria. Como se realizó la condición puesta al formular el voto, Berenice depositó, como ex voto, la ofrenda prometida en el templo. Poco después desapareció la hermosa cabellera. Canón, sacerdote y astrónomo, proclama la conversión de la cabellera en astro, precisamente en las siete estrellas de forma triangular, que aparecen en la cola de la constelación del León. Calímaco (s. ni a. C.) se inspiró en las vicisitudes de este voto para su poema La cabellera de Berenice, que Catulo (s. i a. C.) imitó en un canto latino del mismo título y tema.d) Votos personales y "cósicos". Se llama personal, cuando se promete a la divinidad una persona o algo personal: acción, comportamiento, vida. Ejemplo de este tipo de voto es la devotio de los romanos, palabra emparentada con votum y que, conforme al Ius sacrum romanum, expresa la "consagración de alguien a los dioses", significado mucho más profundo que el de su derivado castellano "devoción". Puede considerarse típico -por su desarrollo y hasta por la fórmula empleada: invocación a varios dioses, exposición de la petición (victoria del ejército romano, muerte de los enemigos) y palabras declaratorias de su consagración "a los dioses Manes y a la Telus en favor del Estado romano, del ejército y de las tropas auxiliares"- el caso del cónsul Decio, quien vestida la toga pretexta, cubierta la cabeza de modo que pudiera verse el mentón apoyado sobre la mano, de pie sobre la lanza, hace su voto devocional en presencia del sumo pontífice M. Valerio. El cónsul podía haber "consagrado" a otro ciudadano romano. Entonces, si éste moría, se consideraba consumado el sacrificio votivo; en caso negativo debía simularse su muerte enterrando la efigie del legionario consagrado, de siete o más metros de altura, e inmolando una víctima expiatoria (Tito Livio 8, 9, 6 ss.). La devotio era una especie de voto, en el cual el sacrificio personal recede a la obligación de la divinidad, mientras que en el voto ordinario la obligación humana suele estar condicionada a que la divinidad conceda lo pedido.En algunos casos parece tener categoría de voto la consagración de la castidad hecha por algunas personas en orden a conseguir la propia salvación (p. ej., los misterios de Eleusis, v.) la salvación de la sociedad (p. ej., las vestales romanas). Conviene tener en cuenta el origen y destino telúricos de la castidad en la mayoría de los casos en las religiones no cristianas arcaicas (v. CASTIDAD I) así como su temporalidad y el hecho de ser considerada como algo generalmente ajeno a las disposiciones internas. Las "vírgenes vestales" (Tácito, Anales, 1, 8; Suetonio, Augusto, 101, 1; Tertuliano, Apologia, 26, 2; cte.) estaban obligadas a guardar la castidad durante 30 años. Transcurrido este periodo, podían contraer matrimonio, si bien pocas lo hicieron, pues a quienes así obraron, no, les fue bien; su tristeza, según Plutarco (Numa 10) atemorizó a las demás ayudándolas a ser fieles al voto. Las religiones no cristianas, aunque conocieron o practicaron la virginidad (v. VIRGINIDAD I) desconocen los aspectos y motivaciones profundas de la vida celibataria cristiana, con o sin voto, o castidad externa e interior, perpetua, como consagración a Dios y desposamiento con Él (las vestales jamás fueron consideradas ni llamadas "desposadas con la divinidad"), como liberación de las ataduras familiares para mejor atender a los intereses de la divinidad y de los hombres, como signo escatológico o testimonio personal de la vida del más allá en unión con la divinidad.Los votos reales (reales, res-cosa) o "cósicos" consisten en la ofrenda no de alguien sino de algo, de alguna cosa, reforzada mediante voto. En este apartado deben encuadrarse muchos de los diezmos o décima parte del botín o de los bienes entregados a algún dios en un templo tras una victoria: p. ej., al Apolo pítico (Tito Livio 5, 21, 2; Plutarco, Camilo, 2) a Hércules Víctor (Plutarco Sila, 35), etc. A veces el peligro hace prometer más de lo que en realidad se podrá o se estará dispuestoa dar; tal es, p. ej., la promesa de los atenienses de sacrificar a Ártemis tantas cabras cuantos enemigos persas consigan matar; al no poder cumplir el voto, sacrificaban anualmente 500 cabras (Jenofonte, Anábasis, 13, 57). En algunos casos por medio de un voto se consagraba a la divinidad todos los enemigos y sus cosas; a este voto atribuyen entre los germanos los hermunduros su victoria sobre los catos (Tácito, Anales, 13, 57). En numerosas ocasiones se obligaban a sacrificar solamente los animales capturados, no los hombres; el resto del botín era amontonado en un lugar, que, por eso, se convertía en sagrado, hasta el punto de que si alguien lo violaba o cogía algo subrepticiamente era castigado con la pena más severa (César, Bellum gallicum; 6, 7).
3. Los ex votos. En los votos cósicos, una vez alcanzado el favor suplicado a la divinidad, el objeto prometido se colocaba en un lugar ya sagrado o, a veces, convertido en sagrado por la presencia del ex voto. De ahí el origen y nombre castellano de los "ex votos". La etimología del término correspondiente en griego anathema significa "lo colocado arriba", es decir, lo colgado en el techo de los templos. El anathema helénico más antiguo de los testimoniados literariamente (Pausanias 5, 17, 5 ss.) se remonta al s. vil a. C.; se trata de un arca de cedro, adornada con escenas mitológicas, del Ereo en Olimpia. Los ex votos más frecuentes en los templos griegos, romanos, asirios, egipcios y demás religiones antiguas son armas, estatuas, escudos, trípodes, coronas, brazaletes, cabello, cte.- en los santuarios medicinales, por ej., de Asclepio en Epidauro, Esculapio en la isla tiberina de Roma, etc. reproducciones de los órganos o partes del cuerpo curados. En Grecia los anathemas ofrecidos por los atletas vencedores o por sus ciudades dieron lugar a muchas de las estatuas conservadas, p. ej., el auriga dedicado en Delfos por Polizalo, vencedor en la carrera de carros (a. 477 a. C.). Del paleolítico y neolítico se conservan las hachas, mazas, cte., llamadas "votivas".M. GUERRA GÓMEZ.
BIBL.: H. VOX GLASENAPP, Gelübde, en RGG 2,1321-1322; K. HOFMANN, Anathema, en RAC 1,427-430; LIEBENANN, Decumana, en RE 4,2,2306-2314; W. H. D. ROVSE, Greék votive offerings, Cambridge 1902; A. STEIN y W. REIDINGER, Vestales, en RE 8 A 2,1732-1753.
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