Voluntad CIENCIA
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Ciencia
II. PSICOLOGIA EXPERIMENTAL. Desde el punto de vista experimentalista la v. interesa, sobre todo, como acto de querer, corno volición. El que ciertas observaciones experimentales de la actividad voluntaria se sitúen lejos de realidades esenciales como la mente (v.) o entendimiento (v.) y la v., no legitima que tales realidades o sus conceptos sean marginales. Ciertos sectores de la Psicología experimental moderna delimitan su objeto teórico-práctico en el triple aspecto del comportamiento o conducta (v.), la vivencia (v.) y el rendimiento (v.), y tienden a excluir la actividad voluntaria, pensando que la explicación de la misma procede, de ordinaria, de posiciones prepsicológicas (o pre-experimentales). Las explicaciones de Spinoza y Herbart, p. ej., eran ciertamente así, de un intelectualismo racionalista preempírico; pero no se puede decir lo mismo de todos los filósofos: la filosofía realista ha cultivado una Psicología filosófica que siempre ha tenido que ser empírica al mismo tiempo (v. PSICOLOGÍA). Por otra parte, Wund (v.) situaba la raíz última de los actos voluntarios en hechos de naturaleza sensorial; Spencer (v.), Ziehen y Ebbinghaus (v.) los interpretaban en función de la imaginación espontánea; y Ribot (v.), Janet (v.) y William James (v.) sustituían en las hipótesis anteriores la imagen por la idea.Estos puntos de vista fueron desplazados por corrientes de investigación procedentes tanta de la Psicología experimental, como de la clínica y de la fenomenología (v.). Así, lo volitivo aparece en no pocos tratados, bien como un aspecto de lo tendencia) (v. TENDENCIAS), bien como simple corolario de ciertas teorías de la motivación (v.). Sin embargo, junto a la evidencia de que una de las modalidades radicales del actuar humano es la posibilidad de elección, y en relación con esto, aparece la volición como un hecho irreductible a otros procesos o fenómenos psíquicos (v. I, 3-4). "Hasta el más somero examen del comportamiento humano induce a creer que el hombre no es víctima pasiva de las circunstancias. To-dos estamos dispuestos a asegurar que el hombre parece decidir a qué estímulos debe reaccionar, cuáles puede ignorar, qué información aprender y cuál desdeñar" (Krech y cols., o. c. en bibl.).La Psicología experimental conocedora de la filosofía realista y tomista (Brennan) ya distinguía una órexis intelectual de la órexis afectiva -simple y elemental apetito (v.)-, contraponiendo lo orectivo o apetitivo a lo cognoscitivo en toda experiencia, y reconociendo junto a un conocimiento de carácter intelectual una clase intelectual de petito que demanda consciencia, deliberación y persistencia. en su actuar.La participación de los factores cognoscitivos én los movimientos voluntarios justifica la inclusión de la voluntad entre las funciones noéticas o facultades psíquicas superiores, junto a la memoria y el entendimiento (v. i). Se la ha considerarlo incluso como uno de los factores de la inteligencia (v.). Pero el acto voluntario ni es excluyente ni deja de alcanzar, de algún modo, al todo del ser personal.2. Psicología experimental y análisis fenomenológico de la actividad voluntaria. La posibilidad de aplicar métodos experimentales en la investigación de los actos voluntarios es limitada, como es lógico; pero en ciertos aspectos es posible, y ello se debe a Külpe (v.) y la escuela de Wurzburg. Las primeras experiencias fueron realizadas por Ach demostrando la existencia de tendencias determinantes, distintas de la imagen y dependientes de la actitud mental. Dúrr muestra la ausencia posible de motivaciones sentimentales. Michotte y Prüm llegan por último al aislamiento experimental del acto. voluntario como conciencia de acción.La Psicopatologíá (v.) y las direcciones personalistas de la investigación aportan datos de interés. Kretschmer (v.) reconoce como "del mismo modo que en los reflejos inferiores el acto motor es provocado directamente:.. por un factor... mecánico, así en el acto voluntario es provocado por la decisión", atribuyendo a ésta el valor de un acto -psíquico, cuya existencia es fenomenológicamente incontestable, aun cuando la idea de fin (v.), que acompaña al acto voluntario, venga a constituirse dentro del marco de la explicación causal y científica en factor determinante del mismo.Para Stern, en el proceso voluntario "la totalidad dinámica de la persona se enfoca en un acto compacto que rompe la tónica llana de los acontecimientos", si bien, "por otra parte, todo acto de voluntad está profundamente enraizado en esa actividad a la que parece oponerse". Ni se trata del instinto sublimado, ni de algo contrapuesto. "La voluntad es ambas cosas a un tiempo y, en consecuencia, algo totalmente peculiar y nuevo, y específicamente humano".Lersch (v.), de acuerdo con Klages, separa radicalmente el acto voluntario de los procesos endotímicos en su totalidad: "por la voluntad, dice Klages, yo soy portador activo del suceso; en la vivencia, portador pático". Igualmente Max Scheler (v.) distingue la gana y el deseo del querer, situando los dos primeros entre las funciones psicofísicas y el último entre’los actos personales -espirituales-.3. Génesis y desarrollo de los procesos volitivos. Stern ha señalado el carácter prospectivo de la v., su referencia activa y consciente al futuro. Esta temporalidad del acto voluntario acredita el paralelismo entre el desarrollo personal y el de la v., entre su aparición y la de la vivencia del yo (v.).Es coincidente la observación de que al desarrollo motor y al inicial comportamiento adaptativo y reflejo, siguen la aparición del lenguaje (v.) y las formas elementales de elaboración conceptual, entre el tercero y el quinto año de la vida del niño. En este mismo periodo, se constituye, junto a las formas de acción de respuesta refleja, una segunda forma distinta de ésta y que representa, según Warren, la fase psicomotriz de la actividad personal.Tal intento de actividad, con su intencionalidad, viene a ser como un barrunto de los movimientos voluntarios. Se manifiesta hacia el cuarto año. No se trata ni de la reacción inmediata, ni de la esencial automoción característica de cualquier ser vivo. Aparece como respuesta diferida, mediata, o como movimiento original, denotando así la apertura del virtual espacio interior (o intimidad), lugar común de los fenómenos psíquicos. Con ella se inicia la conciencia del yo.Lersch interpreta este hecho como resultado de la llamada primera edad de la obstinación, cuando el niño realiza la experiencia de que no puede ceder sin más a sus impulsos, ni satisfacer sus instintos de manera inmediata por tropezar con las resistencias del mundo exterior.Ch. Bühler subraya que la experiencia de la contraposición del yo y el mundo (relación sujeto-objeto) característica de la edad, trae aparejadas la proposición de fines y la producción de obras. De esta manera, el desarrollo de la volición se inicia a partir de la simultánea conciencia del yo y del mundo como realidad. Esto puede ser comprobado, incluso en los adultos, cuando se apela a la "fuerza de voluntad" para salvar inesperados o graves obstáculos.En una segunda fase se agrega, a los intentos de actividad, la conciencia y necesidad de regular el aparato motor. El deseo exige una acción precisa y el control del propio cuerpo se impone. El objetivo configura la acción y el liminar e indiferenciado impulso se intelectualiza, tal como ocurre en la marcha por un paso resbaladizo y peligroso, donde la andadura pierde su espontaneidad refleja para volver al periodo de aprendizaje consciente.La tercera etapa señala el desplazamiento y extensión del proceso hacia el plano de los procesos psíquicos internos. Al control de los movimiento exteriores se agrega la acción reguladora del íntimo acontecer. La v. se formaliza como instancia del yo -"el yo en acción"que no deja que ocurra lo espontáneo, sino lo deliberado. Cronológicamente el fenómeno coincide con la iniciación de la adolescencia (v.).La v. se va manifestando y se desarrolla así como un proceso, que integra sucesivamente los contenidos de la senso-percepción (v.), las representaciones -imágenes (v.) e ideas (v.)-, y el fondo endotímico con la afectividad (v.) y las propias vivencias (v.) tendenciales. Ciertamente no corresponde a los efectos de la v. el que se vivencien determinadas tendencias o sentimientos, pero sí puede determinar su medida y dirección. Justamente, en su fase final, arrancando del subjetivismo de la adolescencia, la v. acaba por configurarse como acción simple, exquisitamente personal, como espontaneidad del yo que se inclina y tiende hacia un fin, que, por original y deliberado, se considera propio (v. t. I, 3-5).4. Naturaleza del acto voluntario. Desde un punto de vista experimental la actividad voluntaria es provocada por representaciones anteriores. En las investigaciones de Ach se parte de la creación de costumbres y hábitos: asociaciones fijadas por la repetición de sílabas rimadas o sin sentido, cuyo automatismo ha de ser alterado invitando al sujeto a su evocación en un orden distinto -invertido o alternante, p. ej.-. Cuatro momentos pueden aislarse en la experiencia: el primero se caracteriza por sensaciones internas de tensión; el segundo, por las representaciones del fin propuesto; el tercero, por la vivencia de la actuación; y el cuarto, por el sentimiento de esfuerzo concomitante.La representación (v.) no constituye, sin embargo, la actividad específica. Entre la representación o excitación y el acto rbotor no hay automatismo mecánico. En las experiencias de Michotte y Prüm, ordenadas a la selección entre dos o más finalidades y la respuesta, surge un juicio de elección, independiente de la espectación pasiva del sujeto frente a la reacción afectiva motriz determinada por una imagen singular. Este "juicio práctico" es la señal específica de la actividad voluntaria (v. I, 4, b). La libertad (v.) es psicológicamente registrada como vivencia de posibilidad, actuándose la v. en la elección de lo posible.El análisis introspectivo permite descomponer el acto de la elección en dos fases: fenómenos de carácter efectivo o asociativo espontáneo que acompañan a la percepción del excitante, en primer lugar; luego, la discusión de los motivos. Establecido el motivo preferente, cesa la motivación y llega el momento más importante del proceso volitivo: cierta interrupción de contenidos o como vacío de conciencia del que parece emerger en forma original y resolutiva la decisión (v. t. I, 4, c).La decisión es siempre inseparable de la conciencia de actividad, que en todas las experiencias resulta ser lo más constante y exclusivamente característico del acto voluntario. Dicha conciencia de actividad no se refiere a la realización de algo en el porvenir; el sujeto se expresa en el acto voluntario hic et nunc -aquí y ahoraConvierte, por decirlo así, el futuro en presente. El yo es vivenciado, y esta vivencia y la conciencia de identidad del propio ser a través del tiempo, se constituyen de ese modo en un hecho único e irreductible (v. 1, 2).El análisis muestra, también, el simultáneo carácter ambivalente del acto de la x.: se elige algo a la par que se rechazan otra u otras posibilidades. De ahí el estado de tensión concomitante que tanto ha confundido a los psicofisiólogos.5. Motivación y motivos. "El punto central del acto votivo está dado por la influencia de los motivos que solicitan la voluntad a autodeterminarse para la realización de un fin" (Gemelli). Algo se convierte en motivo en tanto se presenta al sujeto con un valor, alcanzable, precisamente, por medio del acto voluntario. Lo que nos empuja, lo que causa inevitablemente, lo que determina sin otra posibilidad, no puede considerarse como motivo. El motivo es la representación de un valor entre valores, y algo se estima valioso cuando aparece como un bien (v.). Estar motivado es el correlato de toda elección entre bienes posibles. La eficacia de los motivos reside, por eso, en ser o poder hacerse conscientes; pero, sobre todo, en que el sujeto descubra su valor o se lo atribuya, por verdadero o falso que sea (v. 1, 3-4).Cousin y James han reducido el proceso de la acción voluntaria a tres fases: a) La representación del fin pretendido. b) La deliberación, acerca de los motivos del obrar o no, de obrar de un modo u otro. c) La decisión: el "quiero" o fíat que provoca la acción.El esquema, ya clásico, y aun las descripciones del análisis experimental, suponen, más bien, momentos lógicos, o como dijo Jolivet elementos esenciales, sin que importe el orden cronológico. Unas veces la deliberación precederá al acto. en otras, los motivos se esclarecerán después. El caso es que existen siempre. Si no fuera así la v. quedaría como mera tendencia, incapaz de sobreponerse a otras. El arbitraje, en cuanto necesario, radica, según la doctrina realista y tomista, en el juicio de la razón (v. 1, 4, b). La deliberación y la decisión son modos, o momentos lógicos, del ser racional, mutuamente implicados en todo acta voluntario. La libertad (v.) es posible ónticamente, porque los bienes capaces de motivar de modo racional la conducta humana, en tanto valores vivenciables, son siempre finitos y por ello incapaces de determinar en forma absoluta. La distinción, inicialmente pragmática y en la actualidad significativa, entre los motivos así entendidos y la motivación procede de la psicología clínica, aun cuando posteriormente se utilizó en los demás ámbitos de aplicación de la psicología, p. ej., la psicología industrial (v.) y la psicología pedagógica (v.).La cualidad psicológica de la llamada motivación (v.) estriba en el dinamismo propio de ciertos procesos extraconscientes. El psicoanálisis (v.) postula que la personalidad se encuentra continuamente sometida al conflicto entre tendencias o impulsos alternativos o contrarios: la estructura de ciertas neurosis (v.) parecería demostrarlo. Pero semejante interpretación ni agota la naturaleza de tales trastornos ni es aplicable en el sujeto normal. En rigor no se puede hablar de "tendencias dominantes" más que cuando el objeto o valor específico de las mismas es aceptado y, por consiguiente, elegido. Hay, en efecto, situaciones caracterizadas por una concurrencia de pulsiones tendenciales o instintivas; puede llegarse a la duda capaz de bloquear la actividad voluntaria, pero en tales casos, corno en los no infrecuentes de retardo o inhibición (las llamadas abulias), lo bloqueado, retardado, o inhibido es la actividad misma, el acto en sí y no su cualidad.Más importancia que el "conflicto tendencial" tienen los estados de ánimo (v.). Por debajo de la v. superior y finalista -teleobulia- existe, con dinamismo propio y superior al de la instintividad, la esfera de los apetitos (v.), de la "gana". La gana no es un instinto, es un sentimiento vital inseparable de las vivencias tendenciales. La gana se refiere a los modos de relación del sujeto con todo lo atañedero a la vida misma en cualquier nivel operacional. La gana, supuesto afectivo de la actividad, aparece de esta suerte como una especie de v. primordial paralela y subyacente al acto voluntario. Su disminución o apagamiento (las ganas van y vienen sin que el sujeto pueda siempre povocarlas de manera inmediata) condiciona la actividad pero no destruye la posibilidad voluntaria de oponerse o de consentir al hecho tal como es dado a la conciencia. Fenomenológicamente no tiene importancia la ejecución externa del acto volitivo. La ejecución es sólo un movimiento; pueden darse actos voluntarios sin realización externa, y no pocos movimientos exteriores se verifican al margen de una real decisión voluntaria. La habitual falta de acuerdo en este punto escapa a la Psicología; sólo puede ser resuelto unas veces por la Ética y otras por la Psicopatología.Resumiendo, se puede afirmar que si la decisión -eje de la actividad voluntaria- es un hecho autónomo o irreductible, al propio tiempo, la v. no sólo es la manifestación más clara de la actividad del yo (cualquiera que sea la hipótesis psicológica que lo sustente), sino una expresión sustantiva del ser personal.V. t.: VOLUNTARIO, ACTO; IMPULSOS; INSTINTOS; ESTADOS DE ÁNIMO; TENDENCIA; APETITO; FACULTADES; LIBERTAD; RESPONSABILIDAD; AMOR; VIRTUD.J. M. POVEDA ARIÑO.
BIBL.: N. ACH Über den Willen, Leipzig 1910; R. E. BRENNAN, Psicología General, Madrid 1952; M. CRUZ HERNÁNDEZ, Lecciones de Psicología, 3 ed. Madrid 1969; J. FRÚBES, Tratado de Psicología empírica y experimental, Barcelona 1950; A. GEMELLI, Introducción a la Psicología, Barcelona 1968; C. F. GRAUMANN, Fundamentos de Psicología, Madrid 1971; R. JOLIVET, Psicología, Buenos Aires 1956; KRECH y COLS., Elementos de Psicología, Madrid 1973; E. KRETSCHMER, Psicología Médica, Barcelona 1957; K. KOFFKA, Principios de Psicología de la forma, Buenos Aires 1953; PH. LERSCH, La estructura de la personalidad, Barcelona 1971; K. LEWIN, Witte, Vorsata und Bedürfnis, Berlín 19,26; J. LINDWORSKY, Psicología experimental, Bilbao 1962 A. PFÄNDER, Phänomenologie des
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