Vocación EDUC.
Categoria:
Educación
La palabra v., del latín vocatio, indica la acción de llamar y, derivadamente, el hecho de ser llamado. En la lengua latina, aunque no fue una palabra muy usada, la gama de significaciones era bastante amplia: desde la invitación a una comida hasta la citación en un juicio; reflejaba, en suma, los diversos significados del verbo voto, del que deriva; llamar, hacer venir, convocar, congregar, reunir. Por influencia del cristianismo, esta palabra pasó a tener un relieve y un matiz especiales, ya que constituye uno de los conceptos clave de la Revelación bíblica. Y es ese significado cristiano el que tiene más realce en la lengua castellana: si se emplea la palabra v. sin más añadidos es interpretada siempre en un contexto espiritual y sobrenatural; para dotarla de otra connotación es necesario calificarla de algún modo; así se habla de v. profesional, de v. artística, etc., para indicar la inclinación y aptitudes de una persona con relación a una tarea humana. La palabra v. tiene, pues, dos usos diversos, que reflejan dos facetas de una misma realidad: el discernimiento de la propia misión o tarea, que puede ser considerada: a) desde la perspectiva de las persona les aptitudes en relación con el trabajo (v. profesional); b) desde el punto de vista más radical, del fin último al que se es llamado (vocación sobrenatural del cristiano). A continuación se estudian esas dos acepciones.I. EDUCACIÓN Y ENSEÑANZA: VOCACIÓN PROFESIONAL. Manjón la define como "la aptitud o inclinación que Dios da a cada uno para el fin que ha de desempeñar en el mundo"; V. García Hoz lo expresa de manera más resumida: "inclinación hacia determinado estado o profesión". Otros evitan el término "inclinación" -se basan en que en algunas ocasiones la v. puede violentar el propio gusto del sujeto- y la describen como "el conjunto de aptitudes, -disposiciones y conocimientos de un sujeto que le ponen en condiciones a desarrollar plenamente su personalidad en un estado o profesión concretos". Su esencia es precisamente este conjunto de aptitudes, cualidades o disposiciones para desempeñar bien un cometido; además, con frecuencia, se acompañan de inclinaciones o atractivos de cada persona. De ahí que Balmes diga que "la inclinación muy duradera y constante hacia una ocupación es índice bastante seguro de que nacimos con aptitud para ella". La v. personal determina las principales disposiciones e ideales hacia los que se actúa; sin ella serán estériles e todos los esfuerzos. "La mayor fortuna del hombre es hallar para su actividad el empleo más apropiado a sus aptitudes congénitas. Con tal que a ellas responda su tarea, lo mismo da que haga cestos, espadas, canales, estatuas o versos" (Emerson). Su conocimiento y aplicación es importante para el individuo -es su camino para su perfección; con ella logra el máximo rendimiento con el mínimo esfuerzo y, en último término, llega a la felicidad- y para la sociedad, que obtiene mayor beneficio cuanto más apto sea el sujeto que efectúa la acción (cfr. C. Sánchez Buchón, o. c. en bibl.). Está clara por tanto, la importancia de conocer y seguir la v. profesional. Para comprenderlo no hay más que considerar el condicionamiento recíproco entre la ocupación profesional y los valores e ideales presentes en cada persona, así como el estilo de vida y el status social impresos de acuerdo con el tipo de trabajo efectuado (cfr. D. E. Super, The psychology of careers, Nueva York 1957, 17 ss.).1. La educación vocación-profesión. Los continuos cambios de la sociedad moderna, con sus adelantos técnicos y nuevas ocupaciones cada vez más heterogéneas y especializadas, originan una enorme pluralidad de profesiones con la consiguiente división del trabajo, dada la objetiva limitación humana (V. TRABAJO HUMANO III). Esta especialización, por sí sola, supone únicamente la existencia de una diferente preparación adquirida, pero la práctica nos enseña que también existen diferencias innatas, es decir, distintas capacidades y aptitudes personales. Aunque a veces no se descubra y, por tanto, no pueda llevarse a cabo, puede afirmarse que cada persona tiene su propia v. para la que está especialmente dotada. Esto no significa que las v. hayan de ser "exclusivas"; por el contrario, la mayoría de los individuos pueden servir indistintamente para desempeñar con gusto y aprovechamiento diversas tareas, al menos dentro de un grupo determinado de ellas; es lo que se denomina plasticidad o adaptabilidad humana (Zaragüeta). La combinación de los dos términos de la ecuación v: profesión nos muestra la existencia de otros tantos objetivos: 1) encontrar el puesto de cada uno en la vida, su mejor profesión, tarea encomendada a la orientación profesional (v. ORIENTACIÓN PEDAGÓGICA III); y 2) colocar en cada puesto a la persona más adecuada, al mejor individuo para la sociedad, misión esta última más social que educativa (selección profesional).La motivación a trabajar en una u otra profesión no depende únicamente de la v. propiamente dicha, ni siquiera del solo fin de ganarse el sustento, característico del clásico homo economicus; en condiciones normales, el principal objetivo no suele ser la necesidad de vivir, sino que interviene una compleja serie de condicionantes, tales como el ser reconocido como persona, el sentirse seguro, respetado e independiente, el poder constituirse en una ocupación determinada, el servir a los demás o realizar un ideal, etc. (cfr. F. Herzberg, The motivación of work, Nueva York 1959).Podemos sistematizar los principales factores influyentes, según sean exigidos por la profesión (condiciones objetivas), o poseídos por el candidato (condiciones subjetivas). Los primeros cambian constantemente, a causa de los continuos adelantos técnicos del mundo actual -Stones, p. ej., propone la conveniencia de investigar principalmente los medios de adiestramiento para tareas que apenas se conocen pero se prevén de gran utilidad en un próximo futuro (Psicología pedagógica, Madrid 1969, 348)-; entre estos factores podemos destacar el tipo y grado de actividad sobre determinado objeto y las condiciones socio-económicas y ambientales en que se realiza (familia, escuela, cultura, economía...). Los factores personales o subjetivos de mayor influencia son: a) la salud psicosomática; b) la personalidad; c) las aptitudes -"cada cual ha de dedicarse a la profesión para la que sienta más aptitud... un hombre puede ser sobresaliente, extraordinario, de una capacidad monstruosa para un ramo, y ser muy mediano y hasta negativo con respecto a otros" decía Balmes hace más de un siglo-: inteligencia, destreza, rapidez de percepción...; d) las aficiones e intereses intrínsecos (fin apetecible en sí) y extrínsecos (medio para lograr otro fin, p. ej., el dinero). Super distingue cuatro tipos de intereses: expresos, manifestados, "testados" (es decir, medidos con tests) e inventariados; e) la perseverancia; y Í) cualquier otro tipo de valor (Lutte).La variada fisionomía de lo social refleja, por tanto, distintos tipos de v. o formas de vida. Según su interés, Zaragüeta los divide en: a) especulativos, cuando contemplan los ideales y fines de la vida en función de verdad, belleza, bondad, justicia y religiosidad; y b) prácticos, que buscan la realización de ideales preconcebidos: técnicos (producen bienes personales o reales), económicos o administrados y defensivos.2. Evolución de la vocación. Aunque la v. es un proceso en perenne actualidad -toda la vida es una tendencia a autorrealizarse-, su desarrollo varía a lo largo de los años, destacando su importancia en la infancia y adolescencia. Simarro distingue las siguientes fases evolutivas: embrionaria, lactancia, niñez, escolaridad y juventud. Cada una de ellas tiene una v. genérica y otra específica, refleja una alternancia característica y produce una serie de resultados concretos: desarrollo integral, salud, armonía físico-mental, facultad cognoscitiva, conciencia moral... hasta llegar a la relativa perfección adulta (para profundizar en este tema puede consultarse A. Simarro, o. c. en bibl., 42-45).3. Misión vocacional del educador. La orientación vocacional es tarea de todos los que están en contacto con el individuo en formación; no puede abandonarse en manos del propio sujeto; intervienen, por tanto, consultores profesionales, tutores, preceptores, médicos, psicólogos, padres, profesores... Los padres (v. PADRES, DEBERES DE LOS I) "pueden y deben prestar a sus hijos una ayuda preciosa, descubriéndoles nuevos horizontes, comunicándoles su experiencia, haciéndoles reflexionar para que no se dejen arrastrar por estados emocionales pasajeros, ofreciéndoles una valoración realista de las cosas" (J. Escrivá de Balaguer, Conversaciones, 9 ed. Madrid 1973, n° 104); los profesores no pueden limitarse a ofrecer unas condiciones óptimas de aprendizaje en su respectiva parcela, ya que, al ser quienes mejor pueden conocer al alumno por su constante trato durante los primeros y principales años de formación, parecen las personas más indicadas para conseguir que todos hagan aquellas cosas a las que mejor se adaptan. Su tarea vocacional puede enunciarse, por tanto, en los tres objetivos siguientes: a) descubrir las aptitudes y aficiones de sus discípulos; b) fomentar la v. descubierta, respetando la libertad responsable y formando la personalidad; y c) encontrarles una adecuada colocación en la sociedad.Esta misión no puede limitarse a un momento determinado, ni siquiera a los denominados cursos de orientación, sino que ha de estar presente, de manera continuada, a lo largo de toda la formación (v.); experiencias norteamericanas nos muestran el mayor rendimiento y el menor número de cambios profesionales y de casos de delincuencia cuando se sigue este consejo (cfr. A. Vales, "Educational Research", VI, 1959). Por otra lado, la orientación tampoco puede limitarse a lo estrictamente profesional -conocer las capacidades, aptitudes, intereses, personalidad y carácter del individuo, o informar sobre las posibilidades de educación- sino que debe ser integral, ampliándose a otros problemas: educativos, morales, sociales, sanitarios, personales, etc. Para que el educador realice con eficacia su misión vocacional, conviene que se documente lo más completamente posible sobre toda una serie de datos de interés que ofrecen útil información sobre: a) los puestos de trabajo disponibles: requisitos de ingreso, normas y tipos de facultades exigidas en cada profesión, necesidades actuales y futuras de la sociedad, etc.; y b) la formación y disposiciones personales del alumno: trayectoria escolar anterior y sus calificaciones, tests de aptitud, inteligencia, interés y actitudes, personalidad e higiene mental, datos familiares, reconocimiento psicosomático, etc. (cfr. H. R. Douglas, o. c. en bibl., cap. X).Las consideraciones anteriores sugieren fácilmente lo que es y lo que vale una v. bien orientada y, en consecuencia, la importancia de preparar muy bien a los educadores en esta misión. "Dadme una vocación -decía el P. Poveda- y yo os devolveré una escuela, un método y una pedagogía".V. t.. ORIENTACIÓN PEDAGÓGICA; PROFESIÓN; TRABAJO HUMANO III y VII.J. MARTÍN RAMÍREZ.
BIBL.: Obras generales: V. GARCÍA HOZ, Principios de Pedagogía sistemática, Madrid 1968; C. SÁNCHEZ BUCHÓN, Pedagogía, 3 ed. Madrid 1971; E. STONES, Psicología pedagógica, Madrid 1969; J. ZARAGÜETA, Pedagogía fundamental, Madrid 1943.
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