Virgllio
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Biografía GER
I. Vida. Publio Virgilio Marón es el mayor poeta romano (70-19 a. C.); n. en Andes (hoy Pietole), cerca de Mantua, el 16 oct. 70 (hay quien adelanta la fecha al 71), en el seno de una familia modesta, quizá de ascendencia etrusca: parece que su padre era alfarero o, según otros, colono o mayordomo de un uiator (ayudante de magistrado). Pero la esmerada educación recibida por v. supone al menos una mejora en la situación económica de su familia; por otro lado, su futuro bienestar y rápido prestigio social no pueden explicarse fuera de un medio sensiblemente idéntico al de sus amigos y protectores. Lo incuestionable es su origen campesino. v. se nos presenta como un labriego crecido entre los bosques y los árboles, pero de salud precaria; formado entre trabajadores, en la dulzura de una Lombardía húmeda y brumosa, fue un ser delicado, enfermizo, que padecía del estómago y de hemicránea y debía quedar siempre unido a su país natal, a la "gloria del campo divino" ; lejos de su Mincio, en Roma o en Nápoles, en la ciudad o junto al mar, será siempre no sólo un provinciano, sino un aldeano que quiere pasar inadvertido, un hombre modesto e introvertido, un alma tierna, sensible, dotada de una simpatía universal que extiende a toda la Naturaleza. Este complejo espiritual explica sus cualidades más notables: apego a la vida sencilla, amor a los pequeños placeres ya los animales, propensión a la soledad, imaginación concreta, sentido de la nostalgia, hasta su timidez y desmaña en el calzado y el vestido.Cursó sus primeros estudios en Cremona, donde permaneció desde la edad de 12 años, frecuentando la escuela del grammaticus o profesor de lengua, hasta los 15, en que vistió la toga viril, cuando Craso y Pompeyo, cónsules al nacer el poeta, ejercían la misma función por segunda vez (55 a. C.). Sin duda su padre, que debía de abrigar las mismas ilusiones que el padre de Horacio, al escoger aquella ciudad, uno de los primeros municipios de la Cisalpina, quería que su hijo recibiera la instrucción reservada a los hijos de la nobleza. v. continuó luego sus estudios en Milán y en Roma. La Roma populosa de aquellos años, ya presa del cosmopolitismo, debió de ejercer una honda impresión en el ánimo del joven provinciano: la misma, sin duda, que expresa ingenuamente Títiro en la I bucólica (20-26). Desde el año 54 V. estudió en la Urbe, como imponía la moda de aquellos tiempos, la elocuencia en la escuela del rhetor. Aunque de estos estudios nos hayan quedado notables vestigios en los discursos de la Eneida y en algunos cuadros oratorios de las Bucólicas y las Geórgicas, V. tenía escasas dotes para la oratoria. Sólo una vez se decidió a ensayar sus facultades ante un tribunal: no reincidió. Se interesó verdaderamente, en cambio, por la filosofía, quizá con el epicúreo Sirón, y por la poesía, a cuyo servicio debía poner los conocimientos enciclopédicos adquiridos en la escuela y en su constante dedicación al estudio. Ya los antiguos reconocían en su obra una exactitud y una fi’delidad ejemplares de sabio, erudito y observador .
Es probable que, durante los siete u ocho años que vivió en Roma, V. tuviera ocasión de volver a la hacienda familiar de su país natal. No pocas pinturas de la vida campestre insertas en su obra tienen el realismo de unas impresiones personales, de unos apuntes frescos. Debieron de representar estos viajes no sólo una evasión de la nueva Urbe, cuyos palacios, templos, termas y basílicas llenaban unas colinas cargadas de historia, sino, principalmente, un alejamiento de los nuevos cambios políticos, desórdenes sociales y corrupción general. Su precocidad en el cultivo de la poesía parece innegable; pero tanto su formación poética como su iniciación en la poesía son problemas oscuros de historia literaria. Como fruto primerizo de su adolescencia los antiguos biógrafos citan un dístico contra un maestro de escuela o un lanista que había muerto lapidado. A continuación las Vitae, de valor muy discutido, dan unas listas enjutas, e incluso contradictorias, de títulos de obras atribuidas a la primera juventud del poeta: Catalepton, Priapea, Epigrammata, Dirae, Ciris, Culex, Aetna, Copa, a los cuales se añadieron posteriormente el Moretum y unas Elegiae in Maecenatem. Tanto la cronología como la autenticidad de estos poemitas, reunidos en la llamada Appendix Vergiliana, forman uno de los problemas más enigmáticos de la Literatura. Los críticos más exigentes ven en dicha Appendix una compilación muy heterogénea de ejercicios escolares escritos a la manera de V ., o bien de pasticci ingenuos de tono virgiliano, debidos a inspiraciones y fechas muy distintas, la mayoría anónimos, que sobrevivían en antologías y empezaron a ser atribuidos a v. a lo largo del s. I d. C. En realidad, cada una de las piezas postula una discusión particular .
A partir del 44/43 a. C., es decir, de sus 27 años aprox., la biografía de v. se confunde con el comienzo de sus grandes obras auténticas. El poeta regresa, al parecer, a su comarca natal, en la Cisalpina, donde florecía una escuela poética, consagrada antes por Catulo; G. Asinio Polión, gobernador de la provincia por encargo de Marco Antonio, seguía animando este círculo de innovadores, de alejandrinistas poscatulianos, que combinaban un arte refinado y erudito con la mitología y el rea- lismo. V. compone, según los módulos de Teócrito, sus primeras Bucólicas, recibidas con admiración. Pero los hechos políticos y belicosos se precipitan: Farsalia (48), asesinato de Julio César (44), Filipos (42). a. .Asinio Polión es arrojado (44) de la Cisalpina por los Octavianos y, como recompensa a los veteranos. vencedores de los enemigos de César, los triunviros decretan (43) el reparto de las tierras; V. se ve sorprendido por el decreto (entra en la confiscación la hacienda dec su padre). Protegido por Cornelio Galo, entonces en la Cisalpina, el poeta acude a Roma y consigue de Octavio que, se le exima del despojo; pero, tras un nuevo reparto (40), pierde al parecer sus tierras, a cambio de una indemnización. A partir de entonces abandona definitivamente su provincia para vivir en Roma y, más asiduamente, en la Campania, bajo la protección de Octaviano y Mecenas.
Las Bucólicas, publicadas tal vez en dos ediciones hacia el 40 y el 37, le abren las puertas de la fama. No sabemos a qué época se remonta su amistad con Mecenas, ligeramente anterior a aquellos años. V. es ya el poeta de la nueva generación. Se ha hecho amigo de Horacio y lo ha recomendado a Mecenas. La triple indisoluble amistad debió de prosperar bajo el signo de ciertas relaciones familiares y del amor a las letras. Octaviano, vencedor de Antonio en Accio (2 sept. 31), ha compensado mientras tanto la crisis de V. regalándole una propiedad en la Campania, quizá la finca que, según Aulo Gelio (V-VII 20,1), el poeta poseía en Nola, donde puede disfrutar de un clima tan opuesto al de la región mantuana. Con Nola, la vecina Nápoles comparte las predilecciones del poeta: parece que V. adquirió aquí la quinta que había pertenecido a Sirón. Aunque poseía también una casa en Roma, obsequio de Mecenas, cerca de los jardines de éste en el Esquilino, es indudabJe que el poeta residía más a gusto en su retiro de la Campania (o, igualmente, de Sicilia, si damos crédito al sospechoso testimonio de Donato, uno de sus biógrafos). En este ambiente de paz compone, aproximadamente del 37 al 30, un poema completo acerca del cultivo de la tierra, las Geórgicas. Luego, cada vez más ligado a Augusto y seducido por su obra de restauración nacional, se entrega por entero durante unos 10 años, del 30 al 19, a la Eneida, el poema épico effel que iba a celebrar los orígenes troyanos de Roma y de la familia imperial.
Aunque el poema había despertado gran expectación, el poeta quedaba descontento de su obra y decidió trasladarse a Grecia y al Oriente, a fin de conocer los lugares en que se desarrollaba casi la mitad de la Eneida. Pero cayó enfermo, a causa de una insolación, en Mégara y apenas consiguió llegar a Atenas. Allí se encontró con Augusto, que, después de recorrer las provincias orientales del Imperio, se ’disponía a regresar a Italia. El Emperador le persuadió a acompañarle. A los pocos días de haber desembarcado en Brindis, murió el poeta (22 sep. 19), no sin haber ,ordenado, desde su lecho de muerte, que se quemaran los manuscritos del poema, por considerarlo imperfecto. Augusto se opuso y encargó a dos de los más queridos amigos del poeta, L. Vario Rufo y Plocio Tuca, que asumieran la tarea de la publicación. Los despojos del poeta, conforme a sus deseos, fueron trasladados a Nápoles e inhumados en un sepulcro, sobre el camino de Puteoli (hoy Pozzuoli), a dos millas de aquella ciudad.
2. Influjo y trascendencia. Poeta nacional e intérprete del alma romana, V. se convirtió inmediatamente en un clásico para las escuelas, a pesar del silencio que siguió a su muerte, durante casi un siglo, entre los escritores romanos. Este hombre discreto, quizá demasiado retraído y concentrado, que supo fijar como nadie la lengua de la poesía latina, se transformará en un maestro, en uno de los mayores ejemplares del linaje humano, cuando hayan desaparecido los últimos testimonios de las limita. ciones del hombre, es decir, cuando sólo sobreviva por sus obras, Comenzará entonces su peregrinación a trao vés de las ciudades vivas: florecerán por doquiera sus biografías novelescas; tendrá innumerables imitadores; los cristianos le reivindicarán por su espiritualidad (singularmente por el mesianismo de la IV bucólica); el Bajo Imperio seguirá proclamándolo su poeta oficial; los eruditos se dedicarán a descifrar el sentido secreto de sus poemas. El poeta, durante la Edad Media, se convierte en mito, en mago, en profeta, capaz de hacer atribuir valor profético a la consulta de sus obras (sortes Vergilianae) hasta que recobrará su primitiva fisonomía, desfigurada a lo largo de 13 siglos, por obra de otro genio, Dante Alighieri. Todos, clásicos y románticos, antiguos y modernos, admiran por uno u otro rríotivo a "nuestro poeta" , al "padre de Occidente"; los críticos no ceo san de sondear las misteriosas profundidades de su genio, comentando, estudiando y discutiendo cada una de sus cualidades. y su caudal parece inagotable.
3. Obra literaria. Está formada (prescindiendo de las posibilidades de la Appendix Vergiliana) por las Bucólicas, las Geórgicas y la Eneida, es decir, por los poemas de los pastores, del campo y de los héroes, como el mismo poeta había resumido en su presunto epitafio: Mantua me genuit, Calabri rapuere, tenet nunc / Parthenope: cecini pascua, rura, duces. En su conjunto, esta obra. a pesar de sus diferencias en temas y propósitos, ofrece como rasgo común la voluntad de someter una enorme erudición (histórica, mitológica, científica, filosófica, religiosa), contra lo que pudiera tener de árida, a una inspi. ración elevada ya -una excepcional sensibilidad poética. Este fenómeno no excluye de la obra los términos de una evolución: antes bien, los reclama. Desde un principio, en la línea alejandrina del "arte por el arte", v. canta hermosos paisajes y sonrientes episodios rústicos, aunque aliente debajo de ellos, gracias a las represeno taciones alegóricas, la realidad de sus días: así nacen las Bucólicas. La realidad se hace más apremiante con las perturbaciones suscitadas por las guerras civiles; se siente la necesidad de una restauración social y económica, basada en la antigua uirtus y en la riqueza agrícola del suelo itálico: es la reacción presagiada por las Geórgicas. Brotan y se desarrollan así los grandes problemas nacionales: la Eneida encarnará todas las aspiraciones de unos ciues que se enorgullecen de ser romanos.
4. Las "Bucólicas" (del gr. boukoliká ’cantos de boyeros’ en los concursos poéticos sicilianos).
a) Contenido. Son una colección de 10 poemas compuesto sentre el 41 y el 37, quizá a instigación de G. Asio nio Folión: se designan con el nombre griego de Eclogae (trozos escogidos) entre los gramáticos y los editores. El orden de publicación, que no corresponde al de la redacción, ha dado lugar a muchas hipótesis: puede sosteo nerse que se relacionan de dos en dos "en círculos", según el esquema I-IX, II-VIII, III-VII, IV-VI, constituyendo alrededor de la V, centro del libro, una serie de enlaces concéntricos y, de valores aritméticos (basados en la mística pitagórica de los números), como etapas de un itinerario espiritual del hombre sobre la tierra. Las bucólicas V y X (añadida ésta, al parecer, en una "reedición" ) son los dos polos, el eje, el vértice y la base de la obra: la V celebra la apoteosis de Dafnis (posible personificación de Julio César), cuya contrapartida es el Galo de la X, excluido por su insanus alnor (X 44) del paraíso de la Arcadia. En torno de la bucóli ca V, especie de superación del género bucólico por la vida interior, se agrupan simétricamente las ocho restantes. Las bucólicas I y IX evocan .los "sufrimientos de la tierra", como un eco de las angustias que los desórdenes civiles y los estragos de la historia multiplican en el mismo umbral de la vida humana, de la vida bucólica, atacando a los hombres desde su raíz, en sus bienes: se le disputa a Títiro su propiedad; Menalcas y Melibeo tienen que abandonar sus tierras ocupadas por un extraño. Hay que ahogar la pesadumbre en la vida interior. Las bucólicas II y VIII contienen los "sufrimientos del amor" ; pero el drama personal es tan triste como la tragedia poética. Coridón, el músico de la 11, no canta porque su amor no es correspondido; la consternación de los protagonistas de la VII, Alfesibeo y Damón, es aún más intensa. No se logra, en estas circunstancias, el acceso a la vida superior: hace falta una liberación, que vendrá de la música y de los goces estéticos. Con las bucólicas III y VII alcanzamos ’un punto luminoso: Menalcas y Dametas, los pastores de la 111, y Coridón y Tirsis, protagonistas de la VII, en la amable contienda de sus cantos "amebeos" (o alternados), cincelan versos artísticos, recuerdan tranquilos amores, pretexto para versos extremadamente armoniosos. Nos hallamos en el corazón de la pastoral divina, en un pequeño mundo que se perfila en Teócrito y se abrirá radiante en la Europa del s. XVI. Pero V. quema pronto esta etapa episódica y toma una dirección de más altas cimas. La irradiación, en efecto, de la música pastoral se dilata singularmente en las bucólicas IV y VI, hasta los límites del universo y de la historia. Por un lado, Sileno, en la VI, se adentra en el pasado monstruoso y describe los castigos que cayeron sobre los primeros crímenes del género humano; por otro, V. predice a G. Asinio Polión el retorno de la edad de oro gracias al nacimiento de un niño de origen divino (no su hijo mayor, como pretende la tradición, sino quizá M. Claudio Marcelo, el hijo de Octavia, la hermana de Augusto).
b) Significado. Aunque V. tomara por modelo los Idilios rústicos del siracusano Teócrito, refleja en sus Bucólicas una agudísima sensibilidad nacional: la decoración bucólica ha sido, en realidad, sólo el pretexto para expresar, más allá de las aspiraciones al tranquilo horizonte de la vida rústica, todos aquellos factores que la actualidad de Italia y la realidad personal del poeta podían ofrecer en su más firme sinceridad. Sirviéndose de la contaminatio con extrema libertad, V. transforma el modelo y lo adapta a sus postulados: bajo el ropaje de las alegorías, hace salir a la escena personajes de sus días; los pastores convencionales se convierten en labriegos auténticos y humanos; el paisaje, tan pronto cisalpino como campaniano, responde a una de las invenciones míticas y naturales más características de V .: el de la Arcadia, aquella mágica palabra con que el poeta enriqueció para siempre la imaginación humana. Todo tiene un tono itálico, a veces algún acento épico. El poeta, seguro ya de sí mismo, podía medir sus fuerzas en una obra de mayor envergadura: las Geárgicas, la epopeya del trabajo.
5. Las "Geórgicas"o Poema didáctico, en 4 libros, dedicado a Mecenas, las Geórgicas no representan sólo una exaltación de la Italia rústica, sino una obra de actualidad que, tras la guerra civil, favorece el programa de la política de Augusto: retorno a la tierra y restauración de la religión tradicional. El esquema de las Geórgicas es, en sus líneas esenciales, muy sencillo: el I canto, con una invocación a los dioses tutelares de la agricultura ya Octavio, está dedicado al cultivo del campo (procedimjentos, calendario, meteorología); el 11, a la arboricultura y la vinicultura; el 111, precedido de otra invocación a Augusto, trata de la cría del ganado (mayor y menor), así como de la epizootia; el IV, después de una súplica a Mecenas, de la apicultura, tema tan importante a la sazón, ya que la miel reemplazaba al azúcar. Virgilio sacó su información de las mejores fuentes y no raramente de su experiencia personal. A fin de evitar la monotonía, inherente a todo desarrollo técnico, el poeta ilustra su obra con la inserción de brillantes episodios, nunca forzados: recordemos los presagios de las guerras civiles (1464-497), el elogio de Italia y la vida campestre (11 136-176), la descripción de la vida de los nómadas de Libia, contrapuesta al vivir sedentario de los escitas durante la noche invernal (111.339-383), y especialmente la historia del anciano. de Tarento (IV 116- 148) y la leyenda de Aristeo (destinada a sustituir un elogio de Galo, caído en desgracia), en cuyo interior el mito de Orfeo y Eurídice (IV 315-558) revela la esperanza mística en una: resurrección. Al conjugar estos elementos con una exposición admirable de los temas (cuadros matizados, hermosas imágenes, poesía íntima, don del sentido dramático y de los valores míticos), V. consiguió una unidad de inspiración que hace de las Geórgicas uno de los poemas más logrados de la Antigüedad, impregnado de espíritu profundamente religioso y nacional, de vivo sentimiento de la Naturaleza y de simpatía sincera por los humildes. De este modo, con su epopeya del trabajo, V. rivaliza con Lucrecio y penetra en el mundo épico.
6. La "Eneida". Ciertas expresiones contenidas en las Geórgicas (111 16-39. 46-48), e incluso en las Bucólicas (IV y VI 3-5), hacían presentir en V. desde mucho tiempo atrás la idea de afrontar un poema heroico de argumento romano. Por tanto, el periodo de la vida del poeta, del 30 al 19, reservado por la tradición a la Eneida, debe de ser el destinado a la redacción del poema. La Eneida, convertida inmediatamente en epopeya del pueblo romano, es esencialmente la glorificación de la doble idea nacional y dinástica, de la que quiso hacer Augusto la base moral más sólida de su régimen: la idea nacional era un tema sólo renovado; no así la idea dinástica, encarnada en Augusto, cuyo punto de apoyo lo forma el origen divino de la gens Julia (descendiente de lulo, hijo de Eneas, hijo éste a su vez de Anquises y Venus), idea nueva. Con todo, no es explícitamente Augusto el núcleo central del poema, sino Roma, con sus virtudes tradicionales: sentido de la organización, don de la autoridad, sentido del deber, civismo. De este modo V. se vio obligado a manipular, hasta fundirlos, mediante tratamientos concéntricos, tres grandes temas: un bloque de leyendas, un resumen de historia romana y el relato de episodios contemporáneos. Al solucionar este problema, en un alarde casi milagroso de facultades, demostraría el poeta su verdadero genio.
La tradición referente a la huida de Eneas a Italia, elaborada por la adulación de los griegos y el orgullo romano, era ya viva en la conciencia colectiva y había sido establecida por la Literatura (Nevio, v ., Ennio, v ., Varrón). V. amplía las posibilidades de la leyenda, uniéndola estrechamente con Cartago y su reina Dido, hasta formar con el- "episodio púnico" el primer ciclo (I-V) de su poema, cuyas etapas, regidas por un comienzo in medias res, son las siguientes: paso de la flota troyana, a causa de una tormenta provocada por Tuno, de Sicilia a Cartago (1); relato de Eneas a la reina Dido (11: última noche de Troya; 111: viaje); drama amoroso de Dido y Eneas (IV); juegos de Sicilia en honor de Anquises (V). Por otro lado, V. desarrolla ampliamente la llegada del héroe troyano al Lacio gracias a su profundo conocimiento de las antigüedades romanas y construye con las aventuras guerreras de Eneas o "episodio itálico" el segundo ciclo (VII-XII) de la epopeya, que comprende estas partes: acogida de Latino, rey del Lacio, a Eneas, a quien promete su hija Lavinia, a pesar de la oposición de su mujer, Amata, que la había prometido a Turno, rey de los rútulos (VII); visita de Eneas a Evandro, que le hace presentir el emplazamiento de Roma, y fabricación, por Vulcano, del escudo de Eneas (VIII); ataque de Turno, con el episodio de Niso y Euríalo (IX; regreso de Eneas con los etruscos, sus aliados, y muerte de Palante y Mezencio (X); tregua, ataque de Eneas a la ciudad de los laurentes y heroísmo de Camila, reina de los volscos (XI); duelo entre Eneas y Turno, triunfo del héroe troyano (XII); El primer ciclo, dedicado a los viajes de Eneas, tiene su precedente "externo" en la Odisea; el segundo, ocupado por las guerras y las coaliciones, en la Ilíada. Entre ambos ciclos, el libro VI, con la bajada de Eneas a los Infiernos (donde Eneas saca de la visión de la futura grandeza de Roma, mediante un mito platónico o neopitagórico, el valor necesario para afrontar su misión), representa la cima del poema o, si se quiere, la puerta que se levanta, permitiendo el acceso, hacia ambos episodios.
La psicología de Eneas, bastante compleja, no reproduce la del héroe hornérico: no es el héroe todo de una pieza, sino un carácter en constante evolución. Rey y sacerdote, piadoso y sesudo (pius, grauis), simboliza no sólo a Augusto sino al genio romano. Casi todos los otros héroes (Turno, Mezencio, Camila) encarnan la oposición y participan del valor alegórico que predomina en el poema. Los dioses de V ., muy diferentes de los de Hornero, intervienen en la acción (Tuno, Venus, Túpiter) y están todos sometidos al fatum, ley del universo. Todo el poema es una exaltación de la piedad, indisolublemente unida con el patriotismo: de esta dualidad procede la maravillosa unidad de la Eneida. Ambas virtudes se fundan en el culto del pasado y en el conocimiento apasionado de la historia de.. Roma ( cuyos momentos culminantes aparecen grabados en el escudo de Eneas, con la b’atalla de Accio en su parte central, donde Octavio aparece como el heredero de Eneas: VIII 618-731). Aunque se inspirara en Hornero y en los antecesores romanos, V ., entusiasmado con un argumento que respondía plenamente a las preocupaciones dinásticas y nacionales de Augusto, logró hacer de una epopeya casi "erudita" un relato popular y singularísimo, precedente de la novela moderna: en él los romanos, como los griegos en Hornero, aprendieron a leer durante muchas generaciones, a conocer sus antepasados y sus glorias, a nutrirse de patriotismo e ideales, a creer en una fuerza providencial que regía el Imperio.
MIGUEL DOLÇ
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