Virginidad REL. NO CRIST.
Categoria:
Religión No Cristiana
I. RELIGIONES NO CRISTIANAS. Introducción. Por v. (del latín uirginitas), se entiende según la acepción de la R. Academia la entereza corporal de la persona que no ha tenido comercio sexual. Al tratar de la v. en este artículo debe tenerse en cuenta que su sentido se interpreta también como la renuncia -temporal o peruetua, libre o impuesta- al matrimonio (v.), asimilándose así al concepto de celibato, aunque dista, en muchos aspectos, del concepto cristiano de castidad (v.), celibato (v.) o v. (v. II y III).El aprecio de la v. y de la castidad como un ideal -muchas veces inasequible- de disposición para el trato con lo divino es universal a todas las religiones: "Los dioses aman la castidad" (Tíbulo, Elegías, X1,1,2, 14), y "la ley manda que se acerque uno a los dioses castamente" (Cicerón, De Legibus, 11,10,24). Pero si el aprecio es universal, la práctica dista mucho de serlo, debido tanto a la debilidad inherente a la naturaleza humana, que las religiones reconocen, como al deseo de tener hijos, considerados frecuentemente como el mayor bien.Decíamos que la v. se consideraba como la disposición ideal para la unión íntima con la divinidad. Ello explica que algunas religiones que no imponían la v. la exigieran no obstante durante los años que se dedicaban las mujeres al servicio del templo, como el casó de las vírgenes mayas y aztecas, vestales romanas (v. VOTO RELIGIOSO I; ROMA V); e igualmente que se practicara castidad en los periodos en que especialmente se buscaba la iluminación interior (brahmanes en su estado de novicios o brahmacarin, y en su cuarto estado o asrama, tras tener hijos). Pueden ser ilustrativos a este respecto algunos ejemplos que muestran la importancia dada a la v. en las relaciones de los humanos con los dioses: En Babilonia, en el piso último del zigurat de Bel, se hacía dormir a una virgen que se consideraba como su esposa, y que por ser tal, no podría unirse a ningún hombre mortal; la misma costumbre se daba en Egipto, en el templo de Amón, en Tebas, donde se la llamaba "la divina consorte"; los pies negros, algonkinos, hurones y otras tribus norteamericanas, en determinadas fiestas especialmente solemnes se servían de sacerdotisas que fueran vírgenes -aunque más tarde se casaran-; los egipcios ofrecían al dios Nilo una virgen como esposa, que era arrojada al río ataviada como una novia, y lo mismo hacían los chinos en el río Amarillo; los baganda tenían un grupo de vestales, que consideraban como esposas de Mukasa, dios del lago Victoria; el Sumr Sacerdote de los zapotecas (Sur de México) -al igual que todos los demás sacerdotes de ese mismo pueblo- estaba sometido a continencia; etc.Religiones que recomendaban la virginidad. Entre las religiones que oficialmente establecieron -a veces hasta impusieron- y practicaron la v. perpetua, destacan, entre otras, los antiguos peruanos, los aztecas, los guanches de Canarias y los maniqueos. Dedicamos un apartado especial al budismo.a) Incas. En el Perú incaico (v. INCAS II), existía la institución de las "vírgenes del sol"; el reclutamiento no era voluntario: un delegado del Emperador recorría las aldeas, recogiendo las niñas de 10 años que encontraba más hermosas y agraciadas: todas eran concentradas en una especie de comunidad aneja a cada templo al sol, donde eran esmeradamente educadas en régimen de total internado, y con obligación muy severa de guardar castidad hasta llegar a la edad núbil: eran las "mujeres escogidas" -acllas o acllacuna-, de las que cuidaban las ya definitivamente consagradas, o mamacuna. Al llegar a la edad núbil, el Emperador escogía parte de ellas y daba otras como esposas a los principales nobles; el resto quedaba definitivamente consagrado al servicio del dios Inti o Sol, de cuyo culto cuidaban, viviendo v. perpetua. El número de estas "vírgenes del sol" era muy grande. Baste pensar que en Cuzco había tres grupos y que sólo en el gran templo de Coricancha afirman los cronistas que había más de tres mil.b) Aztecas. Entre ellos había sacerdotes casados y célibes. Existían también colegios de sacerdotisas, vinculadas a los templos; mientras servían en ellos eran condenadas a muerte si se descubría que habían faltado a su virginidad. Pero, llegadas a edad núbil, podían, si querían, dejar el servicio del templo y casarse. El régimen de esos colegios, y la educación que allí se daba, corría a cargo de las que voluntariamente se quedaban al servicio del templo y renunciaban a casarse. La frecuencia de la v. es aquí menor que en el Perú, pero más claramente voluntaria cuando se daba. Institución análoga había entre los mayas (v.), aunque entre éstos no consta si había quienes se comprometían a v. perpetua.c) Guanches de Canarias. Entre los guanches consta la existencia de sacerdotisas al menos en las islas de Fuerteventura -donde gobernaban- y en la de Gran Canaria. En esta última, al lado del sacerdote, había una mujer sacerdotisa -aún más importante que él-, bajo cuya autoridad suprema había todo un colegio de sacerdotisas que cuidaban, de la educación de las niñas y de la custodia de las provisiones del pueblo. Se las llamaba maguadas o harimaguadas, guardaban castidad, gozaban derecho de asilo, y tomaban parte destacada en la ceremonia destinada a obtener la lluvia por la oración al ser supremo Abora; las candidatas se suscitaban de entre las mismas niñas que educaban.d) Maniqueismo (v.). Entre los maniqueos, la castidad perfecta era exigida a todos los "elegidos", únicos que podían salvarse a la muerte, pues los "oyentes" sólo lograban, con su ayuda a los "elegidos", prepararse para la salvación en futuras reencarnaciones, en que acabaran siendo "elegidos". La exigencia, pues, de la v. era imprescindible para la salvación. Esos "elegidos" comían sólo una vez al día; muchos de ellos llevaban vida comunitaria; otros, vida ambulante de peregrinos que predicaban la doctrina maniquea. El mismo Manes, su fundador, practicó la v. toda su vida.La virginidad en el budismo. Buda (v.), inicialmente, sólo instituyó el monacato masculino; sólo a instancias de su tía -que le había criado-, y de su discípulo predilecto Ananda, acabó accediendo a fundar también el correspondiente grupo femenino. El celibato es la piedra angular de la vida monástica budista; reglas meticulosas determinan el trato que el monje ha de tener con las mujeres. Se atribuye a Buda, ya en su lecho de muerte, este diálogo con Ananda: Ananda: "¿Cómo debemos comportarnos con las mujeres?" El Maestro: "No verlas". Ananda: "¿Y si hemos de verlas?" El Maestro: "No hablarlas". Ananda: "¿Y si hemos de hablarlas?" El Maestro: "Tener vuestros pensamientos severamente controlados".Esta actitud frente al celibato como absolutamente necesario al monje duró cerca de mil años, en que empezó su relajación parcial. Hacia el 500 p. C. se mencionan ya monjes casados en el Kashmir. Hacia el 830 el Tantra sanciona el matrimonio de los monjes en toda la zona de su influencia. En Tibet fue introducido el budismo ca. 770 p. C. por el monje Padma Samdhova, que no sólo se casó con una princesa tibetana, sino que introdujo el matrimonio entre los monjes: el matrimonio siguió en el lamaísmo tibetano hasta que el reformador Tson k?apa (1357-1419) impuso el celibato a todos los monjes; pero actualmente es poco observado..Tanto el Hînayâna como el Mahâyâna han mantenido la obligación del celibato como algo esencial al monje. Fue precisamente este celibato la causa de las persecuciones más violentas que hubieron de soportar en China. En el decreto persecutorio del emperador taoísta Wu (845 p. C.) contra nestorianos, mazdeos, maniqueos y budistas, se dice de estos últimos que "los hombres dejan sus esposas para vivir en celibato" en los monasterios, y se afirma que había en China 250.000 monjes y monjas budistas (Vannicelli, o. c. en bibl., 540-541). Mientras nestorianos, mazdeos y maniqueos fueron arrollados en esta persecución, el budismo salió de ella más floreciente. La única excepción en el budismo mahâyâna es la secta Shin del Japón -la más numerosa e importante en este país-: la fundó hacia el 125.0 p. C. Shonin Shinran, tras una revelación de la diosa Kwannon, que le dio el consejo de romper sus votos monásticos para casarse con una princesa: en los monjes de su secta es lo ordinario el matrimonio aunque se autoriza también el celibato.La virginidad en, el’ Islam. Respecto al Islam (v. ISLAMISMO), no sólo no aconseja la v., sino que más bien la condena, o al menos, oficialmente, la mira con antipatía: "El matrimonio fecundo es una obligación religiosa, y el celibato una anomalía inaceptable: tal es la doctrina del Profeta" (Vincent, o. c. en bibl., 248); "El matrimonio es en cierto modo obligatorio para todo musulmán; un celibatario endurecido es muy mal visto por sus correligionarios: la ley le prohíbe dirigir las plegarias en común; 61 es considerado como un mal musulmán" (Pellegrin, o. c. en bibl., 64).Esta actitud de la religión oficial hace que el movimiento místico sufí (v.), aunque insistiendo en la necesidad de la renuncia absoluta a "todo lo creado", lo que lógicamente implica también la renuncia a la esposa, silencia casi siempre esta renuncia, no mencionando a la esposa: actitud necesaria para mantenerse en la ortodoxia y evitar persecuciones. Pese a todo, en esos ambientes sufíes y místicos, brotó el celibato y la v. (p. ej., los casos de la liberta Rabi’a al-Adawiya, su compatriota Rabah Ibn’ Amr Qysi y el más famoso: al-Hallaj).V. t.: CASTIDAD I; VOTO RELIGIOSO I.ANTONIO PACIOS.
BIBL.: M. BRILLANT y R. AIGRAN, Histoire des religions, 5 vol., París 1953 ss. (con estudios de: L. BAUDIN, La religion de 1’empire des Incas, vol. V; I. SOUSTELLE, La religion des Aztèques, vol. V,, A. VINCENT, L’Islam, vol. V); C. DELLA CASA, Jainisme, en Historia Religionum, II, Leiden (Brill) 1971; A. SCHIMMEL, Islam, en ib.; F. KONIG (dir.), Cristo y las religiones de la tierra, 3 vol., Madrid 1961 (con trabajos de H. CH. PUECH, La religión de Mani, II, 469-525; D. J. WOELFEL, La religión de los Canarios, 1,451-468); H. RINGGREN y A. V. STROM, Les religions du monde, París 1960; I. ALDEN MASON, The Ancient Civilizations of Peru, Londres 1957; J. ALDEN WILLIANSS, Islamismo, Barcelona 1961; E. CONZE, Bouddhist Scriptures, Londres 1960; ÍD, Le Bouddhisme, París 1952; L. D. CUSCOY, El libro de Tenerife, Sta. Cruz de Tenerife 1961; F. GUIRAND, Mitología general, Madrid 1960; A. PELLEGRIN, L?Islam dans le Monde, París 1950; H. CH. PUECH, El maniqueísmo. El fundador. La doctrina, Madrid 1957; P. L. VANNICELLI, La religione e la morale dei Cinesi, Nápoles 1955.
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