Vicente de Lerins, San
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Biografía GER
Padre de la Iglesia del s. V. Se poseen escasos datos sobre su vida; sólo los de una breve noticia que le dedica Genadio (De viris illustribus, 64; PL 58,1097-98) y los que se desprenden de su obra más importante: el Commonitorio. Por Genadio sabemos que era de origen francés, sacerdote en el monasterio de la isla de Leríns (llamada hoy de San Honorato), docto en la S. E. y en el conocimiento de los dogmas, y que con el seudónimo de Peregrino compuso un tratado contra los herejes. Genadio narra también que compuso otra obra de tema análogo, cuyo manuscrito fue robado, por lo que elaboró un breve resumen, que sí se conserva. Muere en el reinado de Teodosio y Valentiniano, poco antes del 450. EJ Commonitorio está escrito tres años después del Conc. de Efeso, es decir, el a. 434.Sólo dos obras se le atribuyen con certeza: El Com" monitorium primum, cuyo título más antiguo es De Peregrino en favor de la antigüedad y universalidad de la fe católica contra las profanas novedades de todos los herejes, y el Commonitorium secundum, recapitulación del libro que fue robado. Se le atribuye también una otra titulada Objectiones lerinianae, cuyo contenido conserva Próspero de Aquitania (Pro Augustino responsiones al capitula objectionum vincentianarum: PL 51,177-186), y un florilegio de frases de S. Agustín concernientes a los misterios de la Santísima Trinidad y de la Encarnación, que conserva el Cod. 151 de Ripoll bajo el siguiente título: Excerpta sanctae memoriae Vincentii lirinensis insulae presbyteri ex universo beatae recordationis Augustini in unum collecta.
El Commonitorio. Este pequeño libro, lleno de vigor y ciencia, ha atraído la atención de los estudiosos sobre todo a partir del s. XVI, y sus afirmaciones han sido muy tenidas en cuenta en momentos de confusión doctrinal, desde las polémicas entre protestantes y católicos del s. XVII hasta la crisis modernista, porque en él se encuentra un excelente testimonio cristiano y respuesta ante los riesgos de escepticismo y de relativismo teológico. En efecto, los temas claves del tratado son: fidelidad a la Tradición y progreso dogmático.
a) La doctrina sobre la Tradición. Ya en la introducción V. de L. plantea su preocupación fundamental: "de qué forma -dice- podría yo discernir la verdad de la fe católica de la falsedad de la malicia herética por medio de una regla general y ordinaria" , y añade que en la lectura de los Padres que le han antecedido encuentra una doble manera de proteger la fe: "primero, por la autoridad de la ley divina (la S. E.), y después, por la Tradición de la Iglesia católica" (Comm. 2). ¿Por qué a la S. E. debe añadirse la Tradición de la Iglesia? V. de L. hace notar, presentando una larga lista de ejemplos, lo que en su tiempo era ya experiencia cotidiana: que las palabras de la S. E. pueden ser vaciadas de contenido al dárseles, generalmente con violencia, un sentido diverso del que tienen. Por ello, ofrece la siguiente regla: "Por tanto, es sumamente necesario a causa del error, que tiene tan variados repliegues, que la línea de interpretación de los libros proféticos y apostólicos sea dirigida según la norma del sentido eclesiástico y católico".
La cuestión siguiente se impone por sí misma: pero, ¿cuál es el sentido católico? V. de L. contesta con un largo capítulo en el que utiliza el término católico -universal- en toda la riqueza de su contenido: universal en el tiempo -siempre-, y universal en el espacio -en todas partes-: "Más aún, en la misma Iglesia católica es necesario velar con gran esmero para que profesemos como verdadero aquello que ha sido creído en todos los lugares, siempre y por todos ( "quod ubique, quod semper, quod ob omnibus creditum est"). Es verdadera y propiamente católico -como indica la misma fuerza y sentido del nombre- aquello que comprende universalmente todas las cosas. y esto será así si tomamos como criterio la universalidad, la antigüedad y el acuerdo unánime"Pero, ¿por qué esta importancia de la tarea de custodiar la integridad de la doctrina de la fe que se ha recibido? Porque la Revelación (v.) no es obra humana, sino de Dios, y la doctrina, un tesoro que Dios ha confiado a su Iglesia. Por esto tiene esencialmente carácter de depósito que la Iglesia debe transmitir íntegramente a todas las generaciones. A este respecto, es de capital importancia lo que declara en el cap. 22, al comentar Tim 6,20-21: "¿Quién es hoy Timoteo, sino o generalmente la Iglesia universal, o, especialmente, todo el cuerpo de los obispos, que deben poseer íntegra la ciencia del culto divino e infundirla a otros? ¿Qué significa guarda el depósito? S. Pablo dijo custódialo, a causa de los ladrones, a causa de los enemigos, no sea que, durmiendo los hombres, siembren cizaña sobre aquella buena semilla de trigo que había sembrado el Hijo del Hombre en su campo. Por eso dijo: guurda el depósito. Pero, ¿qué es el depósito? Es aquello que debes creer, no lo que has encontrado tú; lo que recibiste, no lo que tú pensaste; lo que es fruto de la doctrina, no del ingenio; lo que procede de la tradición pública, no de la rapiña privada. Algo que ha llegado hasta ti, pero que tú no has producido; algo de lo que no eres autor, sino custodio; no conductor, sino conducido. Guarda el depósito, dice el Apóstol; conserva inviolado y sin mancha el talento de la fe católica. Lo que has creído, en tu poder permanezca y por ti sea entregado a otro. Oro has recibido, devuelve oro; no quiero que me cambies una cosa por otra; no quiero que desvergonzada y fraudulentamente pongas plomo o bronces en lugar del oro; no quiero apariencia de oro, sino oro puro" (Comm. 22).
La exhortación a custodiar el depósito de la doctrina de la fe se prolonga en v. de L. en unos párrafos destinados a mostrar cómo se ha de exponer y predicar esa doctrina. En esa tarea, dice, debe cuidarse la entrega fiel y completa de aquello que se ha recibido y, al mismu tiempo, una exposición asequible y bella: "Oh, Timoteo! , oh, sacerdote! , oh, doctor! Si el divino oficio te ha hecho idóneo, manténte con ingenio y con esfuerzo en la doctrina del tabernáculo espiritual de Beseleel; esculpe las piedras preciosas del dogma divino, ajústalas fielmente; adórnalo sabiamente, aumenta su esplendor, su gracia y su hermosura. Cuando tú explicas, que se entienda con más claridad lo que antes más oscuramente se creía; que la posteridad se alegre por tu causa, al comprender mejor lo que antes veneraba por su belleza, no por su comprensión. Enseña las mismas cosas que aprendiste, de modo que aunque hables con palabras nuevas, no digas cosas nuevas" (Comm. 22).
b) El progreso dogmático. El continuo esfuerzo por trasmitir, predicar y entender lo que ya ha sido dado lleva consigo una mayor profundización en el dogma, y por consiguiente, un crecimiento en el acervo doctrinal en verdades explícitas y una mayor conciencia de cuáles son las verdades que están necesariamente conectadas con ellas. V. de L. trata de esta cuestión y habla de un progreso, de un crecimiento doctrinal, para poner de manifiesto su inserción en el proceso de la Tradición: "Quizá alguno diga: ¿no puede haber ningún progreso en la doctrina de la Iglesia de Cristo? Haya, sí, un profundo y grande progreso, porque ¿qué sería más pernicioso para los hombres y más detestable a los ojos de Dios que atreverse a prohibirlo? Mas sea de tal modo que haya progreso en lo que es de fe, pero no cambio. Pertenece al progreso que cada cosa se amplíe en sí misma; por el contrario, es propio del cambio que una cosa se transforme en otra. Conviene, pues, que crezca la inteligencia, la ciencia, la sabiduría de todos y cada uno, tanto de un solo hombre como de la Iglesia entera, a través de las épocas y los siglos; pero permaneciendo siempre en su género, es decir, en el mismo dogma, en el mismo sentido y en la misma significaci6n". (Comm. 23). Esta frase de V. de L. fue hecha suya por el Conc. Vaticano I (Denz. Sch. 3018) c) Criterio para discernir la Tradici6n. Corresponde también a V. de L. el mérito de haber formulado con precisión las condiciones necesarias para que una determinada enseñanza pueda considerarse perteneciente a la Tradición. "Sólo han de acogerse las sentencias de aquellos Padres que vivieron, enseñaron y se mantuvieron santa, sabia y constantemente en la fe y en la comunión católica; o las de aquellos que merecieron morir fielmente en Cristo, o ser martirizados felizmente por su causa. A éstos se les ha de creer de acuerdo con esta regla: aquella doctrina que todos o la mayor parte de ellos hayan afirmado en el mismo sentido, de manera clara, frecuente y constante, ésa ha de tenerse por indudable, cierta y confirmada, considerándola como una opinión unánime de los maestros. Sin embargo, lo que uno haya afirmado más allá de los demás o incluso contra todos los demás, aunque fuese confesor y mártir, eso debe considerarse como una opinión privada y personal, que nada tiene que ver con la doctrina común ni con la autoridad de una sentencia general y pública" (Comm. 23).
Por su importancia, el Commonitorio -y concreta- mente el párrafo que antecede -ha sido a veces leído e interpretado con ardor polémico, aislando algunas afirmaciones de todo el contexto con la intención de presentar como incompatibles las notas de antigüedad -señalada por el lirinense como característica de la Tradición- con toda nueva definición dogmática. Tal fue, por ej., el caso de Dollinger, quien utilizó el Commonitorio como argumento para oponerse a la definición dogmática de la infalibilidad pontificia por el Conc. Vaticano I. A este respecto, el card. Franzelin hacía notar algo que es obvio, si se toma en serio lo que el mismo Commonitorio dice en el cap. 23 sobre el desarrollo del dogma: que la expresión "quod ubique, quod semper, quod ab omnibus" no debe tomarse en sentido exclusivo, sino afirmativo, ya que no puede olvidarse que "algún capítulo de la doctrina puede estar contenido en la revelación objetiva, y puede también con el paso del tiempo, hecha la suficiente explicación y proposición, pertenecer a las verdades que deben ser creídas necesa. riamente con fe católica, porque, aunque siempre estuviese contenido en el depósito de la Revelación, sin embargo, no fue creído explícitamente siempre, en todas partes y por todos" (De divina Traditione et Scriptura, Roma 1875, 295-296).
d) El móvil del Commonitorio. V. de L. expresa en el comienzo del libro el fin que se ha propuesto: señalar el criterio que permita discernir la verdad del error en materias de la fe. A partir del s. XIX los autores se preguntan si v. de L. no tendría a la vista comb.atir una posición determinada, y más concretamente si bajo su intento no late una cierta polémica frente a la doctrina de S. Agustín sobre la gracia o al menos frente a alguno de sus aspectos. Como afirma G. Bardy (o. c. en bibl.) esta cuestión "es secundaria a pesar de su interés". La importancia del Commonitorio estriba en los criterios que recoge y formula sobre la Tradición y el progreso dogmático. Sin duda, V. de L. vive en un ambiente teñido de semipelagianismo (v .). Pero, como recuerda Benedicto XIV, en aquel momento aún no había sido sancionada la doctrina sobre este tema con el juicio definitivo de la Sede Apostólica (Litt. Apost. de nova martyrologii editione, 1 jul. 1748, n° 31). A esto debe añadirse que muy po. siblemente v. de L. no está atacando a S. Agustín, sino a la exposición de su doctrina por unos remotos discí. pulos, cuyo rigor doctrinal sería muy difícil de probar. En cualquier caso, sus Excerpta muestran la veneración que V. de L. tiene hacia el Obispo de Hipona en materia trinitaria y cristológica. Estos Excerpta, al mismo tiempo que muestran a V. de L. como "uno de los autores que mejores títulos pueden alegar como precursores del Quicumque" llevan a concluir, como dice Griffé, que la afirmación según la cual el Commonitorio habría sido escrito para atacar más o menos veladamente a S. Agustín no ofrece verosimilitud (Pro Vicentio Lirinensi, "Bulletin de Littérature ecclésias. tique", 62, 1961, 30).
L. F. MATEO SECO.
BIBL. : Ediciones: PL 50,637-686: I. MADOZ, El Cammanitorio de S. Vicente de Lerins, Madrid 1935; M. MESLIN, Saint Vincent de Lérins. Le Cammanitarium, Namur 1959; A. IUELICHER, Vincenz van Lerinus. Cammanitarium, Tubinga 1925; I. Madoz, Un tratado desconocido de S. Vicente de Leríns, "Gregorianum" 21, 1940, 88. I. MADOZ, Excerpta Vicentii Lerinensis (Estudios Onienses, la serie, 1), Madrid 1940. Casi todas esas ediciones contienen estudios sobre nuestro autor. Además: G. BARDY, Vincent de Lerins, en DTC, XV,3045-55; F. BRUNETIERE y P. DE LABRIOLLE, Saint Vincent de Lerins, París 1906 ; A. D’ ALES, La fartune du Cammanitarium, "Recherches de Science Religieuse" (1936) 334-356; I. MADOZ, Cultura humanística de S. Vicente de Lerins, en Mélanges Lebretan, I, París 1951, 461-471.
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