Venezuela. III. Historia. HIST.
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Historia
1. Época prehistórica. Puesto que los aborígenes venezolanos desconocieron la escritura, no puede propiamente hablarse de historia antes de la llegada de los españoles. Sin embargo, teniendo en cuenta los testimonios de cronistas, misioneros y conquistadores, y según los datos proporcionados por la arqueología (v. vi, 1), es posible reconstruir la época prehistórica de V. antes de su descubrimiento y conquista, para hablar al menos de las tribus que la habitaron y de su cultura en general. Debe tenerse en cuenta además que el indio venezolano es, junto con el español y el negro procedente de África, uno de los tres elementos étnicos que hán constituido la personalidad histórica venezolana. El movimiento demográfico en los s. xv-xvi produjo cruzamientos y mezcla de culturas en tal grado que no es posible reconstruir con exactitud zonas de procedencia ni establecer una distinción clara entre pueblos dominadores y dominados. Tanto en la zona circumcaribe como en la selva tropical, en el momento de la conquista, se habían producido diversos asentamientos y continuaban los movimientos de pueblos. Los territorios más densamente poblados correspondían, en la zona oriental, a Paria; por occidente, a los Andes y oeste del lago Maracaibo. En la costa del Caribe, la división entre unos pueblos y otros era mayor.Según el etnólogo Miguel Acosta Saignes, pueden distinguirse las siguientes áreas culturales en la V. prehispánica: a) Costa caribe. Abarca desde Paria hasta Borburata, y se divide a su vez en las subáreas de cumanagotos, palenques y caracas. b) Ciparicotos. c) Aravacos occidentales. Comprenden los caquetíos hasta la zona de los achaguas y otros pueblos de habla betoye. d) Jirajaras. Éstos incluyen a los ayamanes y a sus vecinos los axaguas. e) Guajiros. f) Caribes occidentales. Se consideran como tales los pemenos, bobures y motilones. g) Andes. En esta zona se sitúan los timoto-cuitas, que fueron los que alcanzaron mayor grado de cultura. h) Recolectores. Son los pueblos de los Llanos, desde el delta del Orinoco hasta los actuales Estados Portuguesa y Lara. Sus representantes más modernamente conocidos son los guaraúnos. i) Otomacos. Se incluyen los indios de este nombre, así como los guamos, taparitos. y parte de yaruros. j) Guayana.Es costumbre entre los cronistas de V. agrupar por "naciones" a los pueblos de una misma lengua y de costumbres similares. Sin embargo, dada la falta de una comunidad política entre estos grupos, el concepto de nación es muy relativo. Las relaciones existentes entre grupos de una misma "nación" eran a veces simplemente comerciales. Estaban organizados en tribus, que se confederaban en caso de guerra, como es el caso de los cumanagotos y palenques en Paria, de los caracas, etc. La autoridad suprema era el cacique, electivo o hereditario, a quien a veces asesoraba un Consejo de guerreros o de ancianos, según los casos. Por razones de herencia, también había mujeres caciques. La suprema autoridad ejercía además funciones religiosas. Tal es el caso del cacique, que era a un tiempo piache, también llamado mohán o sumo sacerdote. Pero no siempre las funciones política y religiosa recaían en una misma persona. En ocasiones, el piache era el consejero del cacique.Según la descripción de fray Pedro Simón, a fines del primer tercio del s. xvii, los pueblos recolectores de la Guajira y del Meta llevaban una vida errante. Otros, sin embargo, conocían un tipo de vida más sedentaria, basada en la agricultura. Los habitantes del actual Estado de Mérida sembraban en terrazas y practicaban el riego. A orillas del Orinoco, talaban los bosques. La unidad económica era el conuco o trozo de tierra de pequeña extensión. Con el algodón, fabricaban chinchorros y hamacas. Se alimentaban de maíz, tubérculos y raíces. La yuca se utilizaba para la obtención de cazabe en los Llanos y mañoco en las cuencas de los ríos Orinoco y Negro. La domesticación y cría de animales era frecuente: báquiro, guacharaca, paují, el llamado "perro mudo" por los cronistas, etc.Los habitantes próximos a los lagos y los ríos practicaban la navegación. Utilizaban piraguas de gran tamaño, canoas y balsas, en sus desplazamientos. Comerciaban en pieles, adornos, sal, esclavos, etc. Aunque la base del comercio era el trueque, entre los achaguas y caribes se usaba una especie, de moneda consistente en un pequeño disco hecho de concha. La vivienda variaba según las regiones y modo de vida. Las poblaciones sedentarias constituían aldeas de varios cientos de casas, circulares, de techos cónicos, en la zona del Caribe. Entre los motilones y piaroas era frecuente la casa colectiva de una sola habitación. Predominaba la familia endógama. La flecha envenenada era un arma usada en la guerra entre tribus y frente a los españoles. La antropofagia (v.) tenía un sentido ritual, tanto más cuanto más culto era el pueblo que la practicaba. En tiempo de paz, eran aficionados al juego de pelota, como en Centroamérica. Danzas y carreras completaban el cuadro folklórico-deportivo de los primitivos venezolanos, que en sus fiestas y celebraciones manejaban instrumentos de percusión (tambores, maracas) y de aire (trompetas de bambú), y bebían chicha o berría. Adoraban al Sol, la Luna y algunos animales, como el jaguar (v. AMÉRICA VI, c). En sus religiones se encuentran a veces mezcla de animismo (v.) y chamanismo (v.). La sociedad se estructuraba en dos grandes grupos: libres y esclavos. Éstas son, a grandes rasgos, las características culturales de los indígenas venezolanos que en ocasiones se enfrentaron a los españoles en una lucha encarnizada. Consecuencia de este enfrentamiento fue la desaparición paulatina de núcleos de población aborigen; otros fueron asimilados mediante el mestizaje; y algunos pocos han permanecido al margen de toda civilización, en zonas donde el europeo y su cultura apenas han penetrado. El proceso de nacionalización indígena en V. aún no ha terminado y no se conoce con exactitud la total población indígena (v. I, 2).2. Descubrimiento. El descubrimiento de V. es consecuencia del tercer viaje de C. Colón (v.), en 1498, realizado en una ruta distinta con respecto a los anteriores, por consejo del cosmógrafo catalán Jaume Ferrer de Blanes. Según J. Manzano, el descubrimiento pudo realizarse en 1494 (cfr. Colón descubrió América del Sur en 1494, Caracas 1972). V. es la primera tierra americana no insular que ve Colón, quien después de este viaje es ya consciente de la existencia de tierra firme, aunque sigue creyendo que se trata de las Indias orientales.Siguiendo la ruta de este viaje, Alonso de Ojeda (v.) llegó más al sur que Colón. Le acompañaban Juan de la Cosa (v.) como; piloto y Américo Vespucio (v.) en calidad de cosmógrafo (1499). Recorrieron la costa venezolana desde el golfo de las Perlas, en Cumaná, hasta puerto Flechado (Chichiriviche), en el actual Estado de Falcón, donde se enfrentaron a los indios. La imagen de los bohíos sobre espigones en la costa de Maracaibo movió a Ojeda, tal vez por inspiración de Vespucio, a denominar esta tierra Veneciola, nombre que se transformó en el de V. El lago de Maracaibo, descubierto el 24 ag. 1499, fue llamado lago de San Bartolomé. Seis días después, tras llegar al cabo de la Vela, en la península de Guajira (tierra colombiana que limita con V.), la expedición emprendió el regreso.La siguiente expedición, con muy pocos días de diferencia, fue la de Pedro Alonso Niño y Cristóbal Guerra, que siguieron un itinerario muy similar al de Ojeda. Llegaron antes que éste a la isla venezolana de Margarita, que había sido descubierta por Colón en su tercer viaje. Rescataron perlas y cautivaron indios, que fueron llevados como esclavos a la Península, en donde los Reyes Católicos les libertaron, devolviéndoles a su lugar de origen. En el golfo de Paria adquirieron palo brasily combatieron a los indios cumanagotos. Por el contrario, fueron bien recibidos por la población de Curiana (Cumaná), de quien recibieron gran cantidad de perlas y oro, a cambio de baratijas. También obtuvieron oro en la costa caraqueña. El 13 ag. 1500 emprendieron el regreso a España.
La expedición de Vicente Yáñez Pinzón (v. PINZÓN, HERMANOS), pilotada por Juan Quintero y Juan de Umbría, también pasó por la costa de Paria, donde fueron mal recibidos por los cumanagotos (1500). Su itinerario siguió poco después Diego de Lepe, a quien acompañaban los pilotos Bartolomé Roldán y García Galdín. Precisamente en Paria coincidió con Pinzón. En el mismo a. de 1500, Rodrigo de Bastidas (v.) recorrió la costa venezolana.3. Pacificación y poblamiento. Tras estos primeros viajes comienza lo que hoy día se entiende por colonización de un país, aunque en este caso como en otros de América no se tratara legalmente de fundar colonias. El primer gobernador en tierras venezolanas fue Ojeda, que por capitulación de 8 jun. 1501 recibió la gobernación de Coquibacoa, considerada por él isla y que comprendía la península de Paraguaná y la costa de Maracaibo. Asociado a Juan de Vergara y García de Ocampo realizó un nuevo viaje (1502), sin consecuencias colonizadoras en lo que se refiere a Venezuela. A la actual población de Coro la denominó Valfermoso.La primera fundación española en V. se denominó Nueva Cádiz (1510), en la isla de Cubagua, descubierta por Colón en 1498 (para una mayor claridad sobre esta cuestión, a la luz de las nuevas investigaciones, cfr. F. Morales Padrón, Historia del Descubrimiento y Conquista de América, 2 ed. Madrid 1971, 559 ss.). La penetración se realizó con dificultad, a causa de la oposición de los indios, que destruían cuanto podían. Hasta 1543, en que desapareció Nueva Cádiz, a consecuencia de un maremoto y de los ataques de los piratas, esta población fue centro de expansión y de actividad perlera, que atrajo la atención de muchos ’aventureros. Como buceadores en los bancos de ostras se utilizaban preferentemente los indios lucayos, que eran buenos nadadores y se les había reducido a esclavitud. El emperador Carlos V dictó unas ordenanzas (1527) para la explotación de las perlas, que hacia 1539 se centró en el cabo de la Vela. La isla de-Margarita, próxima a Cubagua, fue colonizada por el oidor Marcelo de Villalobos y sus sucesores, según capitulación concedida en 1525. De mayor interés fueron los intentos de colonización pacífica, acometidos por Bartolomé de Las Casas (v.). Por capitulación de 19 mayo 1520, se comprometió a pacificar desde el golfo de Paria hasta Santa Marta (Colombia) sobre una franja de costa de 300 leguas tierra adentro, en la que se preveía la fundación de tres ciudades. Los hombres escogidos para esta empresa fueron, en su mayor parte, comuneros de Castilla, embarcados en Sevilla el 14 dic. 1520, y que prefirieron seguir a Ponce de León a la Florida. Las Casas se encontró prácticamente solo en sus sueños de colonización pacífica. Por otra parte, en el territorio de Cumaná eran frecuentes las expediciones de rescate de esclavos indios y el enfrentamiento cruento con los españoles, con víctimas en uno y otro bando.Gonzalo de Ocampo, enviado por la audiencia de Santo Domingo, fundó Nueva Toledo en Cumaná (1521). También la audiencia de Santo Domingo envió a Jácome Castellón, que fundó Nueva Córdoba (1523). En realidad, la primera fundación realizada en Cumaná es de 1515 y se debe a los franciscanos, cuyas misiones sufrieron el ataque de los indios. Con anterioridad, en 1513, se habían establecido dominicos enviados desde Santo Domingo, que en 1515 ya habían perecido a manos de los indios. La fundación de Santa Ana de Coro, el 26 jul. 1527, se atribuye, aunque no unánimemente, a Juan de Ampués. Dos años después llegaron los alemanes. Comenzaba ya la colonización, pues hasta entonces los españoles se habían limitado a trueques con los indios y pesquerías de perlas, y a veces a trata de esclavos. Esta nueva etapa fundacional, de pacificación y poblamiento, reviste en V. caracteres diferenciadores con respecto a la mayor parte de los grandes países americanos. V. no contó con un Cortés como en México o un Pizarro como Perú. La penetración en su interior fue lenta y resultado de distintas expediciones que partieron de lugares diversos y bajo diferentes jefaturas. Esta compleja circunstancia caracterizó la historia venezolana hasta el s. XVIII y explica la división de jurisdicciones y el problema de competencias entre autoridades.La presencia de los alemanes en V. se fundamenta en la capitulación de 27 mar. 1528 concedida por Carlos V a los banqueros alemanes Welser, sus prestamistas, y según la cual se autorizaba a sus representantes Enrique Alfinger (Ehinger) y Jerónimo Sailer a colonizar V. entre los cabos de Maracapana, al E, y de la Vela, al O. Según una teoría que no comparten J. Humbert (L’occupation allemande du Venézuela au XVI siècle, Burdeos 1905) y C. Panhorst (Los alemanes en Venezuela durante el siglo XVI, Madrid 1927), Carlos V concedió esta capitulación como garantía de los empréstitos recibidos. El hecho es que los alemanes se mantuvieron en V. desde 1529 a 1546. El gobernador alemán Ambrosio Alfinger, hermano de Enrique, ejerció desde su llegada a Coro (2 feb. 1529) hasta 1533 (sobre esta cuestión v. F. Morales Padrón, o. c., 562). Le acompañaba su teniente Bartolomé Sailer. La expedición se componía de españoles en su mayor parte. A. Alfinger desposeyó de toda autoridad a Ampués, residente entonces en Coro y que pretendía la gobernación del territorio. Fundó la primitiva población de Maracaibo, a orillas del lago del mismo nombre, y se internó en la sierra de Perijá (Estado de Zulia), en el límite con Colombia, intentando inútilmente encontrar un paso hacia el Pacífico. El mismo fracaso tuvo en su búsqueda de Eldorado (v.), pero la expedición contribuyó a un mayor conocimiento del terreno y a que se extendiera el nombre de V. a toda su gobernación.Muerto A. Alfinger, probablemente en 1533, le sustituyó su compatriota Nicolás Federmann, que había sido lugarteniente suyo, era agente de la casa Welser y había recorrido la zona andina (cordillera de Mérida, ríos Tocuyo y Barquisimeto, llanos del Orinoco, etc.) en 1530-31, partiendo de Coro, según consta en su narración Viaje a las Indias del Mar Océano (Buenos Aires 1945). Los resultados más positivos de este viaje fueron el descubrimiento de Barquisimeto y el país de los caquetíos. En 1534 fue sustituido en la gobernación por Jorge Hohermut (o de Spira), qué no llegó a Coro hasta 1535. Sin embargo, Federmann continuó por su cuenta la actividad exploradora (cfr. J. Friede, Vida y viajes de Nicolás Federmann, Bogotá 1960), atravesando los llanos del Orinoco, como también lo hizo Hohermut, con la colaboración de su compatriota Felipe de Hutten y de los capitanes españoles Juan de Cárdenas y Martín González, en 1535-38. No obstante, fue de mayor interés el viaje de Federmann, que escaló los Andes. Cuando regresé a Coro, Hohermut había sido destituido dos años antes por el Dr. Navarro, enviado por la audiencia de Santo Domingo. Después del gobierno interino del obispo Bastidas, fue nombrado Hutten, en 1540, que emprendió una nueva expedición a Eldorado (1540-44). Durante su viaje, se habían sucedido varios gobernadores: el alemán Enrique Rembolt y el español Juan de Frías. En ausencia de éste, había quedado como teniente de gobernador en Coro el relator de la audiencia de Santo Domingo Juan de Carvajal, fundador de Tocuyo (1545), donde asesinó a Hutten y a Bartolomé Welser (1546). Con este crimen termina el gobierno de los alemanes. Carvajal fue castigado con la horca (1547) por el nuevo gobernador Juan Pérez de Tolosa. La concesión de V. a los Welser fue revocada por el Consejo de Indias en 1546.Paralelamente a la actividad de los alemanes, se desarrolló la de los españoles por el resto del territorio venezolano. Diego de Ordás (v.) obtuvo capitulación en 1530 para poblar desde el cabo de la Vela hasta la desembocadura del Orinoco. Como la concesión comprendía la costa de Paria, de la que había tomado posesión Antonio de Sedeño, en el mismo año, hubo disensiones entre ambos conquistadores que se resolvieron a favor de Ordás. Éste fundó San Miguel de Paria (1531), remontó el Orinoco y envió a la Guayana a Juan González (cfr. F. Pérez-Embid, Diego de Ordás, Sevilla 1950). Jerónimo de Ortal, tesorero de Ordás, continuó las exploraciones de éste por el Orinoco hasta más allá de su confluencia con el Meta (ca. 880 Km.) y recibió la gobernación de Paria (1534). En realidad fue Alonso Herrera el enviado al Orinoco (1535), en su nombre; pero esta expedición fracasó, en parte por la resistencia de los indios. Personalmente, Ortal intentó encontrar el Meta por tierra, partiendo de Maracapana. En este viaje halló un camino más corto de Paria al Orinoco.En la segunda mitad del s. XVI aumenta la actividad pobladora con la fundación de nuevas ciudades y se consigue un sometimiento progresivo de los indios. Juan de Villegas, sucesor del gobernador Pérez de Tolosa, funda Nueva Segovia de Barquisimeto (1552), la actual Barquisimeto; el nuevo gobernador Alonso Arias de Villaciudad, Valencia del Rey (1555), a orillas del lago Tacarigua; Diego García de Paredes, Trujillo (1556); el mestizo Francisco Fajardo, Rosario (1557) en el valle del Panecillo y Collado o Caraballeda en la costa (1560); Juan Rodríguez Suárez, Santiago de los Caballeros (1558), la actual Mérida, cuyo asentamiento definitivo lo realiza Juan Maldonado en 1559; Diego de Losada, Santiago de León de Caracas (ca. 1567), la actual Caracas (v.); Diego Fernández de Serpa, Cumaná (1568), en el emplazamiento de Nueva Córdoba; Juan del Thejo, Carora (1569) fundación que consolida Juan de Salamanca desde 1572, denominando a la ciudad Bautista del Portillo de Carora; Alonso Pacheco, Ciudad Rodrigo (1571), que abandonada poco después es fundada de nuevo por Pedro Maldonado con el nombre de Nueva Zamora (1574), la actual Maracaibo; Juan Andrés Varela, Altamira de Cáceres (1576), la actual Barinas; Cristóbal Cobos, San Cristóbal de los Cumanagotos (1585); Sebastián Díaz de Alfaro, San Sebastián de los Reyes (1585); el gobernador Diego de Osorio, San Pedro de la Guaira (1588), actual La Guaira; Gonzalo Piña Lidueña, Gibraltar (1592) a orillas del lago Maracaibo; Juan Fernández de León, Espíritu Santo (1593), la actual Guanare.La resistencia más enconada a la penetración española la. ofreció el cacique de los teques Guaicaipuro, en el territorio de Caracas, a quien ayudó Guaicamacuare y otros jefes indios. Vencido Guaicaipuro (1568) y otros caciques, la zona caraqueña inició una relativa vida colonial tranquila, desde comienzos del último tercio del s. XVI, distorsionada en la costa, a causa de las actividades de los piratas, y en el interior por las sublevaciones de los indios Tamanaco, Sorocaima, etc. A la sumisión de éstos contribuyó también la mortandad producida por la viruela desde 1580. La escasez de brazos para el trabajo agrícola y en las minas se compensó en parte con la importación de negros. Los indios sometidos fueron repartidos en encomiendas y agrupados en pueblos, pero aún quedaron tribus, fuera de la costa y de la cordillera de Mérida, o totalmente desconocidas o insumisas, sobre todo en los Llanos. El reducido número de españoles y una geografía díficil impidieron la total pacificación de V. hasta el s. XVIII. La baja densidad de población, excepto en los núcleos urbanos, se ha mantenido hasta nuestros días. El centro político y administrativo de V. se trasladó de Coro a Barquisimeto (1564) y de aquí, a partir de 1577, a Caracas. De esta provincia (centro y occidente venezolanos) era independiente Cumaná (o Nueva Andalucía), que comprendía la antigua Paria y el extremo oriental de la actual V. y la Guayana. Pero tanto una como otra provincia caían bajo la jurisdicción de la audiencia de Santo Domingo.4. Siglos XVII y XVIII. En el s. XVII se continúa la creación de ciudades, aunque en menor número que en la centuria anterior, y menudean los ataques de los piratas a las costas. Se fundan Nuestra Señora de la Victoria (1628), la actual Nirgua; Nueva Barcelona (1637), en el territorio de los cumanagotos; etc. Desde mediado el siglo, los misioneros (franciscanos, capuchinos y jesuitas) contribuyeron ampliamente a la tarea de pacificación y culturización del país. Levantaron pueblos en regiones selváticas y se atrajeron tribus inaccesibles para los demás. Con la expulsión de los jesuitas (1767), se despoblaron sus misiones y muchos pueblos fueron abandonados. Poco a poco, el indio desapareció,. de modo que su población a fines del s. xvin no sobrepasaba excesivamente los 100.000 hab. Resultó difícil de asimilar por su dispersión y por el concepto clasista de la época. La sociedad de la V. hispánica se dividía en españoles de la Península (estrato gobernante), criollos (propietarios de tierras muchos de ellos), pardos (mestizos y otras mezclas), indios y negros esclavos. De éstos, los había cimarrones, que no podían ocultar su condición por la marca de hierro que les delataba. Hasta 1784 no se suprimió la carimba. Los pardos venían a constituir la mitad de la población aprox. Eran odiados por los altivos criollos y se sujetaban más fácilmente que éstos a la autoridad de los españoles, que era la que prevalecía en el país. Pero no a todas partes llegaba por igual el peso de la jerarquía. Se difuminaba más, por razones geográficas, en los Llanos, donde poco a poco se formó el típico llanero indómito, trashumante, dedicado a la ganadería.Las otras dos fuentes de riqueza eran la agricultura y la minería. Se cultivaba el cacao, el algodón, el tabaco, el café y la caña de azúcar. Las principales exportaciones consistían en cueros y cacao. El monopolio de este comercio lo ejerció la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas, desde su fundación en 1728. Esta compañía, con sede en San Sebastián, tenía la obligación de abastecer de cacao a la Península e impedir el contrabando, practicado en gran escala por los inmigrantes canarios. Con el tiempo, aumentó sus prerrogativas, reducidas a las fundacionales tras la sublevación del canario Juan Francisco de León, en 1749-52, contra los abusos de la compañía, cuya intervención se había ampliado con exceso a cuestiones de política interior. La rebelión fue dominada por el gobernador Felipe Ricardos, y en ella participaron cuantos aspiraban a la libertad d comercio y a sacudirse la tutela de la compañía (cfr. F. Morales Padrón, Rebelión contra la Compañía de Caracas, Sevilla 1955). Con la libertad de comercio, extendida a V. en 1780, la compañía perdió el monopolio y. terminó por disolverse (1785).De distinto carácter fue la rebelión, en 1799, promovida por deportados españoles de la Península y criollos descontentos de las autoridades. Inspirados en la ideología de la Revolución francesa (v.), en los principios de la Ilustración (v.) y en la independencia de las colonias inglesas de América del Norte, querían sacudirse la dominación de la España peninsular. Desde tiempo atrás, los criollos, que tan sólo habían tenido acceso a los cargos municipales, conspiraban para hacerse con el poder. Los cabecillas de la fracasada conspiración fueron los desterrados Juan Bautista Picornell, Sebastián Andrés y Manuel Cortés Campomanes, y los criollos Manuel Gual, José María España y Manuel Montesinos y Rico. Éstos se pusieron en relación con Francisco de Miranda (v.), que desde Europa gestionaba la ayuda inglesa para levantar las provincias españolas de América. En el pensamiento de Miranda, V. sería el foco del que se extendería el movimiento emancipador al resto del continente sudamericano.A pesar de la conciencia de madurez de los criollos, V. era un país de reciente formación territorial, con un lento y tardío desarrollo cultural, reflejado en su devenir histórico. La única universidad existente, la de Caracas, se creó en 1721 y hasta 1784 no se separó del Colegioseminario de Santa Rosa, fundado en 1673 y del que había surgido como una rama de la actividad académica encaminada a desligarse de la jerarquía eclesiástica (cfr. J. Leal, Cedulario de la Universidad de Caracas, Caracas 1965). El hecho de que no existiera imprenta en V. hasta el s. xix puede explicar el retraso cultural"del país, en el que los escasos libros y periódicos que circulaban venían de fuera, a veces por la vía del contrabando (cfr. R. de Basterra, Los navíos de la Ilustración, Caracas 1925).Al crearse por primera vez el virreinato de Nueva Granada (1717), las gobernaciones de V. y Cumaná pasaron a depender de él (V. VIRREINATOS); y judicialmente, de la audiencia de Santa Fe de Bogotá (V. AUDIENCIAS). Pero al suprimirse el virreinato de Nueva Granada (1723), se volvió a la situación anterior a 1717 (v. 3). La gobernación de V. se independizó de la audiencia de Santo Domingo en 1731, aunque al restaurarse el virreinato de Nueva Granada, cayó nuevamente bajo la jurisdicción de la audiencia de Santo Domingo (cfr. M. T. Garrido, La creación del virreinato de Nueva Granada, Sevilla 1965). La capitanía general de V., que comprendía ya la antigua gobernación de V., Cumaná, Maracaibo, Orinoco, Margarita, Guayana y Trinidad, dejó de depender política y administrativamente del virreinato de Nueva Granada (1742), en teoría. Sobre la cuestión de si V. fue capitanía general o gobernación al mando de un gobernador que también ostentaba la autoridad militar, v. PRESIDENCIAS-GOBERNACIONES. La intendencia (v.), organizada en 1776, se extendió al actual territorio venezolano (1777). En 1786 se constituyó la audiencia de Caracas; en 1793, el consulado para toda la capitanía general (cfr. H. García Chuecos, La capitanía general de Venezuela, Caracas 1945; J. Martínez Mendoza, La capitanía general de Venezuela, "Bol. de la Acad. de la Historia" 179, Caracas 1962; E. Arcila Farias, El Real Consulado de Caracas, Caracas 1957).La poca atención que el Gobierno y los particulares prestaron a la región de Guayana, unido a las apetencias de británicos, neerlandeses y franceses sobre estos territorios, motivó la formación de colonias extranjeras, que en definitiva sirvieron para amputar geográficamente a V. en su extremo oriental (V. GUAYANA FRANCESA; GUYANA; SURINAM), para fomentar el contrabando y cercenarla en lo político. Efectivamente, desde estos enclaves sé ejerció una influencia a la que no fueron ajenos los caudillos de su emancipación y aun el grueso de las fuerzas criollas. Parecida influencia irradió Trinidad (cfr. J. Pérez Aparicio, La pérdida de Trinidad, Sevilla 1966), convertida en colonia británica en 1797 (v. TRINIDAD Y TOBAGO II), pero que hasta entonces había mantenido un cierto carácter hispánico, sobre todo en los s. XVI y XVII (cfr. F. Morales Padrón, Trinidad en el siglo XVII, "Anuario de Est. Americanos", XVII, Sevilla 1958). La expedición de José de Iturriaga al alto Orinoco (1750-60) afirmó la autoridad española en una zona poco conocida y aún más abandonada que la de Guayana. Se exploraron los ríos Apure, Caroní, Casiquiare, Guaviare, Meta, Negro y Uyapi, y se fundaron varias poblaciones: Altagracia (o Ciudad Real), Buena Guardia, CuchiYero, San Carlos de Río Negro, San Fernando de Atabapo y San José de Maipures. Colaboraron en esta expedición Francisco de Bobadilla, Apolinar Díez de la Fuente y Simón López, entre otros (cfr. D. Ramos, El tratado de límites de 1750 y la expedición de Iturriaga al Orinoco, Madrid 1946).5. Lucha por la independencia. Se ha considerado el movimiento emancipador venezolano como el resultado de la acción emprendida por la minoría mantuana (criollos latifundistas). Ello explica que un número considerable de pardos figurara en las filas del ejército realista, pues preferían el gobierno de los españoles al despótico que ya soportaban de los mantuanos. Esta realidad configura unos hechos de carácter más social que político. Da a la independencia de V. un matiz de lucha social, en la que las clases inferiores, al contrario que en otros países americanos, combaten frente a los revolucionarios. Ciertamente, la revolución venezolana no fue una revolución social, porque los que ganaron la guerra combatieron el orden político, pero dejaron casi inmóviles las estructuras sociales y aun las económicas, concebidas más bien en beneficio de la oligarquía dominante. Si en un principio no triunfó el movimiento revolucionario, se debió a la división entre sus líderes y a su escasa aceptación popular, en los comienzos. Centralismo y federalismo fueron dos ideas que enfrentaron a los caudillos de la independencia. La idea bolivariana de una federación de Estados terminó en el fracaso. La cuestión racial enfrentó a Simón Bolívar (v.) y al mulato Manuel Carlos Piar (1782-1817), que fue quien dio más carácter racial a la lucha, hasta que al fin sucumbió condenado a muerte por un tribunal de guerra.De gran eficacia en el movimiento insurgente fue la actividad de Miranda, aunque, considerado por muchos como un agente extranjero, sus ideas no fueron secundadas con entusiasmo. No entraba en los planes de los criollos cambiar el dominio español por el británico, p. ej., que era el que hubiera prevalecido, en el caso de lograr sus propósitos Miranda. La situación internacional (desde 1808 Gran Bretaña fue un aliado de España en la guerra contra Napoleón) tampoco permitió la pretendida ayuda británica a la causa de la emancipación venezolana, por la que trabajaba Miranda. Por otra parte, sus ambiciosos sueños federalistas, que luego desembocaron hacia el centralismo, no encajaban con la realidad americana. Al fracaso de su expedición de abril de 1806 contribuyeron los criollos, que en esta ocasión prefirieron apoyar al entonces capitán general Manuel de Guevara Vasconcelos. Algo parecido ocurrió en su desembarco en Vela de Coro (agosto de 1806), pues la población no secundó su llamamiento a la independencia. Sin la ayuda inglesa desde 1808, Miranda entró en contacto con los patriotas venezolanos. En ese mismo año se proclamó en Caracas a Fernando VII y dos años después se formó la Junta suprema conservadora de los derechos de Fernando VII. En esta fase, la independencia venezolana tenía un carácter monárquico que bien pronto perdió. El Congreso reunido en Caracas el 5 jul. 1811 proclamó la independencia de V., primer país de la América española que se emancipaba. En dic. se sancionó una Constitución -inspirada en la francesa y la norteamericana- que adoptaba el sistema federal para los Estados de Caracas, Cumaná, Barcelona, Barinas, Margarita, Mérida y Trujillo. Se habían excluido Covo, Maracaibo y Guayana. En feb. 1812 la capital se estableció en Valencia.Al frente de las tropas revolucionarias se encontraba Miranda, que en mayo de 1812 recibía poderes dictatoriales, pero por poco tiempo. Su capitulación ante los realistas dos meses después le valió ser entregado por patriotas al jefe de las fuerzas españolas Domingo Monteverde (1773-1832). Éste no cumplió lo pactado con Miranda (libertad de los insurgentes), por lo que sus medidas represivas aceleraron la reacción emancipadora, que desde 1813 contó con la destacada participación de Bolívar. Otros patriotas, además de Piar, pretendían la independencia por distinto camino. José Francisco Bermúdez (1782-1831) y Santiago Mariño (1788-1854) estuvieron tanto a favor como en contra de Bolívar. Lo mismo ocurrió con José Antonio Páez (1790-1873) y otros caudillos. El español José Tomás Rodríguez Boves (1783-1814), partidario en un principio de los revolucionarios, combatió luego contra ellos, al frente de los llaneros, hasta su muerte en la batalla de Urica (5 dic. 1814). Aunque defendía la causa realista, se mantuvo al margen de toda autoridad, dando a su lucha- un carácter racista y social, por odio a los criollos (cfr. A. Valdivieso, José Tomás Boves, caudillo hispano, Caracas 1955), que compartían los llaneros. Su guerra de exterminio la continuó su segundo, el canario Francisco Tomás Morales (1783-1845), quien después del triunfo de Bolívar, Mariño y Páez, en la batalla de Carabobo (24 jun. 1821), hecho decisivo para la independencia de V., mantuvo el dominio español hasta su capitulación (3 ag. 1823). Dos meses después se rendían los últimos españoles en Puerto Cabello.6. La República en el siglo XIX. A la independencia de V. contribuyeron con hombres y dinero Gran Bretaña y los Estados Unidos de Norteamérica. Este último país ejerció gran influencia en el desarrollo constitucional venezolano. Realmente, V. no consiguió su total independencia hasta 1830, año en que el congreso de Valencia decide la separación de V. con respecto a Nueva Granada, hundiéndose así el sueño bolivariano dé la Gran Colombia (v. COLOMBIA III), hecho realidad tan sólo desde el congreso de Cúcuta (1821). De 1821 a 1826 V. había sido solamente un departamento de la república de la Gran Colombia presidida por Bolívar. El ambicioso Páez tuvo que conformarse entonces con el cargo de comandante militar de una de las tres provincias en que se dividía el departamento de V., colocado bajo la suprema autoridad de Bolívar. Al dimitir éste, Páez pasó a ocupar la presidencia de la República (1830-34), que había separado de la Gran Colombia con la ayuda de grupos civiles. Con Páez comienza el gobierno de la oligarquía conservadora, que se mantiene hasta 1846, con los mandatos presidenciales de José María Vargas (1835-36), Carlos Soublette (1836-39), nuevamente Páez (1839-43) y otra vez Soublette (1843-47). Rigió en teoría la Constitución de 1830, que restringía el voto, dividía el país en 11 provincias, organizaba el Congreso en dos cámaras (de representantes y senado), abolía el fuero eclesiástico (al igual que la Constitución de 1811) y admitía la pluralidad de credos. Páez ejerció una dictadura de hecho, aunque en 1839 decretara la libertad de prensa. Trasladó la capital a Caracas, suprimió los diezmos (1833), decretó la libertad religiosa (1834), fomentó la inmigración y fundó el Banco Nacional. En 1845, España reconoció la independencia de Venezuela.A la oligarquía conservadora siguió la liberal (1846-58), que aprovechó el descontento producido por la inestabilidad económica. Antonio Leocadio Guzmán (1801-84) está considerado como el fundador del partido liberal, cuyo portavoz era El Venezolano, periódico fundado por Guzmán. Hasta la revolución federal de 1858 predominó el monagato, así llamado por los gobiernos despóticos de los hermanos José Tadeo y José Francisco Monagas (v.), que suprimieron la esclavitud (1854), favorecieron la concentración de tierras, libraron a los emancipados del trabajo obligatorio, abolieron la pena de muerte por delitos políticos y supeditaron el poder legislativo al ejecutivo. El nepotismo (v.) de la familia Monagas motivó la oposición de liberales y conservadores unidos. La revolución restauradora de Páez fracasó en 1849, pero triunfó en cambio la rebelión del gobernador de Carabobo Julián Castro (1858), que derribó al presidente José Tadeo Monagas. Durante la segunda presidencia de éste (1855-58) se promulgó una nueva Constitución (1857), más centralista, que legalizaba el gobierno dictatorial. Se ampliaba el mandato presidencial a seis años, se concedía el voto a todos los no analfabetos, y los gobernadores de provincias eran nombrados directamente por el presidente. En la reelección de éste intervenía sólo el Congreso.La convención de Valencia (1858) aprobó una nueva Constitución, según la cual el pueblo ejercía directamente la soberanía a través de las elecciones e indirectamente por medio de los poderes públicos, que se dividían en nacional (legislativo, ejecutivo y judicial) y municipal. Esta Constitución, que definía el gobierno como republicano, popular, representativo, responsable y alternativo, supuso un gran avance en el camino hacia la democracia. Municipios y provincias gozaban de mayor autonomía. La libertad religiosa favoreció la expansión de confesiones no católicas, sobre todo protestantes. La Constitución de 1858 rigió hasta 1864, año en que los federales victoriosos impusieron una nueva Constitución. Los 20 Estados autónomos en que se dividía el país se denominaban Estados Unidos de V., organizado cada uno de ellos sobre la base del sistema municipal. El mandato presidencial se reducía a cuatro años, sin posible reelección. La elección se efectuaba por votación directa. La igualdad de todos los ciudadanos para los cargos públicos supuso la eliminación de las oligarquías, pero la nueva democracia social se vio impotente para combatir el desorden y la anarquía.La revolución federal que estalló en Coro (febrero 1859) había triunfado en 1863 (acuerdo de Coche), tras cinco años de lucha. La victoria federalista era la del liberalismo democrático, que hacía suya la conciencia regionalista de gran parte del pueblo, frente al centralismo conservador y oligárquico. Caudillos federales fueron A. L. Guzmán y su hijo Antonio Guzmán Blanco (v.); Juan Antonio Sotillo, que se levantó en Oriente; Ezequiel Zamora, que combatió al frente de los llaneros; y Juan Crisóstomo Falcón (1820-70), que ocupó la presidencia de la República y fue derrocado (1868) por la revolución de J. T. Monagas. Muerto éste en 1868, fue elegido presidente su hijo José Ruperto Monagas, que en 1870 era a su vez derribado por A. Guzmán Blanco (Revolución de abril). La dictadura de éste se prolongó hasta 1888. Ocupó la presidencia de la República en 1870-77, 1879-84, a raíz de la Revolución reivindicadora, y 1886-88, pero indirectamente también ejerció el poder durante los mandatos presidenciales de Francisco Linares Alcántara (1866-78) y Joaquín Crespo (1884-86). A. Guzmán Blanco favoreció la cultura, estableció la enseñanza obligatoria y gratuita, creó escuelas, construyó los primeros ferrocarriles, estimuló las inversiones de capital extranjero, confiscó los bienes eclesiásticos (1872), realizó un censo (1873) que dio una población de 1.784.000 hab., suprimió los conventos (1874), decretó la libertad de cultos, impuso el matrimonio y registro civiles y llevó a cabo una política antieclesiástica que motivó la ruptura de relaciones con el Vaticano. Con la reforma constitucional de 1874 se implantó el sufragio universal y se fijó el mandato presidencial en dos años, sin reelección. Por la nueva Constitución de 1881, se dividía el país en nueve Estados y se creaba un Consejo federal, para la elección de presidente y vicepresidente, integrado por un senador y un diputado por cada Estado.El s. XIX termina con el triunfo de la revolución restauradora del general Cipriano Castro (v.), tras las presidencias de Juan Pablo Rojas Paúl (1888-90), Raimundo Andueza Palacio (1890-92), Joaquín Crespo (1893-98) e Ignacio Andrade (1898-99), a quien derribó. Finalizaba así una larga etapa de caudillismo que se prolongaría con nuevos matices durante el s. XX, merced al atraso cultural de un país eminentemente agrícola cargado de deudas. No habrá ya más guerras entre caudillos, pero se mantendrá el caudillismo dictatorial, que aniquila los alzamientos que caracterizaron la historia venezolana del siglo XIX.7. La República en el siglo XX. La guerra civil que provocó la Revolución libertadora del general capitalista Manuel Antonio Matos duró de 1901 a 1903. C. Castro triunfó con la ayuda de Juan Vicente Gómez (v.). Bajo el gobierno dictatorial y nacionalista de C. Castro, llamado de la Restauración (1899-1908), constitucionalmente desde 1902, se promulgó una nueva Constitución (1904), por la que V. continuaba como república federal y se negaba a indemnizar a los extranjeros por pérdidas en tiempos de revolución. Buques alemanes e ingleses bloquearon los puertos venezolanos, pero terminaron por aceptar la doctrina Drago, que condenaba la intervención armada por motivos de deuda. La política nacionalista exacerbó a los Estados Unidos, que vieron con entusiasmo la marcha a Europa de Castro por motivos de salud, y ayudaron al vicepresidente J. V. Gómez para que se hiciera con el poder (1908-35), que mantuvo hasta su muerte. Su gobierno despótico se denominó de Rehabilitación. Las cárceles se abrieron, pero lo único que cambió fue la cara de los presos, más numerosos bajo Gómez que bajo Castro. Al lema de éste "nuevos hombres, nuevos ideales y nuevos procedimientos" sucede el de "paz, unión y trabajo". La paz fue un logro de la política represiva, la unión se consiguió mediante el soborno y eliminando la oposición, el trabajo fue fruto de las explotaciones petrolíferas, que benefició a las compañías extranjeras, enriqueció a los más ricos y a los políticos en el poder, y aumentó el contraste con las clases más pobres. El primer pozo con éxito se perforó en 1913, y desde 1917 se comenzó a exportar. Los primeros intentos de explotación datan de 1878, pero las cantidades obtenidas hasta 1913 fueron escasas.La política agrícola y ganadera fue abandonadá por la petrolífera, que realmente no sirvió para elevar el nivel de vida del pueblo. Los hatos de los llanos y las grandes plantaciones de café y cacao continuaron en manos de unos pocos. La exportación de café permaneció bajo monopolio alemán. Gómez favoreció el capitalismo norteamericano y por ello pudo gobernar directa e indirectamente tantos años, aunque mantuvo la apariencia constitucional permitiendo las presidencias de José Gil Fortoul (provisional, 1913-14), Victorino Márquez Bustillo (1914-15) y Juan Bautista Pérez (1929-31), durante cuyo mandato conservó el cargo de comandante en jefe del Ejército Nacional y aumentó su afición de terrateniente, de tal modo que casi toda la tierra laborable del país pertenecía al clan de los Gómez, así como numerosos monopolios comerciales e industriales. Nadie duda que Gómez amó a V., puesto que le produjo tantos beneficios, pero le importaron poco los intereses nacionales, que supeditó al capital extranjero. Se enfrentó a varias sublevaciones, que reprimió violentamente, contando también con el apoyo de algunos intelectuales que creían en la necesidad de la dictadura fuerte. Por la Constitución de 1914 se amplió el mándato presidencial a siete años. Se construyeron carreteras, utilizando como mano de obra 38.000 presos políticos, para comunicar las propiedades de Gómez y sus amigos, lo cual benefició indirectamente al país. Durante la I Guerra mundial, V. se mantuvo neutral. De la crisis económica mundial de 1929 salió airosa, tanto que Gómez pudo pagar la deuda exterior y al morir aún dejó 200 millones de dólares a sus herederos.En contraste con esta abundancia, el trabajador recibía malos salarios y peor trato. No existían libertades individuales, la mayoría de la población era analfabeta y el Estado se preocupaba muy poco de su instrucción, pero al llegar a 1935 las estructuras venezolanas habían cambiado, a causa del petróleo. Socialmente, surgieron nuevos grupos: hijos de inmigrantes enriquecidos, militares formados en otros países y más democratizados, intelectuales no alineados políticamente pero interesados en el progreso del pueblo, obreros conscientes de sus derechos, etc. En estas circunstancias, asumió el poder constitucionalmente el general Eleazar López Contreras (1935-41), a la muerte de Gómez. El nuevo presidente, que también procedía del Estado andino de Táchira y anteriormente había sido ministro de Guerra y Marina, restableció las libertades constitucionales, puso en vigor la norma jurídica, encaminó al país hacia la democracia y permitió la vuelta de los exiliados, pero para evitar el desorden y la anarquía, que ya se manifestaban, se vio obligado a adoptar medidas drásticas y de restricción: Ley de Orden Público (1936), condena del comunismo y anarquismo, expulsión de los revolucionarios, etc. Promulgó una nueva Constitución (julio 1936) que no permitía la reelección y reducía el mandato presidencial de siete a cinco años. También creó el Inst, de Inmigración y Colonización, promulgó una Ley de Trabajo (1936) que velaba por los intereses de los obreros, instituyó los sindicatos que su predecesor había abolido, y elaboró un programa de desarrollo económico y social, que incluía escuelas y hospitales (1938). Le sucedió constitucionalmente el ministro de Defensa Isaías Medina Angarita (1941-45), "también de Táchira, que continuó el programa de expansión agrícola e industrial, respetó las libertades públicas, pérmitió el juego de partidos y la libertad de prensa, y’en la II Guerra mundial alineó al país junto a Estados Unidos y Gran Bretaña, a quienes abastecía de petróleo. El partido oficial estaba representado por el PDV (Partido Democrático Venezolano), que sustituía en el favor del Gobierno a las sociedades cívicas bolivarianas fundadas por López Contreras, cuya ideología nacionalista se basaba en la exaltación de los ideales de Bolívar. Los bolivarianos eran reaccionarios; los antibolivarianos, progresistas.
Durante el mandato de Medina se aceleró el proceso de democratización, aunque aún se mantuvo cierto personalismo; se efectuaron las reformas tributaria y petrolera, se promulgó un nuevo Código Civil (1942), se inició la reforma agraria y se modificó la Constitución (1945), admitiendo a las mujeres al voto y haciendo éste popular y directo para la elección de diputados. Pero Medina no pudo terminar su periodo presidencial. Fue derribado por un golpe militar, en el que intervino el partido de Acción Democrática (AD), nacionalista con tendencias marxistas. El AD gobernó hasta 1948 a través de la junta civil-militar encabezada por Rómulo Betancourt (v.) y el mandato presidencial del novelista Rómulo Gallegos (v.), que fue depuesto en el mismo año de su elección por la contrarrevolución dirigida por el coronel Carlos Delgado Chalband. Asesinado éste, le sustituyó al frente de la junta Germán Suárez Flamerich (1950-52). Las elecciones ganadas por la Unión Republicana Democrática (URD) no fueron respetadas por el Ejército, asumiendo el poder dictatorial el coronel de Táchira Marcos Pérez Jiménez (1952-58; v.), quien derogó la Constitución de 1947 y promulgó otra (1953). Derribado por un movimiento militar, que se hizo eco del descontento nacional y que contaba con el apoyo de las masas, gobernaron el país una junta militar presidida por el contraalmirante Wolfgang Larrazábal y otra civil al frente del prof. Edgar. Sanabria, hasta que fue elegido constitucionalmente presidente de la República R. Betancourt (1959-63), a quien han sucedido Raúl Leoni (1964-68), de AD, y Rafael Caldera (1969-73), democristiano.CARLOS R. EGUÍA.
BIBL.: Además de la citada en el texto y en los artículos sobre BOLÍVAR, MIRANDA, MARIÑO, etc., FUNDACIÓN JOHN BOULTON, Cedularios de la monarquía española relativos a la provincia de Venezuela, est. prel. E. OTTE, Caracas 1959;J. L. FRANCO Documentos para la historia de Venezuela, La Habana 1960; I. LEAL (dir.), Documentos del Real Consulado de Caracas, Caracas 1964; INST. DE FILOSOFfA DE LA UNIV. CENTRAL DE VENEZUELA, Documentos para la historia colonial de los Andes venezolanos (siglos XVI al XVIII), pról. A. DE ARMAS CHITTY, Caracas 1957; Antología documental de Venezuela 1492-1900, intr. S. R. CORTÉS, Caracas 1960; R. LEONI, Documentos presidenciales, Caracas 1968; G. MORóN, Historia de Venezuela, 4 ed. Madrid 1967; L. A. SUCRE, Gobernadores y capitanes generales de Venezuela, 2 ed. Caracas 1964; M. PICÓN SALAS, Sudamérica. Periodo colonial, México 1953; A. ROJAS, Capítulos de la historia colonial de Venezuela, Madrid 1919; J MARTÍNEZ MENDOZA, Venezuela colonial, Caracas 1965; F. J. YANES, Compendio de la historia de Venezuela desde su descubrimiento y conquista hasta que se declaró Estado independiente, Caracas 1944; G. MORÓN, Los orígenes históricos de Venezuelá, Madrid 1954; 1. J. PARDO, Esta tierra de gracia. Imagen de Venezuela en el siglo XVI, Caracas 1955; A. CAULIN, Historia de la Nueva Andalucía, Caracas 1966; P. OJER, La formación del Oriente venezolano, Caracas 1966; M. L. DE BLAY, Contribución a la bibliografía de viajes y exploraciones de Venezuela, Caracas 1964; P. GRASES, La obra de Hussey y la bibliografía relativa al siglo XVIII de Venezuela, Caracas 1962; C. Siso, La formación del pueblo venezolano, Madrid 1951; E. ARCILA FARFAS, El régimen, de la encomienda en Venezuela, Sevilla 1957; ÍD, Economía colonial de Venezuela, México 1946; J. FRIERE, Los Welser en la conquista de Venezuela, Caracas 1962; C. PARRA-PÉREZ, El régimen español en Venezuela, Madrid 1932; F. BRITO FIGUEROA, La estructura social y demográfica de Venezuela colonial, Caracas 1961; M. AcosTA SAIGNES, Estudios de etnología antigua de Venezuela, Caracas 1954; J. ESTORNOS, La Compañía Guipuzcoana de Caracas, Buenos Aires 1948; A. F. PONTE, La revolución de Caracas y sus próceres, Caracas 1960; J. USLAR PIETRI, Historia de la rebelión popular de 1814, Caracas 1962; C. PARRA-PÉREZ, Mariño y la independencia de Venezuela, Madrid 1954; F. A. ENCISO, Independencia de Nueva Granada y Venezuela, Santiago de Chile 1961; P. GRASES, La conspiración de Gual y España y el ideario de la independencia, Caracas 1949; 1. GIL FORTOUL, Historia constitucional de Venezuela, Caracas 1953-54; C. ACEDO MENDOZA, Venezuela: ruta y destino, Barcelona 1966; R. GALLEGOS ORTIZ, La historia política de Venezuela de Cipriano Castro a Pérez Jiménez, Caracas 1960; R. BETANCOURT, Venezuela: política y petróleo, México 1956
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