Van Loo, Familia HIST.
Categoria:
Historia
Aunque la familia V. L. no haya contado con artistas de primer rango, es una de las más interesantes entre las "dinastías" de pintores que tuvieron un papel destacado en la Francia de los s. XVII y XVIII, tanto por su excepcional continuidad (unos diez pintores desde principios del XVII hasta 1821) como por su carácter internacional. Oriundos de Holanda, los V. L. aparecen durante el s. XVIII en gran parte de Europa: París, Provenza, Turín, Roma, Inglaterra, España y Prusia, llamados o protegidos por soberanos. Hijo del "fundador", Joan, que vivía en Sluis, Jacobo, primero pintor de retratos en Amsterdan, se traslada a París hacia 1660 y muere allí en 1670, mientras su hijo Louis-Abraham (1656-1712), atraído por el mediodía, se casa en Provenza, pinta cuadros para iglesias y para el arsenal de Toulon, y muere en Niza. En la generación siguiente, la familia se lanza a vuelos más amplios. Jean-Baptiste (1684-1745) pasa a Italia, trabaja con éxito en Génova, Turín (para el rey de Cerdeña y el príncipe de Carignano) y Roma, reside en París de 1720 a 1734, y después de unos años en Inglaterra, vuelve a su Provenza natal y termina su vida en Aix, donde había adquirido y decorado el hermoso "Pabellón de Vendóme" (que conserva obras de la familia Van Loo). Pintor religioso en iglesias provenzales (Aix, Draguignan, Toulon), decorador en Turín, Aix y París, retratista en Turín y Londres, su fama queda algo eclipsada por la de su hermano menor Carle (Charles-André). Por la elegancia barroca de sus figuras, la soltura de la pincelada y su colorido pastoso (techo del Triunfo de los dioses, en Lenfant, cerca de Aix; Triunfo de Galatea, en Leningrado; etc.), parece el temperamento más pictórico de la familia.Sin embargo, Carle (1705-65) es el triunfador, designado por varios críticos del s. XVIII como "el primer pintor de Europa", "el Apeles moderno". Predomina en su formación el papel desempeñado por Italia, donde pasa 15 años. Huérfano de padre a los siete años de edad, es educado por su hermano mayor, a quien acompaña a Roma. Al llegar a París en 1718, su habilidad como dibujante llama en seguida la atención y le merece buenas recompensas académicas. Vuelve a Roma en 1727 como pensionado del rey. Su Cena de Baltasar triunfa en la Acad. de S. Lucca; de 1732 a 1734 trabaja en Piamonte para el rey de Cerdeña, decora el salón de Espejos del castillo de Sfupinigi y pinta frescos en Turín (Santa Croce), donde se casa con una cantante muy celebrada por su belleza e inteligencia. Otra vez en París, protegido por la Pompadour, su ascensión es ininterrumpida: decora los nuevos aposeütos de Versalles, dirige con gran éxito la Escuela de "alumnos protegidos" y termina como director de la Academia y primer pintor del rey. Durante 30 años es el pintor de moda, igual que F. Boucher (v.), pero en plan más elevado como "pintor de temas nobles".Los soberanos extranjeros, como el rey de Dinamarca y la emperatriz Catalina de Rusia, coleccionan sus cuadros; al rey de Prusia, que reclamaba su presencia en 1760, cuando ya se sentía enfermo y envejecido, le manda a su sobrino Charles-Amédée (1719-95), que hace en Berlín carrera estimable como retratista, pintor de historia y de género. Carle no fue menos admirado por los enciclopedistas que se reunían en el salón de Mme. Geoffrin, Grimm o Diderot, aunque deploraban su falta de cultura y de conversación, y su incapacidad para renovarse. La reacción llega pronto con el neoclasicismo, que le "excomulga" tan severamente como a Boucher, sin que después haya tenido el mismo desquite. Es cierto que le falta la invención, el estilo personal, "el alma"; es un brillante fa presto, virtuoso en el dibujo, colorista agradable y superficial. En su obra multiforme, los ciclos religiosos (Vida de la Virgen en Saint-Sulpice, Vida de S. Agustín en Notre-Dame-des-Victoires) como los cuadros mitológicos son la parte hueca y fría. En cambio, nos interesan: sus composiciones decorativas o de género (Merienda durante la cacería, Fontainebleau; Caza del osa Caza del avestruz, Amiens), pintadas para los palacios reales, agradables y dinámicas; sus incursiones, inspiradas por Mme. de Pompadour o Mme. Geoffrin, en los temas exóticos de moda, turcos (El tocador de la sultana, Louvre) o españoles (La lectura española, Leningrado); y sus retratos, muchas veces excelentes (Mme. de Pompadour vestida de pastora, Col. Pierpont Morgan, Nueva York; Autorretrato, 1762, Leningrado; Marqués de Marigny, Besancon; etc.).El hijo de Carle, César (1743-1821), se dedica, no sin talento, a un género hasta entonces apenas cultivado por la familia: el paisaje. Los suyos son característicos del prerromanticismo y de las orientaciones del nuevo siglo (Catedral gótica bajo la nieve, Fontainebleau).Otro V. L. interesa especialmente en la historia de la pintura en España: el sobrino y casi contemporáneo de Carle, Louis-Michel (1707-71). Pensionado en Roma, como su tío, y con él en Italia (1727-30), se había destacado ya como buen retratista cuando en 1735 le proponen la sucesión de Ranc, pintor de cámara de Felipe V, que acababa de fallecer. Louis-Michel vive 17 años en Madrid. Además de varios retratos del rey, de la reina Isabel Farnesio y de los infantes, su obra maestra es el enorme cuadro de la Familia de Felipe V, agrupada formando un friso en un salón de La Granja (1743, Prado. Boceto en Versalles), cuadro pintado con maestría, pero algo frío y monótono, que debió de servir de modelo a Goya para la Familia de Carlos IV, pero concibiéndola al revés (con eliminación del fondo decorativo, fuertes contrastes luminosos, individualización violenta de los actores). Pero Louis-Michel, en obras menos ambiciosas, como el Almirante Mayans y Sisear, que perteneció a la Col. Traumann en Madrid, aparece como el divulgador en España del retrato "intelectual" a la francesa. LouisMichel es uno de los organizadores y el primer director de la Acad. de S. Fernando, para la cual pinta el gran cuadro que conserva: Venus confiando a Mercurio la educación del Amor (1748), una de las más agradables muestras de un género algo convencional, más próxima al estilo de Boucher que al de su tío Carle.De vuelta a Francia, Louis-Michel prosigue con éxito hasta su muerte su carrera de retratista, con lo que deja testimonio de la sociedad parisina a fines del reinado de Luis XV. Sus retratos, menos "oficiales" que los de España, aunque de menor agudeza psicológica que los de La Tour, gustan por la naturalidad y la vivacidad (Carle Van Loa pintando rodeado por su familia, París, Artes decorativas; el excelente Diderot del Louvre; etc.).PAUL GUINARD.
BIBL.: A. CHÁTELET y I. THUILLIER, La peinture franpaíse, de Le Nain á Fragonard, París-Ginebra 1964.
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