Union Sovietica. VII. Filosofía. A. desde los Comienzos Hasta Principios Del Siglo Xx. FIL.
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Filosofía
Loss. La filosofía fue importada en Rusia, como en todos los ambientes culturales eslavos, con la cristianización de las regiones moscovita, ucraniana y bielorrusa. En los primeros tiempos, esta disciplina no traspasó los muros de los monasterios bizantinos y sus escuelas, en las que se educaban los futuros monjes y la élite clerical. De otra parte, no hubo creaciones originales, de modo que en el s. XVI, cuando el Occidente europeo había ya entrado de lleno en su Edad Moderna, aparecieron en Rusia los primeros brotes del pensamiento filosófico escrito. En el Stoglav (Libro de los cien capítulos), obra escrita en forma de actas referentes al Concilio moscovita de la Iglesia ortodoxa rusa (1551) por iniciativa del zar Iván el Terrible, se encuentra una comparación entre las tradiciones paganas con la verdad cristiana, y se dan razones para combatir las ideas y las costumbres del paganismo antiguo eslavo, aún vivo en la Rusia de entonces, y para subrayar la superior verdad de los principios cristianos. El resultado es una obra de tipo apologético con un innegable interés histórico y filosófico. Lo que el Stoglav fue para el pensamiento de tipo religioso, el Domostrói (Libro de la organización del hogar y de la familia), atribuido al protopope Silvester, lo fue para la vida profana, ya que contiene no sólo un código de conducta cívica, sino también una serie de consejos éticos razonados. En esa misma época, el primer renacentista de las letras rusas, Maxim Grek o Máximo el Griego (m. 1556), escribe unos pequeños tratados para corregir y remediar el caótico estado espiritual del clero ruso.El pensamiento ruso de entonces se identifica casi totalmente, en el campo filosófico-religioso, con la tradición bizantino-oriental, introducida en Rusia con la literatura eclesiástica y eclesial búlgara; y en el campo científico-profano, con el humanismo occidental europeo. Desde ese momento hasta nuestro tiempo, aunque en diferentes grados y aspectos, las tendencias de los escritores y pensadores rusos experimentan una constante bipolarización concretada en las posturas de los llamados eslavófilos y occidentalistas. Frente a la oposición de un Iosiv Volotski (s. XVI) contra las ideas "renovadoras" que se filtraban desde Occidente, se forma en Kiev una escuela que estudia la cultura latina y latinizante y especialmente el pensamiento cristiano católico. En menos de un siglo, esta escuela extiende su influjo hasta Moscú, donde Simeón Polotski (1629-80) crea la Academia eslavogrecolatina, de la que salen los primeros intelectuales rusos, hombres cultos y eruditos, aunque poco propicios a sistematizar sus ideas en estudios y tratados escritos. Una de las razones de este fenómeno se encuentra en su vacilación a la hora de tomar posiciones frente a la tradición bizantina, dominante en el campo religioso. Aun así, el protopope Avvakum (s. XVII) considera necesario llamar la atención sobre los raskolniki o cismáticos, que introducen en sus ideologías "visiones ajenas al espíritu de nuestro pueblo". A partir de entonces, de manera más clara se distinguen dos posturas: la eslavófila, identificada con el mesianismo de un espíritu puramente ruso, y la occidentalista, abierta a las influencias y logros de la civilización extraeslava.La época de Pedro el Grande y Catalina II. La tendencia occidentalista, pese a una fuerte oposición de los defensores de las tradiciones arraigadas, triunfa en la época de Pedro el Grande (1682-1725) y Catalina II (176296), que abren las puertas del imperio zarista, tanto a una concepción laica de la vida política como a la filosofía alemana y francesa de su tiempo. Pedro el Grande envía al extranjero a los intelectuales, para que conozcan el ambiente cultural de Occidente. Así Mijail V. Lomonosov (v.; 1711-65) se considera discípulo de Leibniz y Wolff, y en sus Odas filosóficas intenta desarrollar un pensamiento siguiendo las reglas del racionalismo imperante en la filosofía alemana. En el mismo sentido hay que mencionar a escritores como Vasili Tatischev (16861750), Teofán Prokovich (1681-1736) e Iván Pososhkov (1652-1726), que sin colaborar directamente en las reformas de Pedro el Grande, aportan diversas ideas a la tarea educadora del siglo ilustrado que quería desarrollar el Zar (v. ILUSTRACIÓN). Tatischev con su Historia rusa y su sistematización de las ciencias, Pososhkov con sus estudios sobre las realidades socio-económicas, y Prokopovich con sus tratados filosóficos y filológicos, aunque carentes parcialmente de originalidad, abren al pensamiento ruso unos caminos nuevos para él. Lo mismo se puede afirmar de la época de Catalina II, con la diferencia de que los eruditos rusos de entonces se orientan más hacia pensadores franceses como Voltaire, Diderot, D’Alembert y Montesquieu, que hacia la filosofía alemana. Autores como Novikov, Radichev y Fonvizin divulgan en sus obras las ideas de la Ilustración y el enciclopedismo galos, mientras D. S. Anichikov y A. M. Briancev propagan la filosofía de Bacon, Descartes y Leibniz.Como queda dicho, el pensamiento ruso de esa época es ante todo divulgador, aunque no faltan algunas aportaciones más originales, sobre todo en lo que se podría llamar la filosofía de las ciencias o epistemología. Mijail V. Lomonosov con su libro Sobre el origen de la luz y otros tratados, escritos a la manera de Newton y Lavoisier, o Nikolai N. Popovski (1730-60) y Grigori N. Teplov (1734-89) con sus obras La utilidad e importancia de la filosofía teórica y En torno al conocimiento, objeto de la filosofía, respectivamente, crean sus propias teorías científicas y filosóficas. Pese a ello, el pensamiento filosófico ruso no se desarrolla con autonomía hasta Nikolai Berdiaev (v.; 1874-1948), ya que siempre estuvo unido a las creaciones de los más destacados autores de la poética y la novelística rusas.El pensamiento romántico y personalista. Así se comprende por qué Vasili A. Jukovski (1783-1852) puede considerarse como el auténtico intérprete de los contenidos filosóficos del Romanticismo, o por qué la novelística de Feodor Dostoievski (v.; 1821-81) y León Tolstoi (v.; 1828-1910) es la más adecuada, representación del pensamiento genuinamente ruso, en un siglo de cambios socio-culturales de la Rusia zarista.Ya en la poesía de Feodor I. Tiutchev (1803-73) se encontraba una concepción del mundo expresada doctrinalmente y que, más tarde, los grandes escritores tratarán a la luz de nuevas experiencias y posturas, desde la exploración de conciencia de Dostoievski hasta la experimentación educativa de Tolstoi. El propio Vladimir Soloviev (v.; 1853-1900), autor de las obras tan originales como La crisis de la filosofía occidental, Principios filosóficos del conocimiento integral y Critica de los principios abstractos, utiliza la expresión literaria para comunicar sus sentimientos místicos, lleno de un cálido sentido de un cristiano autodidacta. Es interesante recordar a este respecto que los estudios teológicos en Rusia pocas veces fueron elaborados por los clérigos y que siempre, en forma literaria, constituyeron la preocupación de los autores seglares con o sin preparación teológica. liste es el caso de Minski (1855-1936), seudónimo de Nikolai M. Vilenskin, que con sus reflexiones sobre Las religiones en plural han muerto y nace la religión en singular intentó crear un sistema filosófico propio (el meonismo), utilizando un lenguaje exageradamente poético, hasta tal punto que fue combatido por Soloviev como un ensayista barato.En esos mismos años, Nikolai Y. Danilevski (1822-85), considerado fundador del nacionalismo biológico ruso, comienza a cultivar el campo sociológico con sus obras ¿Qué es el progreso?, La lucha por el individualismo y Rusia y Europa. Paralelamente a este pensamiento, los escritores revolucionarios como Nikolai V. Stankevich (1809-40), Alexandr I. Herzen (1812-70) y Mijail A. Bakunin (1814-76) renuncian a sus ideas eslavófilas para adaptar su agitación a diversos moldes socialistas y anarquistas. En este sentido, es especialmente interesante la figura de Bakunin (v.), quien intentó acercarse a Marx y participar en los congresos de la Internacional socialista, aunque no fue acogido por sus ideas radicales sobre el aniquilamiento de cualquier forma social y organizativa, plasmadas en muchos de sus escritos y, sobre todo, en Federalismo, socialismo y antiteologismo.Tanto las ideologías de los revolucionarios rusos emigrantes como las de Marx y Engels se infiltraban con relativa facilidad en la Rusia zarista, pese a una supervigilante censura. En varios centros universitarios y academias militares, el marxismo se convirtió en una novedad clandestina que entusiasmó a muchos jóvenes estudiantes, adversarios de la autocracia de los Zares. Uno de ellos fue el ya citado Nikolai Berdiaev. En un principio, profesó el marxismo, pero no tardó en advertir que el marxismo no daba respuestas a las preguntas más hondas del hombre. Al convertirse el marxismo en la filosofía oficial de la Revolución y del nuevo Estado soviético, Berdiaev, como otros muchos pensadores, abandonó el país. En numerosas obras escritas en el exilio, Berdiaev crea su propia filosofía existencial y personalista. Ser completamente libre significa para Berdiaev librar al hombre del mal y someterle a la justicia de Dios, a una relación que abarca no sólo al hombre "yo", sino también al hombre "el otro". Esto se alcanza no por la sola elección del bien, sino por su realización; en este sentido, la libertad tiene que ser una creación. En una línea también personalista se mueve Lev Chestov (1866-1938).B. LA ÉPOCA POSTERIOR A 1917. Primeros soviéticos. A partir de la Revolución de octubre, la filosofía marxista se convirtió obligatoriamente en filosofía oficial de la URSS. Las corrientes filosóficas precedentes fueron eliminadas de la enseñanza y a los pensadores no conformistas se les negó toda posibilidad de expresión pública a través de los medios impresos y de la enseñanza. La impronta del pensamiento ruso-marxista fue dada por Plejanov (v.; 1856-1918), A. A. Bogdanov (1873-1928) y Lenin (v.). Habiendo sido hecha una amplia exposición de este último en la voz a él dedicada, nos centramos en los otros dos. Plejanov y Bogdanov desarrollaron una interpretación del marxismo como "concepción monística de la historia". De tal monismo subrayaba Plejanov el carácter materialista; Bogdanov, a su vez, los motivos hegelianos. Este último afirma incluso que "aunque Marx haya llamado materialismo a su doctrina, su concepto central no es la materia sino la práctica, la actividad, el trabajo vivo" (Filosofija zhivoyo opyta, 3 ed. Petrogrado-Moscú 1923, 238). Consiguientemente afirma que realidad física y realidad social han de ser entendidas como un único proceso dentro del cual representan niveles de organización o puntos de vista diferentes. Bogdanov creía poder conciliar así el marxismo con la física de su tiempo, que iba abandonando una noción ingenua de materia como aquella sobre la que se habían basado las filosofías materialistas precedentes. Es la tendencia expresada especialmente en la obra Empiriomonismo (Moscú 1905), que mereció una dura crítica de Lenin en Materialismo y empiricriticismo (1909).A. M. Deborin. El primer intento de coordinar todos los elementos precedentes en un cuadro que aspiraba a ser unitario y teoréticamente fundamentado es el de A. M. Deborin (1881-1963), para quien el marxismo es la síntesis del pensamiento progresista europeo, que -dice- debe absorber en sí mismo y salvar de la necesaria destrucción todo aquello de la cultura burguesa que ésta haya tenido de socialmente válido. Tal posición tiene cierto carácter hegeliano, en cuanto que afirma que la verdad de una filosofía viene medida por su capacidad de reasumir el pasado, y por eso mismo está en cierta contradicción con la tesis marxista sobre la dialéctica (v.), para la cual la superación de las contradicciones no es una reconcialiación de los opuestos sino su total diversificación recíproca. Precisemos por lo demás que para Deborin no se trata de leer a Marx (v.) en conexión con la filosofía precedente a fin de transferir al marxismo, recuperándolos, los caracteres de esta filosofía; sino más bien de encontrar anticipados en ella los caracteres propios del marxismo. La historia de la filosofía se convierte entonces en historia de la disolución de la conciencia filosófica europea a fin de situar frente a ella el marxismo.El punto de partida de este proceso lo sitúa en Spinoza, tesis que está en estrecha conexión con la lectura del marxismo como monismo. Marx vendría a ser así el que realizó la síntesis de la filosofía materialista del s. XVIII de derivación spinoziana, con los elementos dialécticos de la filosofía alemana, alcanzando de esa forma un monismo materialístico y dialéctico. Es decir, en un primer momento Spinoza (v.) habría negado la realidad individual a partir de la unicidad de la sustancia, lo que socialmente conduce a la negación de los privilegios de los nobles para afirmar el poder igualitario del Estado. En el materialismo (v.) del s. XVIII esta crítica se convirtió en negación de los valores individuales, éticos y religiosos. Pero en Hegel (v.) se reafirmó el Estado como el fundamento concreto e histórico de la eticidad. Finalmente, Marx no se limitó, como los jóvenes hegelianos, a oponer al aspecto spinozita de la filosofía de Hegel su aspecto fichteano, sino que llevó a cabo una inversión total concibiendo la sustancia misma, es decir, la sociedad entera, como una totalidad negativa en trance de revuelta.La polémica sobre la pervivencia de la filosofía. En 1922 se desarrolló en la URSS una controversia filosófica en torno al materialismo, destinada a conferir a la filosofía soviética los caracteres estructurales que ha conservado hasta nuestros días. Se originó a partir de un artículo de O. Minin, apoyado sobre todo por Samuel S. Enchmen, en el que se sostenía que, dado que Marx habría demostrado el carácter ideológico y por ende objetivamente falso de la filosofía, esta forma de conocimiento, o mejor de pseudoconsciencia, no tenía derecho de ciudadanía en un país socialista. Intervino al año siguiente en la polémica N. I. Bujarin (1888-1938), a la sazón el mayor teórico del partido, condenando resueltamente a los que llamó "materialistas vulgares". Junto a Bujarin intervino también Deborin, que naturalmente veía en peligro, ante esta nueva tendencia, todo su programa de construcción de una filosofía socialista. Las tesis de Minin fueron abrazadas por diversos autores como Iván I. Skvortsov-Stepanov (1870-1928), Arkadi Klement Timiarazov (1880-1955), y Liubov Isaakovna Akselrod (1868-1946), que se apartaban de los materialistas vulgares en que sostenían no la simple abolición de la filosofía sino su sustitución por una especie de síntesis de los resultados más generales espigados en las diversas ciencias y en sus métodos de trabajo. Se unieron a ellos cultivadores de las ciencias naturales que temían que -dada la estructura del poder en la URSS- las ciencias perdieran su autonomía científica, puesto que la filosofía podría pretender asumir una especie de control no sólo científico, sino político, sobre la actividad de las otras ciencias.El campo de batalla teórico fue proporcionado por la edición en 1925 de la Dialéctica de la Naturaleza de Engels (v.) preparada por Ryazanov. La obra de Engels, que representa un intento por unificar los elementos hegelianos y los materialistas del marxismo, ofrecía en efecto numerosos puntos de apoyo a los dos bandos en contienda. En cierto momento se avanzó incluso la tesis de la presencia de una verdadera y auténtica rotura epistemológica en el pensamiento de Engels: hasta un cierto punto estaría lleno de prejuicios filosóficos, pero en sus últimas notas sobre el tema habría llegado a una formulación completamente científica. Deborin reafirmó incesantemente el papel de la filosofía como ciencia de la realidad complexiva de la sociedad socialista y, por lo mismo, de todo el desarrollo natural e histórico que culmina en esta sociedad. Negar esta función equivalía -dijo- a caer en la anarquía intelectual burguesa, aceptar un concepto burgués, de la ciencia y de la verdad. Las afirmaciones de una ciencia aislada, concluye, se revelan en su verdad sólo cuando a través del método dialéctica están integradas en la totalidad del saber científico.El órgano de los deborinistas fue por aquellos años el periódico Baja la bandera del marxismo (1922-44), cuyo director entre 1926 y 1930 fue el mismo Deborin. Controlaban también la Soc. de los Materialistas y de los Dialécticos Militantes, cuya meta era "organizar el estudio de la dialéctica hegeliana desde el punto de vista del marxismo".Crearon una verdadera escuela filosófica, cuyos exponentes más preclaros son Y. E. Sten, N. I. Kareev, B. N. Gessen, V. F. Asmud, I. K. Luppold, I. I. Agol, M. L. Levin, I. 1. Podvolotoski, S. Levit, F. Teleznikov, S. Novikov... El grupo adversario lo formaban, además de los nombres citados anteriormente, A. Varyash, V. L. Sarabianov, Perov, Geylikman, Z. A. Tseilitlin, etc.En la segunda conferencia pansovi6tica de los institutos marxistas de investigación marxista-leninista, celebrada en la Acad. Comunista de Moscú el 8 abr. 1929, obtuvo Deborin una victoria completa sobre sus adversarios. Éstos fueron considerados como los exponentes intelectuales de los errores políticos de Bujarin, Rikov y Tomski, que precisamente en aquellos años habían sido condenados como desviacionistas de la derecha. De este modo consiguió Deborin el control de la sección filosófica de la Enciclopedia Soviética y de la sección filosófica de la empresa editorial del Estado.Como resultado de todo ello se dio la paradoja de que después de haber afirmado el derecho del filósofo marxista-leninista a una especie de control sobre los métodos y los resultados de las ciencias, se había llegado a firmar el control del partido sobre la filosofía. De ahí que la victoria de Deborin fuera efímera, y poco después perdiera todo lo obtenido como resultado de una segunda polémica. Mientras la primera polémica, a pesar de la grave intervención en ella de consideraciones políticas y de instrumentos de lucha no propiamente científicos, había discurrido en un cierto nivel de seriedad y de empeño teórico, la segunda fue de una simplicidad apabullante.El 7 jun. 1930 apareció en Pravda un artículo de M. B. Mitin (n. 1901), P. F. Yudin y V. N. Raltsevich, que acusaba a la filosofía oficial soviética de haber descuidado su tarea política. Ciertamente -se afirmaba- había localizado y condenado las raíces filosóficas del desviacionismo de derecha, pero no había dedicado suficientes energías y empeño a la lucha contra las desviaciones de izquierda. Era una velada acusación de trotskismo. En el número de septiembre de Bajo la bandera del marxismo, los viejos redactores se vieron obligados a publicar una resolución dirigida contra ellos mismos, después de haber sido cambiada la redacción entera y haber pasado la dirección a manos de V. V. Adoratski (1878-1945), M. B. Mitin y P. F. Yudin. El 9 dic. 1930 y durante una reunión de la célula del partido del Inst. de los Profesores Rojos, Stalin en persona acusó a Deborin de idealismo menchevizante. Algunos de los secuaces de Deborin se avinieron a una autocrítica humillante y, en líneas generales, no sufrieron represalias. Otros como B. N. Gesen y Y. E. Sten mantuvieron sus posiciones y fueron procesados por actividades contrarrevolucionarias. Deborin prefirió someterse. En un largo discurso autocrítico pronunciado en el Inst. de Filosofía, en 1933, explicó sus errores y el motivo de su sumisión. No es suficiente -dijo- afirmar que la práctica es el criterio de la verdad; es preciso además adaptar la práctica real verdadera y de ahí el verdadero trabajo científico en la política del partido.Tras el original intento de Deborin por construir una filosofía marxista y su fracaso no han surgido en la URSS otros desarrollos parangonables: el pensamiento se ha subordinado plenamente a la política del partido, repitiendo las afirmaciones de Lenin (v.) o siguiendo los posteriores dictados de Stalin (v.), etc. Intentos de ir más allá de Marx y de hacer frente a las posteriores experiencias históricas, entre ellas las enseñanzas que derivan de la misma experiencia de la dictadura staliniana, han surgido sólo fuera de la URSS (v. NEOMARXISMO).El pensamiento no marxista. Al cortar las autoridades soviéticas con el pensamiento ruso precedente a 1917 (v. A) éste dejó de tener una influencia oficial en la URSS, pero no por ello murió del todo. Berdiaev, en particular, desde su exilio parisino, se convirtió en punto de referencia obligado de los emigrados rusos y también para el pensamiento no conformista dentro de la patria. Recuérdense junto a 61 a P. B. Struve (1870-1944) y Bulgakov (v.) que, tras un intento de conciliación entre marxismo y tradición nacional, se pasaron al campo de la oposición espiritualista religiosa. Estos autores han dado origen a un filón de pensamiento subterráneo, anticapitalista y antimarxista, al mismo tiempo, que ha reaparecido a veces abiertamente en la URSS posterior a 1960. En algunos casos clamorosos, la realidad de intelectuales encarcelados por haber difundido sus propias ideas en contraste con las del régimen han llegado al público occidental: Sjniavski y Daniels son un ejemplo. En otros casos, la persecución ha adoptado formas más atenuadas como en el de Pasternak (v.) o Solzhenitsin (v.). Naturalmente, los escritos de los disidentes -en los que siguiendo una tradición típica rusa, se unen literatura y filosofía- no son acogidos por las editoriales oficiales y han dado así vida a una auténtica tarea editorial clandestina que usa del ciclostil y también a veces del trabajo paciente de los amanuenses.A. DEL NOCE, R. BUTIGLIONE, LUKA BRAJNOVIC.
BIBL.: P. PASCAL, Rusia, en M. F. SCIACCA (dir.), Las grandes corrientes del pensamiento contemporáneo, 2, Madrid 1959; Y. ZAMIEATIN, Istoria ruskoie filosofie, Moscú 1911; y la citada en BERMAEV; SOLOVIEV; DOSTOIEVSKI, etc.
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