Tres Capitulos, Cuestión de los HIST.
Categoria:
Historia
Se entiende con este nombre la controversia referente a la sentencia dada contra tres autores que fueron condenados, como simpatizantes del nestorianismo (V. NESTORIO), por un decreto imperial del emperador Justiniano I (544).Precedentes de la cuestión. La controversia acerca de los t. c. va unida a la historia del monofisismo (v.) y a lapersona de Justiniano (527-65) en sus relaciones con la Iglesia y con el pontificado. El monofisismo había sido condenado solemnemente en el Conc. de Calcedonia (v.) del 451, pero todavía gozaba de gran influencia por todo el Oriente. Justiniano luchó en un principio contra los herejes buscando, sobre todo, la unidad del Imperio, pero pronto se dejó llevar por ’ los mismos, favorecidos secretamente por su esposa, la emperatriz Teodora. Por otro lado, le atraía el deseo de intervenir en los asuntos de la Iglesia, llegando a teorizar en las intrincadas cuestiones dogmáticas que por entonces se discutían. Representante auténtico del cesaropapismo (v.), se creía autorizado y hasta obligado a determinar hasta en sus mínimos detalles tanto el dogma como la disciplina eclesiástica’ haciendo que todo ello le sirviera, a la vez, para sus fines políticos. Con todo, lejos de ayudar a la unidad, sus intervenciones sirvieron para sembrar más disensiones dentro del Imperio y para ir abriendo cada vez más la línea divisoria que separaría más tarde a Oriente de Occidente (V. CISMA II). Una prueba de ello fue la cuestión de los tres capítulos.Al subir al trono Justiniano estaba en boga la disputa sobre las ideas llamadas origenistas (la preexistencia y transmigración de las almas, la apocatástasis, v., etc.) discutiéndose tanto la herejía de esas doctrinas como su atribución a Orígenes (Y.). Dos de sus más acérrimos secuaces, Domiciano y Teodoro Askida, fueron nombrados, en 537, obispos respectivamente de Ancira y de Cesarea de Capadocia, logrando el último conquistarse el ánimo del Emperador. A pesar de ello, por los peligros que suponía y a ruegos del legado pontificio Pelagio, Justiniano se decidió a condenar el origenismo con un edicto del año 542. Temiendo nuevas intervenciones imperiales contra el origenismo y con el fin de distraer de tales propósitos al Emperador, el obispo Askida reclama su atención hacia un punto que estaba todavía candente en el Imperio, el del peligro monofisita. Le manifestó que sus seguidores estarían dispuestos a unirse a la Iglesia, si se condenaran como nestorianos a algunos jefes de la escuela antioquena (V. ANTIOQUíA DE SIRIA IV) que tan denodadamente habían luchado en otro tiempo contra ellos. Concretamente, le proponían que condenara: 10) la persona y los escritos de Teodoro de Mopsuestia (v.); 20) los escritos de Teodoreto de Ciro (v.) contra S. C¡rilo (v.) y el Conc. de Éfeso (v.); 30) la carta del obispo Ibas de Edesa, dirigida al obispo Mario de Ardashir (Selcucia), en defensa de Teodoro y contra los Anatematismos del mismo S. Cirilo.Estos autores hacía ya bastante tiempo que habían muerto, si bien sus escritos merecían ser condenados. De hecho lo habían sido ya de alguna manera, dado que tanto Teodoreto como Ibas se habían retractado de ellos en el Conc. de Calcedonia (no así Teodoro de Mopsuestia, ya que había muerto antes). A Justiniano le agradó la idea, y en el año 544 (543?) promulgó un edicto, del que conservamos solamente unos fragmentos, donde formuló unos cuantos anatemas contra los t.c. (tria kefalaia), o sea, contra las sentencias y autores indicados. Dada la tendencia nestoriana de estos escritos, a nadie le podía parecer injustificada, en principio, esta sentencia. Pero en contra de ello obraba el que ya habían sido juzgados anteriormente, nada menos que por una asamblea ecuménica de la Iglesia. Por ello muchos católicos veían en la condenación una palpable violación del Conc. de Calcedonia, al que veladamente se le acusaba de haber pactado en parte con los heretizantes. Y ello, a pesar de que el mismo Justiniano, queriendo evitar que se tomara en tal sentido, había mandado que se pusiera como nota final del documento: "si alguno dijera que hemos dicho esto para abolir o excluir a los Santos Padres que se reunieron en el Concilio de Calcedonia, sea anatema".Desarrollo final: el caso de Constantinopla del a. 553. Los obispos orientales firmaron el edicto casi con unanimidad. Y lo mismo se pretendía que hiciera el papa Vigilio (537-55), pero éste se dio pronto cuenta de que, no obstante la protesta final, el decreto sobre los t.c. ib de algún modo contra el Conc. de Calcedonia, presentándose, en definitiva, como un triunfo de los monofisitas. Por otra parte, por cierto, erróneamente, en Occidente se creía que la carta de Ibas había sido formalmente aprobada por aquella magna asamblea. De momento el Papa quiso dar largas al asunto, pero como Roma dependía políticamente de Constantinopla, no pasó mucho tiempo sin que le llegara la orden de dirigirse a la capital del Imperio. Como se resistiera, fue arrebatado brutalmente de la basílica de S. Cecilia in Trastevere y embarcado para Sicilia (22 nov. 545). Llegado a Constantinopla (25 en. 547), se mantuvo firme en repudiar el edicto, pero, a fuerza de amenazas, hubo de ceder al fin, condenando con un Iudicatum los t.c., con la cláusula, sin embargo, de que siempre quedara a salvo la autoridad del Conc. de Calcedonia. Este acto llevó consigo el escándalo y la reprobación de los obispos occidentales, de los que algunos, como Reparato de Cartago, llegaron a lanzar contra él la excomunión.De acuerdo con Justiniano, el Papa tomó el acuerdo de no hablar más del asunto, en tanto no se reuniera un nuevo concilio ecuménico (550). Pero el Emperador seguía en su propósito y al año siguiente publicó otro documento, Omologia fidei, sirviéndose en parte de expresiones de Leoncio de Bizancio (v.). Ante el nuevo abuso, el Papa protestó formalmente, por lo que hubo de refugiarse, primero en una iglesia de Constantinopla, de donde fue arrancado entre befas y escarnios, y luego de la basílica de S. Eufemia de Calcedonia (25 dic. 551). Como al fin se le sometieron tanto el obispo Askida como el patriarca Menna, a quienes anteriormente había condenado y depuesto, pudo volver a Constantinopla, donde se estaba ya preparando la celebración del nuevo concilio (553). Al concilio asistieron 160 padres, todos ellos orientales, que condenaron los tres capítulos. El Papa, que no asistió a las sesiones, se negó a hacer lo mismo. Los obispos se separaron de él, aunque protestando que seguían unidos a la sede de Roma. El Papa, abandonado de todos y amenazado por la corte, hubo de ceder al fin y en un segundo Constitutum sancionó la condenación pronunciada por el Conc. constantinopolitano, que desde entonces fue admitido como el V de los ecuménicos (23 feb. 554).Los efectos de la controversia fueron fatales: por una parte, no se logró la suspirada unión de los monofisitas; por otra se dio lugar a un cisma en Occidente, provocado por varios obispos que se negaron a aceptar la solución del Papa, y que se extendería a lo largo de 150 años; y se aumentaron, en fin, los recelos y diferencias entre Oriente y Occidente. Resultado positivo es, en cambio, el acabar de completar la doctrina cristológica mediante la definición dogmática dada por el Concilio.F. MARÚN HERNÁNDEZ.
BIBL.: E. AMANN, Trois Chapitres, en DTC XV3868-1924; A. MAYER, Tre Capitoli, en Enciclopedia Cattolica, XII, Vaticano 1952, 456-460; 1. TIXERONT, Compendio de Patrología, II, Barcelona 1927, 94 ss.; C. SILVA TARoucA, Ecciesia in Imperio Romano-byzantino, Roma 1933, 158-79; Fliche-Martin, IV, 43794; HEFELE.ECLFRCQ, Histoire des Conciles, 11, París 1908, 118296; III, París 1909, 1-156; 1. SCHUSTER, Lo scisma de¡ Tre Capitoli e il rito patriarchino a Monza, "La Scuola Cattolica" 71 (1943) 81-94; A. MEIssAs, Nouvelles études sur 1’histoire des trois chapitres, "Ann. de Philosophie Chrétienne", París 1904; H. M. DIEPEN, Les trois Chapitres au Concile de Chalcédoine, Oesterhout 1953.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.