Trafalgar, Batalla de HIST.
Categoria:
Historia
Combate naval mantenido el 21 oct. 1805 entre la flota aliada hispano-francesa y la británica en aguas del Atlántico, frente a la costa española. El cabo de Trafalgar, que le da nombre, está situado en el litoral de Cádiz, muy próximo al estrecho de Gibraltar.Se halla Trafalgar en el centro de una grave coyuntura de la Historia externa de España. El reinado de Carlos IV (v.) es coetáneo de una de las épocas más críticas de la Europa moderna, la que vive la descomposición del Antiguo Régimen y el violento estallido de la Revolución en Francia. Al Gobierno de España se le planteó una difícil situación, heredada de la política de los Pactos de Familia (v.) y de la ya vieja tensión con Inglaterra en el Océano Atlántico. Tras la paz de Basilea (22 jul. 1795), fin de la guerra entre España y la Francia revolucionaria, se produce el viraje que la llevará a la alianza con el Directorio. Godoy (v.) firma el primer tratado de San Ildefonso (1796) y España entra en la lucha contra Inglaterra. El resultado iba a ser una derrota, la del cabo de San Vicente; el vencedor, Nelson (v.). Un segundo tratado de San Ildefonso, ratificado en Aranjuez, coloca a España en la órbita de los planes de Napoleón (v.). En 1802, tras la paz de Amiens, busca Napoleón la ayuda financiera espafiola por medio del tratado de subsidios y pronto hará de España una pieza capital de su sistema.La guerra se reanuda con nuevo ímpetu el ’1804. Napoleón comienza a esbozar sus planes de invasión de las islas Británicas. Para tal operación, la Armada de España es imprescindible. Napoleón cuenta con un gran ejército, pero su marina necesita el apoyo de la española para enfrentarse a la potencia naval inglesa. El plan estratégico se basa en dividir la flota inglesa, atrayendo su atención hacia las Antillas, mientras la española, unida a la francesa, atacarían a la disminuida armada británica que hubiese quedado cerca de las costas europeas. Obtenida la victoria en el mar, el ejército francés cruzaría libremente Calais, iniciándose la invasión. El genio militar de Nelson no cayó en la trampa y sus barcos quedaron en aguas europeas. La armada hispano-f ran cesa tuvo, sin duda, un mal jefe, el almirante Villeneuve, cuya carrera militar iba en declive y había perdido la confianza de sus hombres. Actuó con nerviosismo y precipitación, adelantándose la salida de la escuadra para el 18 de octubre contra lo estipulado en el anterior Consejo de guerra y a pesar de las serias y sensatas reservas con que Gravina (v.) aceptó tal decisión. Hubo para ello dos posibles razones: la noticia de un convoy inglés que se había hecho a la vela en Gibraltar, escoltado por cinco navíos y, quizá la más importante, el haber llegado a Madrid el almirante Rosilly, nombrado por Napoleón para sucederle en el mando "por su falta de arrojo y sangre fría". Este cambio de planes alteraba los deseos del emperador, que esperaba dar el golpe en el canal de la Mancha.La escuadra aliada zarpó del puerto de Cádiz entre el 19 y el 20 de octubre formada por 15 navíos españoles y 18 navíos, 5 fragatas y 2 bergantines franceses. Habían convenido dividirse en una vanguardia, al mando de Álava; un centro, con Villeneuve; una retaguardia, con Dumanoir, y una reserva, con Gravina. Pero a última hora, Villeneuve, temeroso e indeciso en el mando, ordenó virar en redondo e invirtió todas las posiciones. Con ello pretendía asegurarse la retirada en caso de derrota, para llegar a Cádiz. Las unidades españolas y francesas iban intercaladas, según deseo de Gravina que, desconfiando de Villeneuvo ’ pretendía repartir el peso de la batalla.La escuadra inglesa, bien pertrechada y diestra, respondía en sus movimientos al estudiado plan de Nelson. Iba formada en dos divisiones: Nelson mandaba la vanguardia y Collingwood la retaguardia. Se alineaban un total de 29 navíos y varias fragatas, corbetas y buques menores, dotados de 2.368 cañones. Mientras la escuadra aliada, con una marinería mal instruida y sin un plan de batalla preconcebido, dejada la iniciativa al valor individual de sus capitanes, se colocó frente al enemigo en una débil y dispersa línea, la inglesa, distribuida en dos bloques compactos, siguiendo hasta en los últimos pormenores el plan de su almirante, consiguió fácilmente abrir brecha.Es Trafalgar una suma de heroísmos individuales, rivalizando en honor y esfuerzo ingleses, franceses y españoles. Nelson, que había arengado a sus hombres con la famosa frase de "Inglaterra espera que cada cual cumpla con su deber", tras soportar el duro ataque recibido de Santísima Trinidad y del Bucentaure, cayó mortalmente herido, falleciendo después de la batalla. Una bala de cañón arrancó la cabeza al comandante del Bahama, Alcalá Galiano. Firme en su puesto de mando del San Juan Nepomuceno, Cosme Damián Churruca (v.), herido en una pierna, siguió ordenando fuego hasta morir. Cayetano Valdés, al mando del Neptuno, rebelándose contra la pasividad de Dumanoir, entró en combate abierto, luchando hasta la muerte. Gravina, que en el último momento dispuso la retirada, murió días después en Cádiz a consecuencia de las heridas recibidas. También varios jefes franceses murieron en el combate.La derrota de Trafalgar tuvo amplias consecuencias. Allí terminaron los sueños napoleónicos de invadir la Gran Bretaña, perdiendo la llave que le abriría el dominio del mar. Para España, las consecuencias fueron más trágicas. Con la pérdida de la flota, América quedaba desprotegida, a merced de los ingleses y, fuera del control de España, libre para su independencia. Los nuevos planes de Napoleón incluyeron a la península Ibérica. El desastre de Trafalgar posibilitó la invasión francesa en España.M. ESPADKS BURGOS.
BIBL.: R. MAINE, Trafalgar, la Waterloo naval de Napoleón, París 1955; M. MARLIAM, El combate de Trafalgar, Madrid 1850.
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