Traducianismo
Categoria:
Cultura
Es un modo de explicar el origen de las almas individuales, que vendrían transmitidas de padres a hijos por la generación o por medio del semen. Se opone así a la explicación real y verdadera, que suele llamarse creacionismo (V. HOMBRE III, 6), y a otras dos explicaciones falsas, la de la preexistencia (V. METEMPSICOSIS) y el emanatismo (v.). El t. admite una doble tendencia: una materialista y otra espiritualista, que dependen de la concepción del alma, como espiritual e inmaterial, o como algo "corporal" con una cierta espiritualidad no bien definida. Al t. espiritual se le podría identificar con el más tarde llamado generacionismo. El nombre de traducianistas fue lanzado por el pelagiano (Y. PELAGIO y PELAGIANISMO) Julián de Eclana, acusando de ello a algunos autores católicos como S. Cipriano y S. Ambrosio; y así lo recuerda S. Agustín (Op. imp. c. jul. 1,6: PL 45,1053).Los historiadores han visto precedentes del t. en algunos orientales, como Apolinar (cfr. Pseudo-Atanasio, Contra Apolinar, 11,8: PG 26,1143; S. Jerónimo, Epístola, 126,1: PL 22,1086), Nemesius (cfr. De anima: PG 45,206) y algún texto de S. Gregorio de Nisa (De hominis opificio, 29: PG 44,235). En realidad se desarrolló más bien entre los occidentales. Tertuliano (v.) propugnó esta teoría dándole un sentido casi "corporal" (De anima, 9: PL 2,658), sentido que el mismo S. Agustín rechazará más tarde (Epístola, 190,14: PL 22,861). No aparece claro en ningún otro, a no ser más tarde en Lucífero de Cagliari (v. ESCRITORES ECLESIÁSTICOS PRIMITIVOS, 3) y sus discípulos (S. Agustín, De haer. 81: PL 42,45); Gennadio (De eccl. dogm. 14: PL 58,984) y, según Rufino, también en Lactancio (Apol. ad Anastasium, 6: PL 21,626). S. Jerónimo niega esto último mientras que, con exageración, dice que la "mayor parte de los occidentales" son partidarios de esa doctrina (Epístola, 126,1: PL 22,1086). La verdad es que el tema aún no había sido dogmáticamente definido y subsistían dudas entre algunos autores si no lo estudiaban a fondo. Rufino así lo confiesa (1. c.) y S. Jerónimo no deja de recordarlo (C. Rufin. 111,28: PL 23,499-500).Con el pelagianismo la doctrina de la transmisión del alma de padres a hijos en virtud de la generación toma un nuevo impulso, ya que parecía ofrecer a los autores ortodoxos una fuerte base para afirmar la transmisión del pecado original (v. PECADO III,13), negada por los pelagianos. Eso explica que S. Agustín fluctúe entre creacionismo y traducianismo. Rechaza en seguida un t. material, es decir, como el afirmado por Tertuliano (cfr. Epist. 190,14: PL 33,861); pero ¿es posible un t. espiritual? Ve clara la dificultad que el t. implica; ¿cómo puede darse si el alma es realmente espiritual? Pero, a la vez, ¿cómo se compagina el creacionismo (o creación por Dios de cada alma) con la transmisión del pecado original? Si el alma viene directamente de Dios, ¿cómo explicar el pecado original, sin hacer responsable a Dios? Intenta resolver esta dificultad (ya que se inclina hacia el creacionismo) y formula diferentes hipótesis, pero sin inclinarse a ninguna (cfr. De lib. arb. 111,21,59; PL 32,1299-1300; Epist. 143,6-7: PL 33,587-588; Epist. 166,3,6-7: PL 33,723-724). Suspende, pues, el juicio y muere sin llegar, al menos en apariencia, a una solución definitiva (Epist. 190: PL 33,857-864; De anim. el eius orig. 1,16,26: PL 44,489; Retract.: PL 32,587.649.653; Op. imp. c. jul. 11,178: PL 45,1219). S. Jerónimo, a quien S. Agustín consulta, afirma en cambio con claridad que el t. es contrario a la Revelación y a la doctrina católica. Esta duda de S. Agustín ha tenido su peso a través de la historia, aunque poco a poco los autores fueron dando su asentimiento al creacionismo; no dejan, sin embargo, de mencionar la duda de S. Agustín. Así, Fulgencio de Ruspe (De vera praedest. 111,28-29: PL 65,666; Epist. 16,16: PL 65,441), S. Gregorio Magno, S. Isidoro de Sevilla y otros.Aún en la Edad Media, aunque se demuestra y se impone el creacionismo y se dan numerosas razones contra el t., muchos, por respeto a la duda agustiniana, no se atreven a condenar la doctrina: Hugo de San Víctor (De sacramentis VI 130: PL 176,300-301) y Alejandro de Hales (Summa theologica 11, q42, m3 a3) preparan el camino para la afirmación definitiva del creacionismo. Pedro Lombardo toma decisión decidida contra el t. presentándolo como contrario a la doctrina de la Iglesia (Sent 11, dist.18, n8; d31, n1,2). Con S. Tomás de Aquino se muestra con más exhaustividad y profundidad la verdad del creacionismo, y se rechazará el t. (Contra Gentes 11, c86, 88-89; De potentia, q3, a9; Sum. Th. 1. qll8).Después del Conc. de Trento -en el que no se entró en el tema- S. Roberto Belarmino (v.) recoge en una síntesis los argumentos contra el t. (Controversia. XIV, de amissione gratiae, IV, c.11). En el s. XVIII Noris (v.) polemiza con Belarmino (Vindiciae Augustinianae IV,3). En el s. XIX por obra de Klee, de Frohschammer, de Ubaghs y de Rosmini vuelve a la escena el t. con diversas explicaciones, pero sería olvidado.Si bien el Magisterio de la Iglesia no ha condenado directamente el t., ha promulgado diversas declaraciones positivas sobre la creación de las almas individuales, lo que implica la exclusión del t. por vía indirecta: es decir, la de la proclamación de la doctrina opuesta. Los principales documentos en este sentido son el del papa Anastasio II, a. 498 (DenzSch. 360-361), la fórmula de fe llamada de León IX, a.1053 (Denz.Sch. 685) y la declaración de Benedicto XII en 1341 contra algunos errores de los armenios (Denz.Sch. 1007); el texto del Conc. Lateranense V (Denz.Sch. 1513) que habla de la infusión del alma en los diferentes cuerpos (Denz.Sch. 1440); un Breve de Alejandro VII en 1661, sobre la Inmaculada Concepción de la Virgen (Denz.Sch. 2015); la condena de Rosmini por León XIII en 1888 (Denz.Sch. 3220). En la Enc. Humani generis, de Pío XII, hay también una anotación en este sentido (Denz.Sch. 3896).V. t.: ALMA I; HOMBRE III; ESPíRITU; CREACIóN.JOSÉ MORÁN.
BIBL.: A. MICHEL, Traducianisme, en DTC XV,1350-1365; A. LANZA, La questione del momento in cui Vanima razionale é infusa nel corpo, Roma 1939, 17-193; E. NAVARRO RUBio, El momento de la unión del alma con el cuerpo, Pamplona 1957; M. SCHMAUS, Teología dogmática, II, Dios creador, 2 ed. Madrid 1961, 353-354; P. PARENTE, De creatione Universal¡, Roma 1949, 71-73; A. WILLWOLL, Alma y espíritu, 2 ed. Madrid 1953.
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