Totalitarismo I. Sociología y Politica. SOCIOL.
Categoria:
Sociología
1. Noción. Por t. se entiende una concepción del Estado que abarca a una serie de regímenes entre los que existen diferencias profundas, pero que nacen y se desarrollan bajo común aspiración de totalidad. Pese a esas diferencias resulta una denominación cómoda y suficientemente indicadora para referirse a un fenómeno político característico de algunos países del s. XX, en el que se intentó dar respuesta a las específicas exigencias de una época cambiante, conflictual, dominada por los problemas de organización.El vocablo t. está formado por el adjetivo "total", que a su vez remite a "todo". Mussolini, al proclamar el Estado como "la verdadera realidad del individuo", "todo en el Estado, nada fuera del Estado", sancionó la calificación de totalitaria para aquella organización política que estaba llamada a crear, programar y cumplir todo lo necesario a la vida histórica de los hombres a través de una organización omnipresente. En el fondo de la cuestión, buceando en sus connotaciones metafísicas, el t. hunde sus raíces en una visión cósmica de tipo monista (v. MONISMO) y, por tanto, racionalista (v. RACIONALISMO), y en general materialista (V. MATERIALISMO).2. El totalitarismo nazi y fascista. Presupuestos sociohistóricos. Estos movimientos totalitarios se originan después de la 1 Guerra mundial recogiendo las frustraciones que deja tras sí la contienda y, por tanto, manifestándose de manera más clara en países vencidos. Los primeros núcleos de seguidores de Mussolini (v.) o Hitler (v.) estaban formados por grupos de excombatientes. Con el tiempo, sus programas sedujeron a los diferentes estratos de la población, pero sobre todo prendió en las clases medias. Pareció ofrecer la fórmula adecuada para resolver problemas sociales, políticos y económicos universalmente sentidos y que requerían atención rápida y eficaz, como eran los de un difuso escepticismo acerca de las fórmulas liberales, la anarquía creada por las luchas de partidos e ineficacia parlamentaria, la crisis económica manifestada en hechos como la inflación, la desorganización del mercado, el paro, etc.Para todos estos fenómenos ofrecía solución la nueva idea. Sus líderes trataron sin consideración a las instituciones del sistema liberal y presentaron su fórmula como una creación revolucionaria, capaz de dar nueva faz al mundo y acabar con todas las demás revoluciones. Reaccionan, consecuentemente, contra el marxismo, oponiéndose a su interpretación de la historia y de la sociedad. Excluyen, con acierto, el concepto de "lucha de clases", pero considerando al Estado como el hecho espiritual englobante llamado a animar la historia. No será el producto de la concurrencia mecánica de opiniones, sino un organismo, un movimiento vivo. Idea política antes que económica o social, el t. ve en el Estado el factor destinado a fundir las clases en una sola realidad económico-moral. El nuevo Estado se presenta como "Estado ético", con todos los recursos para configurar al hombre del futuro. Tal realización se proclama como el "verdadero socialismo".Presupuestos ideológicos. Las raíces del movimiento se hallan en gran parte en el romanticismo (v.). En torno a determinadas consignas, como las de nación (v.) o de raza (v.), elevadas a mitos, se teje un aparato teórico destinado no tanto a convencer como a arrastrar mediante símbolos lo suficientemente globales y oscuros como para que en ellos pueda encontrarse representada toda una masa. Ante el escepticismo ambiente frente a las confesiones religiosas, la doctrina totalitaria asume el papel de casi una nueva religión, con sus dogmas, su culto y su ritual. La mitología así levantada se arroga una especie de función creadora y redentora, aunque en un contexto secular y pagano.No puede decirse que la nueva ideología constituya una teoría original y coherente. Más bien es un sincretismo que funde principios y valores de varia procedencia en el crisol de un proyecto en el que tiene primado la acción. Cabe encontrar, sin embargo, una línea de pensamiento con la que se solidariza. Se trata de la que viene desde Maquiavelo (v.), entronizando la "razón de Estado" (v.) como principio rector autónomo, "neutro", frente a instancias trascendentes de orden religioso o moral. Es la línea que, pasando por Hobbes (v.) y su máquina estatal, llega a Fichte (v.) y Hegel (v.). Pero estas fuentes de inspiración son dejadas atrás. Los dos últimos autores, en concreto, hablan del Estado como concreción del fuero en cuyo dominio será posible la libertad. Sin embargo, la fuente romántica de que se alimentan esos filósofos es la mismaque invocará, aun prescindiendo de ellos, el nacionalsocialismo (v.). La fuerza prevalece ahí sobre la forma. Nietzsche (v.) hará el diagnóstico de una situación en la que han desaparecido los valores y formas consagradas. Borrados los órdenes establecidos, queda como tarea el orden a establecer, que será cosa de los inspirados y de los audaces.El difuso historicismo (v.) de la época y también la primacía de lo biológico, de moda desde Darwin, suministran supuestos apoyos apropiados para nuevos experimentos con el hombre y hasta para el racismo (v.). El orden a establecer podrá ser discrecional: un orden de voluntad en el puesto del orden de la razón. La voluntad en el ejercicio ordenador se vinculará a la violencia, como sostuvo Lenin (v.) o, como, siguiendo a Sorel (v.), admitirá Mussolini. Nombres como los de Spengler (v.) o Pareto (v.) proporcionarán argumentos para creer en el oscuro poder del destino y para confiarse a la dirección inspirada de jefes carismáticos o minorías privilegiadas.3. El totalitarismo marxista. Si definimos el t. como la asunción de la entera sociedad por el Estado, entonces el marxismo (v.) puede definirse como totalitario. Aunque postula teóricamente lo contrario: la desaparición del Estado, la realidad es, sin embargo, que precisamente por ese postulado resulta totalitario. Negando por entero tanto a Dios como toda trascendencia del individuo sobre la sociedad, el marxismo implica igualmente una completa visión totalitaria de la política. Más aún, siendo la estructura social y con ella la autoridad inseparables del vivir humano comunitario, la pretensión marxista de suprimir el Estado se revela irrealizable, de modo que su t. social desemboca necesariamente en un Estado totalitario.Si en el binomio sociedad (v.)-Estado (v.), el t. fascista podríamos decir pretende suprimir la sociedad, absorbiéndola en el Estado, el t. marxista al pretender teóricamente suprimir el Estado (en la última fase comunista) realiza la misma operación de absorción. La etapa comunista, en la que se realizaría la superación de las clases, no adviene nunca, y mientras tanto impera una dictadura del proletariado, encarnado a su vez en un partido detentador omnímodo del poder. El t. que se manifiesta ya en Lenin (v.) y culmina en Stalin (v.) no es accidental, sino consubstancial al comunismo. La impersonalización del sistema ocurrida en la URSS (v. UNIÓN SOVIÉTICA) con la muerte de Stalin puede corregir en algún aspecto la figura externa del régimen, como en lo que toca al "jefe carismático". Subsiste, sin embargo, la realidad totalitaria referida al Partido y los encargados de traducir en decisiones la línea de inspiración de que éste es sujeto. Lo que se dice de la URSS vale, en sustancia, de los demás regímenes comunistas.Habiendo sido estudiados ya ampliamente el marxismo (v.) y el comunismo (v.), no es necesario extendernos aquí más. Baste señalar que, coincidiendo en puntos sustanciales con los movimientos antes mencionados, existen entre ellos notables diferencias, que afectan tanto al supuesto material mitificado (para Mussolini es la nación; para Hitler, la raza; para el comunismo, el proletariado), como al tono mismo del movimiento (vitalista en el nazismo y el fascismo; racionalista en el comunismo).4. Rasgos del totalitarismo. Precedentes del Estado totalitario se encuentran en el pasado. Cabe emparentarlo con las fórmulas políticas autoritarias: con los despotismos (v.) y tiranías (v.) antiguos a los absolutismos (v.) y las dictaduras (v.) modernos. Pero no ha de confundirse con ellos. Los monarcas absolutos representan uno de los modos de ejercicio autoritario del poder, pero este poder,al menos teóricamente, debía responder ante un orden de cosas trascendente a lo político, orden testimoniado en las conciencias con última garantía en Dios. Las dictaduras mismas se apoyan en justificaciones más allá de ellas. Aunque asuman el máximo de poder, se entiende que lo hacen en situaciones de emergencia para salvar momentos conflictuales difíciles, pero encaminadas a dejar paso de nuevo a la legalidad y la libertad. Lo propio del t. es la concepción del poder como instancia última y absoluta; y ello como sistema permanente. En el Estado se totalizan las pretensiones, los esfuerzos y los ideales de los súbditos, a los que compete creer en los que mandan, reconocer su superioridad y obedecerles.El Estado se convierte en planificador y motor total. El establece los ideales válidos integradores de toda la vida, programa su realización y se hace responsable de conseguirla. En este sentido es "Estado total", concibiendo el orden comunitario en su seno como una empresa monopolística. Excluye la separación o distinción de poderes; elimina la oposición y eJ juego libre de opiniones; borra el sufragio universal de la democracia igualitaria. Instaura de nuevo un sentido rígidamente jerárquico, confiando la dirección de la historia a minorías seleccionadas con sentido elitista, en las que se presume encarnado el destino de la nación, de la raza o de la causa que resume el ideal perseguido. El lema de "cumplir órdenes" aparecerá como justificador de cualquier acto de poder, entendiendo que las órdenes emanadas desde arriba encarnan la dirección inequívoca llamada a hacer historia. El sistema se cierra en el "jefe", en el que toma concreción el espíritu colectivo y en el que los subordinados verán encarnada su propia realidad y destino. Ello conduce a dotar al jefe de infalibilidad e irrefragabilidad: "el jefe no se equivoca".Esta caracterización general se ve en acción interviniendo para dar forma a todas las manifestaciones de la vida. En el plano de la cultura, un dogma ideológico, oficialmente sancionado, y con el aludido alcance religioso, es propuesto como forma última de la vida: el individuo no es nada fuera del Estado. La sociedad es concebida como masa pasiva. Los órdenes moral y jurídico son dictados con arreglo a las exigencias del ideal mítico a conseguir. La economía es sometida a una programación mediadora para la realización de ese mito. La programación se extiende al campo biológico y educacional. Procreación y educación son servicios al Estado, que el mismo Estado se encarga de cumplir o guiar. Por encima de todas estas comisiones, y como su promotor, está la política. Se comprende que el moderno t. marxista y fascista se haya calificado como una nueva especie de teocracia (v.), más absoluta y divinizada que la de los antiguos imperios.Desde la instancia política se urgirá la eficacia del funcionamiento total, lo que requiere un perfecto aparato de promoción y control. En efecto, eJ poder se rodea de una burocracia (v.) altamente desarrollada y eficaz, sobre todo fiel. Aspectos importantes de esa burocracia son los de promoción en la masa de respuestas favorables al sistema por medio del adoctrinamiento, la propaganda y represión de respuestas contrarias al mismo, a cargo del aparato policial. La idea de "servicio" tiene especial primacía entre las consignas oficiales. Por servicio se entiende sacrificio: sacrificio ante la nueva divinidad que es el Estado. En la lógica del sistema está el que, llegado el momento de ver peligrar el Estado, a todos se exija el martirio; ese momento de peligro es el de guerra: la guerra de un Estado totalitario es la "guerra total".Se explica que una forma de comprender la naturaleza del Estado totalitario sea la de definirle por sus rasgos negativos respecto al cumplimiento de las aspiraciones normales de la vida humana. Entre esos rasgos cabe señalarla mitificación de uno de los momentos de la existencia, tal vez importante, pero no absoluto; el sacrificio de los individuos a ese absoluto; el desconocimiento del patrimonio moral de las personas y de los grupos; la liquidación de la libertad; la exclusión de una opinión pública responsable; el desconocimiento de los derechos fundamentales de personas e instituciones; la muerte de todo pluralismo (v.) y, con ello, la muerte de la propia sociedad.Todos estos rasgos se resumen en uno solo: el sacrificio de toda razón a la "razón de Estado" (v.), donde la razón se pone al servicio de una fuerza o instancia irracional, que por dictado se privilegia y se constituye en absoluta. Bajo esta razón política monopolística se produce la uniformidad social de los hombres, tratados dirigísticamente como masa, y aunados bajo la forma de colectivismo. En el colectivismo (v.) la vida queda absorbida por la organización. Individuos y grupos han de pasar por el Estado para llegar a su propia realidad. La sociedad podrá llegar a reflejar aquella especie de estructura que se ve actuada en el reino animal, entre las hormigas o las termitas.5. Otras manifestaciones. Junto a los t. radicales y consecuentes existen manifestaciones atenuadas. Entre estas últimas se hallan las genéricamente denominadas dictaduras (v.). Aunque, como hemos dicho, el fenómeno dictadura de suyo no es identificable en el totalitario, hoy tiende a serlo, en parte como defecto de lenguaje, empleándose indiscriminadamente el calificado de "dictador". Por otra parte, tendencias totalitarias se pueden advertir en regímenes democráticos, en los que la presión burocrática, las técnicas y controles dirigistas pueden hallarse en manos de grupos que mediante ellos pueden manipular más o menos expresamente al cuerpo social, como señalaba Tocqueville (v.).No escapan a las mismas tendencias algunas ideologías románticas que buscan desencadenar movimientos liberadores de servidumbres inmediatas, pero colaborando a crear masas ciegas de acción que obstruyen las opciones racionales. El fenómeno totalitario, a este nivel de tendencias más o menos claras, resulta especialmente confuso. Denuncia más bien los antagonismos polémicos que reinan en la discusión política de nuestra época y traducen el universal miedo a un fantasma, presuntamente desaparecido, pero cuyo maleficio aún se deja sentir por doquier. Ello explica que cualquier postura política sea tildada por su antagónica como totalitaria.V. t.: ESTADO I; COMUNISMO I; DICTADURA; FASCISMO; NACIONALSOCIALISMO I; PODER.S. ÁLVAREZ TURIENZO.
BIBL.: C. I. FRIEDRICH, Z. K. BRZEZINSKI, TOtalltarian dictatorship and autocracy, Cambridge-Harvard 1956; H. ARENDT, The origins of totalitarianism, Nueva York 1951; C. J. FRIEDRICH, Totalitarianism, Cambridge-Harvard 1954; J. FIIALKOWSKI, La trama ideológica del totalitarismo, Madrid 1966; J. L. TALMON, The origins of totalitarian democracy, Londres 1952; V. CHALUPA, Rise and development of a totalitarian state, Leiden 1950; A. STEGNER, Die Uberwindung des Kollektivismus, Gotinga 1953; G. R. YURRE, Totalitarismo y egolatría, Madrid 1962.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.