Tolsa, Manuel
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Biografía GER
La gran figura del arte neoclásico en México fue la del arquitecto y escultor M. T., n. en la villa de Enguera (Valencia) en 1757. Se formó en la Acad. valenciana de S. Carlos bajo la dirección de José Puchol, que no sólo era escultor sino también arquitecto, vertientes ambas que cultivó Tolsá. Trasladado éste a Madrid en 1780, tuvo como maestro a Juan Pascual de Mena (v.) en escultura, y pronto fue premiado e individuo de mérito de la Acad. de Madrid. En 1791 se le nombró director de escultura de la Acad. Mexicana de S. Carlos. Aunque enviado como escultor, pronto tuvo ocasión de ejercer sus conocimientos de arquitectura, ya que, a la muerte de Ortiz de Castro, la dirección de las obras de la catedral metropolitana recayó en él. Ganado un prestigio, no le fue difícil conseguir el encargo del gran proyecto de la Escuela de Minería, que cimentó su fama como arquitecto antes que como escultor.En el proyecto de la fachada catedralicia introdujo más armonía, dándole monumentalidad para que jugara en correspondencia con los piñones de la vecina fachada del Sagrario; colocó para ello una serie de estatuas que enriqueciesen el conjunto y, al mismo tiempo, sirvieran para relacionar los diversos cuerpos. Su reforma afectó también a la cúpula del crucero, cuyas proporciones destacó para que no quedase desmejorada ante la fachada. Como ha indicado Angulo, fue una fortuna que esta reforma de la catedral tuviese lugar en tiempos de gusto neoclásico, más acorde con los ideales renacentistas que no con los gongorismos decorativos tan exuberantes en el arte mexicano del s. XVIII.T. se entusiasmó con el empleo de la cúpula, como lo demuestran el templo de la Virgen de Loreto y el proyecto del de S. Teresa, lo que tal vez sea una consecuencia de la predilección valenciana por la media naranja, tan en boga cuando el hijo de Enguera se formaba en Valencia. Entre los proyectos de arquitectura civil no realizados se encuentra el del cementerio "ventilado", obra novedosa por su planificación, que debía de servir de pauta a las demás ciudades del virreinato; tampoco se llevó a la práctica la Plaza de Toros, que sería semejante a la de Madrid. Sin embargo, se ejecutó un pequeño monumento conmemorativo, la pirámide de la Cuesta de Barrientos, en esta nueva urbanización.Su obra maestra fue la Escuela de Minería, lección de sobriedad y elegancia según los cánones clásicos, pero más afortunado estuvo en la concepción de la escalera monumental, de ambicioso juego espacial por su doble arranque; Almela Vives e Igual úbeda han pensado en la influencia que pudiera haber ejercido el edificio de la Aduana de Valencia. T. intervino en otra catedral mexicana, la de Puebla, para realizar un baldaquino, que coronó con imagen suya de la Inmaculada; fue obra de paciente elaboración que no pudo ver terminada. Su escultura más monumental y laboriosa fue la estatua ecuestre de Carlos IV, fundida al fin en 1803; ya Humboldt dijo que, a excepción de la de Marco Aurelio, sobrepasaba en belleza a todas las de Europa. Si en otras esculturas de T. hay indudables resabios barrocos, este monumento ecuestre es la expresión más rotunda del academicismo, que destaca no sólo por el realismo sino por la armonía de sus proporciones. Murió T. en México en 1816.SANTIAGO SEBASTIÁN.
BIBL.: D. ANGULO, La arquitectura neoclásica en México, Madrid 1958.
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