Teologia Dogmática Ii. Historia. HIST.
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Historia
No es posible aquí exponer con detalle las diversas épocas del desarrollo de la ciencia dogmática. Basten simplemente algunas consideraciones muy generales sobre los principales periodos, con indicación de los teólogos y obras de mayor importancia.1. Desde la época apostólica hasta S. Agustín (final del s. IV). Hasta la mitad del s. II aproximadamente la exposición teológica se caracteriza por estar dirigida a finalidades pastorales concretas, sin una elaboración científica propiamente dicha. Desde la mitad del s.II hasta el comienzo del s. IV predominan los escritos de tipo apologético (v. PADRES DE LA IGLESIA III) frente al paganismo y el judaísmo. A partir del s. tv, comienza propiamente y de modo habitual el estudio y la exposición teológica de las verdades de la fe, uniendo a las autoridades de la S. E. y de la Tradición el uso de la Filosofía, aunque ya en el s. II se encuentran algunos escritos con esas características. En realidad, en este periodo se encuentra también un primer intento de sistematización dogmática, en la obra Peri archon (o De principiis) de Orígenes (s. III; v.). Es de particular importancia, en el s. IV, la elaboración especulativa de las nociones de substancia (v.) y persona (v.) y su aplicación al misterio de la Trinidad (sobre todo en las obras de S. Basilio el Grande y de S. Gregorio Niseno). Por lo que se refiere a los escritos correspondientes a lo que actualmente se designa como T. d., cabe señalar, como más importantes, los siguientes:En el s. II y comienzo del s. III: S. Justino (v.), Diálogo con Trifón; S. Ireneo (v.), Adversus haereses; Tertuliano (v.), De praescriptione haereticorum, Adversus Praxeam, Adversus Marcionem, De carne Christi, De resurrectione carnis.En el s. III: S. Cipriano (v.), De Unitate Ecclesiae, Testimoniorum Libri tres contra judaeos; Orígenes (v.), De principiis.En el s. IV: S. Atanasio (v.), Orationes IV adversus arianos, Epistola de nicaenis decretis, Epistola ad Serapionem; Epistola de Synodis; S. Cirilo de Jerusalén (v.), Catecheses; S. Hilario de Poitiers (v.), De Trinitate, De Synodis scu de fide orientalium; S. Basilio (v.), Libri Adversus Eunomium, Liber de Spiritu Sancto; S. Gregorio Nacianceno (v.), Orationes quinque de theologia, Epistulae dogmaticae tres; S. Gregorio Niseno (v.), Oratio catechetica magna, Liber seu orationes XII contra Eunomium, Adversus Apollinarium, Tractatus de Anima et resurrectione; S. Ambrosio (v.), Libri V de fide, Libri III De Spiritu Sancto, Liber de incarnationis dominicas sacramento, De Mysteriis, De poenitentia; S. Juan Crisóstomo (v.), Homilia de resurrectione mortuorum, Homilial VIII adversus Judaeos; S. Jerónimo (m. 420; v.), Liber adversus Helvidium de perpetua virginitate Martas, Adversus Jovinianum, Dialogus contra pelagianos.2. Desde S. Agustín hasta S. Anselmo (final del s. XI). Este periodo se caracteriza por una T. d. más elaborada, en la que se incluye ya, más que en el periodo anterior, la consideración especulativa. S. Agustín (v.) marca un hito capital en la historia de la Teología. Por lo que se refiere a la T. d., entre sus escritos principales están: De baptismo contra donatistas; Contra Julianum, De doctrina christiana, De libero arbitrio; De fide et symbolo, De Genesi contra Manichaeos, De natura et gratia, De gratia et libero arbitrio, De correptione et gratia, De haeresibus, De praedestinatione sanctorum, De gratia Christi et de peccato original¡, etc. Especialísima importancia tiene su tratado De Trinitate, en el que utiliza las analogías del conocimiento y el amor para la contemplación teológica del misterio de las procesiones divinas intratrinitarias.Después de S. Agustín, en Occidente la T. d. sigue el camino trazado por el gran doctor africano. Entre las numerosísimas obras de este periodo en Occidente, cabe señalar:En el s. V: S. Vicente de Lerins (v.), Commonitorium; Casiano (v.), De Incarnatione Domini; S. Pedro Crisólogo (v.), Epistola ad Euthychen; S. León Magno (v.), Epistula ad Flavianum (llamada el Tomo de S. León, y reconocida por la Iglesia como norma de fe respecto al misterio de la Encarnación); S. Próspero de Aquitania (v.), Liber de gratia et libero arbitrio.En el s. VI: Boecio (v.), De Sancta Trinitate, Liber contra Eutychen et Nestorium; S. Fulgencio de Ruspe (v.), Liber contra arianos, Liber de Sancta Trinitate, Liber de fide ad Petrum seu de regula verae f idei.En el s. VII: S. Gregorio Magno (v.), que trata de numerosas cuestiones de T. d. en diversas Epistulae; S. Isidoro de Sevilla (v.), De ordine creaturarum, De fide catholica Libri duo, así como numerosos pasajes de sus Etymologiarum Libri viginti; S. Ildefonso de Toledo (v.), De virginitate Sanctae Mariae, De cognitione baptismi.En el s. VIII: Alcuino (v.), De fide Sanctae et individuae Trinitatis, Libellus adversus haeresim Felicis; S. Paulino de Aquileia (v.), Sacrosyllabus contra Elipandum.En el s. IX: Rábano (v.) Mauro, De universo Libri XII; Pascasio Radberto (v.), De corpore et sanguine Domini, De fide, spe et caritate.En este mismo periodo, en Oriente, cabe señalar: En el s. V: S. Cirilo de Alejandría (v.), Thesaurus de Sancta et consubstantiali Trinitate; Adversus Nestorii blasphemias contradictionum Libri V, Explanatio duodecim capitum sive anathematismorum. En el s. VI: Leoncio de Bizancio (v.), Scholia, Libri tres adversus nestorianus et eutychianos. En el s. VII: S. Máximo el Confesor (v.), Opuscula theologica et polemica ad presbyterum Maximum, Disputatio cum Pyrrho. En el s. VIII: S. Juan Damasceno (v.), De fide ortodoxa (considerado en cierto modo como el primer tratado orgánico de toda la T. d.), De haeresibus, Dialogus contra manichaeos. En el s. X y en la primera mitad del s. XI, no hay obras de relieve.3. Desde S. Anselmo (final del s. XI) hasta el comienzo del s. XVI. Este periodo se caracteriza principalmente por la llamada Escolástica (v.), en donde adquiere gran desarrollo la T. especulativa (pero no separada de lo que luego se llamaría T. positiva). En este periodo se suelen distinguir dos épocas: una de progreso y otra de decadencia.a) Desde S. Anselmo hasta el final del s. XIII: la obra de S. Anselmo marca el de un camino de ordenación orgánica de la T. d. (no separada aún de la T. moral), que culminará con la obra, no superada hasta hoy, de S. Tomás de Aquino, cuya síntesis filosófica potenció notablemente la capacidad de penetración racional en las realidades sobrenaturales. En esta época es especialmente importante el desarrollo de la T. sacramentaria. Limitándonos a una simple enumeración de unos pocos autores y obras, cabe destacar:En el s. XI: S. Anselmo (v.), Cur Deus homo, Monologion, Proslogion, De fide Trinitatis et de Incarnatione Verbi, De libero arbitrio, De veritate.En el s. XII: Abelardo (v.), Introductio ad theologiam, Tractatus de unitate et trinitate divina (con errores condenados por el Conc. de Soissons en 1121); Hugo de S. Víctor (v.), De sacramentis christianae fidei, De sapientia animae Christi; S. Bernarda (v.), De gratia et libero arbitrio, Tractatus de baptismo, Capitula haeresum Petri Abaelardi; Guillermo de Saint-Thierry (v.), Aenigma f idei, Speculum f idei; Gilberto Porretano (v.), Commentaria in opera theologica Boetii; Pedro Lombardo (v.), Sententiarum Libri IV (de gran influencia en los siglos siguientes); Ricardo de S. Víctor (v.), De Trinitate Libri IV, Liber de Verbo Incarnato.En el s. XIII: Guillermo de Auxerre (v.), Summa aurea (sobre los IV libros de las Sentencias de Pedro Lombardo); Alejandro de Hales (v.), Universae theologiae summu; Guillermo de Auvernia (v.), De sacramentis in general¡, y tratados sobre cada uno de los siete sacramentos, De causis cur Deus homo, De universo; S. Tomás de Aquino (v.), Commentarii in IV libros Sententiarum, Summa contra gentes, Summa Theologiae; S. Buenaventura (v.), Commentarii in IV libros Sententiarum, Breviloquium; S. Alberto Magno (v.), Commentarii in Dionysium Areapagitam, Commentarius in IV libros Sententiarum, Summa Theologiae, De sacrificio Eucharistiae; Enrique de Gante (Goethals), Summa Theologiae; Duns Escoto (v.), In IV libros Sententiarum; etc.b) Desde el final del s. XIII hasta el principio del s. XVI, se produce una progresiva decadencia, debida a numerosos factores, entre los que no es el de menor importancia la pérdida de los principios filosóficos utilizados anteriormente, sobre todo por S. Tomás. En particular, cabe mencionar la negativa influencia del averroísmo (v. AVERROES) y del nominalismo de Ockham (v.). Esta decadencia no significa que no haya habido obras valiosas. Pueden mencionarse como más conocidos los siguientes autores (por brevedad, y por su menor importancia para el desarrollo de la T. d., no citamos obras concretas): En el s. XIV: Raimundo Lulio (v.), Durando (v.) de S. Porciano, Juan de Nápoles, Guillermo de Ockham. En el s. XV: Juan Gerson (v.), Juan Capreolo (v.), Nicolás de Cusa (v.), Juan de Torquemada (v.), el card. Bessarion (v.), etc.4. Desde el comienzo del s. XVI hasta el Conc. Vaticano I. En estos siglos pueden distinguirse diversos periodos, caracterizados en buena parte por la mayor o menor vuelta a la Teología escolástica del s. XIII y, en particular, por el mayor o menor conocimiento de la obra de S. Tomás de Aquino, y por las polémicas antiprotestantes y antirracionalistas. Los matices, corrientes, etc., son muy numerosos. No es posible aquí más que mencionar a los teólogos más conocidos.En el s. XVI: el card. Cayetano (v.) y Silvestre de Ferrara (ambos son importantes comentaristas de S. Tomás), Juan Eck (v.), Francisco de Vitoria (v.), Hoffmeister, Melchor Cano (v.), Domingo Soto (v.), Diego Laínez (v.), lean Hessel, Bartolomé Medina, Martín de Ledesma, Thomas Stapleton, S. Pedro (v.) Canisio, Luis de Molina (v.), Domingo Báñez (v.), S. Juan (v.) de Ávila, Gabriel Vázquez (v.).En el s. XVII: Francisco Suárez (v.), S. Roberto (v.) Belarmino, Leonardo Lessius (v.) Adam Tanner, Diego Alvarez, Juan (v.) de S. Tomás, Juan de Lugo (v.), Martínez de Ripalda (v.), Petavio (v.), Guillermo Herinckx, Agustín Reding.En el s. XVIII: Charles René Billuart (v.), Vincent Gotti, lean Laurent Berti, Bernard Marie de Rubeis, Silvestre Bergier.En el s. XIX: Jean Adam Móhler (v.), Henri Klee, Nicolás Wiseman, Matías José Scheeben (v.), José Kleutgen (v.), Teodoro de Regnon, lean B. Franzelin (v.), John Henry Newman (v.), Alfred Vacant (v.), lean Perrone (v.).5. Desde el Conc. Vaticano I hasta nuestros días. Al final del s. XIX y comienzos del XX es de señalar la crisis del modernismo (v.), condenado principalmente en la Enc. Pascendi de S. Pío X (v.) en 1907. Al final de la primera mitad del s. XX apareció la llamada Nueva Teología, en la que se encontraban algunas desviaciones doctrinales, reprobadas por Pío XII (v.) en la Enc. Humani generis en 1950. Desde un punta de vista positivo, la primera mitad del s. XX está caracterizada por el impulso dado por León XIII (Enc. Aeterni Patris, 1879), S. Pío X (Motu pr. Doctoris Angelici, 1914) y Pío XI (Enc. Studiorum ducem, 1923) a la renovación del tomismo (v.); y también por el impulso dado a los estudios bíblicos (v. TEOLOGÍA BÍBLICA). Entre los teólogos de la primera mitad de este siglo, pueden citarse, p. ej.: Sertillanges (v.), Vonier (v.), Bainvel, Billot (v.), Grandmaison (v.), Gardeil (v.), Batiffol (v.), Garrigou-Lagrange (v.), Diekamp, Bartmann, Karl Adam (v.), Van Noort, y otros muchos autores contemporáneos. Sobre la situación actual de la T. d. véase lo ya indicado sobre la necesidad de recuperar la unidad efectiva de la Teología, superando la fragmentación en que ahora se encuentra. Por otra parte, la proliferación de literatura sobre temas teológicos, en lo que llevamos de la segunda mitad del s. XX -y, sobre todo, a partir del Conc. Vaticano II-, hace difícil todavía una valoración particularizada de autores y obras en esta época que, en conjunto, es sin duda de disgregación y crisis profunda. La superación estará, por una parte, ligada a la superación de la crisis de la Filosofía moderna y el retorno, y posterior desarrollo, a la Filosofía perenne, a la Metafísica. Y, sobre todo, volviendo el discurso teológico hacia Dios, y no hacia el hombre:la T. d. (toda la Teología) no ha de concebirse y hacerse como investigación sobre nuestras ideas de Dios, sino como búsqueda de una participación de la ciencia y sabiduría divina. Para eso, por último, el teólogo no sólo ha de hablar de Dios, sino que además ha de hablar con Dios, ya que fieri non ponse, ut sine Deo Deum discamus (es imposible que, sin Dios aprendamos a Dios) (Gregorio XVI, Enc. Mirar¡ vos, 15 ag. 1832: ASS 4, 1868, 345).F. OCARIZ BRAMA.
BIBL.: Sobre la naturaleza de la T. d.: C. BOYER, Desarrollo del dogma, Barcelona 1961; C. CARDONA, La "Jerarquía de verdades" y el orden de lo real, "Scripta Theologica" 4 (1972) 123144; E. DUBLANCHY, Dogmatique, en DTC 4,1522-1574; P. PÁRENTE, La Teología, Roma 1952; y en general las obras citadas en bibl. de la voz TEOLOGíA I.
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