Tácito, Cornelio Cayo
Categoria:
Biografía GER
Historiador en lengua latina. Fue también orador. Está considerado como el principal historiador del Imperio romano. N. ca. 55, cuando ya había comenzado a reinar Nerón. Se desconoce el lugar de nacimiento. Según unos, probablemente fue itálico de Terni. Otros deducen su origen romano por el desprecio que manifiesta T. hacia los municipales, por su tendencia conservadora y aristocrática, y por su formación culta, que indica más bien que pertenecía a una familia patricia o senatorial. En el terreno de las hipótesis, los franceses defienden su origen galo. Lo cierto es que pasó la mayor parte de su vida en la ciudad de Roma. Su padre pudo ser el Cornelio T. mencionado por Plinio el Viejo como procurador de la Galia Belgica en su Historia natural (7,17,76). El praenomen (prenombre) de Cayo (Gaius) que se le atribuye es el que le aplica el obispo Sidonio Apolinar del s. v, pero se cree que pudo ser Publio.En su carrera política, debió de ser un factor decisivo el matrimonio, en el 78, con una hija del cónsul Cneo Julio Agrícola (m. 93); pero también debió de influir su formación retórica, importante entonces para ejercer cargos plíblicos. El mismo se refiere a su cursus honorum en Historias, 1.1. "Debo confesar -dice- que mi dignidad pública, empezada con Vespasiano y acrecentada con Tito, fue mejorada por Domiciano". En el prólogo de Historias, revela que era tribuno militar, antes del 78, cuando reinaba Vespasiano. El cargo de tribuno solía ser el primero. Fue cuestor en el reinado de Tito (ca. 79-81), edil (ca. 84), pretor y quindecemviro con funciones sagradas (88) reinando Domiciano. Legado en la provincia de Belgica, pasó a ser cónsul (97) en el reinado de Nerva. Fue procónsul de Asia (ca. 112) en el reinado de Trajano. La circunstancia de haber vivido tantos y tan agitados reinados, participando activamente en la vida pública, le fue útil para su trabajo de historiador. M. ca. 120, durante el reinado de Adriano. Fuente para el conocimiento de la biografía de T. son las referencias de Plinio el joven en Epístolas (7,20,3), que habla de él como discípulo suyo.Obra. No se conserva íntegra. S. jerónimo, en Comentarios sobre el profeta Zacarías, que escribió ca. 392, dice que constaba de 30 libros (cap. 2). Lo que queda se conserva en los manuscritos de la Bibl. Laurentiana de Florencia, uno del s. XI con los seis primeros libros de los Anales descubierto por A. Arcimbaldo en Westfalia, y que F. Beroaldo imprimió en Roma (1515) por orden de León X; otro, probablemente del s. IX, encontrado a fines del s. xv. Con estos hallazgos, comienza a partir del segundo tercio del s. XVI la literatura de la razón de Estado denominada tacitismo (v.) por inspirarse en T. (cfr. G. Toffanin, Machiavelli e il tacitismo, Padua 1926; A. Droetto, Il tacitismo nella storiograf la groziana, "Rivista Internazionale di Filosofia del Diritto", 27, 1950, 481-526). Dado el carácter pesimista de la visión histórica de T., el tacitismo es también sinónimo de pesimismo.T., pues, comenzó a ser conocido en la época humanista. Tal vez sea el mejor representante de la Historia pragmática. Para él, el oficio de historiador consistía en celebrar la virtud y refrenar el vicio. Busca el motor del acontecer histórico en el espíritu humano. En el prólogo a Los Anales de C. C. Tácito, traducidos por D. Carlos Coloma (Bibl. Clásica XVII, Madrid 1879), Menéndez Pelayo escribe: "Los-caracteres y las descripciones hacen de los libros de Tácito poemas épicos y novelas de extraordinaria belleza". En la obra de T. hay más tristeza que triunfalismo, a pesar de ser contemporáneo de los hechos del Imperio que describe. T. hizo gala de, un gran criterio independiente para enjuiciar a los Emperadores, sobre todo cuando cortaban la libertad bajo cualquier forma de tiranía. Partidario de la libertad del hombre, dentro de un orden, se mostraba contrario a la iniquidad, aun de los poderosos, a quienes desde luego no excusaba. Pero tampoco caía en el extremo contrario de la demagogia. Estoico y patricio, desdeñaba a la plebe por su volubilidad e inclinación a la servidumbre, y más aún a los que la agitaban.Su obra es un reflejo de la época de transición, de decadencia, que le tocó vivir; y también es exponente de que no tenía ideas claras ni en política ni en religión, sobre todo cuando juzga despectivamente a los cristianos. En política, era partidario del absolutismo basado en la ley, la razón y el orden. Aunque se opone a la tiranía, considera la necesidad de un gobierno fuerte que garantice la grandeza del Imperio. Cree que la fortuna protege a Roma y que los hombres son gobernados por una fuerza sobrenatural. Considera a los dioses ejecutores de la justicia. Su influencia en los escritores políticos del Siglo de Oro ha sido manifiesta. Fue un maestro para Maquiavelo (v.), aunque su interpretación de T. fue muy subjetiva, pues el historiador latino era contrario a la arbitrariedad del soberano. J. A. Maravall se ha ocupado en Teoría española del Estado en el siglo XVII (Madrid 1944) de la relación entre tacitismo y maquiavelismo, y de la influencia de T. en algunas ideas políticas. B. Gracián (v.), que admiraba a T. por su sutileza y dificultad de comprensión, es uno de los autores que más se han identificado con él. Esta identificación comienza en historiadores como D. Hurtado de Mendoza (Guerra de Granada, 1627) y F. M. de Melo (Historia de los movimientos, separación y guerra de Cataluña, 1645) y llega casi hasta nuestros días con G. Marañón (Crónica y gesto de la libertad, 1937; Tiberio. Historia de un resentimiento, 1939). También influyó en la moda de los aforismos, de fines del s. XVI, y en la biografía tendenciosa del tiempo de los Austrias, sobre todo de Felipe IV.En síntesis, la obra de T. es un género híbrido que no es Historia, ni drama, ni tratado moral o político, sino una mezcla artística de todo. Abundan en su lenguaje los arcaísmos y emplea un vocabulario poético, con metáforas y elipsis. Su estilo es conciso, majestuoso, a veces oscuro, por la profundidad de las ideas, que expone con brevedad y que en ocasiones hay que adivinar. De ahí que se llame tácito a lo que está implicado o se supone. El modo de historiar de T. es descriptivo.Ediciones y traducciones. Se han traducido al castellano todas las obras de T., pero los estudios y ediciones de ellas en España son un poco tardíos con respecto al resto de Europa. Comenzaron en 1613 con una edición incompleta (M. Sueyro, Amberes). La primera edición completa data de 1794. La primera edición incompleta europea es la veneciana de 1468, y la primera edición completa europea es de 1515. A la primera traducción incompleta en italiano (J. Carini, Venecia 1544), siguieron la francesa (La Planche, París 1555), la inglesa (R. Grenewey, Londres 1604) y la española ya citada. J. Lipsio, a quien siguen muchos editores, está catalogado como el restaurador de T., de quien publicó 10 ediciones. A la de Amberes (1600) llamó última revisión. Buenas ediciones de las obras completas son las de C. Halm, Leipzig 188997; H. Goelzer, H. Bornecque y G. Ribaud, París 1921-26 (con trad. francesa); y G. Andressen-E. Kósterman, Leipzig 1926-30 (los Anales son de 1934).Dialogus de oratoribus (Diálogo de los oradores) se atribuye a T., aunque el estilo no parece suyo, sino que es más bien ciceroniano. Se ha atribuido a Suetonio (aunque no es posible, si fue escrita ca. 81) y Quintiliano. Se publicó en el 120, dedicada al cónsul justo Fabio. De pertenecer a T., sería su obra más antigua, en cuanto a la redacción. En los manuscritos, no figura nombre alguno. Se establece en ella un paralelo entre la poesía y la elocuencia. La decadencia de ésta se atribuye a causas políticas y morales. En conjunto, la obra es una apología de las virtudes de los antepasados. Ediciones: H. Goelzer, París 1912; A. Gudeman, Leipzig 1914.De vita et moribus Julii Agricolae (Vida de Agrícola). Escrita en el 97, al año siguiente del asesinato de Domiciano, alude a la opresión durante el reinado de éste (81-96), a su autoritarismo y política centralizadora. El tema capital es el panegírico de su suegro, gobernador de Britania (77), que terminó la conquista de la isla (84) y, probablemente, fue encarcelado y envenenado por Domiciano, cuyo gobierno por el terror, en los últimos años de su reinado, con detractores profesionales, afectó también a cristianos y judíos. T. intercala discursos, describe el territorio y su historia, narra las guerras de Britania y atribuye la sublevación de los britanos a la corrupción e incapacidad de los gobernantes. Ediciones: H. Furneaux, Oxford 1922; E. de Saint-Denis, París 1942 (trad. francesa); M. Marín Peña, Madrid 1958.De origine, situ, moribus ac populis Germanorum (Germania). Escrita en el 98, se cree que formaba parte de otra obra más amplia. Se contradice con César (v.) en cuanto a los germanos, pero parece que le sigue en lo que se refiere a los galos. Otros autores-fuentes fueron: Posidonio, Salustio y Plinio el Viejo. Se sirve además de las informaciones proporcionadas por soldados, comerciantes y germanos residentes en Roma. Tal vez sin proponérselo, resultan contrastadas las costumbres relajadas de los romanos y la sencillez de los bárbaros. En la primera parte (cap. 1-27), describe las costumbres de todos los germanos. Es una investigación etnográfica, con exposición de caracteres físicos y morales, instituciones religiosas, políticas y militares. En la segunda parte (cap. 28-46), describe las costumbres, historia e instituciones de cada pueblo en particular. Aunque no parece simpatizar con los germanos, admira la sobriedad de su vida y su salud moral. La primera traducción al castellano de esta obra es de B. Álamos, Tácito español, Madrid 1614. Posteriormente se han hecho varias. En otros países: J. G. C. Anderson, Oxford 1938; R. Much, Heidelberg 1938.Historiae (Historias). Se puede decir que es una Historia política. Se componía de 12 ó 14 libros, de los que se conservan los libros I-IV y 26 capítulos del libro V (69-70). Escrita en los a. 96-98, se publicó probablemente a partir del 115. Utiliza el método de los analistas de narrar sucesos anualmente, pero vincula los hechos en torno a los personajes, de los que procura captar su psicología, tal vez con demasiada subjetividad, por lo que su obra tiene mucho de imaginativa. Con motivo de la estancia de Tito en Oriente para dominar a los judíos, describe las cualidades de éstos. La primera traducción castellana de esta obra es de E. Sueyro (Amberes 1613), reimpresa varias veces. Modernamente, se han publicado los libros I-II, 1. Vallejo, 2 ed. Madrid 1948; libro IV, M. Bassols, Madrid 1955. En otros países: H. Goelzer, París 1920; C. Giarratano, Roma 1939.Annales (Anales), también llamados Libri ab excessu divi Augusti. Refiere hechos anteriores (14-69) a los de los Anales, pero fueron escritos después. Se cree que estaban terminados en el 116 y que se publicaron a fines del reinado de Trajano (117). Constituían 16 6 18 libros, de los que se conservan I-IV y XI (desde la mitad) al XVI (hasta la mitad). Además de fuentes anteriores y archivos oficiales (actas del Senado), utiliza informaciones orales. También aquí emplea el método del discurso en boca de sus personajes. El nombre de Anales procede del sistema de descripción anual utilizado. Considerada como su mejor obra histórica, comprende parte del reinado de Tiberio, todo el de Calígula, principio y final del de Claudio, y casi todo el de Nerón. Sus autores-fuente son: Cluvio Rufo, Fabio Rústico y Plinio el Viejo (v.). Utiliza las Memorias de Corbulón (militar, cuñado de Calígula, condenada a muerte por Nerón), Mesala (padre de Mesalina, esposa ésta de Claudio) y Agripina (madre de Nerón). Después del examen y discusión de las fuentes, escoge las que cree más verosímiles. Se muestra contrario al régimen imperial y a los emperadores Tiberio, Claudio y Nerón. Por el contrario, evoca el esplendor de la República, pero siempre se centra en la ciudad de Roma y en la corte imperial, con olvido de las provincias. Analiza las pasiones humanas. La referencia al cristianismo, con motivo de la matanza organizada por Nerón tras el incendio de Roma en el 64, es hostil, pues lo considera una superstición perniciosa, conforme el parecer de la época, lo cual indica, al menos en esta cuestión, que T. estaba mal informado. También alude a la muerte de Cristo, por sentencia de Poncio Pilato, durante el reinado de Tiberio. Traducciones: E. Sueyro, Amberes 1613 (primera española); F. Soldevilla, Barcelona 1930 (catalana, libros I-II); R. Lechantin, Roma 1940 (italiana, libros I-IV).CARLOS R. EGUÍA.
BIBL.: M. L. W. LAISTNER, The Greater Roman Historians, Berkeley 1947, 103-140; D. NISARD, Los cuatro grandes historiadores latinos. César-Salustio-Tito Livio-Tácito, Madrid s. a.; R. SÁENZ HAYES, Tácito y Plinio: de la amistad en la vida de los libros, Buenos Aires 1952; R. SYME, Tacitus, Oxford 1958; C. W. MENDELL, Tacitus, the Man and his Work, New Haven 1957; E. PARATORE, Tacito, Milán 1951; F. SANMARTÍ, Tácito en España, Barcelona 1951; P. R. FABIA, Les sources de Tacite, París 1903; A. SALVATORE, Stile e ritmo in Tacito, Nápoles 1950; A. MICHEL, Le "Dialogue des orateursn de Tacite et la philosophie de Cicéron, París 1962.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.