Tabes MEDICINA
Categoria:
Medicina
Concepto. Llamada también ataxia locomotriz progresiva (Duchenne), t. dorsal (Romberg), degeneración gris sifilítica de los cordones posteriores, etc., consiste en la degeneración de las fibras que van por los cordones posteriores de la médula (haces de Goll y Burdach), lo que determina incoordinación motora, abolición de los reflejos (v.) rotulianos e intensas crisis dolorosas, denominadas "crisis tabéticas".Después de algunos años de contraída la infección sifilítica se producen, como secuela, dos tipos de afecciones neurosifilíticas tardías, que son la t. y la parálisis (v.) general progresiva. Con los antibióticos, esta enfermedad, que hasta entonces era descrita de manera exhaustiva en los tratados médicos, ha quedado reducida, en los tratados modernos, a una serie de síntomas que nos permiten hacer un diagnóstico precoz. Ante la sospecha de t., actualmente se realizan pruebas de laboratorio que aclaran de manera definitiva el diagnóstico.La causa de la t., en el 90% de los casos, es la sífilis; el tiempo que transcurre entre la infección inicial, generalmente de origen sexual (genitales externos), y las primeras manifestaciones tabéticas oscila entre 10 y 20 años. Se da con más frecuencia en el sexo masculino y en edades entre los 30 y 50 años. La sífilis congénita puede dar una variante de t. juvenil o infantil (v. VENÉREAS, ENFERMEDADES).En los estudios histopatológicos se ha comprobado que los cordones posteriores de la médula espinal tienen un color grisáceo y su tamaño es mucho menor que el normal. Las lesiones atróficas de estos cordones aparecen, sobre todo, en la región lumbar; las raíces raquídeas posteriores que entran en la médula están muy adelgazadas. También la piamadre y las meninges presentan un aspecto degenerativo. El mecanismo por el que se producen las lesiones tabéticas en la médula no está muy claro, ya que no suele encontrarse la espiroqueta causante de la sífilis, lo que hace sospechar que son sus toxinas las causantes de las lesiones degenerativas.En la actualidad queda superada la división antigua de los síntomas en periodo preatáxico, atáxico y paralítico, ya que no suele ser de esta manera la evolución, dadas las posibilidades de tratamiento que hacen que el enfermo no pase de la fase preatáxica.Síntomas y alteraciones. La t. comienza, a menudo, por trastornos de la sensibilidad (v.) y, concretamente, con aparición de dolores que pueden asentar en las extremidades inferiores, de tipo fulgurante, como una descarga eléctrica, siguiendo la trayectoria del nervio ciático o femorocutáneo. Suelen aparecer durante la noche. Los dolores, en ocasiones, son relatados por los enfermos como si "les abrieran el hueso con un berbiquí"; otras veces el dolor es fijo y continuo, acompañándose de hormigueos y prurito.La sensibilidad se encuentra afectada y, con los ojos cerrados, el paciente duda de la posición que adoptan sus miembros, percibiendo los estímulos con error: cree que el calor es frío, y el frío, calor; el simple contacto es referido como dolor. En general, la sensibilidad al calor y al dolor se encuentra conservada. Los nervios de brazos y piernas no duelen aunque se les comprima. Además de los fenómenos antedichos, existen las llamadas crisis viscerales, en forma de dolor de estómago agudo, dolores abdominales, diarreas, crisis vesicales con orinas repetidas, crisis laríngeas con respiración dificultosa y estridor laríngeo.Los trastornos de la motilidad no se producen por alteración de la vía motora, sino por falta de coordinación en los movimientos. La llamada "ataxia tabética" consiste en una inseguridad para mantenerse en pie, que aumenta cuando el sujeto cierra los ojos. Cuando el enfermo camina lo hace con la mirada fija en el suelo, para orientarse mejor. En eI tabético, la vista actúa a la manera de muletas; cuando no ve donde pisa suele caer fácilmente; esto le sucede al levantarse por la noche o entrar en una habitación oscura. Su marcha es tan característica que permite hacer el diagnóstico a distancia; sus pasos son desiguales, lanzan con exceso la pierna y la rodilla, dejando caer estrepitosamente el pie sobre el talón; es la marcha taloneante de los tabéticos. Esta incoordinación puede aparecer también en los brazos y, si afecta a la cara, aparecen gestos o guiños característicos (V. CEREBRO Y CEREBELO).En las piernas del enfermo existe una laxitud grande, con lo que la amplitud de movimientos es mayor, la pierna puede extenderse doblando la rodilla hacia atrás (genu recurvatum) y puede tocar la almohada con el dedo gordo del pie. Las articulaciones también aparecen muy laxas y ejecutan contorsiones como los artistas de circo. El tabético deja de andar cuando la incoordinación de movimientos y la hipotonía se lo impiden; sin embargo, la fuerza de los músculos suele mantenerse indemne. Cuando se producen parálisis, éstas son periféricas, por lesión de un nervio o de una raíz nerviosa.Las alteraciones oculares de los tabéticos son muy frecuentes. Tienen las pupilas pequeñas y una es más grande que la otra (anisocoria) y, en lugar de ser circulares, son elípticas. El signo fundamental de la t. es el llamado reflejo de Argyll Robertson, consistente en que la pupila no se contrae con la luz; sin embargo, tiene facultad para acomodarse cuando se mira un objeto de cerca. Este reflejo no se da sólo en la t.; puede decirse que aparece en la sífilis nerviosa en general. Esto quiere decir que las fibras pupilares del motor ocular común son débiles ante la infección sifilítica. Las parálisis oculares se dan con relativa frecuencia, apareciendo estrabismos que, en ocasiones, son transitorios (v. ojo II).Los reflejos cutáneos (V. NERVIOSO, SISTEMA) tienden a desaparecer; igual ocurre con los tendinosos, desapareciendo los reflejos aquíleo y rotuliano. También aparecen trastornos esfinterianos, tales como dificultad para orinar. La impotencia sexual es manifiesta, si bien, en ocasiones, se precede por algún tiempo de aumento de la libido.Las deformidades y alteraciones de las grandes articulaciones (tobillo, cadera, rodilla, etc.) son bien patentes, produciéndose con frecuencia subluxaciones y deformidad total de dichas articulaciones. Las fracturas espontáneas se dan con relativa frecuencia; son indoloras, por lo que pasan inadvertidas, comprobándose su existencia en las radiografías, donde se aprecian callos óseos de fracturas antiguas consolidadas. Puede haber alteraciones de aparato respiratorio y circulatorio en forma de lesiones aórticas del tipo del aneurisma. Psíquicamente, el tabético suele estar normal, aunque se establece una debilidad intelectual progresiva que puede ir aumentando. El estudio del líquido cefalorraqúídeo (V. ENCÉFALO) muestra un aumento de albúmina; también las células están aumentadas. Las reacciones específicas suelen ser positivas. En la sangre el 50% de los tabéticos da un Wasermann positivo; sin embargo, esta positividad aumenta a un 90% en la parálisis general.Diagnóstico y tratamiento. El diagnóstico de la t. se hace con relativa facilidad cuando se dan los síntomas de que hemos hablado, acompañados de alteraciones del líquido cefalorraquídeo. De una manera general, podemos decir que el signo de Argyll Robertson puede ser considerado como definitivo en el diagnóstico de la neurosífilis y de la tabes.El tratamiento de la sífilis era antes a base de arsenicales y bismuto; actualmente está demostrado que es la penicilina el medicamento más eficaz para combatir el treponema pallidum. Se utilizan los preparados de penicilina (v.) a altas dosis por vía parenteral, haciendo los oportunos controlas de laboratorio que marcarán la pauta de duración y efectividad del tratamiento.V. t.: VENÉREAS, ENFERMEDADES.J. L, PANIAGUA LÓPEZ.
BIBL.: R. DASSEN y O. FUSTINONI, Sistema nervioso, 6 ed. Buenos Aires 1955; J. S. WECHSLER, Clinical Neurology, 9 ed. Filadelfia y Londres 1963; A. P. PONS, Enfermedades del Sistema Nervioso, IV, Barcelona 1960; F. M. FORSTER, Terapéutica moderna en Neurología, Buenos Aires 1960.
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