Suei, Dinastia HIST.
Categoria:
Historia
Los cuatro siglos que separan en China la caída de la dinastía Han (v.) y la reunificación del Imperio bajo la dinastía S. son, quizá, los más sombríos de su historia (v. CHINA iv). Los historiadores llaman a esta época la de las Seis dinastías, que reinaron una tras otra en las regiones del Sur, mientras que en el Norte también se sucedían una serie de reinos bárbaros. Fue una época de gran división en el país, tanto en la soberanía política y la economía nacional, como en las clases sociales y en el pensamiento filosófico y religioso. En el 577, los Pei-Cheu unificaron el Norte de China. El último Emperador de los Pei-Cheu y último representante de la dinastía Oe, un niño de nueve años que reinó con el nombre dinástico de Yu-wen Kan, murió en el 581 a manos de su ministro Yang Kien, que ordenó además la muerte de todos los príncipes de la familia Cheu. Yang Kien subió al trono imperial en ese mismo año y fundó la nueva dinastía de los S., que reinó sobre China hasta el 621, fecha en la cual Li Yuan estableció la gran dinastía de los Tang (v.). Yang Kien instaló la capital imperial de los S. en Changngan.El primer objetivo del nuevo Emperador fue la unificación del Imperio. En el Sur, la dinastía Chen reinaba en Kien-Kang, actual Nankín. En el 589, los S. invadieron el dominio imperial, tomaron la capital y se llevaron cautivo al último Emperador sudista, Heu Chu, que murió en el 604. Así acabó la división de China que había durado 271 años (318-589). Dueño de todo el país, Yang Kien, que tomó el título imperial de Kao Tsu o Wen Ti, fue un soberano prudente y trabajador, pero con un temperamento dictatorial. Simplificó el código penal y organizó el Imperio en grupos de 100 hogares. En política exterior, debilitó el poder de los jefes turcos de las tribus instaladas en el Norte, fomentando divisiones y luchas entre ellos. Desconfiado y gran administrador, en política interior impuso un orden severo al Estado. A su muerte (604), los enemigos exteriores, los turcos del Norte, se hallaban paralizados por sus guerras civiles, y China dominaba entonces el Extremo Oriente y parte de Asia central.Su hijo, el príncipe heredero Yang Kuang, subió al poder y tomó el nombre de Yang-ti; reinó del 605 al 616, y fue un gran soberano. Desigual en temperamento y reacciones, fue consciente, sin embargo, de la grandeza imperial de China en Asia. Amante del lujo, añadió una nueva capital, Lo-yang (actual Honan-fu), en la cual obligó a residir a los 50.000 negociantes más ricos de las provincias. Hizo construir canales para enlazar los ríos y las ciudades, tales como el famoso canal imperial entre Loyang y el Yangtse, invirtiendo en estos trabajos las riquezas acumuladas por su padre.En el exterior, Yang-ti continuó la política de su padre, dividiendo a los jefes turcos entre sí y actuando como árbitro entre los khanes. Los ejércitos chinos emprendieron una campaña militar contra las tribus mongolas del Kukunor, que amenazaban desde hacía siglos la provincia del Kansu, y las destruyeron (608). Los jefes de los oasis de Asia central, Hami y Turfan, rindieron homenaje al Emperador. En el 606 empezaron también las verdaderas relaciones entre el Japón (v.) y China; la emperatriz japonesa Su¡-k5 mandó a China como embajador a Omo-no Imoko, acompañado por algunos estudiantes. En el 602 se habían introducido en el Japón el calendario chino y algunas obras de astronomía. El embajador japonés debía llevar de China textos budistas que hasta entonces se importaban de Corea. Sabido es que el budismo fue reconocido como religión estatal por el Japón en el 624.El, dominio chino fue asegurado también en Tonkín y en el reino de Champa (605), pero Yang-ti fracasó en Corea en tres intentos de invasión (612, 613 y 614). La última expedición se convirtió en un desastre militar. Durante esta última campaña y mientras Yang-ti atacaba a los coreanos, el príncipe de Shu, Yang Huen-kan, aprovechando su ausencia, atacó la capital, Lo-yang; el Emperador abandonó inmediatamente Corea, y el rebelde tuvo que suicidarse para no caer vivo en manos de Yang-ti. Para restablecer su prestigio en las fronteras, el Emperador hizo una campaña de inspección a lo largo de la Gran Muralla, en los confines del Gobi (615). El Kagan de los turcos del Sur, Che Pi, quiso atacarle, pero una princesa china del harén del Kagan advirtió a Yang-ti, que se encerró en una fortaleza de la Gran Muralla, de la cual escapó con gran dificultad.Yang-ti promovió grandes obras públicas. En el 607 mandó levantar murallas fortificadas desde Yu Lin al O hasta Tse Ho, al NO de Ta Tung, en el Chansi; en el 608, 200.000 soldados edificaron otra muralla defensiva al N de la Gran Muralla. A la gloria de gran conquistador y promotor de obras públicas, Yang-ti quiso añadir la de protector de las letras. A principios del 615 hizo que de todas las comarcas del Imperio llegasen a la corte imperial los eruditos y letrados más destacados de la literatura, y les encargó que escribiesen nuevas obras y comentarios sobre los temas de sus especialidades, ya fuesen los clásicos o la medicina, la poesía o el taoísmo, etc. El valor de estos tratados de encargo fue muy desigual, como puede comprenderse, pero esta empresa literaria no fue estéril, y los trabajos de estos sabios convocados por Yang-ti enriquecieron la biblioteca imperial, que tenía ya más de 37.000 volúmenes, con 17.000 obras más.Pero Yang-ti cansó al pueblo con sus fabulosos gastos, que imponían gravámenes y fiscalizaciones muy duras sobre la población; en el 616, el descontento era general y en todo el Imperio estallaron las revueltas. Mientras tanto, el Emperador se retiró a las orillas del Yangtse, a Kiang-tu, el actual Yang-cheu, llevando una vida de placer con vino y mujeres, según los textos, y olvidando los peligros que se acumulaban sobre su cabeza y su dinastía. En muchos lugares del Imperio brotaban las revueltas militares: en el Honan, Li Mi tomaba las armas al SE de Lo-yang; el duque de Tang, Li Yuan, bajo la presión de su hijo, el héroe nacional de aquel tiempo, Li Che-min, se sublevaba en el Chansi y fue el feliz vencedor que estableció la dinastía Tang; el lugarteniente de Yang-ti, Yu-wen Hua-ki, se sublevó también; el general Wang She-chung ocupó la capital, Lo-yang, y Teu Kien-te tomó el Sur de Hopei. En todas partes surgieron nuevos reinos; el Imperio chino se dividía rápidamente, siguiendo el trazado de las grandes regiones naturales chinas, según un fenómeno que se repite a menudo en la historia de este país.El Emperador intentó defenderse mandando a sus tropas leales contra los ejércitos de los sublevados. Las tropas imperiales fueron vencidas y el duque de Tang, Li Yuan, ayudado por diversos mercenarios turcos, penetró en la capital imperial, Chang Ngan (617), e hizo reconocer como nuevo Emperador al príncipe de Tai, Yang Yeu, de 13 años de edad. Conservó su título de duque de Tang, añadiendo los de primer ministro y regente del Imperio. Se decretó una amnistía general en nombre del nuevo y pequeño Emperador, que tomó el título dinástico de Kungti Yeu.El primer trabajo de Li Yuan fue acabar con las diversas revueltas surgidas en todo el Imperio. Su hijo, Li Che-min, venció al potente príncipe de Tsin. Mientras tanto, Yang-ti seguía en Kiang-tu su vida de placeres. Escandalizados por este olvido de los deberes imperiales, los señores de la corte irrumpieron en palacio, en abril del 618, y asesinaron ante los ojos de Yang-ti a su hijo preferido;’ Yu-wen Hua-ki estranguló después a Yang-ti, que tenía entonces 50 años. Yu-wen Hua-k¡ se proclamó Emperador, y con su ejército marchó hacia la otra capital, Lo-yang, donde los funcionarios habían nombrado Emperador a Yang-tung, hermano del pequeño emperador Yang-yeu, que tomó el nombre dinástico de Kung-ti Tung. La dinastía de los S. acababa con dos Emperadores. El príncipe de Oe, Li Mi, venció y mató a Yu-wen Hua-ki (618), el general que había estrangulado al Emperador y que amenazaba Lo-yang. Mientras tanto, el pequeño Yang-yeu abdicó, en Chang Ngan, en favor del duque de Tang, que tomó entonces el título de Emperador (618); en cuanto al otro S., Yang-tung, fue hecho prisionero por un rebelde, Wang She-chung, que ocupaba la capital Lo-yang y que le hizo matar en el 619. Así acabó la dinastía de los S., que cuenta solamente con cuatro príncipes y que duró 38 años, pero que dejó una importante huella en los Anales de China, sobre todo por la fuerte personalidad y el poder extraordinario del hombre de hierro: Yang-ti, el Hijo del Cielo.Gracias al valor excepcional de Li Che-min, la familia Tang venció, uno tras otro, a todos los rebeldes del territorio chino, y quedaron como dueños absolutos del Imperio. Fue entonces la gloriosa dinastía de los Tang, con Tai-tsung el Grande, la que acabó la obra emprendida por Yang-ti. La dinastía S. inauguró en China la obra de reconstrucción de la unidad del país, no solamente en lo que se refiere a acción exterior y poder político, sinoSUEI, DINASTIA - SUELO Itambién en la estructuración misma de la sociedad, en la reforma de la administración y de los espíritus. Los S. tuvieron qué imponer a las grandes_ familias feudales el respeto a las leyes, y como los miembros de estas familias eran quienes dominaban la administración, los Emperadores ensancharon las bases de reclutamiento de los letrados; por eso reformaron la enseñanza, haciéndola más popular. Tal política explica el apoyo que los S. dieron al confucianismo y también, en el aspecto agrario, la libertad que concedieron a los clientes y colonos de las grandes familias.J. ROGER RIVIÉRE.
BIBL.: R. GROUSSET, Historia de China, Barcelona 1944, 107110; R. GROUSSET, 1. AUBOYER y 1. BUHOT, L’Asie Orientale des origines au XV’ siécle, París 1941, 232-235; H. CORDIER, Histoire générale de la Chine, París 1920, 385-406; R. DEs ROTOURS, Le Traité des Examens, París 1932; íD, Traité des Fonctionnaires et Traité de l’Armée, Leiden 1947-48; Y. C. WANG, The rise of land tax and the fall of dynasties in Chinese history, "Pacific Affairs" IX, Nueva York 1936; E. Zt, Pratique des examens littéraires en Chine, Shanghai 1896.
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