Sofisma HIST.
Categoria:
Historia
Concepto e indicaciones históricas. El término s. procede del griego aoyta~ia. Significa una falacia, un engaño con apariencia de verdad. Más específicamente, indica una falacia que no depende de un simple fallo estructural dentro de un raciocinio (v.) o de una argumentación (v.), sino del empleo de un tipo de argumento materialmente ilícito. Así como se podría clasificar con precisión las formas de deducir o los silogismos (v.) que son inválidos desde el punto de vista formal o lógico, no es posible dar una clasificación completa de los s., ya que por su misma naturaleza no obedecen a ningún principio de orden.La voz s. se asocia con el movimiento de los sofistas (v.), que eran profesores y retóricos itinerantes de los s. v y iv a. C. Eran, por consiguiente, contemporáneos y rivales de los grandes pensadores griegos como Sócrates, Platón y Aristóteles. Éste denominó Argumentos sofísticos a su tratado sobre falacias. Desde tiempos antiguos, por tanto, sofista es sinónimo de persona deliberadamente deshonesta o tramposa en su argumentación. Platón llama a los sofistas "los que hacen que lo que no es sea y lo que es no sea", es decir, los que hacen que la proposición más débil parezca la más fuerte y viceversa. Es interesante notar que aunque Sócrates, tal como aparece en los diálogos de Platón, desprecia a los sofistas colectivamente e intenta a todo trance distinguirse de ellos, sin embargo, respeta a sofistas individuales como Gorgias y Protágoras y les tiene por dignos y serios interlocutores.Desde el s. xtx, por lo menos a partir de Hegel, ha habido cierta corriente de reivindicación de los sofistas. Se ha dado la explicación de que eran profesores de retórica o de debate. Se ha visto cierto paralelismo entre ellos y el profesor universitario moderno. Otros responden que precisamente se asemejan a los profesores modernos en su tendencia al indiferentismo y a no querer comprometerse con ninguna postura. Se ha observado también que Platón y Aristóteles les distinguían entre otros profesores de retórica porque su especialidad era enseñar argumentos sin preocuparse por su verdad, lo cual a juicio de Platón y Aristóteles es inmoral por mucho que sea una preparación para declarar o intervenir en los tribunales o en el ágora. Hay que suponer que las críticas de Platón y Aristóteles fueron al menos en parte justificadas, pero es difícil llegar a una opinión equilibrada ya que estos dos grandes filósofos son prácticamente las únicas fuentes de información sobre los sofistas.Tipos de sofismas. Sin pretender dar una clasificación exhaustiva de los s., se pueden dividir en tres tipos principales: 1) semánticos, 2) de irrelevancia o impertinencia, 3) de supuestos no justificados.1) Los s. semánticos o por ambigüedad son, a su vez, de varias especies. En primer lugar, están los de equivocidad, es decir, de una ambigüedad que tiene que ver con una sola palabra. Así, p. ej., "vela" puede significar algo hecho de cera que se utiliza para dar luz o algo hecho de lona que se utiliza en un barco. Una confusión resultaría si al hablar de "vela" en un sentido se entendiera en el otro. Otra ambigüedad es la anfibolía, que se debe no a una palabra sola, sino a la estructura de toda la frase. Un ejemplo tradicional son los dichos del oráculo de Delfos: "Ciro hoy un gran pueblo destruirá". No está claro quién es sujeto y quién objeto de la oración, con lo cual el oráculo nunca se equivoca. Algunos versos del poeta Góngora (v.) caen en este defecto. El acento puede ser también causa de ambigüedad. En los filósofos griegos, el acento se entendía literalmente (p. ej., confusión entre "Tomás" y "tomas"), pero actualmente, cuando se habla de s. de acento, se trata de confusiones sobre dónde se halla el énfasis. P. ej., en "no darás falso testimonio contra tu hermano" se entiende normalmente que el énfasis recae sobre "falso testimonio". Si alguien entendiera que recae sobre "hermano" podría concluir que está permitido dar falso testimonio contra cualquiera que no sea hermano.Dos falacias o s. similares son las de falsa composición y de falsa división. Se entiende por lo primero el tomar en sentido colectivo lo que debe tomarse en sentido distributivo. P. ej., si se dijera "Italia, Inglaterra y Alemania tienen más de 50 millones de habitantes", sería falaz entenderlo colectivamente, es decir, en el sentido de que esos países juntos sumaran más de 50 millones de hab. En sentido inverso, falsa división es cuando se entiende distributivamente algo que se debe entender colectivamente. P. ej.: "las ovejas blancas dan más lana que las ovejas negras", es verdad sólo si se entiende que se habla de dos grupos y no de los individuos que los componen.Otro grupo de falacias debidas a la ambigüedad son las confusiones de accidente y de esencia. Hay cosas verdaderas sólo en circunstancias especiales, y otras verdaderas sólo en circunstancias normales. Si sostengo que no debe haber regulación de la cantidad de víveres que se puede comprar no pretendo con ello que no pueda surgir una emergencia que haga necesario el racionamiento. Si digo que es legítimo que el Gobierno confisque automóviles, debe entenderse la legitimidad sólo en circunstancias especiales. Al s. o falacia de afirmar como esencialmente verdadero algo que lo es sólo accidentalmente, se podría asimilar la generalización sin suficiente fundamento, aunque no es propiamente un s. de ambigüedad. Si conozco un par de individuos de determinado país que son muy perezosos y concluyo que todos los restantes de ese país son perezosos, caería en el s. de generalización imprudente. 2) La segunda clase de s. son los de irrelevancia o impertinencia. Hay muchos argumentos donde las premisas simplemente no tienen relación con lo que se pretende demostrar. El más conocido es el argumento ad hominem, donde se argumenta calificando bien o mal a alguien en vez de demostrar el valor o el error de sus ideas. P. ej., se oye a veces que determinada persona no puede entender porque es demasiado vieja, y curiosamente también se oye que otra no puede entender porque es demasiado joven. El argumento ad verecundiam en particular es resaltar el buen carácter de la persona cuya posición se pretende defender en vez de defender o discutir la posición misma. Un caso de este s. es el empleo frecuente de personajes famosos para anunciar productos comerciales, o para difundir ideas, de lo que ellos no poseen ningún conocimiento especial.El argumento ad populum es el arma del demagogo. Se apela a los prejuicios y pasiones del auditorio en vez de recurrir a las razones. Muy similar a esta falacia es el argumento ad misericordiam, cuando alguien pretende apelar a la simpatía para ganar su argumento. Es, p. ej., el caso del estudiante que disputa su suspenso justificándose en sus difíciles circunstancias familiares. El argumento ad ignorantiam es un poco distinto. Se trata de un caso donde hay dos lados de una cuestión. El interlocutor I consigue refutar las pruebas del interlocutor 11. Considera que solamente con eso queda demostrada su posición. Pero eso no es cierto, a no ser que el argumento discutido fuera el único posible y que además las dos posturas fueran justamente contradictorias. Este caso se produce con facilidad en debates en los que gana quien tiene mayor rapidez de palabra o de argumentación.El non sequitur ("no se sigue") podría atribuirse como descripción a cualquier falacia formal o informal; pero se reserva para los casos donde hay ausencia total de relación lógica. P. ej., muchos profesores han oído quejarse a los alumnos suspendidos porque estaban seguros de obtener mejor nota; pero de eso no se deduce que la merezcan; lo que puede deducirse, si efectivamente han merecido el suspenso, es señal de que su capacidad de juzgar sobre su propio dominio de la materia es dudosa. A su vez, muchos alumnos, al intentar disputar la validez de una teoría, han visto que su profesor recurría a su autoridad como experto para callar las dudas. Semejante recurso podría a veces considerarse una falacia ad verecundiam, pero también sería en cierta manera un non sequitur. A la argumentación sofística non sequitur se le da a veces el nombre concreto de ignoratio elenchi, desconocimiento o evasión del tema o de sus conexiones.3) El tercer grupo de s. es el que tiene que ver con supuestos no justificados. El caso clásico es la falacia o s. de la petitio principii (petición de principio), donde se emplea el principio en discusión, frecuentemente con otras palabras; p. ej., "esta institución está anticuada porque es un anacronismo" sería una petitio principii.El argumento circular es muy similar a la petición de principio excepto que se introduce una multiplicidad (por lo menos dos) de elementos. A demuestra B y B demuestra A. Algunos estudios de la evolución de autores clásicos caen en este defecto. Se forma una teoría sobre la progresiva variación en el estilo o en una doctrina. Luego se asigna la fecha de las obras que según el estilo o la doctrina varían en el punto crucial. A partir de ello se deduce que ha habido mutación en el punto de estilo o doctrina porque mientras las obras tempranas dicen tal cosa, las tardías dicen cual otra.Un caso muy conocido de supuesto no justificado es el de la pregunta compleja. "¿Has dejado de emborracharte?" no admite una respuesta sencilla ni afirmativa ni negativa sin comprometerse. Otras veces una pregunta fáctica encierra un juicio valorativo de forma que sólo se puede contestar del modo que desea el interlocutor, p. ej., "¿estás a favor de las injusticias cometidas por el político X?".La causa falsa o s. de post hoc, propter hoc es otro ejemplo de falacia de supuesto injustificado. El simple hecho de que un suceso siga a otro no quiere decir siempre que el primero sea causa del segundo. Si digo que la cosecha de trigo hace que los días sean sucesivamente más cortos, caería en esa falacia. El conocido historiador inglés Gibbon cayó en la falacia de la causa falsa cuando dijo que la aparición del cristianismo, que precedió a la caída del Imperio romano, causó esa caída. Se puede agregar, finalmente, la falacia genética o tendencia a explicar algo exclusivamente en términos de sus comienzos. Es frecuente sobre todo en la historia de las ideas y de la religión. Algunos psicólogos han querido reducir todo el problema posterior a acontecimientos ocurridos en la infancia. Esto es un aspecto parcial de la tendencia general al reduccionismo. Así, p. ej., los marxistas creen poder explicar todo fenómeno cultural en términos de la economía, etc.Semejanza con argumentos lícitos. Hay que advertir que los s. sólo cobran fuerza cuando se parecen a argumentos válidos. Así resulta que los ejemplos que ponen los manuales de lógica oscilan entre dos extremos: o son absurdos (y claramente s.), como sería la confusión entre los dos sentidos de "vela"; o son más verosímiles, en cuyo caso podríamos decir que se trata de un argumento discutible, como son las confusiones entre diversos sentidos de la palabra "libertad".Sería, p. ej., un s. culpar a un conductor de un accidente porque iba sucio y mal vestido. Se trataría de un claro caso de argumento ad hominem. Sería legítimo hacer constar que ese conductor es alcohólico porque esa condición personal puede influir en los accidentes. En general, siempre que se trata de la credibilidad de un testigo, es necesario analizar su buen o mal carácter. En este caso, es mucho más difícil trazar una línea sencilla entre s. y argumentos legítimos. Del mismo modo, la sucesión temporal puede algunas veces ser indicio de relación causal, aunque ésta no se reduzca a aquélla. En otras palabras, hay un área gris entre s. y error.JAMES G. COLBERT, JR.
BIBL.: ARISTÓTELES, Los argumentos sofísticos; 1. GREDT, Elementa Philosophiae aristotelico-thomisticae, 13 ed. Barcelona 1961; W. S. JEVONS, Lógica, 2 ed. Madrid 1952; JUAN DE SANTO TOMÁS, Cursus Philosophicus Thomisticus, Ars Lógica; W. Y. M. KNEALE, El desarrollo de la lógica, Madrid 1967; H. L. SEARLES, Logic and Scientific Methods, Nueva York 1956; PLATóN, Gorgias, Protágoras, Sofista, Defensa de Sócrates. Y los tratados de Lógica (v.) en general.
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