Sociologia Politica. ECON.
Categoria:
Economía
1. Concepto inicial. Realmente el c. es muy difícil de definir. Y ello por varias razones. Ante todo, por su complejidad, que ya dio lugar a que uno de sus máximos teorizantes, W. Sombart, pudiera escribir hace 40 años que acaso el sistema se extinguiría sin que los hombres hubieran llegado a tener un conocimiento exacto del mismo. Y desde entonces las cosas se han complicado aún más. De otro lado, la pasión ideológica determina aquí constantes desviaciones y mutilaciones de la realidad. Añádase que una estructura social como ésta es fundamentalmente dinámica y cambiante, hasta el punto de que puede hablarse de tres formas históricas de c., por lo menos. Finalmente, se propende a apreciarlo únicamente desde el punto de vista económico, siendo así, y ésta es la primera y básica tesis, que el c. mucho más que una manera de producir, es una forma de vivir. No es un fenómeno económico, sino un tipo de sociedad (un, subtipo de sociedad industrial). Pese a esto, parece conveniente empezar por el aspecto económico, que no ha de darnos más que un concepto inicial, en manera alguna definitivo.El criterio clásico, que aparece lo mismo en Marx (v.) que en autores cristianos, y que tiene validez para el c. del s. XII, lo define como una forma de producción en común donde capital y trabajo se hallan separados. Y dentro de esta línea, Werner Sombart lo describe más ampliamente así: "Organización de cambio económico en que cooperan unidos en el mercado dos grupos distintos de población: los poseedores de los medios de producción, que a la vez tienen su dirección y son sujetos económicos, y los que sólo son trabajadores desposeídos (como objetos económicos). Esta organización se encuentra dominada por el principio de la ganancia y el racionalismo económico".2. Análisis de la definición. Cuatro partes podemos separar en la misma, y su análisis nos ayudará a ver lo que hay de valedero o de superado en la situación actual del sistema, pudiendo aproximarnos así a un concepto más riguroso, aplicable a todas sus formas históricas:a) Cooperación de capitalistas y trabajadores. El c. no es simplemente un sistema de producción basado en el capital (v.), ya que si damos a esta palabra un sentido puramente técnico-económico, también en los países socialistas hay cálculos, inversiones, etc. de capital. Lo distintivo es la forma de apropiación y manejo de éste, precisamente por los capitalistas. Es así como se pasa de la visión económica a la sociológica. En su los poseedores o propietarios, por su título de propiedad privada sobre los bienes de capital tienen, o tenían, el derecho de dirigir la producción y de apropiarse de los productos. Los obreros trabajan al servicio y por cuenta de los anteriores, careciendo de facultades de dirección y no teniendo más derecho económico que el de percibir un salario (v. PROLETARIADO). Con la evolución del sistema, singularmente con la aparición y expansión de las grandes corporations o sociedades anónimas, esa dualidad se ha desdibujado. No ha habido fusión o nivelación de los dos grupos antagónicos; pero las características socioeconómicas de la sociedad capitalista y las relaciones humanas (v.) dentro de la empresa han variado muchísimo. En conjunto, lo que queda como peculiar de esta estructura y lo que la distingue de las de tipo socialista es la existencia de una jerarquía en la producción industrial condicionada por títulos de Derecho privado. En el socialismo (v.), donde también hay esa jerarquía, interviene el Derecho público (Rusia) o quizá el Derecho social (Yugoslavia).
b) Producción para el mercado. La empresa capitalista no produce para el autoconsumo, sino para vender. Como dice P. F. Drucker, las instituciones clásicas estaban pensadas al margen del cambio económico (familia, estamentos, ejército); pero las del c. se orientan esencialmente al cambio, a la venta. No producen valores de uso para el empresario, sino mercancías. Esto da lugar a otra escisión en dos grupos de población, que se cruza con la anterior y que ha sido muy descuidada por la teoría: la de productores (capitalistas y trabajadores conjuntamente) y consumidores (los destinatarios potenciales de los productos).c) Dominada por la ganancia. Es el lucro y no la necesidad lo que mide la producción. La empresa capitalista pura se organiza según el canon del máximo beneficio (v.) y no de la utilidad de sus actividades o de su servicio al bien común (v.). Sin embargo, esta característica ha de entenderse con cuidado, sobre todo después de la reciente evolución de la sociedad. Además, en las grandes corporations la clásica idea de beneficio de capital pierde su función; el motor básico de su actividad no es el lucro de los accionistas. Agréguese que en el socialismo también hay lucro y ganancia (en forma de sueldos, primas e incentivos). No obstante, queda como peculiar de la estructura capitalista la subsistencia de la ganancia no debida al trabajo (accionistas) y del beneficio de capital (empresas individuales), así como la circunstancia de que la producción se halla al servicio directo de intereses privados y sólo mediatamente al de la comunidad. No hay para la empresa (v.) un deber de servicio público jurídicamente exigible, al menos en sentido estricto.d) Racionalismo económico. Como dijo Max Weber, el c. no supuso el triunfo del impulso hedonístico como afán irracional de ganar dinero, sino, al contrario, la victoria de la racionalización (v.). La producción capitalista racionaliza todos sus momentos y aspectos: contabilidad, técnica fabril, maquinismo, relaciones humanas, relaciones públicas, etc. Claro que esto sucede también en el industrialismo colectivista; pero, al menos, sirve para diferenciar el c. de las formas anteriores de producción.3. Concepto sociológico. Esas características económicas no bastan para definir el c. Antes de él, en el Antiguo Régimen, hubo sin duda entidades para las cuales era aplicable la definición de Sombart; pero si a la sazón había empresas capitalistas, no existía sociedad capitalista. Como actualmente hay cooperativas, pero no una sociedad cooperativista (v. COOPERATIVISMO). El c. nace cuando ese modo de producción se generaliza, haciéndose predominante (no en forma estadística, pero sí sociológica) y combinándose con otros elementos socioculturales.¿Cómo definirlo, pues, sociológicamente? Puede aplicarse aquí algún elemento de la analítica de Marx, distinguiendo modos de producción, relaciones sociales de producción y superestructura. O más rigurosamente, tecnología, sociología (relaciones interhumanas) e ideología. El modo tecnológico de producción es sustancialmente el industrialismo (v.). Las relaciones humanas de producción y consumo se desenvuelven dentro de normas de Derecho privado, o sea, sin coacción pública: dentro de las empresas, con arreglo al Derecho laboral; entre empresas y entre empresas y consumidores, según normas de Derecho mercantil o civil. Finalmente, la superestructura ideológica se caracteriza, como dijo Johannes Messner, por el individualismo (v.), el libéralismo (v.) y el hedonismo (v.). Teniendo en cuenta lo anterior, podemos ampliar sociológicamente la definición de Sombart, diciendo que el c. es un "sistema sociocultural que, penetrado de una ideología liberal, individualista y hedonista, desarrolla amplísimamente la producción industrial y el fomento de los fines terrenos y mundanos de la vida utilitaria, mediante la cooperación formalmente libre de núcleos privados de actividad económica (empresas), regidas por el principio del lucro. Esas empresas se relacionan entre sí y con los consumidores según normas de ius privatum y las relaciones internas de sus miembros (empresarios, gerentes, asalariados) se rigen también por el subsistema jurídico del Derecho privado (o social); subsistema que con su libertad formal autoriza la existencia de grandes desigualdades de hecho".Esta definición debe entenderse en sentido típico-ideal, es decir, como exponente de un sistema capitalista puro, que nunca se ha dado en la realidad; pero que indica aproximadamente cómo funcionan las sociedades que se acercan al principio capitalista. Trata además de abarcar las diferentes manifestaciones históricas del c., destacándose como rasgo esencial, común a todas, que la vida económica, y en buena parte toda la vida social, queda sometida a normas de Derecho privado. El poder político sólo interviene en la legislación y en la jurisdicción, pero no asumiendo él el papel de parte activa interesada en las relaciones económicas.4. Orígenes históricos. Aunque se hable de c. en Roma o en otras épocas y culturas, lo cierto es que se trata de un fenómeno específicamente occidental. Más aún. Tampoco puede hablarse de c. con referencia a las sociedades anteriores a la segunda mitad del s. XVIII (el llamado c. comercial y financiero de las ciudades de Italia, Flandes, etc.), en que ni la sociedad global era capitalista ni existía el industrialismo. Es cierto, en cambio, que entonces fueron apareciendo muchas de las circunstancias históricas que hicieron posible el nacimiento del c., el cual ha sido fruto de la concurrencia de una serie de factores: geográficos (los descubrimientos transoceánicos), étnicos (según Veblen, responde al carácter enérgico y positivo de los anglosajones), demográficos y ecológicos (aumento de la población y crecimiento de la de las ciudades, aunque sobre ambas cosas el c., a su vez, influyó también en reciprocidad), técnicos (la máquina de vapor, los telares mecánicos, etc.), económicos (provisión de materias primas, de metales preciosos tras el descubrimiento de América, acumulación de capitales en la época preindustrial del llamado c. comercial y financiero) y jurídico-políticos (la paz garantizada por el Estado moderno y el Derecho liberal).Pero todo eso son condiciones objetivas que hicieron posible, sí, el surgir del c.; mas sin una causa motora, capaz de aprovechar todos esos factores y de poner en marcha el sistema, éste no hubiera brotado. Según una célebre teoría de Max Weber, influyó mucho la concepción calvinista de la vida, de la salvación y de los negocios. Los puritanos, preocupados siempre por si han sido "predestinados" para la salvación, se afanan en buscar signos favorables. Y uno de ellos lo encuentran en el éxito- en los negocios. Con ello, rompen el desprecio o indiferencia medieval hacia la actividad económica, se entregan a ella, pero manteniendo la austeridad en el vivir (Weber habla de un "ascetismo intramundano"). Eso es lo que permitió el constante proceso de acumulación de capital: las ganancias no se gastan en la vida regalada, sino en ampliar negocios y fábricas. Tal teoría ha sido muy combatida. Sea como fuere, lo real y positivo es que el c. nace, como dice Sombart, cuando surge un hombre nuevo, el burgués (cual es el título de una famosa obra suya), con una mentalidad y una voluntad idóneas para poner en marcha el gran proceso de la producción capitalista (v. BURGUESÍA).Puede resumirse el origen del c. de la siguiente manera: la revolución industrial que se inicia en Inglaterra en la segunda mitad del s. XVIII, unida al Derecho liberal nacido poco antes y difundido por la Revolución francesa, fueron las condiciones técnica y jurídica, respectivamente, que permitieron a esa minoría de burgueses emprendedores y audaces hacer una revolución económicosocial, que rompería los viejos moldes y abriría las puertas al mundo moderno de la gran industria.5. Capitalismo industrial. Así nace el c. clásico, que podemos llamar industrial, donde se cumple, aunque parcialmente, el esquema trazado por numerosos autores de la época. Las fábricas de la industria moderna exigen la cooperación de muchas personas para su funcionamiento; pero las circunstancias políticas y jurídicas hicieron que los medios de producción cayeran en manos privadas individuales, al amparo del viejo derecho de propiedad. Pudo nacer el industrialismo en forma colectivista, como acaso pareció anunciar el colbertismo; pudo también aparecer en forma corporativa o cooperativa, de suerte que todo el grupo humano que cooperaba en las fábricas las poseyera en común. Mas no fue así. Y por eso, el monopolio de la propiedad de los empresarios dio lugar a que la gran mayoría de los cooperadores fueran simples trabajadores asalariados, unidos al propietario por un contrato libre de Derecho privado. La falta de garantías jurídicas a favor de aquéllos y el poder político de los capitalistas hizo posible el fenómeno de la explotación (jornadas agobiadoras de trabajo, salarios mezquinos; trabajo de mujeres y niños en las peores condiciones, etc.); lo que, a la sazón, no era una invención malintencionada de los críticos del sistema, sino una triste realidad. Muy lentamente las leyes de fábrica inglesas, la política social alemana e instituciones análogas, fueron liberando en parte al trabajador de su pésima situación.Pero las relaciones socioeconómicas del c. liberal no se agotan en la famosa cuestión social de capitalistas versus proletarios. Existen, como elementos esenciales del sistema, otros dos tipos de relaciones: de un lado, entre las empresas mismas; de otro, entre empresas y consumidores. El c. es fundamentalmente un sistema pluralisla: ni siquiera los propietarios más ricos son capaces de llevar elos solos toda la producción industrial; y las unidades de producción, distribución y cambio se multiplican. Finalmente, la producción para el mercado crea una tercera trama de relaciones: la que afecta a productores y consumidores, pasando a través de toda la estructura del mercado. Esta línea también está expuesta a disfunciones, que, en su mayoría, pueden provenir de parte de las empresas, ya que son la parte más fuerte: pueden en efecto intentar abusar del comprador y exigir del público por sus productos más de lo que económica y éticamente se justifica. Podría hablarse así de una plusvalía mercantil, entendiendo por tal la diferencia ilegítima entre el precio (v.) y el valor de cambio real. Si en el siglo pasado, época del c. industrial, la cuestión de la plusvalía laboral o desequilibrio entre salarios y beneficios de la producción, pudo ser con mucho el fenómeno más importante, al mejorar la condición de los trabajadores, ha ido tomando más relieve la plusvalía mercantil.Según se ha insinuado anteriormente, y como es conocido, el sistema capitalista se caracteriza por su dinamismo radical. Esa dinámica la interpretó Marx según su famosa y doble ley de acumulación: arriba, creciente acumulación de capital, cada vez en menos manos (las grandes empresas absorben o arruinan a las pequeñas, aparte que la producción industrial exige justamente esa concentración); abajo, cada vez más miseria, explotación y degradación de los proletarios (lo que se ha llamado ley de miseria creciente). Ello ha sido desmentido por la historia, lo que no quita que el c. conozca contradicciones: entre el modo de producir (social, o sea, de muchos cooperadores) y la forma de apropiación (individual, a base del derecho de propiedad); entre el pluralismo empresarial (cada empresa se guía por su propio criterio), y la exigencia de dirección unitaria en un mundo tan complejo, etc. Todo ello puede determinar la anarquía en la producción, las crisis periódicas, el paro y fenómenos análogos, que inciden en la situación de los trabajadores, en la misma estructura o funcionamiento de la empresa, etc. Pero la idea de Marx según la cual el c. iba a ir produciendo un aumento del número de proletarios, cada vez más miserables y más explotados, hasta que llegaría el momento en que, no pudiendo resistir más, se sublevarían frente al caparazón de la estructura capitalista que, reducida a un escaso número de poseedores, no estaría en condiciones de oponer resistencia, se ha revelado fantasmagórica. El c. industrial ha conocido problemas y crisis, pero ello no ha llevado a su destrucción, sino a su transformación. Lo que se ha producido es un cambio dentro del c.; es decir, dando paso a un sistema parecido al anterior y que puede seguir llamándose capitalista.6. Capitalismo financiero. Desde 1900 tiene lugar una segunda revolución industrial (empleo de la electricidad y el petróleo, aleaciones y compuestos químicos nuevos, aplicación sistemática de la ciencia, racionalización de las relaciones humanas, comercialización de los productos), todo lo cual ha de repercutir en la estructura económico-social. A esa fase neotécnica corresponderá un nuevo c.: el llamado más o menos propiamente financiero. Si volvemos por un momento a las profecías de Marx sobre la autodestrucción del c. podemos señalar que su análisis falló por un apriorismo hegeliano, que le llevaba a suponer cerrada la inventiva histórica. De hecho se dieron (y algunos habían empezado a darse en tiempos de Marx) algunos fenómenos que hicieron nulas o inoperantes las tendencias de acumulación en que Marx se fijó predominantemente. Esos fenómenos son: el enorme aumento de la producción, la aparición de grandes sociedades por acciones (corporations), la importancia creciente de los bancos como base de financiación exterior a las empresas, las prácticas monopolísticas (mejor dicho, oligopolísticas) y las leyes sociales.Por lo pronto, el gran aumento de la producción permitió que simultáneamente aumentaran los beneficios y los salarios (v.) (como Sombart demostró oportunamente con sendas series estadísticas) y además que se incrementara la capitalización sin necesidad de la abstinencia o austeridad en el consumo de los capitalistas: el primer c. (inglés) fue más o menos austero, el segundo (norteamericano) fue del gran lujo. En segundo lugar, es cierto que en el sistema se experimentaba la tendencia hacia la concentración de capital; pero las exigencias técnico-económicas fueron tan grandes que ya no bastaba un propietario individual, cada vez más rico, sino que hubo necesidad de recurrir a la aportación de muchas personas; y nacen así las sociedades anónimas, las corporations. Es característico de éstas (y con ello se perfila una nota esencial del c. financiero), la separación entre capital y gestión (las empresas son administradas de hecho por los gerentes, no por los accionistas), la liquidación de la propiedad privada (sustituida por los títulos de acción, que no dan un derecho real, sino de crédito), la disgregación de la titularidad, pues las acciones permiten su distribución entre muchísimas personas, muchas más que la propiedad (v.).C. financiero quiere decir sociedad dominada por los bancos más que por las empresas de producción. El esquema marxista de propietarios industriales-proletarios ya no sirve, pues por encima de los primeros están los que manejan y dirigen el crédito y la inversión, constituyendo la oligarquía financiera. "La finanza es el único poder actual" colocándose por encima del capital, escribe P. Coudert antes de la 1 Guerra mundial. (La Bourgeoisie et la Question sociale, París 1914, 57). Y consecuentemente, Coudert distingue tres clases: oligarquía financiera (plutocracia, v.), burguesía y proletariado. Es muy importante esta observación para entender bien el c. financiero, ya que por muchos se ha dicho que con él tuvo lugar la "revolución de los gerentes", en el sentido de que el primitivo poder de los propietarios se había desplazado a favor de los gerentes o administradores. No hay tal. Realmente, en el c. inicial no dominaban los patronos o empresarios, sic et simpliciter, sino los grandes empresarios. Pero ahora no es que les sucedan los gerentes, pues éstos mandan en su empresa, pero no en la Sociedad. El poder ha pasado al grupo social constituido por los banqueros y también por los que tienen intervención en las empresas básicas por el mecanismo de ocupar simultáneamente muchos puestos gerenciales (formando el "directorio cruzado" de que habla C. W. Mills). Además, la acción conjuntada de esta última élite, ligada al fenómeno de los monopolios (oligopolios), hizo posible que no se cumpliera la ley de anarquía de la producción social, pues concentrado el poder económico en pocas personas (que actúan más o menos de acuerdo), pudo existir una regulación o cuasi planificación de la economía.Finalmente, con el c. financiero asistimos a dos acontecimientos sociales de la máxima importancia: multiplicación de las leyes sociales, creándose un Derecho tutelar de los trabajadores, que si no los emancipa plenamente, por lo menos va mejorando notablemente su situación; y la aparición de una nueva clase media (v.), los empleados administrativos y los técnicos, cada vez más numerosos, que obliga a añadir todavía este cuarto grupo social a los tres ya distinguidos por Coudert.7. Neoeapitalismo. Pero la evolución del c. financiero y los efectos de la II Guerra mundial y de la tercera revolución industrial (la de la automatización), llevan a una tercera forma de c., la del llamado "neocapitalismo". Característica de este neocapitalismo es la admisión de la legislación laboral, más aún, la renuncia casi plena al principio liberal tal y como fue entendido en la pasada centuria, y la postulación de un incremento de la intervención del Estado entendido como "poder compensatorio", según dice Galbraith. Los soviéticos han reconocido esta evolución, y distinguen entre lo que llaman c. premonopolístico (que, dicen, tiene su apogeo de 1860 a 1880), c. monopolístico imperialista (de 1880 a 1920, al que Lenin, por cierto precipitadamente, llamó "capitalismo moribundo") y c. monopolístico de Estado. De acuerdo con su peculiar visión maniquea de todo lo burgués ven en este último un intento de la oligarquía burguesa de usar del Estado para garantizar su dominio. La verdad es que el Estado occidental habrá podido estar en ocasiones influido por intereses no rectos, pero otras muchas veces ha dominado ambiciones. Y la realidad es que en el c. más avanzado (tipo USA) se ha elevado el nivel de las masas como en ningún otro país ni época y que se han reducido las diferencias de fortuna, lo cual no quiere decir que no sigan siendo aún considerables. De otra parte, después de la 11 Guerra mundial allí, como en otros países, ha surgido en buena parte un nuevo tipo de empresario cauto, cuerdo, social, dotado de un nuevo ethos (J. Messner). De otro lado, en esta nueva etapa las empresas se independizan algo de los bancos, por sus esfuerzos de autofinanciación, y el c. se hace menos "financiero".Digamos finalmente que esta fase, aunque esté en continuidad histórica con las anteriores, presenta rasgos nuevos, que permiten a algunos hablar de c. social:a) Extensión a grandes masas de la población de la condición de accionistas. Se dice que en EE.UU.. cada año hay un millón más de ellos. Desde luego el fenómeno indica un aumento de la capacidad de ahorro de la clase media y aun de la baja y es, en sí, un buen síntoma. Pero es dudoso que tenga valor decisivo por lo que respecta a producir un cambio de la estructura económica, ya que la proporción de acciones en manos de la masa no es muy alta y, sobre todo, porque no les da ningún poder de disposición sobre las grandes empresas, que siguen en manos del directorio cruzado y sus gerentes.
b) El accionariado de los trabajadores, en cuanto se regalan acciones (o dan facilidades para su adquisición) a los propios trabajadores de la empresa. El enjuiciamiento debe ser aquí una reproducción del anterior. Estos accionistas siguen siendo trabajadores subordinados a la alta dirección, a la cual no tienen acceso. Ni disponen de los medios de producción (como sucede con todo accionista aislado), ni obtienen con ello un gran aumento de sus ingresos salariales. No hay que olvidar que alguien ha definido el dividendo como aquella parte del beneficio empresarial que la gerencia no puede ocultar al accionista. La participación en beneficios no puede ser auténtica y efectiva mientras no se acompañe de una plena fiscalización de la marcha del negocio.c) Eso nos lleva a la tercera expresión típica del c. social: la famosa cogestión (v.) o participación de los trabajadores, junto al capital y aun sin ser accionistas, en la dirección de las empresas. Pero pese a toda la literatura vertida sobre la materia y a los numerosos textos legislativos que han tratado de implantarla, la verdad es que la cogestión está aún en periodo de gestación y por ahora no pasa de ser un pium desiderium.No obstante, podríamos hacer la siguiente indicación. Si hasta ahora las transformaciones del mundo industrial de Occidente se han producido dentro del c. y no más allá de él (la evolución del c. industrial, del financiero y del neocapitalismo no han destruido el sistema), lo cierto es que si triunfan las corrientes del c. social últimamente citadas, se tratará de una revolución (pacífica) más que de una evolución. Porque desaparecerían algunos de los rasgos que, como antes decíamos (v. 2-3), eran definitorios del c.: la atribución de la gestión de las empresas sola y exclusivamente a quien tiene la propiedad de las mismas con la consiguiente neta distinción entre capitalistas y trabajadores, ya que, de una manera u otra, el control y la responsabilidad resultarían compartidos.A. PERPINÁ RODRÍGUEZ.
BIBL.: Nos limitamos a la moderna: W. SOMBART, El apogeo del capitalismo, 2 vol., Madrid 1946 (obra clásica sobre la primera fase del c.); . J. A. SCHUMPETER, Capitalismo, socialismo y democracia, Madrid 1962 (de indispensable consulta); G. RIPERT, Aspects juridiques du capitalisme (el mejor libro sobre la perspectiva jurídica del c.); P. DESQUEYRAT, El capitalismo. Balance espiritual, Bilbao 1960; 1. MESSNER, La cuestión social, Madrid 1960; J. STRACHEY, Capitalismo contemporáneo, México 1960; J. K. GALBRAITH, Capitalismo americano, Barcelona 1964; P. F. DRUCKER; The new Society, Nueva York 1950; J. K. GALBRAITH, El nuevo Estado industrial, Barcelona 1968 (esta obra y la anterior son buenas exposiciones de la estructura y función de la empresa capitalista en el contexto global del sistema); A. A. SERLE IR., La revolución capitalista del siglo XX, Barcelona 1958; F. L. ALLEN, El gran cambio, Buenos Aires 1954; C. W. MILLS, La élite del poder, México-Buenos Aires 1957; P. M. SWEEZY, Teoría del desarrollo capitalista, México 1958 (estas dos últimas obras de sesgo claramente anticapitalista).
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