Signo y Significación II. Historia de las Religiones. HIST.
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Historia
1. Introducción. Toda la explicación del uso de los s. en la vida humana está en la naturaleza misma del hombre, que es materia y espíritu en una unidad armónica. Su conocimiento (v.) parte de lo sensible para llegar a lo espiritual. En los conceptos puramente espirituales, lo espiritual se expresa y se materializa de algún modo a través de los s., de algo que sin ser lo que se intenta expresar o conocer hace posible la expresión o el conocimiento intentado. El hombre es un todo, algo íntimamente interconectado; por eso el espíritu actúa a través del cuerpo. De tal modo que lo que pasa dentro del hombre tiende a comunicarse afuera; hasta el punto de poder averiguar lo que siente con sólo verle. El cuerpo viene a ser el cauce normal de expresión de ese mundo del espíritu. Al mismo tiempo, el hombre se sirve de todo lo sensible que le rodea para comunicar sus sentimientos e ideas.De tal modo que podemos afirmar que todas las cosas tienen una dimensión que las trasciende, un sentido que el hombre intuye e interpreta, un algo que nos permite el conocimiento de una realidad existente fuera de la cosa misma y al mismo tiempo en la cosa. "Todas las cosas se manifiestan como inmediatamente reales y entitativas; pero a la vez hacen percibir que no son todavía lo último, sino válvulas de escape para que surja lo realmente último y auténtico, formas de expresión que lo hacen aparecer. Eso significa que todas las cosas tienen carácter simbólico. La mirada percibe en ellas un movimiento peculiar: algo que está detrás de ellas, o encima de ellas, surge a través de ellas, invade el espíritu y le lleva, regresando por ellas, hasta el punto de donde proceden. Las cosas significan lo que son ellas mismas y a la vez algo más que ellas mismas" (R. Guardini, o. c. en bibl., 42) (v. t. SAGRADO Y PROFANO).El hombre necesita e "inventa" el signo, y el primero de todos por su importancia y su uso es el lenguaje (v.), la palabra (v.). A través de ella vierte al mundo que le rodea el mundo que lleva dentro. Y cuando la impotencia física de emitir s. articulados le obliga a callar, serán sus ojos los que hablen, sus manos las que le sirvan para la construcción de un sistema de s. extraños que le permitan la comunicación de su espíritu. Es un afán continuo de comunicación, mejor diríamos de intercomunicación. Como resultado de ese afán incansable surge la escritura, el lenguaje de las banderas, el del humo, el de la luz, el del telégrafo, el de las flores, el de la música, el de la heráldica, el de los símbolos. Y al comunicarse con Dios, surge el culto (v.), los ritos (v.), etc., llenos de s. y símbolos plenos de contenido.2. Lo religioso y el signo. Entre los constituyentes de ese mundo complejo que es el hombre están el conocimiento y el sentimiento religiosos, como unos de los principales, que impregnan o pueden impregnar a todos los demás. Ante el mundo que le rodea el hombre toma siempre una actitud. Él percibe espontáneamente, de modo casi instintivo, la existencia de un algo distinto y superior a cuanto ve, una fuerza, un ser que le supera y trasciende que explica la existencia de lo que le circunda, que mueve esas fuerzas supremas que producen la ira y la calma, la tempestad y la borrasca, el viento sereno y el huracán, la libertad y la responsabilidad.Toda la historia de las religiones es un testimonio de cómo el hombre llega al conocimiento de Dios por medio de los s., aparte de otras posibles vías, especialmente sobrenaturales (v. SIMBOLISMO RELIGIOSO I). Toda la creación será a menudo un gran libro donde se lean las grandezas del Creador (v. MONOTEÍSMO; REVELACIÓN). Otras veces el hombre interpretará torcidamente la huella de Dios en el mundo y creerá descubrir dos seres antagónicos en continua lucha (v. DUALISMO), o atribuirá a muchos demiurgos el dominio de cada una de las fuerzas de la naturaleza (v. ESPíRITU II; ANIMISMO). O, en su torpeza, llegará a la conclusión de que todo forma un conglomerado impersonal cuyas partes se conectan y relacionan de algún modo entre sí. Todo se mira entonces como una realización natural que de por sí no intenta comunicar algo, aunque por su conexión íntima haga posible el conocimiento de su acontecer (v. PANTEÍSMO; ANIMISMO; FETICHISMO; MANISMO; CHAMANISMO). Ese mundo impersonal no puede, por tanto, revelarse; entonces, muchas veces se piensa que es cometido del hombre escudriñar por sí mismo el acontecer a través de s. y presagios. S. que ocurren de un modo necesario, sin ir dirigidos a nadie.La creencia de tales presagios se funda en la idea de la realidad como una unidad en la que todo está conectado entre sí, como los miembros de un cuerpo. Por esto todo da indicio de ello (v. ADIVINACIÓN). Hay partes de ese todo que se consideran con una fuerza especial de manifestación. Los animales, p. ej., manifiestan a través de su comportamiento s. de acontecimientos sucedidos o por suceder. Ese instinto de ciertos animales es interpretado y exagerado en algunas religiones. Lo mismo, p. ej., puede decirse de los sueños (v.). En las últimas etapas de esa línea de aberración religiosa está la superstición (v.) yla magia (v.), que, con la adivinación, se encuentran tanto en el hombre de las cavernas como en los de los rascacielos. El hombre que no ha logrado una idea clara de un Dios personal, o lo abandona por las exigencias que ello tiene para su vida, se ve inmerso en una vorágine de ritos y s. mágicos. Y, hoy como ayer, donde no hay fe hay supersticiones. El hombre se siente miembro de un gran complejo y piensa que su salvación está en encuadrarse en ese complejo mediante ritos apropiados, sabiendo leer en las cosas y sucesos, especialmente en aquellos que se salen de lo normal, en hechos sorprendentes y fenómenos no comunes.De aquí no se puede concluir que el s. sólo dé un concepto equivocado de Dios y de la religiosidad. Los s. son medio frecuente de comunicación de los hombres entre sí, y también de Dios con los hombres y de éstos con Dios (v. III). Todas las cosas de la creación son s. de la Omnipotencia y Sabiduría divinas, huellas de su presencia; así puede conocerse verdaderamente a Dios (v. DIOS IV, 2) en su revelación natural y se explica el monoteísmo (v.) y la tendencia monoteísta de la mayoría de las religiones (v. RELIGIÓN; Vt. DIOS II-III), incluso de muchas aparentemente impregnadas de politeísmo (v.).3. El culto y el signo. Al mismo tiempo, el hombre, que descubre a Dios a través de sus huellas, bien "naturales" en todas las cosas y acontecimientos de la creación, bien sobrenaturales en su Revelación histórica sobrenatural, busca comunicarse con Él. Surge así la oración (v.) y el culto (v.) en sus diversas formas, y la búsqueda y trato personales con Dios. Pero al hombre no le basta la oración y culto interiores, sino que ha de expresarlos, concretarlos en forma externa y también social. Surgen así la oración vocal, y como las palabras no bastan, no son muchas veces s. suficientemente expresivos, surgen también los actos de culto externo y público, hechos de gestos (v.) y actitudes, ritos (v.), ofrendas (v.), sacrificios (v.), etc. Con sus ofrendas y sacrificios el hombre manifiesta su amor y gratitud a Dios, su sumisión a Él, sus peticiones, etc.; son s. de la actitud religiosa interior y fundamental.También el poder y sabiduría divinos los ve el hombre a veces reflejados de manera especial en algunas cosas o acontecimientos particulares, o al menos trata de concretarlos de forma que se facilite su recuerdo y el culto. Así se escogen lugares de culto, o se representa de alguna forma a la divinidad, adquiriendo esos lugares, templos e imágenes una especial significación divina y una veneración particular. Ahora bien, en la medida que se pierda la actitud religiosa interior y fundamental, y con ella el valor de los s. de culto, esos actos de culto se degenerarán, vaciándose de su significación recta, y se transformarán en superstición o magia. Igualmente si los símbolos o representaciones de la divinidad se vacían de su significación, el monoteísmo se transformará fácilmente en politeísmo, animismo, etc.Por eso puede decirse que fomentar el valor de los s. puede aumentar el conocimiento y sentimientos religiosos; especialmente cuando el s. es un símbolo. Aunque también puede deformar o desfigurar el trato y conocimiento de Dios y de lo divino, si se exagera, si se vuelca excesivamente el hombre en ellos, olvidando su relación personal y directa con Dios (v. SIMBOLISMO RELIGIOSO I). El poder de los s. siempre sigue en pie y gana terreno en el campo de la expresión. El hombre los necesita y los usa con abundancia en su modo de comunicarse. El s. es una fórmula sintética que tiene en sí una fuerte carga de expresión. Un s. puede decir más que mil palabras.Todo el lenguaje de las imágenes no es más que una consecuencia de la comunicación por signos. La publicidad y la propaganda, que aumentan cada día, tienen su fundamento en el valor de los signos. El conocimiento abstracto tiene a veces menos fuerza emocional. Por el s. los componentes de una familia se sienten unidos, o los ciudadanos de un mismo país vibran al unísono ante una bandera o un himno. En todos los aspectos de la vida, en política, en el trabajo y actividades profesionales hay s. fundamentales. También los hay en todas las religiones: la cruz, la estrella, el sol naciente, la media luna; s. que recuerdan un mundo de ideas, una determinada visión religiosa de la vida.V. l.: III;IV;SIMBOLISMO RELIGIOSO I;CULTO I;RELIGIÓN I; SAGRADO Y PROFANO; PRIMITIVOS, PUEBLOS II; TEOFANIA I.J. A. GARÚA-MORENO.
BIBL.: M. ELIADE, Tratado de historia de las religiones, Madrid 1954; A. BRUNNER, La Religión, Barcelona 1963; M. NicoLAU, Teología del signo sacramental, Madrid 1969; R. GUARDINI, Religión y Revelación, Madrid 1960; E. MASURE, Le signe, Psicologie, Histoire, Mystére, París 1954; L. BouYER, Le rite el I’homme, París 1962; v. t. la Bibl. de SIMBOLISMO RELIGIOSO
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